COMENTARIOS AL SALMO 45
DIOS ES NUESTRO REFUGIO Y NUESTRA FUERZA
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.
Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno y se tambalea la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:
Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.
"Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Viernes de la 1ª semana: vísperas
1.
PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL
Este salmo es un "cántico de Sión". Sión es la colina de Jerusalén situada al sur del Templo. Al pie de esta colina, brota una fuente, la "fuente de Siloé". Esta colina de Sión, esta fuente de agua viva, en la mente de los judíos, era una especie de anuncio del "cielo". Pensemos en los santuarios elevados, altos lugares que hacen levantar la cabeza. Puntos culminantes de una ciudad, en que naturalmente, se ha construido un santuario (pensemos en el Partenón de Atenas).
Para Israel el "nombre" de Jerusalén está cargado de simbolismo místico con resonancias universales: Yerushalaim (de la raíz Shalom) "Ciudad de la Paz". Esta ciudad, construida sobre la roca, parecía físicamente indestructible, inexpugnable.
Pero la solidez, la seguridad de esta ciudad excepcional, no derivaba especialmente de circunstancias topográficas, humanas, estratégicas... "Dios, mora en ella". Se atreven a pensar que es la "¡Ciudad de Dios!". Dios-con-nosotros: "Emmanuel". Afirman osadamente que el Dios escogido por Jacob, su ancestro, es el Dios del universo.
Sí, el "Dios sabaoth", el Dios de los ejércitos celestes, el Dios que hizo surgir el cosmos con millares de soles, es también quien escogió este pequeño pueblo, Jacob su bien amado... e hizo brotar, sencillamente, la fuente de Siloé que corre "alegremente", irrigando aquella ciudad, Jerusalén. Otras ciudades son amadas de Dios, pero sólo hay una en la cual ocurrieron acontecimientos únicos para la humanidad entera: para la paz universal... Una ciudad-fuente.
SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS
Sí, hay un solo lugar, sobre ia tierra, en que la cruz fue plantada: el hueco cavado en el suelo para asegurar el poste que llevaría el Cuerpo... estuvo únicamente allí. Sí, hay un solo lugar, sobre toda la tierra, en que se encontró una tumba abierta: la piedra rodada en que la muerte fue vencida... Se encontró allí, ¡únicamente allí!
Jerusalén, en sus sueños más locos, nunca imaginó hasta qué punto serían verdaderos en Jesús.
"Venid, ved las proezas del Señor...". Las "acciones" del Señor. Su muerte para reconciliarnos y darnos la paz, para destruir nuestras guerras, nuestros arcos y lanzas, para hacer de nosotros, hermanos... Las "acciones" del Señor: su Resurrección para "acabar toda lágrima, todo lamento, toda muerte, todo duelo" (Apocalipsis 21,4). "Cuando renace la mañana... ¡la mañana de Pascua!".
"El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios". Justamente, en la Fiesta de los Tabernáculos, cuando toda Jerusalén cantaba "este salmo", Jesús, "el último día de fiesta, se puso de pie en el Templo ("la más santa de las moradas de Dios") y proclam6 en alta voz: "Si alguien tiene sed, que venga a Mí y beba el que cree en Mí. Como lo dijo la Escritura: "De su seno brotarán ríos de agua viva". Designaba así el Espíritu que debían recibir aquellos que creían en El (Juan 7,37). En esta forma, para Jesús, la fuente no está localizada únicamente en Jerusalén es una fuente "interior" de todo creyente... Alegremente, el Espíritu irriga mi alma. "¡Venid y ved!". ¿No es curioso que sea precisamente a esta fuente de Siloé de que habla el salmo, a donde Jesús envía un ciego a lavarse los ojos para que pueda "ver"? "Anda y lávate en la piscina de Siloé..." (Juan 9,7). Sí, todos estamos ciegos. No sabemos "ver" las proezas de Dios. "Pero el Señor del universo está con nosotros". Tomando las palabras de "este" salmo, Jesús dirá también: "Mirad Yo estoy con vosotros, hasta el fin del mundo" (Mateo 28,20). Danos, Señor, nuevos ojos para reconocer esta presencia oculta, fuente de toda "paz" en medio de los trastornos cósmicos e históricos de toda especie. "La paz sea con vosotros" (Juan 20,19).
TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO
En los trastornos y crisis de hoy... "Aunque se conmuevan los montes en el seno del mar, y se agiten y espumen las olas,...". Cuando todo lo que parecía sólido se desploma (las montañas son símbolo de la solidez, lo que nada en apariencia puede conmover), hay que mantenerse en paz: "Nada hay que temer, si la tierra es sacudida... ¡Dios está con nosotros!". Esto no quiere decir, evidentemente, que los creyentes son la excepción en las crisis o catástrofes. Recordemos a Job, el justo por excelencia, sobre quien caen rachas de desgracias. Pero precisamente Job, permaneció firme en medio de la tempestad que se desencadenó sobre el mundo.
La fe en Dios, roca sólida... Dios es nuestra ciudadela... Jesús utilizó esta imagen: "todo hombre que escucha la palabra de Dios y la practica, se parece a un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca: se desencadenaron las olas... No se derrumbó" (Mateo 7, 24.25). La fe hace hombres sólidos, "inquebrantables".
La Iglesia, Ciudad de Dios... La más santa de las moradas del Altísimo... La nueva Jerusalén, la nueva Sión, es la Iglesia de Jesucristo. Jesús le prometió permanecer "con ella" hasta el fin de los tiempos. "Tú eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia".
Aspiración a la paz... Profundas corrientes pacifistas se abren paso en esta época moderna. El salmo 45 muestra que esta aspiración viene de lejos: "¡Cesad! ¡Cesad vuestras guerras!". Orar con este salmo, es pedir a Dios que rompa primero mi "propio arco", mi agresividad, mi orgullo dominante... En plano colectivo, es orar por la paz del mundo.
El combate escatológico... Este deseo de paz no puede menguar en nosotros la intensidad del combate, ayudados por Dios, contra las fuerzas del mal. Dios no rompe los arcos sin nuestro concurso.
NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo II
PAULINAS, 2ª Edición. BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 56-59
2.
El Salmo 45 es un cántico de confianza. De un modo vibrante y con imágenes expresivas canta la indefectible confianza que el pueblo de Dios ha de tener en Yahvé.
Dios está en medio de la ciudad, en medio de su pueblo. Por lo tanto no hay nada que temer: "Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza".
Tal vez el origen del salmo se debe al periodo de indescriptible júbilo que siguió a la retirada del ejército de Senaquerib, rey de Asiria, que sitiaba Jerusalén el año 701 a.C. La capital de Judá estaba en sumo peligro, su ruina parecía inminente. El poderoso ejército asirio había invadido el país y años atrás había conquistado la ciudad de Samaria llevándose deportados a sus habitantes.
El rey de Jerusalén, Ezequías, flaquea en su fe. Pero allí está el profeta Isaías que le infunde confianza.
Improvisadamente, en una noche, una tremenda plaga azota el campamento enemigo y millares de soldados quedan muertos. El sitio de la ciudad es levantado. Senaquerib huye precipitadamente a Nínive y entrando en el templo de Nisroc es muerto por la espada (2 Re cc. 18-19).
Estos acontecimientos despertaron en el pueblo judío un enorme alborozo. Vieron palpable la mano de Yahvé que les había sacado del peligro, que les había ayudado. Es muy probable que este pequeño poema provenga de aquel tiempo y exprese los sentimientos comunes que llenaron el corazón de Jerusalén y de Judá ante una liberación tan extraordinaria.
Es un canto a la confianza total en Dios, en la seguridad de que Dios está en medio de su pueblo, y por esto ni enemigos ni extraños no podrán nunca con él.
División del salmo
Este salmo posee una estructura clara y su división es fácil. Consta de tres estrofas, de tres versos cada una, al fin de las cuales se repite el mismo estribillo:
"El Señor de los ejércitos está con nosotros
nuestro alcázar es el Dios de Jacob".
La primera estrofa: Dios es seguro refugio, aun en los más grandes descalabros
La segunda estrofa: Serenidad y seguridad de la ciudad santa.
La tercera estrofa: Modo de actuar del Dios de Israel.
Dios, seguro refugio
Con unas imágenes elocuentes nos presenta el salmo situaciones difíciles. Aunque la tierra tiemble por los más grandes cataclismos, aunque los montes se desplomen en el mar y todo sea un caos; aunque las olas del mar bramen y hiervan en torbellino haciendo tambalear la misma base de los montes, no hay nada que temer: Dios está con nosotros. En los mil peligros de la vida, persecuciones y acechanzas, en las dificultades de cada día, ante el temor de lo inesperado, cuando parece que todo va en contra, que uno se encuentra solo, que todo está perdido, el gran pensamiento del salmo 45 es: "Dios está con nosotros".
Esta idea está en perfecta sintonía con otros muchos pasajes de la Biblia que nos enseñan esta confianza absoluta en la ayuda, en la bondad de Dios:
"Aunque vaya por un valle tenebroso no temo nada
porque tú estás conmigo" (salmo 22).
"El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
el Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mí
mi corazón no tiembla" (salmo 26).
Esta idea de que Dios está con su pueblo es la idea-fuerza del salmista. Ante el peligro y el desánimo que producían las dificultades de su misión, los profetas parecían retroceder, pero Dios les alentaba: "No temas, que Yo estoy contigo", o ellos mismos repetían: "No temeré nada, porque tú estás conmigo".
Invitación a la confianza y, en consecuencia, a la serenidad y a la paz, como más tarde nos dirá Jesús: "No se turbe vuestro corazón y nada tema, mi paz os dejo, mi paz os doy" (Jn 14,1.27).
Serenidad de la ciudad de Dios
"La Ciudad de Dios se yergue con tranquilo señorío en el centro del poema" (Alonso Schoekel).
El salmista no solamente considera la protección de Dios en medio de las tribulaciones y peligros. Considera también la parte positiva que se deriva de ella.
Hace mención del correr de las acequias que alegran la ciudad de Dios. En el libro de Isaías (c. 8) encontramos la descripción de las aguas de Siloé que corren mansamente y en silencio bajo la ciudad. Son el símbolo de los beneficios de Dios y de su protección, de la vida de la ciudad y de la paz que reina en ella.
En esta ciudad Dios ha puesto su trono y su morada. Teniendo a Dios en medio de ella, no vacila ni puede temer nada. Desde la aurora el Señor, el guardián de Israel, está atento sobre su ciudad. Y ante cualquier dificultad o invasión, Dios responde y defiende a su pueblo, a la ciudad de su elección.
"No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy... El Señor peleará por vosotros. Vosotros esperad en silencio. Los israelitas vieron la mano de Dios magnífica y lo que hizo a los egipcios" (Ex 14,13.31).
Dios actúa así
El salmista invita a ver el modo de actuar de Yahvé, sus obras en favor de su pueblo. Dios aleja las guerras y los peligros, rompe los arcos y quiebra las lanzas: desbarata el poder del enemigo.
Luego pone unas palabras en la boca misma de Dios, palabras de intimidación a que se rindan, porque contra El nada podrán conseguir ni hacer. Dios es el rey supremo. Y este rey supremo y poderoso es el que está con nosotros, de nuestra parte, es el Emmanuel, el "Dios con nosotros" ¿A qué temer, entonces?
El salmo en nuestra vida
El hombre moderno necesita también confianza y seguridad. Los refugios atómicos y el temor generalizado a peligros y catástrofes nos hablan de nuestra debilidad. La confianza es lo que más desea el corazón del hombre, inmerso entre tantos interrogantes y entre tantas dudas.
La Biblia es una escuela de confianza. La confianza es uno de los mensajes que con más insistencia y variedad nos van repitiendo los dos Testamentos.
El breve salmo 45 nos lo recuerda. Y él mismo nos lleva a la escena de la vida de Jesús que plastifica esta gran realidad: la tempestad calmada (Mt 8,23-26). También las olas bramaban y hervían en la tormenta, como nos dice el salmo. Los discípulos están sobrecogidos de temor. Pero Jesús está allí. Y él mismo les dice:
"¿Por qué habéis temido, hombres de poca fe?"
O en aquella otra escena del evangelio cuando Jesús dice: "No temas, mi pequeño rebaño" (Lc 12,32).
En los días de dificultad, de crisis, de pesadumbre, cuando el temor y la desesperanza llama a la puerta de nuestra vida, sepamos responder con el acento de este salmo 45. Hace siglos que se compuso. Y hace siglos que ha ido siendo alimento y luz, fuerza y esperanza. Está a nuestro alcance.
J. M. VERNET
DOSSIERS-CPL/22
3.
¡CALLAD!
«Callad, y sabed que yo soy Dios».
¡Qué bien me viene ese aviso, Señor! Al escucharlo de tus labios siento que todo mi bienestar espiritual, mi avance y mi felicidad dependen de eso. Si aprendo a callarme, a quedarme tranquilo, a relajarme, a dejar con fe y confianza que las cosas sigan su curso, estaré en disposición de aprender que tú eres Dios y Señor, que el mundo está en tus manos, y yo con él, y que en esa revelación es donde se encuentran la paz y la alegría del alma.
Sin embargo, he de confesar que eso es lo que peor sé hacer: estarme quieto. Siempre estoy moviéndome, apresurándome, ocupándome y preocupándome. Siempre haciendo cosas y trazando planes y urgiendo reformas y volviéndome loco y volviendo loco a todo el mundo con toda clase de actividades sin cuento. Incluso en mi vida de oración, no ceso de pensar y planear y controlar y examinar y tratar de mejorar siempre lo que hago, con el prurito de conseguir mañana más perfección que hoy y asegurarme de que sigo adelante en mi noble empeño. Soy un perfeccionista nato, y quiero tener garantías de que todo lo que yo haga, sea en mi profesión o en la oración, ha de ser, sin falta, lo mejor que yo pueda hacer. Esa misma insistencia destruye el equilibrio de mi mente y me hace imposible encontrarte a ti con paz.
Quiero dirigir mi propia vida, por no decir el futuro de la sociedad y los destinos de la humanidad. Quiero ser yo el que lleve los mandos. Y por eso estoy siempre moviéndome, tanto en la, avalancha de mis pensamientos como en el torrente de mis actividades. Y esa misma prisa me ciega para no ver tu presencia y me hace perderme la oferta de tu poder y de tu gracia. No te veo, porque estoy demasiado ocupado con verme a mí mismo. Lleno mi día de actividad febril, y no dejo tiempo para estar contigo. Entonces me siento vacío sin ti, y apiño aún más actividades para cubrir mi vacío. ¡Esfuerzo inútil! Mi desengaño crece, y mi distancia de ti aumenta. Círculo vicioso que atenaza mi vida.
Entonces oigo tu voz: «Estate quieto, y verás que yo sov Dios». Me dices que me calme, que frene, que entre en el silencio y la quietud. Quieres que yo afloje mis controles, que tome las cosas con calma, que invite a la tranquilidad. Me pides que me siente y que te mire. Que vea que mi vida está en tus manos, que tú diriges el curso de la creación, que tú eres Dios y Señor. Sólo en la paz de mi alma podré reconocer la gloria de tu majestad. Sólo en el silencio puedo adorar.
Conozco el sentido de esas palabras cuando tú las dirigiste a Israel:
«Dejad de luchar, y veréis que yo soy Dios». Deponed las armas, parad vuestras luchas, dejad de empeñaros en defender vuestros feudos y conseguir vuestras victorias. Dejadme a mí, y veréis entonces que yo soy Dios y os protejo y os defiendo. Mucho he luchado, Señor, por tu causa. Enséñame a dejar de luchar.Tu brazo extendido calmó las tormentas del mar, Señor. Extiéndelo ahora sobre mi corazón para que calme las tormentas que se incuban en él como en la negrura de un cielo de invierno. Calma mis emociones, cura mi ansiedad, apaga mis miedos. Haz que la bendición de paz descienda a tu mando sobre mi atribulado corazón. Pronuncia otra vez la palabra de consejo y poder que me posea:
«Estate quieto». Y en el silencio de la admiración y la quietud de la fe sabré que eres mi Dios, el Dios de mi vida.CARLOS G. VALLÉS
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae. 1989
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