barra-01.gif (5597 bytes)

H O M I L Í A S 

barra-01.gif (5597 bytes)

SAN JOSÉ

sobre el evangelio de Lucas

wpe1E.jpg (34765 bytes)

PARA VER LA IMAGEN AMPLIADA HAGA CLIC SOBRE LA MISMA

 

Hermanos:

-Celebramos la eucaristía en la fiesta de san José, a quien Dios confió, como decíamos en la oración inicial, "los primeros misterios de la salvación". San José tiene un lugar propio dentro del ciclo navideño. Pero su fiesta se halla siempre en Cuares- ma, estas semanas en que nos prepara- mos para celebrar la culminación de la vida y la obra de Jesús: su muerte-resurrección.

-San José pertenece a la historia de la salvación. A esta larga cadena que desemboca en Jesús. Las dos primeras lecturas nos lo sitúan en continuidad con Abrahán y con David. Como Abrahán, José es un hombre de fe: pone su confianza en Dios sin tener todas las claves del camino en que se encuentra metido. El que quiera tenerlo todo atado y bien atado; el que quiera dominar todas las situaciones... ese tal es incapaz de poner su confianza en Dios, que es quien guía las cosas; es incapaz de entrar en los caminos de Dios. Pretende formar parte de los "sabios y prudentes". Y Jesús nos dijo en una ocasión que el Padre ha escondido los secretos del Reino a los sabios y prudentes, mientras que los ha revelado a los sencillos.

-Los evangelios de la infancia de Jesús -que es donde aparece la figura de José- pueden parecer relatos maravillosos e ingenuos. De hecho, sin embargo, José y María andan a tientas, chocan con la contradicción, se encuentran abocados a unas situaciones que no entienden ni dominan: "Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados".

Estas palabras se parecen mucho a las quejas doloridas y amorosas de tantos padres, ante el comportamiento de los hijos a quienes asoma el bozo y empiezan a creerse mayores: "Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¿por qué nos has hecho sufrir de este modo?" Más que una pregunta, es una queja maternal. Sin embargo, la respuesta de Jesús no resulta muy tranquilizadora: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?" También los padres de hoy tenéis que oír respuestas de esta clase: "¿Por qué me buscáis?; Dejadme tranquilo: yo ya sé lo que me hago, ya soy mayor!" El evangelio añade que sus padres "no comprendieron lo que quería decir". Pero después "él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad". Pero no nos engañamos: la herida ya está abierta: Jesús se distancia de José y María, como los hijos se distancian de los padres conforme se van haciendo hombres y mujeres.

-Así, pues, José -y también María- se nos hace extraordinariamente cercano. La fe en José, su confianza en Dios, no lo separan de nosotros para trasladarlo a otro mundo, un mundo angélico. Todo lo contrario: la oscuridad, la contradicción del creyente, son vividas por José en su vida de cada día, de padre de familia sencillo, honrado, trabajador, que cree en el Dios de los padres: el Dios en quien creyó Abrahán, el gran patriarca del pueblo, a quien había prometido tener una larga descendencia, precisamente cuando no tenía hijos! -La primera lectura hablaba de David. Instalado en Jerusalén, piensa construir una buena mansión para el Arca de la Alianza, que se custodiaba en una tienda provisional, una tienda desmontable de campaña. Dios le dice: No quiero que me edifiques ningún templo, ninguna casa firme y lujosa. Tú eres mi templo; como lo fue Abrahán, como lo es mi pueblo entero, como lo será tu descendencia. Yo te haré una casa a ti, y tu casa, tu descendencia, se mantendrá por siempre.

José forma parte de esta descendencia de David, de esta casa de Dios. Es -con María- el último eslabón de la cadena, la que conecta con el Salvador que el pueblo esperaba. Nada de templos espléndidos, ni de sabios y prudentes: los primeros misterios de la salvación fueron confiados a personas sencillas.

-Ahora el misterio de la salvación ha sido confiado a la Iglesia: a esta sociedad de hombres y mujeres, de la cual nosotros formamos parte. Ha sido confiado, de manera particular, a aquellos y aquellas que ejercen un ministerio, entre los cuales se cuentan los sacerdotes. No es, pues, extraño que san José sea el patrono de la Iglesia y que, en muchas diócesis, hoy sea también el día del seminario, la institución que se ocupa de los jóvenes que se preparan para ser sacerdotes.

El camino de la Iglesia, el de todos los que trabajamos en ella, el de los sacerdotes, tiene que ser un camino de fe, como el de José. Dios nos lleva -hoy quizá más que unos años atrás- por unos vericuetos desconocidos e inesperados, que con frecuencia nos desconciertan. Renace constantemente en nosotros la ilusión de tener una mansión sólida e instalarnos en ella (¿os acordáis de lo de las tres tiendas, del domingo pasado?) Y en más de una ocasión se nos escapa un lamento: "Señor, ¿por qué nos tratas así?" Y así como los padres de Jesús no comprendieron su respuesta, tampoco nosotros entendemos los caminos de Dios. Pero no importa: metámonos en camino. Es él quien conduce la historia de la salvación

J. TOTOSAUS MISA DOMINICAL 1992, Nª 4

bluenoisebar.jpg (2621 bytes)