PRIMERA LECTURA
La palabra de un profeta legitima una dinastía y enraíza en ella un símbolo mesiánico. Dios no estuvo sólo con David, para salvar a su pueblo, sino también con su sucesor y todos sus descendientes, los ungidos anunciadores del Mesías, para salvar al universal pueblo de Dios. La filiación divina del rey no es un mero título. Quiere ser afirmación de la cercanía en que Dios está de su mediador y del pueblo ante el que es signo
Lectura
del segundo libro de Samuel 7,4-5a. 12-14a. 16.
En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
-Ve y dile a mi siervo David:
Cuando hayas llegado al término de tu vida y descanses con tus padres estableceré después de ti a un descendiente tuyo, un hijo de tus entrañas; y consolidaré su reino. Él edificará un templo en mi honor y yo consolidaré su trono real para siempre. Yo seré, para él un padre, y él será para mí un hijo.
Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia y tu trono durará por siempre.
![]()