REFLEXIONES


1. MONICION DE ENTRADA.

El pueblo judío utilizó su condición de elegido para dar rienda suelta al orgullo y la arrogancia, fue infiel al pacto establecido con Dios y caminó de fracaso en fracaso.

El nuevo pueblo de Dios nace y crece sobre el perdón que El nos ofrece gratuitamente y por eso reconoce su condición humilde. De Dios sólo recibimos gracia tras gracia, don tras don. Esta Eucaristía es prueba de ello, pues en ella el propio Hijo de Dios, en Carne y Sangre, se nos ofrece como regalo de vida. Comencemos la celebración alegres y agradecidos, y participemos activamente en ella.

DABAR 1991/18


2. CIENCIA/TECNICA  PROGRESO/QUÉ-ES

Sí, el tiempo ha pasado; hemos conseguido grandes avances científicos y técnicos, y aun hemos de reconocer que no tenemos idea de lo que puede suceder en los próximos cinco o diez años. El hombre ha progresado... ¿en qué? Son muchas las voces que, hoy día, se levantan contra esa falsa concepción del progreso que mide los avances del hombre sólo por el estado de la ciencia y de las técnicas; son muchas las voces que se alzan contra ese estado alienado del hombre de nuestro tiempo, seducido por los cantos de sirena de las máquinas, y que bien nos permiten afirmar hoy día que "la técnica es el opio del hombre de nuestro tiempo", al menos cuando la técnica se absolutiza.

De entre todas esas voces que se alzan contra este estado de cosas podemos recoger hoy, aquí, la de Juan Pablo II. En unas declaraciones hechas por el Papa Wojtila a María Antonietta Maccionocchi, publicadas recientemente en la revista "Vida Nueva", afirma que "el progreso de la humanidad se mide no sólo por el progreso de la ciencia y de la tecnología, sino también por la primacía de los valores éticos. La característica del totalitarismo moderno no es un César ni un Napoléon, sino la ambición ciega de la razón que pretende imponerse como una ciencia absoluta para librar al hombre.

Temo el imperialismo de la razón sobre la vida. Temo el suicidio demográfico de Europa. Existen dudas e incertidumbres respecto a los descubrimientos de la ciencia, y el hombre y la mujer piden a la Iglesia un aval, un permiso; quieren que sea la mediadora. Y no ya porque sean más modernos o más exigentes, sino porque puede que tengan más miedo, el miedo que invade el umbral del 2000, miedo a que la razón enloquezca". La Ilustración dijo que, con tiempo, la ciencia daría respuesta a los problemas del hombre; haciendo un pequeño esfuerzo de interpretación, podemos decir que tenían razón; en el qué, pero no en el cómo.

La ciencia está empezando a dar respuestas a los grandes interrogantes del hombre, cada vez que con su incapacidad para responder remite al hombre a otra realidad, a otra dimensión, a otro horizonte; la ciencia va respondiendo al hombre, aunque sólo sea en parte, cada vez que tiene que darle un no y dirige al hombre hacia otro camino a buscar la solución que allí era imposible encontrar. Ahora ya no quedarán dudas de los interrogantes que la ciencia y la técnica pueden responder y los que no pueden ni podrán. Ahora éste será ya un camino sin retorno. La ciencia y la técnica pueden dar todavía mucho de sí; pero ya empezamos a conocer sus límites, ya les vamos tomando la medida; si antes la fe tuvo que reconocer que no tenía la respuesta al problema del origen del universo -por poner un ejemplo- y dejarle el paso libre a las ciencias, ahora es el momento de que las ciencias reconozcan que no tienen la respuesta a la pregunta sobre el sentido de la vida, y darle paso a la fe. Pero ahora cada una debe ocupar su terreno, dialogando, ayudándose, pero no suplantándose ni enfrentándose.

El progreso, ¿qué es el progreso? Quizás, al final, el progreso no sea otra cosa que reconocer que sólo lo que muere, resucita. Que sólo quien da la vida, la encuentra para siempre.

L. GRACIETA
DABAR 1988/20


3. JUICIO/SV/CDN  JUICIO/PASADO/PRESENTE/FUTURO 

El juicio de Dios tiene tres dimensiones:

1. El juicio ha ocurrido ya. En la muerte y resurrección de Cristo. Ahí ha dicho Dios ya su última palabra. Es la revelación definitiva, la palabra total de Dios. No hay que esperar nuevas revelaciones. Dios lo ha dicho todo ya ahí.

Dios no tiene nada más que decir. El mundo ha sido juzgado. El juicio es Jesús muerto y resucitado. Yo soy el camino, ha dicho Jesús. El que quiera salvarse, que me siga.

No hay otro camino ni otra puerta. El camino a la Vida es vivir y morir como Jesús. Todo lo que no sea vivir como Jesús está ya descalificado de antemano por Dios. Dios lo ha condenado ya en su juicio, en la muerte y resurrección de Cristo. El juicio (la sanción de salvación o condenación) está ya anunciado en Jesús: hay que pasar por esa única puerta.

2. El juicio está ocurriendo. Está ocurriendo ahora, al filo de cada segundo de mi vida por confrontación con Jesús muerto y resucitado. Sólo se salva lo que es vivir como Jesús. Lo que vivo al margen suyo está ya descalificado, nace muerto de antemano, como un aborto. Yo soy, pues, ahora, quien hago mi juicio, quien lo verifico: creo mi salvación o mi condenación.

Dios ha dado su juicio en la muerte y resurrección de Jesús, y ahora soy yo el que verifico el juicio de Dios en mi vida, día a día, en ese último reducto de mi intimidad en el que me siento juzgado por su presencia y en el que decido sobre la orientación de mi vida. Mi "sí" es el que me salva. Mi "no" es el que me condena. El juicio ocurre ahora: lo hago yo. Dios no tendrá que juzgarme; soy yo el que juzgo, soy yo quien salvo o condeno mi vida por confrontación con el juicio de Dios en Jesús. Cuando venga el Hijo del hombre no separará a los buenos de los malos a diestra y siniestra. No, porque el Hijo del hombre ya ha venido. Jesús ya ha venido, y no nos ha separado él, sino que somos nosotros quienes ante él nos separamos a derecha e izquierda. Jesús provoca la división entre los hombres. O estáis conmigo, o estáis contra mí. No se puede servir o dos señores. A Cristo crucificado (muerto y resucitado) lo puedo considerar como locura, como escándalo o como fuerza de salvación de Dios (1/Co/02/23-24), lo puedo aceptar o lo puedo rechazar, puedo decir sí o decir no: ahí realizo mi juicio.

El juicio ocurre ahora, pero lo hacemos nosotros. Dios no es capaz de condenarnos: "porque Dios ha enviado a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para que se salve por él" (/Jn/03/17); "si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?; Dios es quien justifica, ¿quien nos condenará? (/Rm/08/31ss).

CZ/JUICIO-FINAL: Ese Dios juez neutral que hemos imaginado, que se sienta en su tribunal para juzgar nuestra vida imparcialmente, que deja de lado todo su amor apasionado por nosotros para juzgar neutralmente con la ley en la mano no es el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. El Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo -para fortuna nuestra- no vale para juez. Porque a un juez lo primero que se le pide es que sea imparcial y neutral. Y nuestro Dios no podría juzgarnos imparcialmente, porque es terriblemente parcial, porque está apasionadamente a favor nuestro, porque está terriblemente empeñado en salvarnos por todos los medios. Pero, para desgracia nuestra, Dios no nos juzgará, porque Dios ha hecho ya su juicio en Jesús muerto y resucitado y ahora nos toca hacerlo a nosotros. Ahora es el juicio. "He venido a este mundo para un juicio" (Jn 9, 39).

3. El Juicio ocurrirá al final. -Es otra dimensión teológica.

No se trata de que habrá otro momento (temporal) para un juicio final. Se trata de una afirmación teológica que quiere decir que tarde o temprano todo queda sometido a Dios. Eso es lo que se debe entender como contenido del lenguaje apocalíptico. Quizá no será un día, ni en el valle de Josafat, ni habrá trompetas, ni espectáculos, ni se sacarán trapos sucios de nadie para vergüenza de todos... Significa simplemente algo así como que "de nuestro Dios nadie se ríe", que con Dios no se puede jugar. Es como la afirmación del poder absoluto de Dios, para garantía de los creyentes. No hay nada que escape al juicio de Dios. Toda mi vida será enjuiciada, está siendo ya enjuiciada por Dios.

Es, pues, este tema del Juicio de Dios, un tema sugerente y comprometedor, que debe hacernos tomar conciencia de las responsabilidades escatológicas de nuestra vida. Digamos para acabar que las frases de estos apuntes de homilía deben ser tomadas en su contexto y no sometidas a examen extrapolándolas fuera de su contexto. Son un lenguaje. Hay otros.

DABAR 1976/24


4. HORA/J:

Se acerca la hora de Jesús. Esta expresión aparece tres veces en el evangelio de hoy (una cuarta dice "ahora"). La hora de Jesús es el ahora en el tiempo donde se hace presente el hoy eterno de Dios; son "los días en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva" (1. lectura). Pero es también, inextricablemente, "vuestra hora: la del poder de las tinieblas" (/Lc/22/35).

J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1991/05


5. MU/ACEPTACION: QUÉ SENTIDO TIENE LA ACEPTACIÓN DE LA MUERTE?.

No hace muchos años, con ocasión de los ejercicios espirituales y días de retiro, solía realizarse el piadoso ejercicio de la aceptación de la muerte. Era una práctica un tanto tremendista en la que la imaginación calenturienta había casi desbancado la fe. Y se pretendía frecuentemente inculcar el menosprecio a la vida y favorecer la retirada del mundo, porque lo verdaderamente importante era estar preparado para bien morir.

Semejante utilización del fantasma de la muerte contra la vida estaba muy lejos del genuino sentido cristiano de la vida y de la muerte. Y desde luego difícilmente podía conseguir la aceptación de la muerte, cuando más bien provocaba miedo y rechazo. Y es que no se puede aceptar cristianamente la muerte si no se acepta cristianamente la vida, es decir, si no se toma en serio la vida y el compromiso que nos une indisolublemente a la suerte de todos los hermanos. La aceptación de la muerte, como punto final de la vida, cuando se vive "fuera de este mundo", no puede tener otro sentido que un simulacro de suicidio egoísta y cicatero.

Ese sentido fantasmal de la muerte no puede nacer de la esperanza cristiana. Aunque muy bien ha podido originarse en una mala interpretación de la pasión y muerte de Jesús, que ha enfatizado los aspectos trágicos y tremendistas de la crucifixión, olvidando los sentimientos profundos del Crucificado. Jesús, en efecto, aceptó la muerte, no precisamente en cuanto fin de la vida, sino en el colmo de su amor y obediencia al Padre y de su amor y servicio a los hombres. De manera que lo que acepta es la vida, el amor, la obediencia a Dios antes que a los hombres, el servicio a los hombres antes que su propio deseo.

Sólo así puede tener sentido cristiano la aceptación de la muerte. Aceptando la vida y su compromiso. No haciendo de la vida un botín o un sálvese el que pueda y menos aún tratando de sobrevivir a costa de lo que sea y de quien sea. Sino aceptando la vida como responsabilidad y solidaridad con todos, de suerte que la vida sea un acto de servicio al prójimo.

Aceptar la muerte no es retorcerse las meninges para comprender lo incomprensible o tratar de justificar lo injustificable. No es, pues, aceptar la muerte de los otros o la muerte contra los otros. Es vivir con tal generosidad y amor a los demás que se esté dispuesto a no cejar en el empeño hasta llegar al límite, al colmo de dar la vida, minuto a minuto y toda entera, en la lucha por la justicia, por la paz y por la fraternidad universal.

EUCARISTÍA 1982/16


6.

Introducción

Hermanos: Hoy resuena el grito esperado de Jesús: «Ya ha llegado la hora.» Sí, ha llegado la hora, y estamos viviendo en ella, en que la antigua alianza cede el paso a la nueva, la alianza por la sangre de Cristo.

En esta nueva alianza vivimos hoy los cristianos. Pero, ¿en qué consiste realmente? ¿Cuál es su esencia? ¿En qué se distingue de la antigua? Para que todo no quede en buenas palabras, una vez más la liturgia nos urge a una profunda reflexión a partir de los textos bíblicos, para que la realidad de la alianza sea lo mismo que fue para Cristo: filial obediencia al Padre y generosa ofrenda por la liberación de los hombres.

SANTOS BENETTI
EL PROYECTO CRISTIANO. Ciclo B.2º
EDICIONES PAULINAS.MADRID 1978.Págs. 76