ORACIÓN
LITÚRGICA
El orante puede recordar la llamada de Cristo a Santiago, junto al mar de Galilea. La respuesta del apóstol fue inmediata. La oración también es llamada. Cada uno debe responder a Jesús con toda diligencia.
Santiago aceptó beber el cáliz del Señor. En efecto, tuvo que aprender a servir, a vivir desprendido de sí mismo, hasta dar la vida por su fe. Que el recuerdo de la sangre derramada de Santiago sea fruto de nuevos cristianos. Y realidad que dinamice el sentido testimonial de quienes nos profesamos discípulos de Jesús.
Comunión con Cristo. La celebración del protomártir de los apóstoles nos hace considerar la escena del encuentro de la madre de los Zebedeos con Jesús. Como toda madre soñaba por el triunfo de sus hijos. El Señor, no obstante, va por otro camino. Pregunta a los dos hermanos si están dispuestos a correr la misma suerte que El (éste precisamente es el significado de «beber el cáliz»). La respuesta es rápida: son capaces.
Aquí, pues, hay una pregunta radical. Se trata de la comunión plena con Jesucristo. Esto es lo que cuenta de verdad. Lo que importa en el realismo del Evangelio. Hay que pisar las mismas huellas del Señor. Es necesario abrazar su cruz. Esta es la mejor suerte, porque el discípulo sólo anhela vivir como el Maestro. Y morir igualmente. Todo esto requiere la humildad que hace disponible. Siervo y esclavo; igualdad con el ser discípulo. Siervo como el Siervo de Yahvé. Esclavo como el que lavó los pies el Jueves Santo. Vendido y crucificado como esclavo. Retener la gran lección: hay que ser como el Hijo del hombre «que no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos». Santiago ratificó su comunión al ser decapitado por Herodes.
Evangelio. El prefacio de esta solemnidad recuerda como Santiago, testigo predilecto del Señor, anunció el Reino. Afirmación que debe animar a la comunicación del Evangelio. La revelación es un tejido de hechos y palabras que, mutuamente, se complementan. La Iglesia tiene una voz profética, es decir, es portadora del mensaje divino para los hombres. No puede renunciar a la predicación que acompaña al testimonio.
Buen día para preguntarse cada cual cómo anuncia la Palabra. He aquí una responsabilidad que nos incumbe a todos. Se habla a menudo de urgencia en este campo. Urgencia de ahora y de todos los tiempos. Porque siempre hay la imagen de las ovejas sin pastor y siempre resuena el mandato del Señor: «Predicad el Evangelio por todo el mundo». Visión y mandato que hacen exclamar a la Iglesia y a cada uno de sus miembros: «!Ay de mí, si no evangelizara!». Cada cual debe encontrar las ocasiones de este anuncio explícito del Señor.
Una
plegaria.
-Pedir la verdadera comunión con la suerte del Señor
- Agradecer la fe que nos ha llegado por el testimonio
apostólico
- Rogar la conservación viva de la fe entre nosotros
- Suplicar la protección de Santiago.
JOAN
GUITERAS
ORACIÓN DE LAS HORAS
1993, 7/8, pág. 432
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