COMENTARIOS AL SALMO 44

Sal 44,11. 12ab. 16

 

1.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

Es un salmo real, que celebra la entronización de un nuevo rey y su matrimonio. Encontramos aquí las maravillosas hipérboles y los colores vivos de las cortes orientales. El rey es investido de su misión, pero no solamente de una misión humana. Su combate no es cualquier combate. Es el "combate de Dios": por la justicia, la clemencia, la verdad. El rey es defensor de los pobres y destructor del mal. Elevándolo a su trono, y dándole el cetro, se le recuerda su programa de gobierno: amar la justicia, y reprobar el mal.

La reina, por su parte, es presentada en medio del fasto de las fiestas orientales, en un decorado propio de las "Mil y una noches". Sobre la primera línea del salmo aparecían estas palabras: "Canto de amor". Este canto se asemeja mucho a otro canto de amor que es el Cantar de los Cantares.

SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS

Este "canto de amor", este "canto de bodas", Jesús lo cantó, sin cesar en su corazón. Lo sugieren las numerosas semejanzas con el Evangelio y el Nuevo Testamento. Quien recite este salmo, piense que estuvo en labios de Jesús.

J/UNGIDO: "Tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo más que a tus compañeros..." Desde su primer comentario de la Biblia, en la Sinagoga de Nazareth, Jesús se aplicó el título de "ungido" (Christos en griego): "el Espíritu del Señor está sobre Mí, pues, me ha ungido para anunciar la Buena Nueva a los pobres" (Lucas 4,18). La epístola a los hebreos, (Hebreos 1,9) cita expresamente este salmo a propósito de Jesús. Lo que "impregna" el Cuerpo de Cristo como un aceite penetrante, es el Espíritu de Dios. El Evangelio trae también varias escenas de "unción" hechas en el Cuerpo de Jesús: la pecadora que unge los pies de Jesús con el aceite perfumado (Lucas 7,38)... La mujer que rompió un vaso de alabastro y derramó sobre la cabeza de Jesús un perfume de nardo de gran precio (Mateo 26,7). "A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos", dice el salmo.

"Al REY recito mis versos... Tu trono es divino, un trono eterno...". Jesús, rehusó hacerse rey según las normas terrenas (Juan 6,15). "Los reyes de la tierra dominan, que esto no suceda entre vosotros" (Mateo 20,25)... Por otra parte reivindicó la realeza en forma original, a la hora de ser escarnecido y condenado a muerte como un blasfemo y crucificado como un "esclavo" (Juan 18,37). Esta realeza de Jesús, como la del salmo, es "dar testimonio de la verdad" (Juan 18,37). Y combatir el mal: "los ángeles recogerán de su reino todos los escándalos y a todos lo obradores de iniquidad" (Mateo 13,41). El gran combate del rey es su Pasión gloriosa: "Viene el príncipe de este mundo... ¡Pero tened confianza! El príncipe de este mundo ha sido ya condenado... Yo he vencido al mundo..." (Juan 12,31-14,30-16,11-16,33).

"Las nupcias del rey... La esposa predilecta...". Este tema podría considerarse folklórico, extraño a Jesús, el célibe. Ahora bien, este tema es central en el pensamiento de Jesús: Jesús es un enamorado, un esposo... En El, Dios desposó a la humanidad en una "Alianza" nueva y eterna (Mateo 26,28). Jesús tomó explícitamente esta admirable imagen que aparece a lo largo de la Biblia, murmurando que Dios "ama a su pueblo" con un amor de novio, de prometido, en las buenas y en las malas. Cuando le reprocharon, que sus discípulos eran gente fiestera respondió: "¿por ventura pueden los compañeros del novio llorar mientras está el novio con ellos?" (Mateo 9,15, Juan 3,29). "El Reino de Dios es semejante a un rey que celebraba las bodas de su hijo". (Mateo 22,2). "El reino de Dios es semejante a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo" (Mateo 25, 1-13).

Al celebrar un "sacramento del Matrimonio", no olvidemos que este misterio "es grandioso porque representa a Cristo y la Iglesia" (Efesios 5,31-32). Sí, Cristo y la Iglesia "forman una sola carne", un solo cuerpo. No podemos entonar "este canto de amor" que es el salmo 44, sin mencionar la revelación de San Pablo: "Maridos, amad a vuestras mujeres, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella (¡nada más y nada menos!), para santificarla, purificándola, mediante el lavado de agua con la palabra, a fin de presentársela a sí, gloriosa, sin mancha ni arruga o cosa semejante, sino santa e intachable. Los maridos deben amar a sus mujeres como a su propio cuerpo" (Efesios 5,25.28). Y San Juan, asegura que este mundo no es absurdo, y que camina dolorosamente, hacia su plenitud: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva... Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo del lado de Dios, ataviada como una esposa que se engalana para su esposo" (Apocalipsis 21,1.2).

TERCERA LECTURA: CON NUESTRO TIEMPO

Quien nunca haya estado enamorado, enamorado de alguien o del "Invisible", o de la "Dama pobreza', quien jamás haya conocido una gran pasión, ¡no podrá comprender ni recitar jamás este salmo! Quien está enamorado, está siempre listo a hacer locuras. Quien no sepa que Dios está "enamorado", no comprenderá nada de Dios.

La Iglesia nos propone este salmo 44 en la Fiesta de la Asunción de María. Ella inauguró el banquete Mesiánico en las Bodas de Caná. Ella estuvo presente "en la hora de Jesús", en las Bodas sangrientas de la cruz. ¿Cómo no iba a estar asociada a la gloria del "rey"? Si la Iglesia es la esposa muy amada de Dios en Cristo, María es "el icono" más perfecto. El mundo moderno esta en búsqueda de "modelos" y "símbolos":

María es el vértice de la humanidad, es la enamorada perfecta de Dios, cuyo nombre subsiste de generación en generación".

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo II
PAULINAS, 2ª Edición. BOGOTA-COLOMBIA-1988. Pág. 52-55


2. CANTO DE AMOR

Romance de un rey y una reina, esponsales de un príncipe y una princesa, alianza entre Dios y su Pueblo, unión de Cristo con su Iglesia. Este es un poema de amor entre tú y yo, Señor; es nuestro cántico privado, nuestra fiesta de amor espiritual, nuestra intimidad mística. No es extraño que me sienta inspirado y las palabras fluyan de mi pluma. «Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey: mi lengua es ágil pluma de escribano».

¡Qué bello eres, príncipe de mis sueños! Eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente. Dios te ha ungido con aceite de júbilo. A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos, desde los palacios de marfiles te deleitan las arpase.

Y te oigo decir de tu escogida: «¡Qué bella eres, hija del rey, princesa de Tiro, vestida de perlas y brocado, enjoyada con oro de Ofir, con séquito de vírgenes.entre alegría y algazara!».

El corazón de la religión es el amor. Estudio, investigación, saber y discusiones ayudan, sin duda, pero me dejan frío. Deseo conocerte, Señor, pero a veces el conocimiento se queda en puro conocimiento, y al estudiarte a ti me olvido de ti. Por eso hoy quiero dejarlo todo a un lado y decirte, pura y simplemente, que eres maravilloso, que llenas mi vida, que sé que me amas, y que yo te amo más que a ninguna otra cosa o persona sobre la tierra. Eres lo más atractivo que existe, Señor, y tu belleza me fascina con el encanto infinito que sólo tú posees. Te amo, Señor.

Te amo desde mi niñez. Descubrí tu amistad en mi juventud, me enamoré de tus evangelios y aprendí a soñar cada día con el momento de encontrarte en la Eucaristía. Si alguna vez ha habido un idilio en la vida de un joven, ¡éste lo fue! Para mí la fe es enamorarse de ti, la vocación religiosa es sostener tu mirada, y el cielo eres tú. Esa es mi teología y ése es mi dogma. Tu persona, tu rostro, tu voz. Orar es estar contigo, y contemplar es verte. La religión es experiencia. «Venid y ved» es el resumen de los cuatro evangelios y de toda la escritura. Verte es amarte, Señor, y amarte es gozo perpetuo en esta vida y en la otra.

Mi amor ha madurado con la vida. No tiene ahora la impetuosidad del primer encuentro, pero ha ganado en profundidad y entender y sentir. He aprendido a callar en tu presencia, a confiar en ti, a saber que tú estás en el andar de mis días y en el esperar de mis noches, contentándome con pronunciar tu nombre sagrado para sellar con fe la confianza mutua que tantos años juntos han creado entre nosotros. Te voy conociendo mejor y amando más según vivo mi vida contigo en feliz compañía.

Tú has hablado de una boda, de esponsales, de esposo y esposa, de príncipe y princesa; tú mismo has escogido una terminología que yo no me hubiera atrevido a usar por mí mismo, y te lo agradezco y hago míos los vocablos del amor en la valentía de tus expresiones. Has escogido lo mejor del lenguaje humano, las expresiones más intensas, más íntimas, más expresivas, para describir nuestra relación; y ahora yo me apropio ese vocabulario con reverencia y alegría. El amante sabe escoger palabras, acariciarlas, -llenarlas de sentido y pronunciarlas con ternura. De ti he recibido esas palabras, y a ti te las devuelvo reforzadas con mi devoción y mi amor. ¡Bendito seas para siempre, Príncipe de mis sueños!

«Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te alabarán por los siglos de los siglos».

Carlos G. Vallés
Busco tu rostro
Orar los Salmos
Sal Terrae, Santander-1989, pág. 89


3.

"Me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey; mi lengua es ágil pluma de escribano" Al fin ha llegado el día que desde los más tiernos días de mi infancia esperé ansiosamente. Mis palabras, inspiradas por el Espíritu Santo, constituyen un bello poema con el que alabo a mi Padre y Dios desde la parte más profunda de mi ser. Mi poema es una canción que el Espíritu Santo utiliza para henchir el corazón de los hombres porque El es la fuente de mi inspiración, y mi gozo es un cántico con el que invito a todos mis hermanos a que alaben a nuestro Padre común.

"Eres el más bello de los hombres, de tus labios fluye la gracia, porque Dios te bendice para siempre" Tú lo eres todo para mí Jesús mío. Mi alma enamorada se eleva a ti impulsada por la fe y la esperanza que la han ayudado a permanecer esperando este preciso instante convertida en sagrario vivo. Tus palabras están henchidas de gracia salvadora. Dios nos ha unido en la cruz y en la gloria. Concluye la obra que el Padre te encomendó, termina de purificarme, porque yo, "por mi rectitud, veré tu rostro, al despertar, me saciaré de tu semblante" (Sal. 17, 15) Alma mía, termina de vivir con dignidad los días en que estás siendo atribulada, no fallezcas, no te canses, ¡tu Señor ya viene a buscarte para llevarte a su Reino y henchirte de su gracia!

"Cíñete al flanco la espada, valiente: es tu gala y tu orgullo; cabalga victorioso, por la verdad y la justicia, tu diestra te enseñe a realizar proezas" Señor, ¡mi alma espera ansiosa por ti! He vivido con la esperanza de que amanezca un nuevo día en que todos los hombres seamos hermanos, el deseo de verte cara a cara y estrecharte entre mis brazos ha sido la esperanza que me ha fortalecido en mis diversas tribulaciones. Señor, extermina a tus enemigos, destruye el mal y la muerte, pues nada puedo yo hacer sin tu amor y tu gracia.

"Tus flechas son agudas, se te rinden los ejércitos, se acobardan los enemigos del rey. Jesús, ayúdame a terminar mi purificación. No te pido que me resuelvas todos los problemas que tengo, sólo te suplico que me sigas dando medios y no dejes de fortalecerme para acabar aquella obra que tú y yo comenzamos cuando decidí poner mi vida a tu disposición. Mis defectos desaparecen ante tu poder y sabiduría, y mi dolor se convierte en alegría en tu presencia. "Me enseñarás el sendero de la vida, me colmarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha" (Sal. 16, 11) "Tengo siempre presente al Señor, con El a mi derecha no vacilaré" (Sal. 16, 8) a la hora de esforzarme para ser santificada.

"Tu trono, como el de un dios, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real" Jesús, tu eres el Rey eterno en quien se cumplieron fielmente los dichos de los Profetas. Tu poder, Señor, está fundamentado en la rectitud.

"Amas la justicia y odias la maldad; por ese, entre todos tus compañeros, el Señor, tu Dios, te ha ungido con perfume de fiesta" "Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme" (Sal. 51, 12) "A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos, y en la sala de los marfiles te festejan las arpas" "El capullo marchito, gala de su adorno, que está en el cabezo del valle fértil; y serán como la breva que precede al verano, que, en cuanto la ve uno, la toma con la mano y se la come" (Is. 28, 4)

"Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de ofir" "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Nada quedaba del primer cielo ni de la primera tierra; nada del antiguo mar. Vi también bajar del cielo la ciudad santa, la nueva Jerusalén. Venía de Dios, ataviada como una novia que se engalana para su esposo" (Apoc. 21, 1-2) Hoy es el gran día en que se celebran las bodas del Cordero con la humanidad redimida. La gran sala de banquetes del Reino de Dios está repleta de invitados venidos desde todos los reinos del mundo. "¡Dichosos los que han decidido lavar sus vestiduras para tener acceso al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad¡" (Apoc. 22, 14) Los que están en la sala de banquetes del Reino de Dios "son los que han pasado por la gran persecución, los que han lavado y blanqueado sus túnicas en la sangre del Cordero" (Apoc. 7, 14) "Salieron los criados (predicadores de la Palabra de Dios) a los caminos y

reunieron a cuantos encontraron, lo mismo malos que buenos. De esa manera, la sala de boda se llenó de comensales" (Mt. 22, 10)

"Alegrémonos y gocémonos y ensalcemos su grandeza, porque es el tiempo de las bodas del Cordero. Mirad a la esposa engalanada, vestida de lino finísimo y deslumbrante de blancura. El lino que representa las buenas acciones de los consagrados a Dios" (Apoc. 19, 7-8)

"Escucha, hija, mira: presta oído, olvida tu pueblo y la casa paterna: prendado está el rey de tu belleza, ríndele homenaje, que él es tu Señor" No te aflijas, alma mía, pensando en el dolor y la angustia que te azotaron en tu existencia mortal. Considera que la enfermedad, el error y la muerte no existen, y que el pecado de la vieja condición humana ha sido trocado por el amor divino y humano. Todos tus seres queridos adoran a Dios, has conseguido lo que más deseabas por obra y gracia del Espíritu Santo. Este milagro no es obra tuya, alma mía, "es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente" (Sal. 118, 23)

"La ciudad de Tiro viene con regalos, los magnates buscan tu favor" Los sencillos de espíritu necesitaron de tu amor, alma mía, y tú siempre fuiste abnegada para con ellos. Los pobres, enfermos, los depresivos, los solitarios y los ancianos, son los magnates del Reino de Dios. El Reino de Dios es presidido por los hermanos más pisoteados de entre todos los hombres, pues sus almas 'on infantiles. "Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque el reino de Dios es de los que son como ellos" (Mc. 10, 14)

"Con todos los honores penetra la princesa, vestida de tisú de oro y brocados; la llevan hasta el rey; un séquito de vírgenes. Entra detrás de ella; las llevan entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real". Gózate, alma mía, porque los ángeles te llevan a la presencia de tu Señor, revestida de dones y virtudes divinos. Tu vestidura blanca y resplandeciente simboliza todas las acciones que el Espíritu te ha inspirado y la pureza con la que Dios te ha bendecido. Un séquito de ángeles te llevan junto a tu Señor a quien puedes ver cara a cara. Dios está ante ti, ríndele homenaje, sé un sólo ser con El.

""A cambio de tus padres, tendrás hijos, que nombrarás príncipes por toda la tierra"". A cambio del bien que le hiciste a tu Señor en las personas de tus prójimos los hombres, tu Rey te concederá el don de la Bienaventuranza eterna.

"Quiero hacer memorable tu nombre por generaciones y generaciones, y los pueblos te darán gracias por los siglos de los siglos". Amén.