EVANGELIO

La celebración eucarística es una garantía de resurrección. Por eso, la Eucaristía es la celebración de la vida. La comunidad cristiana, que se congrega para comer la carne de Cristo y beber su sangre, debe dar señales de optimismo renovador y liberador; debe convertirse en un estímulo para todo proyecto que vaya a favor de la vida, de la libertad y del verdadero progreso total de la humanidad.

Jesús se hace presente en nosotros y nosotros nos hacemos presentes a Jesús a través de la comida fraternal del pan y del vino; a través de la puesta en común de nuestros bienes, nuestras personas, nuestros dones e indigencias. Todo esto debe significar la cena, el banquete eucarístico en el que nos sentamos todos a la misma mesa.


Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,51-59.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

-Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban entonces los judíos entre sí:

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

-Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí.

Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.