SUGERENCIAS
1.
La fiesta del Corpus, ahora llamada más exactamente "del Cuerpo y la Sangre de Cristo", ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano, desde que se introdujo en el siglo XIII. La Eucaristía tiene dos dimensiones: su celebración (la misa) y su prolongación, con la reserva del Pan eucarístico en el sagrario y la consiguiente veneración que le dedica la comunidad cristiana. La finalidad principal de la Eucaristía es su celebración y la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, que ha querido ser nuestro alimento para el camino de la vida. Pero desde que la comunidad cristiana empezó a guardar el Pan eucarístico, sobre todo para los enfermos y para el caso del viático -cosa que data ya desde los primeros siglos-, fue haciéndose cada vez más coherente y connatural que se rodeara el lugar de la reserva (ahora, el sagrario) de signos de fe y adoración. Es lo que subraya la fiesta de hoy, con un cierto paralelismo con la noche del Jueves Santo, en aquellas horas entrañables entre la misa vespertina y el comienzo del Viernes.
SUGERENCIAS PASTORALES PARA LA CELEBRACIÓN DE TODA LA JORNADA
a) Ante todo, debemos cuidar hoy con esmero la celebración misma de la Eucaristía: sus textos nos centran muy bien en el misterio que recordamos. Los cantos deben ir en la misma dirección. La procesión de las ofrendas, con el pan y el vino bien visibles y abundantes, y luego la comunión, a ser posible bajo las dos especies, nos ayudarán a entender y agradecer a Cristo Jesús el gran don de la Eucaristía.
b) Sería bueno realizar de alguna forma la procesión con el Santísimo, siguiendo las normas del lugar, recuperando la costumbre si se hubiera perdido. Si no se hace por las calles, se podría organizar una breve procesión por el jardín, el patio o la plaza, prolongando la celebración de la misa con cantos y oraciones de alabanza a Cristo Eucarístico.
c) Al menos habría que prolongar más la "poscomunión" de la misa; con una breve monición y unos cantos u oraciones que expresen nuestro agradecimiento a Cristo por el don de su Eucaristía.
d) Hoy es un día muy apto para enviar la comunión a los enfermos que lo pidan, como participación en la Eucaristía comunitaria principal.
e) En torno a esta fiesta -en la víspera o el mismo día- sería bueno organizar una adoración comunitaria del Santísimo. Se puede hacer con una "exposición" más o menos prolongada en que la comunidad, por grupos o colectivamente, hace oración ante el Señor, con las orientaciones y los textos que ofrece el Ritual del Culto eucarístico (recogidos y ampliados en el Dossier 71 del CPL, preparado por J.M. Canals).
LAS LECTURAS DE HOY
Las lecturas del ciclo C nos presentan a Melquisedec, el misterioso sacerdote de Salem (Jerusalén), que ofrece pan y vino a Abrahán, que vuelve de una batalla. El NT ve en Melquisedec una figura profética de Cristo Jesús, del que en el evangelio leemos que ofrece alimento a la multitud, cansada y hambrienta, multiplicando los panes y los peces. Este hecho Lucas lo cuenta con terminología "eucarística", aunque evidentemente todavía no se tratara del sacramento cristiano: lo hace para que sus lectores sepan reconocer el alimento -"la fracción del pan"- que Jesús, ahora Resucitado, ofrece a su comunidad. Pablo nos cuenta cómo en la última Cena Cristo dejó como herencia este entrañable sacramento, memorial y participación de su muerte pascual, signo eficaz de su propia donación como alimento.
Estas lecturas nos hacen entender lo que significa la Eucaristía. En ella, Jesús, el Señor, presente continuamente a su comunidad, nos ofrece su propio Cuerpo y Sangre como alimento. Esto, en la celebración, nos lleva a comulgar con él. Y en el sacramento permanente del sagrario, en el que él prolonga su oferta, nos invita a continuar también nosotros la oración, la alabanza y la atención gozosa a esta presencia.
Cristo, nuestro alimento. Como Abrahán vendría cansado de su expedición; como la multitud, al caer de la tarde, estaría cansada y hambrienta; así nosotros, en nuestra vida, necesitamos alimento. Cristo mismo ha querido ser nuestro "viático", nuestro "alimento para el camino".
La fiesta de hoy nos debe llevar
a) a cuidar más la celebración de la Eucaristía,
b) y también a no descuidar algunos de los signos, clásicos o más actuales, de adoración al Santísimo, personal y colectiva, que nos pueden ayudar
- a prolongar el clima de la celebración pasada,
- a preparar la próxima con una actitud más consciente, y a dar a nuestra jornada o a nuestra semana el tono de comunión de vida con Cristo Jesús, que es la finalidad tanto de la celebración como del culto fuera de la celebración.
J.
ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1998, 8, 19-20
2. CONTENIDO DOCTRINAL.
El ciclo C se caracteriza en las lectura por la referencia al tema de Melquisedec y por la multiplicación de los panes, tal como la describe san Lucas (en paralelismo muy estrecho con los demás sinópticos, excepto poquísimas variantes). La segunda lectura, en cambio, nos propone la narración de la institución, leída ya en la misa del jueves santo y en el evangelio del Corpus del ciclo B.
De hecho, el contenido doctrinal de las lecturas en los diferentes ciclos es prácticamente el mismo, y esto que en esta solemnidad la predicación puede centrarse más en uno de los aspectos del misterio, alternativamente, más que necesariamente en una de las lecturas. Una buena homilía podría tomar, por ejemplo, el texto del Prefacio como punto de partida. La propuesta es, en esta ocasión, una especial atención a la tradición catequética de la figura de Melquisedec. La Escritura, en realidad, cuando compara Jesús con Melquisedec (Hebreos 8) no lo hace desde el ángulo de la ofrenda de pan y vino, como anuncio del pan y vino eucarístico, sino desde el ángulo de su carácter de personaje misterioso que surge sin ningún lazo aparente con la continuidad humana. Pero la catequesis patrística, en cambio, y posteriormente la liturgia del Corpus y el mismo Concilio Tridentino, han asumido la narración de la ofrenda de pan y vino, con la bendición a Dios, como una figura del Cristo instituyendo la Eucaristía.
PAN/VINO: En efecto, estamos ante un elemento significativo: en el momento de dar a su iglesia los signos visibles del memorial, Jesús no escogió ninguno de los elementos típicos de la cena pascual judía (cordero, hierbas amargas...), sino los elementos más espontáneos de un banquete: el pan y el vino. De este modo indicaba una cierta ruptura con el ritual mosaico para enlazar con la base cósmica y antropológica del "fruto de la tierra y del trabajo del hombre". Pasaba por encima de la alianza mosaica para enlazar con la alianza originaria, en la fe de Abraham. Era, pues, una forma de significar el carácter universalista de su misterio, y de la Eucaristía que confiaba a su Iglesia.
EU/UNIDAD : Por otra parte, el pan y el vino son elementos "elaborados", que piden la reunión de muchos granos de trigo y muchos granos de uva, para hacer una nueva unidad que tiene un sentido para el hombre: ¡son su alimento! No es de extrañar que ya la Didaché utilizase esta imagen del trigo disperso y reunido para significar a la Iglesia, fruto de la comunión con el Cristo (véanse los Dossiers "Claves para la Eucaristía" y "Gestos y Símbolos" de J. Aldazabal).
NOCHE/SIMBOLO : Todavía otro aspecto, particularmente relacionado con la escena de la multiplicación de los panes: el pan es algo que hay que compartir y entregarlo a los que no tienen. Cuando "caía la tarde" y se acercaba la noche, se siente la preocupación por aquellos que no tienen víveres. El simbolismo de la noche como el tiempo de la dificultad para el hombre, extiende el tema a todas la situaciones de necesidad. Es Lucas quien precisamente pone, en esta narración, la frase paralela a la escena de Emaús (cfr. Lc 7, 12. 24, 29). La preocupación de los discípulos por el misterioso peregrino "porque atardece", es la misma de los doce, en el desierto, por la multitud. La respuesta de Jesús a los doce es, de hecho, lo que hicieron los de Emaús: "Dadles vosotros de comer". Pero, en definitiva (como en Emaús, ¡también!), quien da el verdadero pan es Jesús, ¡el Señor!
-ACTUALIZACIÓN. Centrar la actualización de la homilía en el símbolo del pan y del vino es muy adecuado. "El motivo especial de alabanza que hoy se te propone es el pan vivo que da vida. El mismo que a la mesa de la cena sagrada se dio a los doce" (Lauda Sión). Conviene explicar que Jesús quiso tomar pan y vino -y no otros alimentos- para convertirlos en su Cuerpo y en su Sangre, porque en el pan y el vino hay lo que, culturalmente, eran el alimento fundamental y la bebida festiva. También se puede subrayar cómo la Iglesia continúa, a través de los siglos y en las culturas más diversas, repitiendo el gesto de Cristo con los mismos elementos, precisamente porque la Eucaristía es esto: la repetición del gesto de Cristo (véase la 2. lectura).
EU/COMPROMISO: Las consecuencias de fraternidad son muy espontáneas. "Al participar del mismo pan y de las misma copa en un lugar determinado realiza la unidad de los comulgantes con Cristo entero, entre ellos y con los demás comulgantes en todo tiempo y en todo lugar... La celebración de la Eucaristía, fracción de un pan necesario para la vida, incita a no consentir en las condiciones de los hombres privados del pan, la justicia y la paz" (Dombes, Acuerdo doctrinal sobre la Eucaristía, nn. 21. 27, en Phase n. 70, 1972, pp. 319-320).
En este aspecto, habrá que acentuar que la fuerza de esta comunión no viene simplemente del comer "pan," sino del participar en el "pan eucarístico". En otras palabras, es Cristo quien, entregado, nos urge la unidad y la entrega a los demás.
PERE
TENA
MISA DOMINICAL 1983, 11
3. EU/MINISTRO
La narración de Lucas sobre la multiplicación de los panes incluye pocas diferencias con respecto a Mateo y Marcos, pero son notables en relación con la de Juan. La principal es la orden que da Jesús a los discípulos: "Dadles vosotros de comer", a la que se corresponde, en la conclusión, la intervención de los discípulos en la distribución: "los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente". En la narración de Juan, el protagonismo de Jesús es más destacado y exclusivo.
Dos líneas de actualización: a) el sentido del ministerio ordenado, y b) el dinamismo misericordioso de la Eucaristía.
Por lo que respecta a la primera, se podría subrayar que, en la celebración de la Eucaristía, el que preside no tiene, como simple hombre, la posibilidad de "dar-el-pan-eucarístico", sino en tanto que lo "recibe" de Cristo; en otros términos, destacar que la Eucaristía es acción de Cristo, su don, que llega a la Iglesia por el ministerio de aquél a quien Cristo ha enviado y consagrado: el sacerdote. Esto conducirá a acentuar la presencia de Cristo en la persona del ministro y a valorar la conversión eucarística como obra divina, y no del hombre.
Por lo que respecta a la segunda línea -bastante lucana, por otro lado- se trataría de destacar la permanencia en la Iglesia del mandamiento de Jesús a los discípulos: "Dadles vosotros de comer" y mostrar cómo el cumplimiento de esta obra de misericordia encuentra su raíz y su urgencia en el don eucarístico. Abrir el corazón al hermano que necesita -alimento, trabajo, atención, etc. - no es algo "libre" si somos conscientes de que vivimos de los dones de Dios, y aún lo es menos para los que compartimos el pan-que-viene-de-Cristo. Esto es lo que significa el "dinamismo misericordioso" de la Eucaristía: de la misericordia del Padre revelada en la cruz y la resurrección de Jesucristo, sacramentalizadas en la Eucaristía, al ejercicio de la misericordia como consecuencia de la participación eucarística.
PERE
TENA
MISA DOMINICAL 1983, 11
4.
Cada día, de Oriente a Occidente, desde donde sale el sol hasta el ocaso, la Iglesia celebra el banquete sacrificial del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya institución conmemoramos en la tarde del Jueves Santo. Todos los días son por lo tanto celebración del "Corpus". Sin embargo, concluidas las fiestas pascuales, somos invitados nuevamente a una celebración solemne y particular de este Santísimo Sacramento, que sintetiza la vida toda del Señor y nos comunica los frutos de la redención.
El misterio de la Eucaristía tiene muchas evocaciones: es memorial de la pasión, es banquete de unidad, es anticipo de la vida divina que compartiremos con Cristo en el cielo. Por eso es necesario no quedarse en la periferia del misterio, sino descubrir una vez más lo que creemos y celebramos: el Cuerpo que se entrega, la Sangre que se derrama. La entrega es esencia profunda y última del Corpus, que debemos renovar constante- mente. El cristiano debe ser pan que se multiplica, pan que se hace accesible a cualquier fortuna, pan de vida, pan de unión, pan que sacia el hambre. A ejemplo de Cristo que ha derramado su sangre, el cristiano debe convertirse también en vino bueno, de la mejor cosecha, que va pasando de mano en mano y de copa en copa, para que todos beban salvación y no muerte.
Hay dos clases de procesiones. Una muy sencilla, pero difícil, la que día a día y momento a momento, al salir de la Eucaristía, debemos mostrar la verdad de fe y las exigencias de amor de lo que hemos recibido y hemos comulgado.
Y está la procesión solemne, grandiosa, emotiva y testimonial del Corpus. Con temblor interior y emoción profunda llevamos la Eucaristía como síntesis total de la vida de Cristo, y de su salvación universal, y a la vez como testimonio de la verdad y del amor que creemos e intentamos llevar a la práctica.
Andrés Pardo
5.
Para orar con la liturgia
Fue en la ultima -ágape fraterno-,
tras comer la Pascua según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.
La Palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y aunque no entendemos basta fe,
si existe corazón sincero.
Adorad postrados este Sacramento.
Cesa el viejo sitio, se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento:
que la fe lo supla con asentimiento.
Fragmento del "Pange Lingua"
6.
Hoy la liturgia nos regala la oportunidad de reconocer a Jesús vivo y presente en el pan eucarístico, es la fiesta de su Cuerpo y de su Sangre, el alimento de vida eterna que los cristianos debemos recibir y adorar con profundo cariño.
El Evangelio de Lucas nos ayuda a tomar conciencia de este maravilloso don, pues la multiplicación de los panes que se reparten a la gente es reflejo de la Eucaristía donde la comunidad cristiana anuncia la muerte y resurrección del Señor y asume un compromiso solidario en el compartir el pan, la vida y el amor.
El pan es repartido a los pobres de Dios y a los necesitados del mundo pero en fraternidad. Del gesto del Señor debemos sacar como lección que la Eucaristía nos debe llevar a un compromiso por los pobres, por tanto, debe ser asumido por toda la comunidad cristiana que celebra la Cena del Señor.
Nosotros no podemos realizar el prodigio de multiplicar los panes, pero sí podemos repartir lo nuestro con los demás, tenemos tanto amor, tanto cariño que multiplicar, practicando la solidaridad con los más desheredados. Cada uno desde sus posibilidades y quizá hasta de su propia pobreza; ihay tanta necesidad!: de alimento, de vivienda, de trabajo, de cultura, de religión, de dignidad personal y derechos humanos, del calor familiar, de una mano amiga...
Si no fuera así hemos caído en la rutina de la misa dominical; hagámonos conscientes: hoy en el "Día de la Caridad" Dios nos ha amado tanto que se ha quedado en el pan eucarístico para que descubramos cuánto nos ama y cómo debemos amar a los hermanos.
Hoy al decir Amén, después de comulgar "El Cuerpo de Cristo" recordemos que nuestra respuesta debe ser un sí rotundo al amor fraterno del cual la eucaristía debe ser ante los demás un signo visible y eficaz.
C.
E. de Liturgia
PERU
7.
Hoy se celebra en España la tradicional solemnidad del Corpus Christi, fiesta de gran arraigo popular en nuestros pueblos y ciudades, por la que, a través de bellas manifestaciones de devoción festiva y de adoración, los fieles expresan su fe en la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar.
Todos sabemos que la Eucarística, fuente y cima de la vida de la Iglesia, nos impulsa y se confirma en la vida social con la caridad. La liturgia eucarística debe crear la base y la motivación para la caridad. Si no lleva a servir al hombre, a ayudar a los pobres y a los que sufren, no cumple todo su fin. Cuanto más brote de la liturgia la necesidad interior de servicio y de amor, tanto más se convierte la caridad en anuncio y testimonio, y, al mismo tiempo, es la invitación más eficaz a participar en la liturgia eucarística y adorar al Señor.
Hoy, en la fiesta del Corpus, se nos muestran de manera más fuerte estas dos dimensiones inseparables del misterio Eucarístico: presencia real y amorosa de Cristo en el pan consagrado y la necesidad de vivir la caridad en la erradicación de la pobreza que, según Cáritas y sin ir más lejos -que hay que hacerlo-, afecta a más de 8 millones y medio de personas en nuestro país.
8. Comunicados episcopales
La solidaridad da sentido a tu vida, practícala
La Comunidad Cristiana celebra en la festividad del Corpus Christi el Día de la Caridad. En esta jornada, la Comisión Episcopal de Pastoral Social quiere compartir con todos los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad las exigencias del amor, de la solidaridad; y la entrega de Cristo a todos los hombres, particularmente a los pobres y marginados.
La solidaridad, signo de nuestro tiempo
La solidaridad no es una actitud propia de nuestro tiempo, pero es ahora cuando más hemos tomado conciencia de su necesidad e importancia; es ahora cuando se ha dejado sentir con más fuerza en el corazón humano.
Hubo otros tiempos en que las corrientes socio-culturales y políticas, urgían más la necesidad de la libertad y de la justicia. Eran también signos salvadores. Y es evidente que se deben seguir urgiendo, porque todavía se dan opresiones e injusticias que rompen el corazón humano y que claman al cielo. No lo olvidamos nunca. Pero hoy los vientos soplan con más fuerza hacia el ideal de la solidaridad, que es plenificante y en todos estos signos descubrimos la presencia del Dios que recrea el mundo. La solidaridad es, sin duda, un concepto pleno de riqueza. Es una virtud que va más allá de la justicia. No se limita a dar a cada uno lo suyo, como individuo o como miembro de la sociedad, sino que esta dispuesta a dar más de lo que las leyes humanas establecen. La solidaridad se acerca al otro, para darle lo que realmente necesita, para que adquiera todos sus derechos y toda su dignidad, aunque no pueda exigirlo legalmente.
La solidaridad se acerca al otro y lo considera no sólo como "compañero de camino", sino como algo muy cercano, socio de la misma empresa, miembro de la misma familia. El otro es algo tuyo, dice la solidaridad, por eso tienes que acercarte a él, compartir con él lo que tienes, lo que sabes, lo que eres; tendrás que defenderle o liberarle o curarle, tendrás, en definitiva, que amarle como a ti mismo.
Siguiendo el pensamiento de la encíclica Sollicitudo rei socialis, podemos definir a la solidaridad como:
Ver al otro, reconocerlo como persona, revestirlo de dignidad. Sentirse responsable del otro. Responsabilidad es cuando damos respuesta al otro, cuando le vemos no como un complemento, sino como nuestra razón de ser. Compartir los bienes y dones recibido y Dejarse ayudar por el otro.
No podemos acercarnos al pobre desde el poder o la riqueza, de arriba abajo, sino desde el respeto, más bien de abajo arriba. Vamos al pobre como pobre, no sólo para dar, sino para recibir; no sólo para ayudar, sino para ser ayudado. Casi siempre es más lo que recibimos que lo que damos.
La solidaridad en cristiano
La solidaridad es una de las más preciosas virtudes humanas, que cuando existe, se da en personas creyentes y no creyentes. Pero la solidaridad está muy cerca del evangelio. Es la mejor disposición que puede ofrecer el hombre, aparte de la fe, para recibir el bautismo de fuego y de Espíritu. La solidaridad así bautizada, en cristiano podría llamarse fraternidad.
Si el otro es imagen viva de Dios, algo sagrado, ya no podré conformarme con darle algo de lo mío: debo darle todo. Ni podré tampoco resignarme con darle algo de mí: debo darme todo. Ni puedo conformarme con amarle mucho: debo amarle sin límites, hasta el fin. Y así tendré que amarle y servirle y respetarle como a Cristo.
La solidaridad así entendida, es luz para el camino, o tal vez sea el camino que nos lleva a la luz.() Es un dinamismo liberador que se enraíza en las tendencias mas profundas y positivas de nuestra naturaleza personal y nuestra estructura social. En efecto, la apertura al otro, en actitudes de responsabilidad y comunión, no sólo no nos limita, sino que nos hace crecer, nos da felicidad, nos ayuda a "ser". "Seremos en la medida en que nos abrimos y nos damos. No hay otra solución. Sólo las personas solidarias y los pueblos solidarios, pueden crecer en armonía y en paz. En cambio, las personas y los pueblos insolidarios, podrán crecer materialmente, pero llevan en sí el germen del vacío y la destrucción propia y ajena. Por eso la solidaridad da sentido a tu vida, porque la ilusiona, la enriquece, la llena y la fecunda. El que vive la solidaridad, el que se apunta al voluntariado, el que no quiere guardar su vida, el que opta por lo afirmativo, siente que está en la luz, que camina en la verdad, que su vida no se pierde en el vacío, que puede hacer de su vida una realidad llena de belleza y gratificante.
El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza
Siempre ha sido difícil para el hombre encontrar la verdad. Cristo vino a iluminar y pacificar al hombre, haciéndose él mismo Luz, Verdad y Paz. Pero hizo más, nos regaló su Espíritu, para que pudiéramos interiorizar este legado. Es el Espíritu de la Verdad, es la Luz santísima, en el Amor de Dios, derramado en nuestros corazones. Podemos decir del Espíritu que es nuestra estrella y nuestra brújula, pero interiorizada y entrañada.Es el que nos hace conocer el secreto de las cosas, los enigmas del hombre y las profundidades de Dios, el sentido de los acontecimientos y de la historia. Este Espíritu nos ayuda a "discernir en los acontecimientos, exigencias y deseos... los signos verdaderos de la presencia de los planes de Dios". Este Espíritu de Jesucristo viene en ayuda de nuestra flaqueza y nos permite descubrir la verdad de nuestra vida. Él nos explica que la verdad es el amor, el servicio, el perdón, la comunión, la entrega de la vida. El movimiento solidario que detectamos en nuestro mundo es, sin duda, un signo del soplo del Espíritu. Porque este Espíritu de Jesús se derrama en los creyentes, pero no se limita sólo a los creyentes. Él sopla donde quiere y "renueva la faz de la tierra".()
Corpus Christi, Día de la Caridad
La Eucaristía es comida y bebida espiritual, es pan y vino espiritualizados, es el Cuerpo roto y la Sangre derramada por amor, de Jesús. Cada partícula de pan y cada gota de vino están cargados de una energía de amor entregado, que producen magníficos movimientos de unidad, de servicio, de generosidad, de entrega total. Es el mejor alimento para desarrollar la solidaridad hasta su plenitud. Quien recibe el cuerpo de Cristo entra en la corriente solidaria del Espíritu. Practica, pues, la solidaridad, si quieres conectar con el Espíritu de Cristo. Vive la solidaridad, si no quieres envejecer y quedarte anclado en el tiempo oscuro del sinsentido La marcha de la historia se orienta hacia un mundo más unido y fraterno. La fuerza del Espíritu empuja hacia la meta del amor solidario. Hoy los verdaderos progresistas son los voluntarios y solidarios. Practica la solidaridad, si quieres progresar y si quieres hacer progresar al mundo. Vive la solidaridad para que puedas celebrar el Día de caridad. Si comulgas el cuerpo espiritualizado de Cristo, serás solidario: amando a Dios, te encontrarás amando al prójimo, a los pobres y oprimidos, incluso a los enemigos...Te encontrarás siendo amor como "Dios es amor".
Los Obispos de la Comisión Episcopal de Pastoral Social Conferencia Episcopal Española
9.
Ese es el motivo de este día del Corpus Christi y normalmente el pueblo cristiano se echa a las calles para adornar las fachadas, incluso el mismo suelo de las calzadas por donde ha de pasar la procesión. Así se expresa la fe y la costumbre a la vez, pero no basta con eso.
Si nos acercamos a las lecturas -la segunda y el evangelio- que la liturgia de hoy ha escogido para expresar el contenido de lo que celebramos ya nos ha de extrañar un tanto que en ambas más que de procesiones se nos describa una comida.
El relato evangélico es delicioso pues nos muestra ese Jesús cercano que todo buen cristiano ha deseado encontrar en su caminar creyente: no hace caso a los discípulos que le instan a que despida al gentío, sino que les dice "Dadle vosotros de comer". Cuando ellos le replicaron que no tenían pan para tanta gente, se constituye en anfitrión de toda aquella gente sencilla y organiza una merienda improvisada: "Decidles que se echen en grupos de cincuenta". Es evidente que quería estar con la gente, quería compartir la mesa con ellos para indicarles que optaba por ellos y quería su amistad.
La segunda lectura también nos habla de otro banquete y en este Jesús no es sólo el anfitrión sino también el alimento: "Esto es mi cuerpo... Ese es el cáliz de la nueva alianza sellada con mi sangre".
La Iglesia ha recogido el mensaje completo de Cristo y celebra la Eucaristía como un sacramento en el que se nos ofrece participar en la fuerza redentora del sacrificio de la Cruz, alimentarnos de la misma vida del Resucitado y mantener con Él una relación amistosa en la adoración de su presencia sacramental.
Antonio Luis Mtnez
10. DÍA DEL CORPUS, ¿RELIGIÓN O EVANGELIO?
La festividad resulta ser una de las más tradicionales de nuestro país. El folklore religioso, como manifestación de la identidad de un pueblo, tiene en este día múltiples y peculiares manifestaciones. Altares, procesiones, custodias, flores y comulgantes ambientan este jueves que "relumbra más que el sol".
Evidentemente, todo ello es algo a conservar y cuidar por parte de todos los ciudadanos como patrimonio común que es.
Pero, como comunidad de seguidores de Jesús, la festividad nos presenta otras facetas y temáticas peculiares que tienen un carácter más dinamizador, más de fermento transformador.
Pablo nos presenta a la Iglesia como el cuerpo de Cristo que recibe su vida del Espíritu del Señor. La eucaristía expresa esta realidad cuando es lugar de amor confesado y compartido, y móvil de un compromiso de servicio al mundo. Se trata, por tanto, más que de pasear la custodia por nuestras calles con devoción y solemnidad, de hacer presente al Dios de Jesús (no confundirlo con cualquier otro) en la vida de nuestra sociedad. Es la fiesta de la Iglesia servidora.
El esfuerzo por paliar los problemas humanos (parados, pobres, drogodependientes, transeúntes y marginados de todo tipo) es el modelo evangélico de celebrar este día. Limitarse a lo religioso sería echar cenizas sobre las brasas de nuestra fe. Dar de nuestros bienes, tiempo y conocimientos van en esta línea. No convirtamos en colecta de un día lo que debe ser actitud permanente. ¿Cómo podemos comer del Cordero de Dios y seguir siendo lobos? Nuestras eucaristías no serán más cristianas por el hecho de que nuestros cantos y ceremonias sean estéticamente impecables. Es preciso que nuestra respuesta al amor de Dios nos haga verlo en el hermano que nos necesita. El nos hace el favor de ayudarnos a ser una Iglesia más "según Jesús".
EUCARISTÍA 1989, 24
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