SEGUNDA LECTURA

La presencia del Espíritu Santo en el cristiano es precisamente lo que garantiza la resurrección corporal. Es, pues, improcedente plantearse una «espiritualidad» cristiana de espaldas al cuerpo, al mundo, a la Historia, a las realidades temporales.

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8,8-11.

Hermanos:

Los que están en la carne no pueden agradar a Dios.

Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.

El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia.

Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.