5 HOMILÍAS MÁS PARA LA FIESTA DE SAN JOSÉ
sobre el evangelio de Lucas
1-5

1.

Hemos escuchado en la carta de san Pablo una expresión perfecta, tres palabras que sintetizan todo el Evangelio que el Padre nos ha comunicado a través de su Hijo Jesús. Hemos leído en san Pablo: "TODO ES GRACIA".

Un gran escritor cristiano de nuestro siglo, el francés G. Bernanos, puso estas palabras EN BOCA DE UN SACERDOTE, protagonista de una de sus novelas, obra cumbre de la literatura cristiana contemporánea. Un pobre sacerdote que muere aún joven, después de unos años oscuros y difíciles en una pequeña parroquia, al final de su vida ve con cierta claridad el sentido de lo que antes apenas había comprendido. Y por ello repite las palabras que hoy nosotros hemos leído en la carta de san Pablo: "Todo es gracia".

Me parece que ESTAS PALABRAS PODRÍAN TAMBIÉN DEFINIR la vida de aquel CARPINTERO DE NAZARET que hoy recordamos y celebramos. De él APENAS SABEMOS nada, ya que incluso lo que el evangelio de san Mateo nos cuenta con ciertos detalles, debe comprenderse sobre todo como un intento de la primera comunidad cristiana por transmitir el misterio de la irrupción de Dios en la historia humana. DE HECHO lo que nos dicen -más históricamente- los evangelios es simplemente que un hombre llamado José, de profesión carpintero, aunque fuera descendiente del rey David, con domicilio en un pequeño pueblo de Galilea, casado con una mujer tan sencilla como él, por nombre María, era considerado como el padre de aquel joven judío llamado Jesús que se presentaba con la extraña pretensión de ser el Mesías de Dios.

El elogio para José -no consta en el libro sagrado, pero evidentemente se deduce de él- es SU EFICAZ CONTRIBUCIÓN al camino del niño, adolescente, joven Jesús. Porque todos sabemos que -normalmente- el hijo mama y aprende lo que la familia vive. Las lecturas de hoy nos han hablado a menudo de PATERNIDAD.

Paternidad es algo más importante que un hecho físico. Es contagiar día tras día, en la convivencia cotidiana, lo que se valora, lo que se vive. En la narración del evangelio de Lucas se nos dice que el apenas adolescente Jesús, en su viaje al Templo de Jerusalén, cuando es primero perdido y después hallado por sus padres, responde: "¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?", en realidad ahí hallamos un magnífico elogio del padre José. Porque ¿qué mejor mérito puede hallarse que el padre -con minúscula- fuera capaz no de monopolizar a su hijo, sino de conducirle al descubrimiento del Padre -con mayúscula?- Esta fue LA GRACIA DE JOSÉ. Por eso en su vida -para nosotros apenas conocida-todo fue gracia. Porque COMO ABRAHAN, supo ser fiel en su respuesta de fe y de esperanza a lo que de él esperaba Dios. De ahí que el buen carpintero nazareno pueda ser EJEMPLO Y PATRONO PARA QUIENES TIENEN UNA VOCACIÓN DE FECUNDIDAD. Buen ejemplo para cualquier PADRE (toda paternidad es un camino de fe y de esperanza en el cual todo es gracia aunque tan a menudo uno no comprenda demasiado el porqué de esta reacción de los hijos, o el valor del esfuerzo de cada día). Buen ejemplo también para quienes en la comunidad cristiana tienen un ministerio de ser sacramento de la paternidad de Dios: esta es la gracia del SACERDOTE, y también él debe vivir su camino más en la fe que en la claridad, más en la esperanza que en la seguridad, pero también él debe confiar que -más allá de problemas, interrogantes y dificultades- todo es gracia.

Antes de concluir estas palabras, quisiera mencionar un hecho curioso. LA DEVOCIÓN a san José TARDO MUCHO en surgir en la Iglesia. Prácticamente los cristianos pasaron diez siglos sin apenas acordarse de él, y su culto no fue común en la Iglesia hasta el siglo XVI. Pero este largo tiempo de olvido, fue COMPENSADO luego con una devoción muy especial que se refleja -por ejemplo- en la gran utilización de su nombre (¿no hay entre nosotros muchos que celebran hoy su santo? ¡qué todos lo celebren muy felizmente!).

Sin embargo hay otra cosa que quisiera mencionar. El hecho significativo que CRISTIANOS DE PRIMERA CATEGORÍA hayan valorado mucho la figura de san José. Por ejemplo, nuestra santa Teresa, Por ejemplo nuestro papa Juan XXIII. Permitidme terminar con unas palabras que TERESA DE JESÚS escribió sobre el carpintero José.

Decía: "No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos paréceles dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas; y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, así en el cielo hace cuanto le pide". Bien. Terminemos como hemos comenzado. Con las palabras de san Pablo: TODO ES GRACIA. Hermanos, que nosotros, oscuros carpinteros de nuestra vida, consigamos trabajar en la construcción del Reino de Dios con fe y esperanza. Así nuestro vivir será fecundo, así en nosotros todo será gracia del Dios que es Padre.

JOAQUÍN GOMIS
MISA DOMINICAL 1976, 6


2.

Ocurre que del evangelio de este día se sacan consideraciones morales que, con ser muy edificantes y aferradas a determinados detalles de la anécdota, reducen considerablemente su sentido. El texto de Lucas no intenta hacer reflexionar de manera prioritaria en la manera de comportarse Jesús con sus padres y con Dios, en la jerarquía de su obediencia a María y José por un lado, y a su Padre por otro... ni en la libertad en que , con relación a sus padres, le sitúa su disponibilidad ante Dios, etc. El texto de Lucas es una meditación acerca del misterio de Jesucristo, del misterio de su relación con Dios. Cualquier otra consideración no puede introducirse más que como prolongación de la dicha.

Para penetrar este texto tan misterioso como sugestivo, es preciso seguirlo paso a paso, dejarse llevar por el movimiento que lo anima. Al caminar así, tras las pisadas del autor, lo primero que descubre el lector es un determinado grupo de gente: "los padres" de Jesús; "tu padre y yo", precisará María. Más allá, se descubre también a los "parientes y conocidos", bastante numerosos para que un adolescente pudiera pasar inadvertido: Se buscará a Jesús en este clan.

Este clan tiene un comportamiento establecido: todos los años van a Jerusalén por la Pascua y vuelven al final de la semana. Es "la costumbre", se nos dice; una obligación tácitamente impuesta, reconocida y practicada por todos.

Pues bien, he aquí que Jesús, que partió con el clan para seguir la costumbre, no vuelve. Rompe con la ley del clan; no observa la costumbre. Lejos de imaginar que Jesús ha efectuado semejante acto de separación, sus padres no se sorprenden de no verle con ellos. Y cuando se ponen a buscarlo, su investigación empieza con toda naturalidad en el interior del clan: ciertamente Jesús respeta la costumbre familiar. Pero esta búsqueda resulta vana.

Es el primer acto de un drama cuyos componentes son claros. Jesús ha vivido hasta entonces en un grupo unido por lazos estrechos: familia, relaciones de trato, costumbre. Pero en el momento en el que, cumplidos los doce años, se le propone integrarse en la vida de ese grupo adoptando -libremente, por otro lado- sus costumbres, ligándose con los lazos que crean su unidad, Jesús se aleja.

El gesto es grave; la unidad del grupo se rompe, y únicamente por Jesús. Sorpresa en los testigos inmediatos, una sorpresa que irá hasta la angustia: "angustiados" (v. 48). Segundo acto: ausente del clan de los "parientes y conocidos", Jesús está en otro sitio. Hay tres expresiones que definen ese "otro" sitio: los maestros, el Templo, la búsqueda de tres días. Jesús no se desinteresa del clan original por el simple desprecio a la "costumbre", a la Ley. Al contrario, manifiesta un interés muy grande por esa Ley; le encuentran "sentado en medio de los maestros". Las candorosas imágenes que muestran a Jesús rodeado de graves personajes, llenos de un desacostumbrado respeto hacia su joven interlocutor, corresponden a la generosa frase de Lucas. Sin duda que este precoz estudiante no deja de escuchar: así hacían los Sabios. Pero hace preguntas a los maestros y hasta indica algunas respuestas, hasta el punto de que los testigos que le oyen preguntar y responder se extasían ante su inteligencia. Se palpa que tiene un conocimiento profundo de las cosas, y de las cosas concernientes a la Ley: porque la enseñanza de estos maestros venerables con los que tan hábilmente habla Jesús versa sobre la Ley. Al romper con la " costumbre" del clan, Jesús no ha procedido a la ligera. El conoce la ley, sabe lo que vale, pero actúa libremente respecto a ella.

Jesús se encuentra en el Templo. Los dos libros de Lucas (el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles) afirman la importancia de este lugar santo. Es la "casa de oración" (Lc 19,46), donde el pueblo se pone efectivamente en oración (1,10); los Apóstoles, según parece, permanecen en él constantemente después de la Ascensión (24,53) y los cristianos se reúnen allí periódicamente (Hech 2,46). Sólo que para este autor cristiano, tan respetuoso con las instituciones judías, el Templo no tiene ya en absoluto la misma significación que antaño. Antes, los Israelitas se dirigían al Templo para "buscar" a Dios. Esta actitud religiosa esencial, necesaria siempre, ahora ya no se efectúa sino a través de un intermediario cuya identidad precisa con exactitud la continuación del relato. Una búsqueda de tres/días no constituye un rasgo banal. Es bastante frecuente que lo que ocurre al término de tres días o en el tercer día (no hace falta atenerse a una matemática demasiado precisa) sea un acontecimiento divino; así lo es para el profeta Oseas (6,2) o para el evangelista Juan (11,7), etc. ¿No es, pues, algo divino lo que va a manifestarse?.

Con mayor razón podemos pensar esto cuanto que el proceso de María y de José se describe con los verbos "buscar" y "encontrar". Ahora bien, la peregrinación de los judíos que se dirigían al santuario para orar se describía así: Los fieles "buscaban" y "encontraban" a Dios.

Durante tres días -primer detalle sugestivo- María y José "buscan" -segundo término importante- a alguien a quien encuentran, y -es un tercer detalle que hay que subrayar- le encuentran en el Templo, última precisión esencial. ¿Cómo podría este encuentro ser algo diferente del encuentro con Dios? Sin embargo es el encuentro con Jesús. ¿Qué puede querer decir esto?.

El tercer acto lo constituye un diálogo reducido a lo esencial, lo cual le da más patetismo. Por un lado, la reclamación de los padres: "¿Por qué?... estábamos angustiados... tu padre y yo". Advirtamos ese "por qué" que pide cuentas; el "estábamos angustiados" que hace inútil cualquier intento de justificación; y el "tu padre y yo": María apela con ello al clan, a la familia, de la cual precisamente se ha apartado Jesús por otras preocupaciones.

De la otra parte, está la respuesta de Jesús, de un paralelismo perfecto con la reprimenda de extrañeza que se le ha dirigido. "¿Por qué?...¿No sabíais...? Mi Padre". Al porqué de María responde el de Jesús. Es la negativa al responder; es incluso rechazar la pregunta. Al argumento de la angustia, Jesús opone el de un conocimiento elemental y necesario: "¿No sabíais?". Finalmente a la frase última de María: "tu padre y yo", Jesús responde indicando su motivación última: "mi Padre".

Desde luego, no cabría imaginar un intercambio más contradictorio. El malentendido entre María y Jesús es total; y este malentendido se basa en la oposición: "tu padre... mi Padre". ¿Quién es, pues, en realidad el Padre de Jesús? Y en último término, ¿quién es este conocedor de la Ley que rompe con la Ley, este adolescente de doce años que "se sienta" en el Templo, este hombre que dice que Dios es su Padre? ¿Quién es Jesús?.

El cuarto y último acto formado por los últimos versículos del relato, no proporciona la respuesta. La respuesta no se dará más que al final de un drama más largo, en el que Jesús será también el héroe principal enfrentado esta vez a adversarios menos dispuestos que María a escuchar: ese drama será la vida pública, después la Pasión y, por fin, la Resurrección. Entonces Jesús habrá dicho, o mejor, Dios mismo habrá dicho por Jesús quién es él.

Pero el lector aún no se encuentra en ese punto; y nuestro relato termina con tres reflexiones de gran valor. El misterio de Jesús no está revelado; María no entiende y no puede entender. Sabía a quién buscaba, pero no sabe a quién ha encontrado. Hay, sin embargo, muchas cosas sugerentes: el sitio del descubrimiento, la mención rápida de la Escritura, la palabra de Jesús... Pero estas sugerencias no serán perfectamente claras más que a la luz de aquella mañana de Pascua, de la Pascua cristiana, de la que la festividad judía, mencionada en el primer versículo, no es más que el diseño.

María no entiende, pero "conserva todos estos recuerdos en su corazón", sin dejar de examinarlos para encontrar su sentido, para estar dispuesta a acoger este sentido cuando sea facilitado.

Jesús, finalmente, el que ha roto con el clan, el que en la casa de Dios se ha sentido en su propia casa regresa a Nazaret; se reinserta en la familia terrestre. No ha sonado aún la hora de la revelación definitiva. Tendrá que celebrar muchas Pascuas antes de llegar a la última Pascua.

¿Qué nexo hay que entrever entre estas frases evangélicas y aquéllas que introducían su proclamación? No es fácil decirlo.

El nexo parece más evidente con la 2ª lectura. Según la anécdota de Jesús en el Templo, parece que Jesús hizo allí una elección:

Jesús ha sustituido la obediencia a la Ley -"según la costumbre"- por un orden nuevo: la relación con el Padre -"Yo debo estar en la casa de mi Padre". El contenido de este evangelio está muy cerca del que expresa el texto paulino, a la búsqueda de cuál fue el punto central de la aventura espiritual de Abraham. Ese punto crucial no fue la Ley, contra la que Pablo, el vigoroso polemista, no tiene palabras suficientemente severas: "la Ley desencadena la cólera... donde no hay ley no hay transgresión". El punto crucial fue la fe. La fe, que tiene, en primer lugar y por encima de la Ley dada a sólo Israel, la ventaja de ser una posibilidad ofrecida a todos... La fe que consiste esencialmente en la certeza de que Dios es más fuerte que la muerte, en que El puede mantener sus promesas dando la vida a pesar de la muerte, más allá incluso de los límites de la muerte. Puesto que Abraham creyó que de unos padres demasiados mayores para engendrar -"ya muertos"- podría nacer un descendiente prometido por Dios, puesto que creyó en un Dios capaz de "dar la vida a los muertos y de llamar a la existencia a lo que no es", su fe es el prototipo de la de los cristianos, llamados a creer que Dios es lo suficientemente fiel y lo suficientemente poderoso como para resucitar a Jesús de entre los muertos, y para hacer que ellos mismos participen en la resurrección de Jesús.

Tal es la relación con Dios; una relación hecha de confianza absoluta, cuya necesidad ha proclamado Jesús al preferir "la casa de su Padre" a la fidelidad rigurosa a la Ley.

LOUIS MONLOUBOU
LEER Y PREDICAR EL EVANGELIO DE LUCAS
EDIT. SAL TERRAE SANTANDER 1982.Pág 102


3.

"VUESTROS HIJOS NO SON VUESTROS HIJOS"

La edad de doce años era en Israel algo equivalente a la mayoría de edad entre nosotros: a los doce o trece años se casaban las mujeres, y los varones entraban a formar parte de la comunidad social y religiosa de Israel y, desde entonces, estaban obligados a cumplir la mayoría de las leyes religiosas y civiles.

Una de esas obligaciones consistía en peregrinar a Jerusalén una o varias veces al año. Al cumplir los doce años, pues, Jesús acompaña por primera vez a sus padres a Jerusalén a celebrar la fiesta de la Pascua. Y es en esta ocasión cuando, llegada la hora de volver, Jesús se queda en Jerusalén. Como el viaje se hacía en grupo, José y María pensaron que Jesús iba "entre los parientes y conocidos" de la misma caravana, y sólo se dieron cuenta de su ausencia "después de una jornada de camino". Tres días tardaron en encontrarlo: estaba en el templo, sentado en medio de los doctores de la Ley, desconcertando a todos con sus preguntas y respuestas.

NO FUE UNA CASUALIDAD

Jesús no se perdió por casualidad. No se quedó en Jerusalén por un despiste propio del niño de pueblo que va por primera vez a la capital. Por lo menos el evangelio de Lucas no lo presenta así.

Jesús no pidió permiso a sus padres para quedarse entre los maestros de la Ley. Ni siquiera les dijo que lo iba a hacer. Jesús se quedó en Jerusalén porque quiso; lo hizo a propósito. Jesús quería a sus padres y los respetaba. Pero se sentía libre e independiente de ellos. Su modo de actuar constituye una afirmación de su independencia y de su libertad. Con esta visita a Jerusalén, Jesús iba a ser integrado, como era costumbre, en la sociedad, en la Ley y en el sistema religioso judíos. Y es precisamente ése el momento que Jesús escoge para ejercer y reivindicar su autonomía: el modo de relacionarse con Dios era un asunto exclusivamente suyo.

José y María, que eran fieles al Señor, no entienden el comportamiento de Jesús, a pesar de que ese comportamiento tenía, como razón última, la fidelidad de Jesús a su Padre Dios. Jesús vuelve con sus padres a Nazaret y sigue sometido a su autoridad. Pero ese sometimiento es solo provisional. Cuando llegue el momento, ya plenamente adulto, Jesús vivirá y actuará de acuerdo con la autonomía y la libertad que él, en este episodio, reclama como propias.

LOS DERECHOS DE LOS PADRES

Los padres, se dice, tienen el derecho de elegir el modelo de educación que prefieren para sus hijos. Y es verdad: ni la Iglesia ni el Estado pueden arrebatarles ese derecho y decidir en lugar de ellos. Pero ¿en qué consiste ese derecho? ¿En obligar al niño a pensar y a comportarse de una manera determinada? ¿En obligar al niño a aceptar ciertas ideas porque ésas son mis ideas y él es mi hijo? ¿En sentirse ofendido, traicionado, cuando el hijo escoge un camino distinto del que los padres habían escogido para él? La educación de los hijos no puede ser una "domesticación de los hijos". Los padres tienen el derecho -nadie se lo va a negar-, por encima de cualquier institución, de elegir la educación de sus hijos. Pero, a la hora de hacer la elección, tienen la obligación de procurar que esa educación que ellos eligen haga posible que el niño se convierta en un hombre libre, capaz de decidir por sí mismo la dirección de su vida.

Los padres no tienen derecho a escoger para sus hijos una educación que los haga esclavos de una ideología, de unas creencias. Tienen el derecho y la obligación de facilitar a sus hijos el camino de la libertad. Porque la libertad pertenece al ser humano desde el momento mismo de su nacimiento. En su nombre, y mientras no pueda ejercerla por sí mismo, la ejercen sus padres, pero sólo a él le pertenece.

CON PALABRAS DE UN POETA

El título de este comentario se ha tomado prestado de un poeta libanés que pone en boca de un profeta esta respuesta a unos padres que le pedían que les hablara de los hijos: 

Vuestros hijos no son vuestros hijos. 

Son los hijos y las hijas del ansia de la vida por sí misma.

Vienen a través vuestro, 
pero no son vuestros. 

Y aunque vivan con vosotros, 
no os pertenecen. 

Podéis darles vuestro amor, 
pero no vuestros pensamientos, 
porque ellos tienen sus propios pensamientos. 

Podéis abrigar sus cuerpos, 
pero no sus almas, 
pues sus almas habitan en la mansión del mañana 
que vosotros no podéis visitar, 
ni siquiera en sueños. 
Podéis esforzaros en ser como ellos, 
pero no intentéis hacerlos a ellos como a vosotros. 
Ya que la vida no retrocede 
ni se detiene en el ayer.

(G. K. ·Gilbran, El Profeta)

RAFAEL J. GARCIA AVILES
LLAMADOS A SER LIBRES. CICLO B
EDIC. EL ALMENDRO/MADRID 1990.Pág. 251ss


4. CLARETIANOS 2002

Cuando lo quiso Dios, surgió en la tierra un hombre llamado José, de la estirpe de David, esposo de la Virgen María, padre legal de Jesús.

Cuando lo quiere la Iglesia hace memoria solemne de San José rompiendo el ritmo penitencial de una semana que anuncia la Pasión del Señor. Todavía recordará al Santo el día primero de mayo.

De San José podemos decir -según el evangelio- que se asemeja extremadamente a la Virgen María. Esta dijo sí a Dios e hizo posible la Encarnación, prestando al Hijo de Dios su corazón y su seno para que éste pusiera su tienda entre nosotros. San José dijo también dijo sí a Dios y le dio al Hijo de Dios una estirpe, una patria, una familia, una casa, un lenguaje, una autoridad, para que Dios habitara entre los hombres como un hombre más. En una palabra, José contribuyó a que continuara la Encarnación.

La verdadera misión de José, como la de María, fue presentar la obra de la salvación, Jesús, al mundo. Cuando se apercibe de su misión, José responde generosamente. Tiene el carisma de visiones angélicas; es decir, está atento a la llamada de Dios y está presto a cumplir su voluntad. Por eso no abandona a María cuando advierte que va a tener un hijo, y por eso también toma al Niño con su madre y huye a Egipto para burlar las iras de Herodes. No destaca su presencia en el evangelio, pero su figura ilumina la historia de Jesús.

No sé lo que significará para tu vida la figura de José. Lo que sí es cierto es que si fuéramos como él, llenaríamos de luz nuestro camino y el camino de los demás.

Patricio García (cmfcscolmenar@ctv.es)


5.

SAN JOSE, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA 

19 DE MARZO DE 2001. EL CUSTODIO DEL REDENTOR.

SI LA VIRGEN MARIA FUE ELEGIDA PARA SER LA MADRE DEL REDENTOR, SAN JOSE FUE ELEGIDO POR DIOS PARA SER SU ESPOSO Y PADRE LEGAL DE JESUS. POR ESO ES EL “JUSTO”.

1. “Ve y dile a mi siervo David: Estableceré después de tí a un descendiente tuyo, un hijo de tus entrañas y consolidaré tu reino” 2 Samuel 7,4. Jesús es hijo de David, porque José, su padre legal y María, su madre, son descendientes del rey David. 

2. Como María recibió una anunciación por la cual se le notificaba que iba a ser Madre de Dios, José también tuvo su anunciación en la que se le anunciaba que iba a ser el padre legal del Hijo de Dios, e hijo de María, su esposa, a quienes tendrá que cuidar, alimentar, proteger, defender, convivir y acompañar. En el momento más amargo de su vida, cuando está dispuesto a dejar a María al verla encinta, le dice el ángel: "José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre, Jesús, porque El salvará al pueblo de sus pecados" Mateo 1,16. Al ser la imposición del nombre derecho del padre, el ángel está afirmando la paternidad de José. Sin esperarlo, se ve inmerso en la familia trinitaria. Como Abraham, a quien se le pidió el sacrificio de su hijo, José estaba dispuesto a dejar a su esposa María, que era como morir en vida: “Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos, y llama a la existencia lo que no existe, Abraham creyó”Romanos 4,13.

3. Aunque la imaginería se empeñó equivocadamente en representarnos a un hombre anciano para dejar a salvo la virginidad de María, la realidad fue más hermosa, porque José era un joven fuerte y lleno de vida, que amaba profundamente a su novia María. Con una gran delicadeza y ternura, y con gran sentido de responsabilidad, acató por la fe los caminos de Dios. El anuncio de su vocación le causó una alegría inmensa. Y comprendió la gran confianza que depositaba el Padre al elegirlo padre de su Hijo, asociándolo al orden hipostático, y se entregó totalmente a la misión que le confiaba y pondrá todas sus fuerzas al servicio de Jesús y de María. Trabajará y sufrirá, pero también gozará. Recibirá las humillaciones de Belén, cuando no le quieran dar posada, y sufrirá más por María y el Niño que viene, que por él. Buscará la gruta para que María pueda dar a luz. La limpiará, buscará la comida, leña para el fuego y luz para iluminar la cueva oscura. 

4. El será el primero en ver al Hijo de Dios, Niño recién nacido; en oir sus llantos. Su noble y sensible corazón se sobrecogerá contemplando la pobreza con que viene al mundo el Hijo de Dios y su hijo. Jesús, como todos los niños, tiene que aprender a caminar, a hablar, a leer, a recitar los textos de la Escritura, el “Schema, Israel”, fijándose en los ojos de su padre. Y después, Egipto. Como Abraham: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre”. Huída rápida para salvar al Niño. Tiene que exiliarse. País desconocido, lengua extraña, tierra idólatra, sin medios, buscando el modo de ganar la vida. Muere Herodes. Y el ángel le anuncia que ha muerto el que quería matar al Niño. Y vuelta a su tierra. Pero al enterarse que en Judea reinaba Arquelao, hijo de Herodes, creyó que estaría más seguro en Galilea, y se encaminó a Nazaret. Siempre peregrinando y sin ninguna comodidad.

5. Ve crecer al Niño. Ya se lo lleva al taller. Le enseña a manejar las herramientas. A cortar los troncos, a trabajar la madera. A coger el martillo. Hace puertas, ensambla yugos y arados, pule taburetes y encaja ventanas. También trabaja la huerta, y está al servicio de todos, y a veces tiene que discutir su jornal. Es pobre, pero justo. Se suda en el pequeño taller. José educa a Jesús, que va creciendo. José le va enseñando la belleza de los campos, las higueras que apuntan sus brotes en la primavera, las vides con sus pámpanos y racimos. Le explica la necesidad de la poda para que den racimos, le muestra las ovejas en el ganado, y las que se escapan, la belleza de los lirios del campo, la cizaña en el trigo, la semilla sembrada en la tierra, el aspecto del cielo, si rojo, o azul. El peligro de la tormenta, la gallina y los polluelos. Lo que después improvisará en sus parábolas y predicación, se lo enseñó su padre. “Les estaba sujeto”. Es decir, no hacía nada sin contar con sus padres. Con deferencia respetuosa, con sencillez y docilidad. Jesús ama a su padre. ¡Y cómo ama José a Jesús! "Por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús", escribió el Papa León XIII, expresando el inmenso cariño y ternura de José por su Hijo Jesús. 

6. Jesús va a la sinagoga cogido de la mano de su padre. Jesús ora en familia con José y María. Dice de su padre Santa Teresa del Niño Jesús, que bastaba verle rezar para saber cómo rezan los santos. ¡Qué sería ver rezar a José, el más santo de los santos! La vida de José es una vida de oración y de trabajo, de hogar y de amor, de austeridad y de pobreza, pero de alegría inmensa como consecuencia de la profundidad de su vida interior y de saberse entregado por completo al primer hogar cristiano, semilla de la Iglesia, de la cual es también Patrono. "Proteged a la Iglesia Santa de Dios, la preciosa herencia de Jesucristo". El Papa Sixto IV decretó en 1480 la fiesta de San José.

7. "Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús tuvo doce años, subieron a la fiesta según la costumbre" Lucas 2,41. La caravana ha partido de la fuente de Nazaret y su alma de niño ha comenzado a estremecerse al comenzar el viaje. Un muchacho en Oriente, a su edad, es tan maduro como uno de 16 ó 20 en Occidente. Los caminos de Jerusalén estaban atestados de gente, que caminaba a pie, o a caballo de asnos y de camellos. El polvo subía al aire y se esparcía por los campos, por los olivos verdes, por las alquerías cúbicas. La gente cantaba salmos. Al borde de los caminos los comerciantes vendían frutas y pan. En las alforjas sonaban los timbales y los platillos. En una de esas caravanas va Jesús de 12 años. A los 13 quedará constituido miembro de pleno derecho del pueblo sacerdotal. 

8. Nunca un niño se ha parecido tanto a su madre. Cuanto más iba creciendo, más se le parecía. Cuando sea un adulto, toda su naturaleza humana reflejada en su cuerpo, en actitudes, biológicas y espirituales, será el puro espejo de su Madre. Sólo su cuerpo, sus cromosomas y genes, son los que han formado aquella naturaleza bella y armoniosa que era el propio retrato de su Madre. Sus mismos ojos profundos, sus mismas manos. Sus gestos idénticos. Jesús observa con mirada penetrante. Jerusalén es una ciudad en fiestas. Cuando Jesús entra en el Templo, donde habita su Padre, y ve que la sangre de los corderos viene corriendo desde el altar de los holocaustos, experimenta una inmensa emoción. Aquellos miles de corderos degollados, le representan a él... ¡Qué momento más intenso! Nunca en la historia un muchacho ha sentido una conmoción como la suya. María, que conocía como nadie la intimidad de su hijo, le observaba, extasiado en Dios, su Padre, su Vida, su Amor. A las tres de la tarde comenzó el sacrificio vespertino. A Jesús le saltaba el corazón en el pecho adorable. Contemplaba por primera vez el cortejo de los once oficiantes dispuestos a sacrificar los corderos en el Templo. Vio al sacerdote avanzar con el cuchillo en la mano. Vio hundir el cuchillo en el cuello del cordero. Corría la sangre. La derramaron los sacerdotes sobre el altar. Es natural que su alma se sintiera en pleamar y quisiera ver más y saber más de aquel mundo misterioso. El amor le sube en oleadas por su ser entero. No se queda en el Templo por casualidad. Lo necesitaba su alma hambrienta. Ni sus padres habían descubierto el terremoto espiritual producido en la conciencia humana de su hijo.

9 En las horas libres de aquellos días de fiesta se desplegaba en Jerusalén una vida peculiar de trabajo, penetrado de espíritu religioso. Los peregrinos, sentados delante de las puertas, remendaban las sandalias de viaje; repararaban las suelas y los tacones gastados y casi partidos por los cantos agudos y por las piedras calizas del camino. Remendaban los vestidos.

Era muy oportuno un tiempo de reposo después de las largas caminatas. Se quedaban en la ciudad toda la semana de las fiestas, hasta que comenzaba el regreso de las caravanas. 

10. "Y cuando terminaron, se volvieron; pero el Niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, caminaron una jornada, y se pusieron a buscarlo entre los parientes y los conocidos; al no encontrarlo se volvieron a Jerusalén en su busca". Miles de peregrinos van saliendo de Jerusalén, con la natural algarabía y confusión. Asnos y camellos, literas y arrieros, comerciantes y peregrinos, hombres por un lado, mujeres aparte y los niños con unos o con otros. Los caminos se llenaban de gente; cuando comenzaban a caminar unas caravanas se confundían con otras, hasta que se separaban en grupos. La primera jornada suele ser muy corta. Se sale después de mediodía. Hay un acuerdo previo sobre el punto de reunión, la hora de salida y el término del viaje. María y José emprendieron su regreso al hogar. A un niño de 12 años se le daba libertad de movimientos, pues al próximo año ya era responsable de sí mismo.

11. Cuando se reunió la caravana en el sitio convenido para el descanso de la noche, todos se unían a sus familiares. Pero Jesús no apareció. José y María fueron de una parte a otra preguntando a parientes y conocidos, alarmándose progresivamente. ¡Nadie había visto al Niño durante todo el camino! Desolación. Tenían que volver a Jerusalén, aquella misma noche. Luna llena y caminos animados. En Jerusalén preguntaron en la casa donde habían comido el cordero pascual, entre conocidos, amigos y comerciantes. Cuando María veía a un muchacho se sobresaltaba su corazón. En el alma de María se ha desatado un huracán de angustia y dolor: "Una espada de dolor te atravesará el corazón". ¿A dónde te escondiste, Amado, / y me dejaste con gemido?...Como el ciervo huiste / habiéndome herido / Salí tras tí clamando / y eras ido...Después de tres días de busca y de agonía, lo encontraron por fin, en el Templo. Los rabinos que comentaban la Escritura los días festivos, ofrecían la oportunidad a los forasteros de que les escucharan en estas ocasiones. Era como un cursillo o unos Ejercicios espirituales.

12. "Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados" (Lc 2,41). La palabra padre en labios de María, tiene una significación plena en el orden espiritual, moral y afectivo. María le da la preferencia a José. Le honra, le pone delante. Ni en el orden ontológico ni el de la santidad le corresponde esa preferencia, pero sí en el orden jurídico familiar y social. La frase "Nos has tratado así", indica la unión de corazones; José es verdadero esposo de María y está unido a ella en el dolor. Como hay unión de corazones, sufren juntos por la pérdida y separación de Jesús. Cuando perdemos a Jesús, sufrimos. Me diréis que hay muchas personas que están apartadas de Dios y no sufren por ello. Sí que sufren, aunque no se dan cuenta. Puede uno no darse cuenta de que está tragando veneno, pero se envenena sin darse cuenta. Dicen que el sida puede estar latente en un organismo durante años. Cuando se quebrantan los mandamientos se produce un desequilibrio, un desquiciamiento de la persona. Se da la esquizofrenia, que consiste en la disociación del deber y del hacer. Los mandatos de Dios no son arbitrarios. El sabe lo que nos conviene y lo que nos daña. Por eso manda lo que nos conviene y prohibe lo que nos daña. La ausencia, la pérdida de Jesús causa dolor, angustia: "Te buscábamos angustiados". El amor espiritual es más fuerte que el natural. "Los amores de la tierra le tienen usurpado el nombre" al amor, dice Santa Teresa. "El que ama con amor espiritual, dice San Juan de Avila, necesitaría dos corazones: uno de carne para amar; otro de hierro para recibir los golpes por la pérdida de los hijos espirituales”. El corazón de María estaba ya desbordado de amargura cuando prorrumpe en estas palabras de queja, reprensión cariñosa y respetuosa. ¿Por qué nos has tratado así, a los dos? Unidos en la misma duda. Y unidos en la misma acción: "Te buscábamos angustiados". José y María, como Abraham, tienen que recibir la herida dolorosísima de la separación del hijo: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?". ¿Qué dice? ¿Qué lenguaje es éste? Este Jesús no es el Jesús que ellos conocían. Jesús ha marcado una línea clara de separación. Se les exige el desprendimiento total. La noche del espíritu, que María vivirá en el Calvario, se le adelanta a José en este momento. La colaboración de José a la Redención alcanza ahora mismo un nuevo dolor. Y así fue en toda su vida. En el viaje a Belén, en la noche del Nacimiento, en el día de la presentación en el Templo, en la huída a Egipto, ante la profecía de Simeón, en Nazaret, en el Templo con los Doctores. 

13. DIOS QUE BUSCA. Dios creó el mundo hermoso para dárselo al hombre, al que quiere feliz con El y para siempre. Los hombres no acaban de conocer cuánto les ama Dios y buscando ser felices se hacen más esclavos. El hombre pecó y sigue pecando. Y se esclavizó. Se han hecho un Dios a la medida de sus deseos, dirá Nietzche: "Si es verdad que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, le salió bien, porque el hombre ha hecho a Dios a su imagen y semejanza". Los hombres hacen Dios lo que desean que sea su dios, el becerro de oro, o el dinero de plástico, o el sexo, o el poder, o la vanidad, o todo a la vez. Pero Dios sigue buscando a ese hombre que se ha perdido. Jesús deseaba ya derramar su Sangre, viendo la sangre profética en el Templo para comprar el encuentro de los hombres, y como José y María seguirá buscando...

14. Cuando hemos perdido la cartera, el carnet, o el pasaporte, los buscamos con desespero. Me acuerdo de aquellos padres del niño autista perdido en los Pirineos, buscando angustiados a su hijo. Y de tantos otros…

15. Jesús, encarnación del Amor del Padre, explicó tres parábolas de BUSQUEDA: una mujer perdió una moneda. Cosa inanimada. Un pastor perdió una oveja, animal desprovisto del instinto de orientación, de entre cien que tenía. Y la de la CONVERSION. El padre no busca al hijo, sino espera que actue su razón y su amor. Y le ofrece su casa, su abrazo y su amor. Amor que busca, que perdona, que crea. Esa es su alegría. La ALEGRIA del encuentro, que es evidente en las tres.

16. Conocemos el proceso del huído: mucho dinero, muchos amigos. Gastos fastuosos, derroche de sus facultades, de su afectividad, de su sueño, se le apodera la pereza, va perdiendo la ilusión para los deberes serios, comienzan a mermar sus caudales, empiezan a desfilar los amigos falsos, que no le encuentran ya tan manirroto. En el fondo cada día menos alegría, se ensombrece su rostro, se acaba su campechanía y su capacidad de desenfado. Pasa hambre, va a cuidar cerdos, y no le dejan hartarse de bellotas como ellos. Y de pronto, piensa en su padre, en su casa, en sus criados que comen pan y él ni siquiera bellotas. ¿Qué hará su padre si él regresa a casa? ¿Qué dirá la gente, si él, que se marchó con tanta fanfarronería y altivez, regresa humillado y roto, empobrecido y mugriento? Pero, el hambre y la miseria son ya tan grandes, que pasa por todo: "Me pondré en camino a donde está mi padre, reconoceré que he pecado" (Lc 15,1) y le diré que disponga de mí como de un criado en su casa, a su lado, junto a él. 

Jesús está revelando el corazón del Padre. "Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió, y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo". Profundos sollozos de alegría, vestido nuevo y anillo de bodas en el dedo, sandalias sin estrenar, sacrificio del ternero más gordo, y el banquete. Para llegar a descubrir la revelación de la MISERICORDIA DE DIOS hace falta una larga evolución espiritual, a través de muchos acontecimientos dolorosos y muchas desilusiones amarguras y fracasos.

17. DIOS TIENE EL CORAZÓN EN UN PUÑO cuando a alguno de sus hijos le envuelve el pecado. SE HA PERDIDO. Es como el Pastor que cuenta las ovejas, 97,98,99, ¿y la 100? Sufre porque sabe que ella sufre. Dios sufre porque sabe que el pecador es ese hijo que pasa hambre, que lo ha perdido todo, menos su dignidad de hombre y de hijo. Y el Padre es fiel. LO BUSCA. Envia sus profetas, sus sacerdotes, en busca de la oveja perdida. "Las ovejas que me ha dado mi Padre nadie las arrebatará de mi mano". Los 90 millones de niños que son destrozados en el seno de sus madres, los miles de niños víctimas de la prostitución infantil, del asesinato en las calles, “los meninos da rua”, los enfermos del sida, los drogadictos, los esclavos de la inmoralidad y de la droga del sexo, las víctimas de todas las guerras de la historia, los esclavizados por el orgullo y la soberbia, por la envidia que les carcome las entrañas... El terrorismo, la delincuencia juvenil, la inseguridad ciudadana: el hombre de nuestro tiempo está sometido como en ninguna otra época a enormes tensiones que ponen en peligro su equilibrio psicológico. La higiene acabó con las pestes; las vacunas con las enfermedades contagiosas; la técnica con la servidumbre del trabajo físico. Pero el nuevo estilo de vida propiciado por la revolución industrial, ha hecho del hombre moderno un pelele vulnerable y desmadejado, en manos de esos invisibles agresores que son la ansiedad, la depresión, la esquizofrenia. Hoy que el mundo está loco, hace falta como en ningún otro tiempo un momento de reflexión para el cultivo del espíritu. DIOS LO BUSCA. Dios los quiere liberar, pacificar, que se reunan en su familia, que pertenezcan al Reino suyo de paz y amor. No quiere que sean NIÑOS PERDIDOS.

18. Y los busca. Busca a Adán, ¿dónde estás? Busca a Caín, ¿qué has hecho con tu hermano? Por fin hace fiesta, y nos ha invitado a todos al Banquete de la Eucaristía. Necesitamos la luz y la vida de la Palabra de Cristo: "Que ella habite entre vosotros en toda su riqueza" (Col 3,15). 

19. Y nos prepare para hacer y recibir la Eucaristía, creadora de familias santas, donde se trabaja como en Nazaret: "Comerás del fruto de tu trabajo"; donde la fecundidad es mirada y valorada como bendición del Señor: "Tu mujer como parra fecunda; tus hijos como brotes de olivo, alrededor de tu mesa. Donde Dios derrama su bendición: "Que el Señor te bendiga y veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida" (Sal 127).

20. Cuando ya no era tan necesario, por ser Jesús adulto y capaz de proteger a su madre, José, se sintió cansado con un cansancio que hastaa entonces no conocía, agotada su vida en el taller, sintió frío y Jesús y María, alarmados y llenos de pena, corrieron a su lado y asistido por, ellos cuidadosamente y con inmenso cariño, murió en la paz de Dios. Jesús, que lloró con tanta emoción ante el sepulcro de Lázaro, ¿cómo lloraría al morir su padre, a quien tanto amaba? Y las lágrimas de su esposa María, se unieron a las de su Hijo, porque se les iba el esposo y el padre, compañero de la peregrinación. Por eso, por el consuelo que tuvo al morir en brazos de su hijo y de su esposa, es el patrono de los agonizantes. Jesús, José y María, asistidnos en nuestra última agonía. Vio la siembra y supo que se acercaba la cosecha, que no pudo ver.

21. Santa Teresa experimentó la eficacia de la intercesión de San José y "se hizo promotora de su devoción en la cristiandad occidental" y, principalmente, quiere que lo tomemos como maestro de oración. 

22. José, padre de Jesús, que entregó al Redentor su juventud, su castidad limpia, su santidad, su silencio y su acción, puede hacer suyo el Salmo 88: "El me invocará: Tú eres mi Padre, mi Dios, mi roca salvadora".

23. San José nos enseña que lo importante no es realizar grandes cosas, sino hacer bien la tarea que corresponde a cada uno. "Dios no necesita nuestras obras, sino nuestro amor" (Santa Teresa del Niño Jesús. La grandeza de san José reside en la sencillez de su vida: la vida de un obrero manual de una pequeña aldea de Galilea que gana el sustento para sí y los suyos con el esfuerzo de cada día; la vida de un hombre que, con su ejemplaridad y su amor abnegado, presidió una familia en la que el Mesías crecía en edad, en sabiduría y en gracia ante Dios y los hombres (Lc 2,52). No consta que san José hiciera nada extraordinario, pero sí sabemos que fue un eslabón fundamental en la historia de la salvación de la humanidad. 

24. Las lecturas de hoy quieren destacar que la realización del plan divino de salvación discurre por el cauce de la historia humana a través, a veces, de figuras señeras como Abraham, Moisés, David, Isaías, Pablo; o de hombres sencillos como el humilde carpintero de Nazaret. Lo que importa ante Dios es la fe y el amor con que cada cual teje el tapiz de su vida en la urdimbre de sus ocupaciones normales y corrientes. Dios no nos preguntará si hicimos grandes obras, sino si hicimos bien y con amor la tarea que debíamos hacer. El evangelio apenas si nos dice nada de san José. Poquísimo nos dice de su vida, y nada de su muerte, que debió de ocurrir en Nazaret poco antes de la vida pública de Jesús. Sólo Mateo escribe de José una lacónica frase que resume su santidad: era un hombre justo. Acostumbrados a tanto superlativo, esta palabra tan corta nos dice muy poco a nosotros, tan barrocos. Pero a un israelita decía mucho. La palabra "justo” ciñe como una aureola el nombre de José como los nombres de Abel (He 11,4), de Noé (Gn 6,9), de Tobías (Tb 7,6), de Zacarías e Isabel (Le 1,6), de Juan Bautista (Mc 6,20),y del mismo Jesús (Lc 23,47). “Justo”, en lenguaje bíblico, designa al hombre bueno en quien Dios se complace. El Salmo 91,13 dice que “el justo florece como la palmera”. La esbelta y elegante palmera, tan común en Oriente, es una bella imagen de la misión de san José. Así como la palmera ofrece al beduino su sombra protectora y sus dátiles, así se alza san José en la santa casa de Nazaret ofreciendo amparo y sustento a sus dos amores: Jesús y María. 

25. La santidad de José consiste en la heroicidad del monótono quehacer diario. Sin llamar la atención, cumplió el programa de quien es "justo” con Dios mediante el fiel cumplimiento de las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad; y con el prójimo por medio de su apertura constante al servicio de los demás. Como se construye la casa ladrillo a ladrillo, el edificio de la santidad se va realizando minuto a minuto, haciendo lo que Dios quiere. “San José es la prueba de que, para ser bueno y auténtico seguidor de Cristo, no es necesario hacer "grandes cosas", sino practicar las virtudes humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas” (Pablo VI). 

26. José es el santo del silencio. Hay un silencio de apocamiento, de complejo, de timidez. Hay también un silencio despectivo, de orgullo resentido. El silencio de José es el silencio respetuoso que escucha a los demás, que mide prudentemente sus palabras. Es el silencio necesario para encauzar la vida hacia dentro, para meditar y conocer la voluntad de Dios. José es el santo que trabaja y ora. Trabajar bajo la mirada de Dios no estorba la tarea, sino que ayuda a hacerla con mayor perfección. Mientras manejaba la garlopa y la sierra, su corazón estaba unido a Dios, que tan cerca tenía en su mismo taller. Una mujer santa decía a sus compañeras de fábrica: "las manos en el trabajo, y el corazón en Dios”. 

27. El humilde carpintero de Nazaret fue proclamado por Pío IX Patrono de la Iglesia universal, y Custodio del Redentor por Juan Pablo II. Es muy coherente que el cabeza de la Sagrada Familia sea el Protector y el Custodio de la Iglesia, la gran familia de Dios extendida por toda la tierra. 

28. Al celebrar la Pascua, pensemos en el reino eterno y feliz de David, y en la fe de Abraham, nuestros padres en la fe, con quienes entronca San José, que nos bendice con su Hijo. Y pidámosle que nos enseñe a orar, que nos conceda un trato cariñoso con Jesús y con el Jesús que está escondido en cada hermano y que cuide de nuestra fe y de nuestras virtudes, como cuidó de la vida de su Hijo, Jesús, del cual estuvo tan próximo como lo vamos a estar nosotros en seguida en la comunión.

JESÚS MARTÍ BALLESTER