PRIMERA LECTURA
La imagen del amor paternal sirvió al profeta para adentrarse en la actitud de Dios hacia su pueblo y para expresarla. El amor infinito es el secreto de su camino con sentido: en el nacer, en el crecer, en el madurar. Con todo ese andar, el pueblo de Dios es siempre niño. Y Dios no es para él un enemigo que está fuera, sino un padre que cuida y educa desde dentro.
Lectura del Profeta Oseas 11,1b. 3-4. 8c-9.
Esto dice el Señor:
Cuando Israel era joven lo amé,
desde Egipto llamé a mi hijo.
Yo enseñé a andar a Efraím,
lo alzaba en brazos,
y él no comprendía que yo lo curaba.
Con cuerdas humanas,
con correas de amor lo atraía;
era para ellos como el que levanta
el yugo de la cerviz,
me inclinaba y lo daba de comer.
Se me revuelve el corazón,
se me conmueven las entrañas.
No cederé al ardor de mi cólera,
no volveré a destruir a Efraím;
que soy Dios y no hombre,
santo en medio de ti,
y no enemigo a la puerta.
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