SEGUNDA LECTURA

El cristianismo no es una religión masoquista, que se complace en la destrucción o mutilación del cuerpo. El mismo Cristo, como hombre total que era, oró con lágrimas para que, si fuera posible, se le ahorrara aquella muerte en plena juventud. Por eso, una espiritualidad de la sola mortificación no es cristiana. La mortificación es válida cuando viene exigida por una lucha liberadora del hombre.


 

Lectura de la carta a los Hebreos 5,7-9.

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.