PRIMERA LECTURA
Recordar el camino del desierto ayuda a vivir con intensidad y con perspectiva la situación presente. La condición de desierto, con sed de agua y de sentido, acompaña siempre al hombre peregrino. La tierra fértil está en continuo trance de perderse. El maná es una realidad tangible y una promesa. El hambre de pan y de sentido acusa la carencia y provoca la búsqueda. Al que busca se le da un sustento de sorpresa, gratuito: es el que sacia toda el hambre.
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Lectura
del libro del Deuteronomio 8,2-3. 14b-16a.
Habló Moisés al pueblo y dijo:
-Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. El te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná -que tú no conocías ni conocieron tus padres- para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua; que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres.
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