SEGUNDA LECTURA

A los ojos de Dios no cuentan las prosapias y los registros dinásticos, sino la fe. Este es el único título de nobleza y la única sangre azul que se cotiza en el protocolo del Reino de Dios.

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.22.

Hermanos:

No fue la observancia de la ley, sino la fe, la que obtuvo para Abrahám y su descendencia la promesa de heredar el mundo.

Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia: así la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así lo dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.»

Al encontrarse con el Dios, que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó.

Apoyado en la esperanza creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le fue computado como justicia.