SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO

 

Jn 2,13-22: La paloma no se vende, se da gratuitamente. Su nombre es gracia

Se aproximaba ya la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. El evangelista pasa a relatar otro suceso, según él lo lo recordaba: Y halló en el templo hombres que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Y habiendo hecho como un látigo de cuerdas, los expulsó a todos del templo, las ovejas y los bueyes, y echó por tierra el dinero de los cambistas, y derribó las mesas y dijo a los vendedores de palomas: Llevad lejos de aquí estas cosas y no convirtáis la casa de mi Padre en casa de contratación (Jn 2,13-15). ¿Qué acabamos de oír, hermanos? Observad que aquel templo era sólo una figura y, a pesar de eso, el Señor arrojó de él a cuantos buscaban sus bienes e iban a traficar. ¿Qué vendían allí? Las víctimas necesarias para los sacrificios que tenían lugar entonces. Vuestra caridad sabe que aquel pueblo carnal y de corazón todavía de piedra tenía que ofrecer esta clase de sacrificios para que, como freno, le librara de caer en el culto idolátrico. Por eso inmolaban allí bueyes, ovejas y palomas.

Esto lo sabéis porque lo habéis leído. No era gran pecado el vender lo que se compra para ofrecerlo en el templo; no obstante, los expulsó de allí. ¿Qué hubiera hecho el Señor si hubiera encontrado allí gente embriagada, si arrojó del templo a los vendedores de cosas lícitas y que no son contrarias a la justicia (lo que lícitamente se compra, lícitamente se vende) y no pudo sufrir que se convirtiese en casa de contratación la casa de oración? Y si no debe convertirse la casa de su Padre en casa de comercio, ¿estará bien que se convierta en casa de bebidas? Cuando digo esto rechinan los dientes contra mí, pero me consuela el salmo que acabáis de oír: Rechinaron sus dientes contra mí (Sal 34,16). Nosotros sabemos también dónde está nuestra salud, aun cuando se redoblen los azotes contra Cristo, al ser azotada su palabra: Se multiplicaron los azotes contra mí y no se dieron cuenta (Sal 34,15). Se le flageló con los látigos de los judíos y se le flagela con las blasfemias de los falsos cristianos. Multiplican contra el Señor sus azotes y no se dan cuenta. Nosotros hagamos lo que podamos en la medida de su ayuda. (Cuando me molestaban, me ceñía de cilicio y humillaba mi alma con el ayuno (Sal 34,18).

¿Quiénes son los que venden bueyes? Busquemos en la figura el significado del hecho. ¿Quiénes son los que venden ovejas y palomas? Son los mismos que buscan en la Iglesia sus intereses, no los de Jesucristo. Todo lo venden quienes no quieren ser rescatados; no quieren ser rescatados, sino vender. ¿Qué cosas, sin embargo, es mejor para ellos que ser rescatados con la sangre de Cristo para llegar a la paz de Cristo? 1. En efecto, ¿qué aprovecha en este mundo adquirir bienes temporales y transitorios, como es el dinero o el placer del vientre o del gusto, o el humo de las alabanzas humanas? ¿Es todo algo más que humo y viento? ¿No pasa y se va todo en veloz carrera? Y ¡ay de aquellos que se adhieren a lo que así pasa, porque pasan junto con ello! ¿No es todo como un río que en su carrera va a precipitarse en el mar? ¡Ay de quien caiga en ese río: será arrastrado al mar! Luego debemos apartar nuestros afectos de tales apetencias.

Quienes procuran tales cosas, hermanos míos, venden. Por eso aquel Simón quería comprar el Espíritu Santo, porque quería venderlo. Creía que los apóstoles eran como los mercaderes que el Señor arrojó del templo a latigazos. Él, sí, era como ellos: quería comprar lo que quería vender. Era un vendedor de palomas. El Espíritu se manifiesta en forma de paloma. ¿Quiénes son, entonces, hermanos míos, los que venden palomas, sino los mismos que dicen: «Nosotros damos el Espíritu Santo»? ¿Por qué hablan así y a qué precio lo venden? El precio son sus honores y dignidades. Como precio de la venta reciben cátedras corporales. Así se parecen a los vendedores de palomas. Eviten el látigo de cuerdas. La Paloma no se vende, se da gratuitamente. Su nombre es gracia. ¿No estáis viendo como alaban sus mercancías esos vendedores o, quizá, revendedores? ¡Qué diversidad de sectas!... Cada uno encomia la mercancía según su secta. Aléjese vuestro corazón de toda esta peste de mercaderes y venga donde se recibe gratuitamente...

¿Quiénes son los que venden bueyes? Los bueyes son figura de los que nos han transmitido las Sagradas Escrituras. Bueyes eran los apóstoles, bueyes los profetas. Por eso dice el Apóstol: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Es que Dios se preocupa de los bueyes? ¿No lo dirá por nosotros? Por nosotros lo dice: el que ara debe arar con esperanza, y el que trilla con la esperanza de tener su parte (1 Cor 9,9). Éstos son los bueyes que nos han dejado el patrimonio de las Escrituras. No nos lo dejaron como si fuese suyo propio; buscaban la gloria de Dios. ¿Qué acabáis de oír en este mismo salmo? Los que quieren la paz de su siervo, proclamen sin cesar: Sea glorificado el Señor (Sal 34,27). El siervo de Dios es el pueblo de Dios, es la Iglesia de Dios. Los que quieren la paz de la Iglesia de Dios, alaben al Señor, no al siervo, ni cesen nunca de decir: Sea glorificado el Señor...

Éstos, en cambio, se sirven de las mismas Escrituras para engañar a los pueblos con el fin de recibir de ellos honores y alabanzas, no su conversión a la verdad 2. Y si seducen a los pueblos con las mismas Escrituras, a fin de recibir de ellos honores, venden bueyes y venden ovejas, que significa: venden a los pueblos mismos. Y ¿a quién? Al diablo. Porque, hermanos míos, si la Iglesia de Cristo es única y también una, todo lo que de allí se desgaja, ¿quién se lo lleva, sino aquel león que ruge y da vueltas buscando a quien devorar? (1 Pe 5,8). Ella permanecerá íntegra, pero ¡ay de los que se desgajan! El Señor conoce a los suyos (2 Tim 2,19).

.....................
1. Se está refiriendo a los donatistas.
2. De nuevo se está refiriendo a los donatistas.

Comentarios sobre el evangelio de San Juan 10,4-8 (Sigue)