NOTAS
PARA LOS TRES CICLOS
1.
La fiesta del Corpus, ahora llamada más exactamente "del Cuerpo y la Sangre de Cristo", ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano, desde que se introdujo en el siglo XIII. La Eucaristía tiene dos dimensiones: su celebración (la misa) y su prolongación, con la reserva del Pan eucarístico en el sagrario y la consiguiente veneración que le dedica la comunidad cristiana. La finalidad principal de la Eucaristía es su celebración y la comunión con el Cuerpo y Sangre de Cristo, que ha querido ser nuestro alimento para el camino de la vida. Pero desde que la comunidad cristiana empezó a guardar el Pan eucarístico, sobre todo para los enfermos y para el caso del viático -cosa que data ya desde los primeros siglos-, fue haciéndose cada vez más coherente y connatural que se rodeara el lugar de la reserva (ahora, el sagrario) de signos de fe y adoración. Es lo que subraya la fiesta de hoy, con un cierto paralelismo con la noche del Jueves Santo, en aquellas horas entrañables entre la misa vespertina y el comienzo del Viernes.
SUGERENCIAS PASTORALES PARA LA CELEBRACIÓN DE TODA LA JORNADA
a) Ante todo, debemos cuidar hoy con esmero la celebración misma de la Eucaristía: sus textos nos centran muy bien en el misterio que recordamos. Los cantos deben ir en la misma dirección. La procesión de las ofrendas, con el pan y el vino bien visibles y abundantes, y luego la comunión, a ser posible bajo las dos especies, nos ayudarán a entender y agradecer a Cristo Jesús el gran don de la Eucaristía.
b) Sería bueno realizar de alguna forma la procesión con el Santísimo, siguiendo las normas del lugar, recuperando la costumbre si se hubiera perdido. Si no se hace por las calles, se podría organizar una breve procesión por el jardín, el patio o la plaza, prolongando la celebración de la misa con cantos y oraciones de alabanza a Cristo Eucarístico.
c) Al menos habría que prolongar más la "poscomunión" de la misa; con una breve monición y unos cantos u oraciones que expresen nuestro agradecimiento a Cristo por el don de su Eucaristía.
d) Hoy es un día muy apto para enviar la comunión a los enfermos que lo pidan, como participación en la Eucaristía comunitaria principal.
e) En torno a esta fiesta -en la víspera o el mismo día- sería bueno organizar una adoración comunitaria del Santísimo. Se puede hacer con una "exposición" más o menos prolongada en que la comunidad, por grupos o colectivamente, hace oración ante el Señor, con las orientaciones y los textos que ofrece el Ritual del Culto eucarístico (recogidos y ampliados en el Dossier 71 del CPL, preparado por J.M. Canals).
La fiesta de hoy nos debe llevar
a) a cuidar más la celebración de la Eucaristía,
b) y también a no descuidar algunos de los signos, clásicos o más actuales, de adoración al Santísimo, personal y colectiva, que nos pueden ayudar
- a prolongar el clima de la celebración pasada,
- a preparar la próxima con una actitud más consciente, y a dar a nuestra jornada o a nuestra semana el tono de comunión de vida con Cristo Jesús, que es la finalidad tanto de la celebración como del culto fuera de la celebración.
J.
ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1998, 8, 19-20
2. MONICION/ENTRADA.
En la tarde del Jueves Santo, Jesús encargó a los suyos celebrar la Eucaristía en memoria suya. Si este encargo lo entendemos como la simple repetición del rito (y cuantas más veces, mejor), no hemos entendido lo que Jesús quería.
Por supuesto que lo que aquí vamos a celebrar es un rito; pero lo principal no es la fidelidad a las rúbricas, sino la coherencia entre el rito y nuestra vida: que al compartir su Cuerpo y su Sangre estemos diciendo que también compartimos su ilusión por el reino, su preocupación por los hombres, su lucha en favor de los pobres y marginados, su confianza en el Padre, su libertad frente al egoísmo, su decisión para dar por los demás incluso la propia vida, si llega el caso.
Que nuestra fiesta del Corpus no sea expresión de ritualismo vacío sino fuerza transformadora de nuestra vida y de nuestra sociedad, al identificarnos más y mejor con el Cristo cuyo Cuerpo y Sangre comeremos.
EUCARISTÍA 1989/29
3. MONICIÓN DE ENTRADA
Nos disponemos a celebrar el día del Corpus, una de las fiestas más luminosas de nuestro pueblo. No dudamos en pasear por nuestras calles a Cristo-eucaristía. Pero el creyente en Jesús no puede quedarse en manifestaciones externas. Honrar el cuerpo de Cristo significa comulgar con su persona, con sus sentimientos y actitudes. Honrar el cuerpo de Cristo significa también acercarse al hermano con el mayor respeto y disponibilidad, porque él es también el cuerpo de Cristo. El cuerpo de Cristo se parte en nuestros altares para saciar nuestras hambres, pero también para urgir nuestras más generosas entregas.
Por eso, hoy es también el Día de Caridad, porque la eucaristía significa el mayor amor, la mayor generosidad y la mayor entrega de Cristo.
CARITAS/92-1.Pág. 278
4. HOY, FIESTA DE LA CONVIVENCIA.
La fiesta del Cuerpo de Cristo es la fiesta que exalta la presencia real de Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía.
Precisamente por ser "fiesta del Sacramento" exaltamos el Cuerpo y Sangre -pan y vino eucarístico- de Jesús, signo significativo y eficaz de su presencia entre nosotros. Pero en este caso el signo apunta hacia la comida fraterna en la que Cristo mismo se da como alimento. Y la comida fraterna y festiva no puede entenderse sin comunión, sin convivencia, con el Señor Jesús y con los demás comensales. Es cierto que la Eucaristía construye a la Iglesia, pero la construye como comunidad que comparte, tal como lo ha puesto de relieve el Papa ·JUAN-PABLO-II: "Nuestra unión con Cristo en la Eucaristía debe manifestarse, en el día de hoy, en nuestra existencia: acciones, conducta, estilo de vida y en la relación con los demás".
CARITAS-DIA:¿Será posible celebrar esta fiesta sin ahondar nuestra experiencia de amor fraterno, de caridad mutua y, por lo tanto, de solidaridad y convivencia? El Día Nacional de Caridad es algo más que una jornada para hacer una limosna especial en favor de los necesitados. Es, además, una jornada en la que se nos invita a la reflexión y al cambio de vida. Compartir es más que repartir lo que nos sobre: es cambiar nuestra forma de pensar y de vivir hasta hacer posible una convivencia fraternal y solidaria.
"Nos escandaliza la atonía, cuando no la indiferencia, de amplios sectores de nuestra sociedad ante el drama de los parados.
Consideramos urgente una reacción vigorosa de todo el cuerpo social, y muy señaladamente de la comunidad cristiana, mediante una acción liberadora que favorezca e impulse todas las medidas tendentes a disminuir y eliminar el problema".(XXXII Semana Social, Badajoz 1982, conclusiones).
PARO/TRAGEDIA: "Las estadísticas sobre el paro no son cifras mudas. Constituyen la expresión de una tragedia de seres humanos -de hombres y de mujeres- cuyas vidas se desperdician en la inutilidad, en la desesperación y en la impotencia... ¿quién puede dudar de que vale la pena estudiar sus causas y luchar por su remedio?".(Sir William H. Beveridge, Papeles de Economía).
TRABAJO/CAPITAL: "El principio de la prioridad del trabajo respecto al capital es un postulado que pertenece al orden de la moral social". (·JUAN-PABLO-II, encíclica "Laborem-Exercens")
DABAR 1982/33
5. SITUACIÓN LITÚRGICA.
Las lecturas bíblicas de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor se han enriquecido en el leccionario actual, a través de los tres ciclos. Esto invita a interrogarse a fondo sobre el contenido de la homilía de esta solemnidad. No basta con decir, por ejemplo, que "vamos a predicar sobre la Eucaristía", sino que es preciso atender a las perícopas de cada ciclo para precisar los aspectos de la Eucaristía que son acentuados en las lecturas. Así las primeras lecturas acentúan sucesivamente el significado bíblico del pan (ciclo A), la ofrenda existencial de Jesús (ciclo B), la tradición eucarística (ciclo C). La segunda lectura del CICLO C coincide con la segunda del Jueves Santo, lo cual ayuda a recordar y a comprender el origen histórico de la solemnidad (deseo de reasumir, con tono festivo, la celebración de la institución de la Eucaristía).
Las terceras lecturas, o evangelios, suponen igualmente acentos diversos: el fragmento clásico del discurso sobre el pan de vida (ciclo A; nótese la relación con la primera lectura del ciclo A); la narración de la institución en el contexto de la pasión (ciclo A); el signo de la multiplicación de los panes (ciclo C).
Nos hallamos, pues, ante un verdadero mosaico de temas eucarísticos, que ofrecen elementos para una predicación diferenciada y enriquecida. Y ello sin contar con las posibilidades de comentar homiléticamente el prefacio de la Eucaristía, y otros textos de la liturgia de hoy (sin olvidar el magnifico Lauda Sion).
PERE
TENA
MISA DOMINICAL 1983/11
6.
Cada día, de Oriente a Occidente, desde donde sale el sol hasta el ocaso, la Iglesia celebra el banquete sacrificial del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, cuya institución conmemoramos en la tarde del Jueves Santo. Todos los días son por lo tanto celebración del "Corpus". Sin embargo, concluidas las fiestas pascuales, somos invitados nuevamente a una celebración solemne y particular de este Santísimo Sacramento, que sintetiza la vida toda del Señor y nos comunica los frutos de la redención.
El misterio de la Eucaristía tiene muchas evocaciones: es memorial de la pasión, es banquete de unidad, es anticipo de la vida divina que compartiremos con Cristo en el cielo. Por eso es necesario no quedarse en la periferia del misterio, sino descubrir una vez más lo que creemos y celebramos: el Cuerpo que se entrega, la Sangre que se derrama. La entrega es esencia profunda y última del Corpus, que debemos renovar constantemente. El cristiano debe ser pan que se multiplica, pan que se hace accesible a cualquier fortuna, pan de vida, pan de unión, pan que sacia el hambre. A ejemplo de Cristo que ha derramado su sangre, el cristiano debe convertirse también en vino bueno, de la mejor cosecha, que va pasando de mano en mano y de copa en copa, para que todos beban salvación y no muerte.
Hay dos clases de procesiones. Una muy sencilla, pero difícil, la que día a día y momento a momento, al salir de la Eucaristía, debemos mostrar la verdad de fe y las exigencias de amor de lo que hemos recibido y hemos comulgado.
Y está la procesión solemne, grandiosa, emotiva y testimonial del Corpus. Con temblor interior y emoción profunda llevamos la Eucaristía como síntesis total de la vida de Cristo, y de su salvación universal, y a la vez como testimonio de la verdad y del amor que creemos e intentamos llevar a la práctica.
Andrés Pardo
7.
Para orar con la liturgia
Fue en la ultima -ágape fraterno-,
tras comer la Pascua según mandamiento,
con sus propias manos repartió su cuerpo,
lo entregó a los Doce para su alimento.
La Palabra es carne y hace carne y cuerpo
con palabra suya lo que fue pan nuestro.
Hace sangre el vino, y aunque no entendemos basta fe,
si existe corazón sincero.
Adorad postrados este Sacramento.
Cesa el viejo sitio, se establece el nuevo.
Dudan los sentidos y el entendimiento:
que la fe lo supla con asentimiento.
Fragmento del "Pange Lingua"
8.
Hoy se celebra en España la tradicional solemnidad del Corpus Christi, fiesta de gran arraigo popular en nuestros pueblos y ciudades, por la que, a través de bellas manifestaciones de devoción festiva y de adoración, los fieles expresan su fe en la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar.
Todos sabemos que la Eucarística, fuente y cima de la vida de la Iglesia, nos impulsa y se confirma en la vida social con la caridad. La liturgia eucarística debe crear la base y la motivación para la caridad. Si no lleva a servir al hombre, a ayudar a los pobres y a los que sufren, no cumple todo su fin. Cuanto más brote de la liturgia la necesidad interior de servicio y de amor, tanto más se convierte la caridad en anuncio y testimonio, y, al mismo tiempo, es la invitación más eficaz a participar en la liturgia eucarística y adorar al Señor.
Hoy, en la fiesta del Corpus, se nos muestran de manera más fuerte estas dos dimensiones inseparables del misterio Eucarístico: presencia real y amorosa de Cristo en el pan consagrado y la necesidad de vivir la caridad en la erradicación de la pobreza que, según Cáritas y sin ir más lejos -que hay que hacerlo-, afecta a más de 8 millones y medio de personas en nuestro país.
9. DÍA DEL CORPUS, ¿RELIGIÓN O EVANGELIO?
La festividad resulta ser una de las más tradicionales de nuestro país. El folklore religioso, como manifestación de la identidad de un pueblo, tiene en este día múltiples y peculiares manifestaciones. Altares, procesiones, custodias, flores y comulgantes ambientan este jueves que "relumbra más que el sol".
Evidentemente, todo ello es algo a conservar y cuidar por parte de todos los ciudadanos como patrimonio común que es.
Pero, como comunidad de seguidores de Jesús, la festividad nos presenta otras facetas y temáticas peculiares que tienen un carácter más dinamizador, más de fermento transformador.
Pablo nos presenta a la Iglesia como el cuerpo de Cristo que recibe su vida del Espíritu del Señor. La eucaristía expresa esta realidad cuando es lugar de amor confesado y compartido, y móvil de un compromiso de servicio al mundo. Se trata, por tanto, más que de pasear la custodia por nuestras calles con devoción y solemnidad, de hacer presente al Dios de Jesús (no confundirlo con cualquier otro) en la vida de nuestra sociedad. Es la fiesta de la Iglesia servidora.
El esfuerzo por paliar los problemas humanos (parados, pobres, drogodependientes, transeúntes y marginados de todo tipo) es el modelo evangélico de celebrar este día. Limitarse a lo religioso sería echar cenizas sobre las brasas de nuestra fe. Dar de nuestros bienes, tiempo y conocimientos van en esta línea. No convirtamos en colecta de un día lo que debe ser actitud permanente. ¿Cómo podemos comer del Cordero de Dios y seguir siendo lobos? Nuestras eucaristías no serán más cristianas por el hecho de que nuestros cantos y ceremonias sean estéticamente impecables. Es preciso que nuestra respuesta al amor de Dios nos haga verlo en el hermano que nos necesita. El nos hace el favor de ayudarnos a ser una Iglesia más "según Jesús".
EUCARISTÍA 1989, 24
10. SENTIDO DE LA FIESTA
El traslado de esta fiesta al domingo motiva que aún no podamos recuperar plenamente el ritmo de los domingos ordinarios. Hoy -tratándose de una fiesta que da relieve, precisamente, a la Eucaristía como tal- es un buen día para poner de manifiesto la importancia que tiene para la vida cristiana la celebración eucarística de los domingos. Habrá que acentuar, pues, que cada domingo celebramos la Eucaristía aunque no haya ningún motivo "especial", y que lo hacemos porque es el centro de nuestra vida, el alimento de nuestro compromiso bautismal, de nuestra caridad y de nuestra comunión.
La preparación de este domingo y todos los elementos que ponemos en juego, deberán tener en cuenta la regularidad de la Eucaristía (incluso la cotidianidad, para algunas personas que pueden celebrarla cada día). Todo el realce que hoy se le pueda dar será bueno si ayuda a valorar lo que hacemos cada domingo. Y si organizamos algún acto de culto a la Eucaristía -muy oportuno, hoy- deberemos prepararlo de tal manera que la comunidad cristiana pueda expresar con gozo que el memorial de la entrega, muerte y resurrección del Señor es la fuerza que le hace vivir la comunión, que le empuja a dar testimonio, que la constituye comunidad evangelizadora.
En esta línea queda totalmente integrado en esta fiesta el "Día de la Caridad" y la colecta de Cáritas. Compartir los bienes y estar atentos especialmente a los más necesitados es algo inseparable de "celebrar la comunión". Hoy, que damos relieve al aspecto celebrativo de nuestra fe y comunión, debemos darlo también al aspecto concreto del compartir. Será bueno acentuar que lo que hoy hacemos de forma especial con la colecta es lo que hacemos (o deberíamos hacer) de manera habitual, como habitual es que celebremos la Eucaristía cada domingo.
Todo esto deberá concretarse en las plegarias, moniciones, homilía y meditaciones que se hagan tanto en los actos de culto a la Eucaristía como en la misma misa. Aprovechemos esta fiesta como una ocasión privilegiada para saborear este alimento de nuestra fe y nuestro amor (caridad) que es la Eucaristía dominical.
ELEMENTOS A TENER EN CUENTA
Pondremos en juego los elementos propios de toda solemnidad. Añadiendo hoy los que la tradición ha dado al "Corpus" en cada sitio, si se cree oportuno: los diversos actos de culto (procesiones, exposición del Santísimo...). Como ya he dicho antes, esto ultimo habrá que enmarcarlo adecuadamente y evitar que pueda ser vivido únicamente como un elemento "cultural" de un lugar determinado. Todo esfuerzo para situarlo adecuada- mente y darle el sentido que el Señor dio a su entrega por amor a todos -y preferencialmente a los más pobres- será bien empleado.
Un elemento a potenciar hoy es la colecta destinada a Caritas. Debemos prepararla de manera que tenga el relieve que merece.
J.
M. ROMAGUERA
MISA DOMINICAL 1993/08
11.
Desde que el movimiento litúrgico buscó y encontró un nuevo acceso al misterio eucarístico, surgieron cada vez más dudas en la iglesia sobre si era ya razonable celebrar de la manera acostumbrada la festividad del Corpus. Como la verdadera festividad del Cuerpo del Señor parecía solamente el jueves santo, la pascua cristiana descubre la verdadera causa-raíz de la eucaristía y su auténtica dirección: a través de la muerte y la resurrección, el Señor se convirtió en nuestra verdadera vida, y no sólo se prestó al servicio del lavatorio de los pies, sino que se convirtió en el verdadero pan del hombre. ¿Se puede venerar su don eucarístico de otra manera que como la celebración de la pascua a la que nos lleva toda misa? ¿Se puede corresponder a la misteriosa llamada del sacramento de un modo distinto que recibiéndole, que dejando que él se nos otorgue y entregándonos a él? ¿No es toda la pompa de esa fiesta medieval un apartarse de la grandeza del misterio?
Hoy tal vez somos ya capaces de preguntar a la inversa: ¿no nos ha hecho nuestro afán por lo originario y lo inicial un poco ciegos respecto a la amplitud y profundidad de los dones de Cristo, respecto a las múltiples dimensiones, en las que se muestra y se desarrolla lo que es único? ¿No es también la eucaristía, como la pascua cristiana, asimismo la fiesta que nos da a Dios? Ahora bien, a la fiesta corresponde la alegría, y a la alegría la expresión de la misma, el entusiasmo, el desbordarse sobre los límites de la monotonía diaria, la unión de lo presente con lo futuro, de la tierra y el cielo. ¿No debe de haber un día en el año, en el que, al menos una vez, se ponga en práctica todo esto, y en el que se considere a la eucaristía como la fiesta de Dios en las calles y en las plazas de nuestra vida ordinaria, y que represente al mundo venidero en el que no existirá ya templo, porque el mundo se habrá convertido en la ciudad de Dios?
Nosotros tenemos un día del árbol, un día del caballo y así muchos otros. ¿No debería haber asimismo un día en el que las calles no sean ya sólo para el tráfico o el comercio, para la prisa de nuestras ocupaciones, sino simplemente para la alegría de que Dios está con nosotros? ¿No es precisamente este día, con toda razón y propiamente, el día del hombre, el día de la ciudad, de la aldea, de la calle, la cual por cierto experimenta aquí su concreción más alta: la de ser camino de Dios hacia nosotros, y la de ser, a la vez, camino del hombre hacia Dios?
Y en lo que se refiere a lo otro, a saber, que la eucaristía no es para contemplarla, sino para recibirla, hemos de decir: ¿no forma parte del recibir el preparar también una «recepción»? ¿Puede darse esa recepción del Señor de una manera distinta que yendo a él, así como él viene a nosotros; caminar con él, así como él camina con nosotros? ¿Puede la recepción ocurrir de otra manera que aprendiendo a contemplarle? ¿Puede ser la recepción del Señor de otra manera que adoración y, aun estando infinitamente separados, somos una misma cosa con él? ¿Y no debe tener lugar en alguna parte ante los sentidos lo que tiene lugar ante el alma? Y según eso, ¿no entendió tal vez la edad media sobre la eucaristía más que lo que puede percibir nuestro puritanismo?
JOSEPH
RATZINGER
EL ROSTRO DE DIOS
SÍGUEME. SALAMANCA-1983.Págs.
92 s.
12.
"Aunque en la Misa de Cena del Señor [que se celebra el Jueves Santo] se tiene un recuerdo especial de la institución de la Eucaristía, cuando Cristo cenó con sus discípulos y les entregó el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre para ser celebrado en la Iglesia, sin embargo, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor se ofrece a la piedad de los fieles el culto de tan salvífico Sacramento, para que celebren las maravillas de Dios significadas en él y realizadas por el misterio pascual, para que aprendan a participar en el Sacrificio Eucarístico y a vivir mas intensamente de él, para que veneren la presencia de Cristo el Señor en este Sacramento y den las debidas acciones de gracias a Dios por los bienes recibidos". Con estas palabras describe el Ceremonial de los Obispos el sentido profundo de esta fiesta tan arraigada en el pueblo cristiano.
La fiesta
La fiesta del Corpus Christi se introdujo en la Iglesia en el siglo XIII, teniendo una decisiva intervención en ello la revelación privada del Señor a la religiosa Beata Juliana de Cornillon en la que le pedía se celebrara su presencia real en la Eucaristía, revelación que una comisión episcopal de Lieja dio por auténtica y el obispo dictaminó en 1246 que se celebrara la fiesta en dicha diócesis.
A los pocos años, sería el Papa Urbano IV quien con la bula Transiturus de 11 de agosto de 1264, ordena la fiesta universal del Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Clemente V y el Concilio de Vienne confirmaron la fiesta y comenzó su rapida propagación por todo Occidente, gozando de un gran arraigo en la piedad popular y dando lugar a multitud de manifestaciones culturales y artísticas. El centro de la fiesta había de ser, según señalaba la propio Urbano IV, un culto popular de himnos y alegría. Por eso lo primero que se hizo fue confeccionar gran cantidad de canticos e himnos litúrgicos para el oficio de la Liturgia de las Horas, siendo especialmente brillantes los compuestos por Santo Tomas de Aquino, entre los que destacan el Adorote devote, el "Pange lingua", y la antífona del "O Sacrum Convivium".
La colocación de esta fiesta en el tiempo de Pentecostés, viene a a resaltar que la presencia de Cristo en la Eucaristía es hecha posible por la acción del Espíritu Santo.
La procesión
Por lo que se refiere a la procesión del Corpus Christi, no es ésta algo novedoso en la Iglesia al instituirse la fiesta del Corpus, porque ya en el siglo XI en el norte de Europa se llevaba la Eucaristía en la procesión del Domingo de Ramos, y también se hacía con gran solemnidad en las procesiones de reserva el Jueves y Viernes Santo. Testimonios de procesiones eucarísticas se tienen ya en 1279 en la diócesis de Colonia, en 1314 en Cataluña, y en 1350 en Roma. La Eucaristía se llevó en un principio cubierta dentro de cálices, vasos o custodias cerrados o velados, pero pronto se pasó a bellísimos ostensorios y a las ricas custodias procesionales. En nuestra diócesis ha puesto de relieve muchos exponente de este rico legado de fe, hecha plata, el académico Tejada Vizuete con sus estudios sobre nuestra orfebrería religiosa, especialmente la dedicada al culto eucarístico. Al referirse en concreto a la custodia procesional de la catedral de Badajoz, obra importante de la platería de Valladolid del Renacimiento, labrada por el platero Juan del Burgo a poco de iniciarse la segunda mitad del siglo XVI, el mencionado profesor Tejada Vizuete la describe en su "Guía del Museo de la Catedral Metropolitana de Badajoz" como una pieza de Òtipo turriforme que se eleva sobre un doble basamento cudrangular, con expansiones en los angulos extremos, una gran torre central de cuatro cuerpos, escoltadas por otras de menos desarrollo sobre referidas expansiones. Las medallas de los recuadros del basamento inferior representan escenas del Antiguo Testamento alusivas al misterio de la Eucaristía, si bien desordenadas en su lectura tras sucesivas restauraciones en los siglos pasados (sacrificio de Isaac, recogida del maná, etc.), y las del superior, escenas de la Pasión de Cristo, en la que el cincel se adentra casi, con perfeccionismo asombroso, por el mundo de la miniatura. Un ostensorio, labrado a principios del siglo XIX por el platero de la Catedral de Badajoz, José Rivero, ocupa el vano primero de la torre central; en el segundo vemos a Cristo resucitado sobre un hermoso sepulcro renacentista y en el tercero a Nuestra Señ;ora acompañada por angeles, albergando el último, en forma de templete circular abierto, una campana. Los cuatro evangelistas, de bulto y en su color de plata, ocupan el vano primero de las torres extremas, distribuyéndose otras figuras (profetas, sibilas, soldados) por diversos lugares".
Al principio, tal y como describe el Ritual Romano de 1614, la procesión era sencilla y terminaba con la bendición final única con el Santísimo Sacramento. En Alemania a la procesión eucarística se le unió otra previa de bendición de los campos, pues al no ser propiamente la procesión eucarística un acto litúrgico y gozar por ello de mas libertad en sus formas y desarrollo, fue ésta un terreno propicio para que aparecieran en torno a ella costumbres propias de los distintos lugares. Así, por ejemplo, en algunas diócesis, al realizar el recorrido de la procesió;n se hacían cuatro paradas en diversos altares para bendecir los campos en dirección de los cuatro puntos cardinales.
AMADEO
Rodríguez
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
13. Venerar los sagrados misterios
Es una expresión de la oración colecta de hoy y que resume bastante bien el sentido de esta fiesta del Corpus Christi. Trata precisamente de avivar nuestra fe en la Eucaristía de tal modo que realmente veneremos en ella el Cuerpo y la Sangre de Cristo y lleguemos a comulgar con Él. Para "comulgar" con Cristo en la comunión eucarística hemos de darnos cuenta de que es un encuentro personal con El y que, sólo por la fe, la comunión sacramental es verdadera comunión viva y vital.
Debido al carácter dialogal que acompaña y arropa la presencia de Cristo en el sacramento, la comunión eucarística no la podemos reducir a lo puramente "sacramental sino que deberá ser siempre comunión "espiritual" o "dialogal".
De lo anterior se deduce claramente la conveniencia de nuestra participación en la liturgia de la palabra en la que, sobre todo, la palabra evangélica ha de ser escuchada y acogida en un clima de fe-confianza. Pues el evangelio nos anuncia el rostro del Cristo que recibimos en la comunión, como nos recuerda frecuentemente las antífonas de comunión.
Finalmente, también hemos de recordar que la comunión espiritual adquiere una especial importancia en el culto y la adoración-oración eucarísticos más allá de la celebración. Un culto que no deberá ser considerado ni como sustitutorio ni como ajeno a la celebración sacramental, sino como una prolongación de misma y sobre todo como una profundización de la comunión sacramental recibida, que deberá ser interiorizada y "revivida a la luz del evangelio escuchado en la celebración y profundizado en la oración personal.
Antonio
Luis Martínez
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
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