SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO

 

Jn 19,31-37: Recuerda lo que manó de allí y elige por dónde entrar

Despreciad, pues, el mundo, cristianos; despreciad el mundo, repito una y otra vez. Lo despreciaron los mártires, lo despreciaron los apóstoles, lo despreció el bienaventurado Cipriano, cuyo recuerdo celebramos hoy. Queréis ser ricos, sentiros llenos de honores y hallaros sanos; todo lo despreció aquel en cuya memoria os habéis reunido. ¿Por qué, os suplico que me digáis, por qué amáis tanto lo que despreció aquel a quien tanto veneráis; aquel a quien, sin duda alguna, no honraríais si no lo hubiese despreciado? ¿Por qué te encuentro enamorado de las cosas despreciadas por aquel a quien veneras? Con toda certeza: si él las hubiese amado, no lo venerarías tú hoy. No las ames tampoco tú, pues no ha cerrado la puerta detrás de entrar él. Desprécialas también tú y entra detrás de él. Está claro por donde has de hacerlo: Cristo es la puerta. La puerta se abrió para ti cuando su costado fue perforado por una lanza. Recuerda lo que manó de allí y elige por dónde entrar. Del costado del Señor, perforado con una lanza cuando yacía muerto en el madero, brotó agua y sangre: la una es tu purificación, la otra tu redención.

Sermón 311,3