COMENTARIOS AL EVANGELIO
Jn 2, 13-22
Más comentarios: CUARESMA 03B
1.
El autor del cuarto evangelio sitúa en los comienzos mismos de la actuación de Jesús lo que los otros evangelistas sitúan al final de la misma. Comienza narrando el hecho, que enmarca dentro de la Pascua judía. Jesús desaloja el templo de mercaderes y cambistas, en un gesto que en un primer momento Juan interpreta con toda probabilidad a la luz de la palabra profética Za/14/21: "Aquel día ya no habrá mercaderes en el templo del Señor de los ejércitos". Nuevos niveles de interpretación se suceden después en uno de esos densos y característicos diálogos del cuarto evangelio. En el de hoy, entre dirigentes judíos y Jesús, es el propio autor quien interviene para ofrecer la clave de lectura última y definitiva: "El templo del que él hablaba era su cuerpo". El texto se cierra con una nota final en la que el autor da cuenta de la progresiva captación del sentido de la acción de Jesús por parte de sus discípulos.
Comentario.
El domingo pasado teníamos ocasión de ver cómo, a través de la ruptura de la cortina del templo, el tercer evangelista insinuaba simbólicamente la idea de que Jesús en la cruz es el verdadero templo y morada de Dios entre los hombres.
Esta es la idea que el cuarto evangelista aborda y desarrolla explícitamente en el texto de hoy. Lo hace a comienzos de su evangelio. Este hecho debe ayudarnos a tomar conciencia de que cada evangelista selecciona, distribuye y presenta los materiales de que dispone en función del punto de vista que le interesa resaltar. El resultado de esta labor no es necesariamente la crónica de unos hechos sino la formulación del sentido de Jesús, de sus hechos y circunstancias. Esta formulación ahonda sus raíces en la propia y muy peculiar visión que Jesús tuvo de la tradición y de las instituciones judías, sin que resulte siempre fácil precisar dónde termina lo formulado por Jesús y dónde comienza lo formulado por los evangelistas. Es, sin embargo, más que evidente que éstos son deudores de la novedad que fue Jesús, novedad de la que muchas veces no hacen sino explicitar las consecuencias, unos unas y otros otras. En el caso concreto de hoy Juan saca la consecuencia del gesto profético llevado a cabo por Jesús expulsando a mercaderes y cambistas. La razón de ser de éstos eran los sacrificios que se realizaban en el templo. Ahora bien, ¿qué necesidad hay de estos sacrificios una vez que Jesús ha muerto y ha resucitado? Jesús es el cordero de Pascua. ¿Y qué sentido tiene llamar templo o morada de Dios a lo que genera un sistema de muerte? Por eso tiene que ser Jesús el templo. En Jesús muerto y resucitado tiene verdaderamente cabida la gloria de Dios. En él se manifiesta Dios tal y como es: amor que salva.
A. BENITO
DABAR 1986/55
2.
Según el evangelio de Juan, después del milagro de Caná, con ocasión de la Pascua, Jesús sube, con sus discípulos a Jerusalén.
En los días anteriores a la fiesta había gran actividad en los alrededores del templo. Las caravanas de peregrinos debían cambiar dinero para pagar la tasa del templo y para las ofrendas que quisieran hacer. En el templo sólo se aceptaban las antiguas monedas fenicias que estaban retiradas de la circulación.
Jesús toma un manojo de cuerdas, que habían servido para conducir los animales, y arroja del templo a hombres y animales. Es lógico que los cambistas opusieran resistencia a la actuación de Jesús, pero Jesús se siente en su casa y se atribuye derechos de dueño de la casa.
La intervención de la autoridad constituida pide a Jesús un signo que demuestre la autoridad para hacer lo que ha hecho.
Aparentemente Jesús sigue el juego pero les ofrece un signo totalmente diverso del que esperaban. Les responde con su enigma.
La incomprensión entre Jesús y los judíos es completa. Desde el primer momento Jesús piensa en su cuerpo, que él resucitará a los tres días, después que los judíos lo hayan destruido por la violencia. Los judíos, por el contrario, lo refieren al templo material que se levanta ante ellos. El evangelista comenta el equívoco con esta observación: Jesús hablaba de su propio cuerpo.
Así pone de relieve su interés cristológico.
Juan presenta el episodio de la purificación del templo como el principio de la automanifestación de Jesús. Esta idea es el denominador común del episodio de Caná y de Jerusalén a pesar de las diferencias y contrastes que existen entre las dos narraciones. Juan presenta a la consideración de los discípulos una cita del salmo 69, 10 (Sal/069/10). La vida de Jesús está en peligro. El celo por la casa de Dios le llevará a la muerte. Esta cita evidencia a los ojos de los discípulos que este acto de Jesús representa un momento decisivo en su vida y en su muerte.
PERE FRANQUESA
MISA DOMINICAL 1986/20
3.
La lectura evangélica de hoy está enmarcada por dos referencias a la Pascua: "se acercaba la Pascua de los judíos" (versículo 13); "cuando resucitó de entre los muertos" (versículo 22). Este último versículo, además, nos da la perspectiva desde la que se interpreta y se ve en todo su significado el gesto de Jesús: después de la resurrección de Jesús se va comprendiendo todo su alcance.
La denuncia de los abusos que se cometían en el templo y las exigencias del culto verdadero es algo frecuente en los profetas; así Jeremías acusa a los sacerdotes de tratar el templo como una cueva de ladrones (cf. 7, 11) y profetiza su destrucción; y el libro de Zacarías termina anunciando que "aquel día" toda la ciudad de Jerusalén será santa y no se verán mercaderes en el templo. Los que presenciaron la acción de Jesús podían reconocer en ella un signo profético e incluso mesiánico, pero comprendieron su acción posiblemente sólo como una purificación o restauración.
J/TEMPLO: Teniendo en cuenta la teología de Juan, que interpreta el hecho a partir de la resurrección, podemos afirmar que la intención de Jesús no era sólo la de purificar el templo (de hecho los cambistas y los vendedores de animales eran necesarios), sino la de suprimir el templo sustituyéndolo por "el templo de su cuerpo"; para la teología joánica el templo es Jesús resucitado ("templo no vi ninguno, porque es su templo el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero": Ap 21,22).
La postura de Jesús ante el templo y cuanto esta institución significaba es una de las causas más importantes -una causa muy inmediata según el relato de los sinópticos, y más lejana en cuanto al tiempo en el evangelio de Juan- que provocan la muerte de Jesús. Lo insinúa ya el evangelista al decir que los discípulos se acordaron de que la Escritura dice: "porque me devora el celo de tu templo, y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí" (salmo 68, 10).
La reacción de los judíos es exigir a Jesús un "signo", es decir, una prueba divina que le acredite para mantener esta postura para con el templo. El templo tenía el sentido de significar la presencia de Dios en medio del pueblo; ahora esta presencia de Dios se manifiesta de un modo mucho más pleno en Jesús. Los judíos lo matarán porque representa un peligro para su templo.
Jesús no quiere darles otro signo que el de su muerte y resurrección, que es la máxima manifestación de la gloria de Dios, de su amor y entrega a los hombres. De hecho, la muerte y resurrección de Jesús no significará la destrucción de la presencia de Dios entre los hombres a través de El, sino la supresión de todo templo excepto el de su cuerpo glorioso, santuario donde habita la plenitud del Espíritu Santo.
JOSÉ ROCA
MISA DOMINICAL 1980/21
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