PRIMERA LECTURA
El pueblo de Dios se hace, en lo pequeño, abierto a descubrir la gratuidad de la grandeza. El teólogo predicador enseña a su pueblo la razón de su elección. Fue y es el amor de Dios, que tomó la iniciativa, libre, como atraído sólo por la pequeñez. Eso es misterioso; lo entiende bien el que se siente amado. Así se sintió el pueblo bíblico desde su origen en los patriarcas. Y verificó que Dios es fiel al amor manifestado y a la esperanza despertada.
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Lectura del libro del Deuteronomio 7,6-11.
Habló Moisés al pueblo y dijo:
-Tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad.
Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás -porque sois el pueblo más pequeño-, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto..
Así sabrás que el Señor tu Dios es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos por mil generaciones.
Pero paga en su persona a quien lo aborrece acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece en su persona.
Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.
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