REFLEXIONES
1. MONICIÓN DE ENTRADA.
Reunidos de nuevo para celebrar la Eucaristía, debemos ser conscientes del misterio de amor que vamos a vivir. Por amor nos llamó Dios a la vida, por amor nos envió a su Hijo y por amor nos sigue ofreciendo su amistad, que es para nosotros fuente de vida y de todo bien a pesar de nuestros continuos y reiterados abandonos, desalientos y traiciones. Y conviene que nos quede bien claro: Dios no tiene ninguna obligación, nosotros no le podemos exigir nada; su amor, su apasionado amor por el hombre, es lo que le hace ponerse de nuestra parte y ofrecernos su amistad. Eso y sólo eso.
A Dios no lo podemos comprar, aunque muchos lo han intentado o incluso ha creído conseguirlo; a Dios sólo podemos acudir con confianza, con la seguridad de sabernos amados y con un profundo sentimiento de agradecimiento: el amor a Dios, que debemos vivirlo traduciéndolo en amor al prójimo.
Ahora, con la confianza de sabernos salvados, amados irrevocablemente por Dios nuestro Padre, comenzamos nuestra celebración.
DABAR/88/19
2.
El tiempo de Cuaresma nos prepara para celebrar la fiesta de la Resurrección de Cristo, pero no como un acontecimiento puramente personal de Jesús, sino como un misterio que nos afecta a todos y cada uno de los creyentes. Pascua celebra la resurrección de Xto al mismo tiempo que la nuestra. Las dos últimas lecturas de hoy pueden ayudarnos a comprender lo que significa que nosotros resucitaremos.
Empecemos por el fragmento de san Pablo. Los exegetas están de acuerdo en que, en lo que se refiere a la resurrección de los creyentes, se observa en los escritos de Pablo una clara evolución: desde una visión eminentemente "futurista" (cf. 1 Ts y 1 Co), en la que se subraya la esperanza en la resurrección futura -la cual, por otra parte, se considera inminente-, hasta la visión de la resurrección ya realizada, como ocurre en el fragmento que leemos hoy. En esta epístola Pablo afirma que Dios "nos ha resucitado con Xto Jesús y nos ha sentado en el cielo con él". Sin negar la perspectiva de futuro Pablo insiste en que los aspectos esenciales de la resurrección ya se han realizado para los creyentes. Resucitar es creer en Cristo y vivir conforme a esta fe.
De un modo parecido, el fragmento joánico de hoy nos habla de la actualidad de la resurrección. Quienes creen en Xto muerto y resucitado ("elevado" en la cruz y "elevado" por la glorificación) tienen ya la vida eterna. No se trata de una realidad únicamente futura. Se trata de algo que ya está aquí y ahora actúa eficazmente en el corazón de los creyentes.
Quienes creen en Xto, tienen vida eterna, no son condenados, alcanzan la salvación. Y, en consecuencia, deben llevar una vida conforme a su condición de resucitados: "realizan la verdad". En cambio, quienes no creen y no realizan la verdad, "ya están condenados".
Cuando hablemos, pues, de la esperanza de la resurrección, en lugar de preocuparnos de cómo será posible la resurrección corporal y cuándo se llevará a cabo, debemos esforzarnos en revitalizar nuestra fe en la actualidad de la resurrección. Es ésta una excelente tarea cuaresmal. Creer que, en Xto, Dios ya nos ha resucitado, y vivir de modo totalmente coherente con esta existencia resucitada.
J.
LLOPIS
MISA DOMINICAL 1973/02
3. P/PLAN-DE-D: NOS APARTAMOS DEL PROYECTO QUE DIOS TIENE PARA NOSOTROS Y PARA NUESTRO MUNDO Y DEJAMOS DE SER VERDADERAMENTE HOMBRES. P/EXILIO.
La primera lectura nos sitúa hoy en el s. VI a. C., cuando Judá fue destruido y los judíos deportados a Babilonia. El salmo responsorial, el 136, es el maravilloso canto de dolor de los exiliados, que en otros momentos de la historia han expresado también el dolor de otros exilios (por ejemplo, el de los negros deportados a Norteamérica). Releer y comentar este salmo es un buen método para penetrar en los sentimientos del pueblo expatriado, y a partir de ahí pueden destacarse algunos elementos de la lectura:
-EL PECADO QUE DESTRUYE.
Los judíos deportados interpretaron la destrucción de su patria -y así lo habían dicho constantemente los profetas- como la consecuencia de la infidelidad a la Ley y a las llamadas de Dios: no habían sido fieles al proyecto de hombre y de pueblo que les proponía el Dios que les había liberado de Egipto, y habían seguido el camino de la idolatría, la injusticia, la opresión. Y eso había destruido al pueblo. Lo cual tiene una traducción importante para nosotros: también nosotros somos pecadores, también nosotros nos apartamos del proyecto que Dios tiene para nosotros y para nuestro mundo. Y así nos destruimos a nosotros mismos y dejamos de ser verdaderamente hombres.
-NUESTRO EXILIO.
Porque no somos capaces de vivir plenamente según el proyecto de amor a Dios, a la vida de los hombres y del mundo, está desbarajustado, no encaja. Es lo que tan afortunadamente supo expresar el autor de los primeros capítulos del Génesis, al decir que Adán y Eva quisieron poner la distinción entre bien y mal a su servicio, y así rompieron el gozo de un mundo fundamentado en el amor de Dios. Es también lo que Israel experimentó en concreto en su exilio, es lo que los hombres experimentamos constantemente. Pero ahí dentro, en ese exilio en el que nos encontramos, es donde está nuestro camino, donde están las llamadas de Dios, donde podemos hallar la luz de la Pascua.
-LA LLAMADA DEL RETORNO.
En el retorno del exilio Israel descubrió de nuevo la llamada de Dios, la mano misericordiosa de Dios que no dejaba de amar a su pueblo. Para nosotros, esto es imagen de un retorno más pleno: es imagen del camino abierto por JC. Es el camino, ante todo, de la fe. Es asimismo el camino del bautismo que sella esa fe e incorpora visiblemente a la Iglesia (merece la pena valorar el sentido de este sacramento, que renovaremos en la vigilia pascual). Y es el camino también del sacramento de la reconciliación (que conviene también valorar: especialmente para aquellos que con su forma de vivir han roto decisivamente el proyecto de Dios; pero también para los demás, probablemente la mayoría, para reconocer eclesialmente nuestras desviaciones del proyecto de Dios; a este propósito puede invitarse a la celebración comunitaria de la penitencia del final de la Cuaresma)
-El evangelio de hoy, que se complementa bien con la segunda lectura, es una meditación sobre la obra del amor de Dios manifestada en la cruz de JC. Juan, con su estilo contemplativo y circular, invita a mirar, a admirar y a callar. Para comentar este evangelio, y para evitar convertir el comentario en una divagación, será útil partir de alguna frase concreta. Por ejemplo:
-UN PROYECTO DE SALVACIÓN Y NO DE CONDENACIÓN.
O lo que es lo mismo, un proyecto de vida eterna, de vida que dure siempre. La fe, en efecto, no es algo superpuesto a las aspiraciones de los hombres: el deseo de vida y plenitud que tiene el hombre, y que intenta realizar con mayor o menor fortuna, se puede realizar totalmente sólo de una forma: aceptando que Dios salva por JC e intentando seguir su camino. Lo cual sin duda es exigente, y hay quien prefiere no enterarse... Pero es el único camino que funciona.
-MIRAR LA CRUZ.
Es la señal de los cristianos: preside nuestras reuniones, es nuestro signo de identificación... La historia de la serpiente levantada en el desierto se repite ahora y conviene que se repita, que seamos capaces de mirar y realizar este signo. Porque nos recuerda que, en medio de la historia de los hombres, con los pecados, las frustraciones, los anhelos insatisfechos, las opresiones, se ha levantado una bandera de valor definitivo, como el faro para el navegante, como la casa para el caminante perdido en el bosque. Una bandera que representa un fracaso histórico. Pero ante este fracaso decimos: ahí está la fuente de toda vida.
-EL AMOR, LA GRACIA.
Merece la pena leer la segunda lectura y el evangelio recogiendo el alud de palabras que se acumulan para expresar todo lo que Dios da a los hombres por JC: misericordia, amor, gracia, resurrección, bondad, salvación, don, luz... Y la respuesta agradecida a lo que hemos recibido: "Somos obra suya.
Dios nos ha creado en JC, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él determinó practicásemos".
J.
LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1982/06
4. CRISTIANO.LUZ.
Uno de los símbolos preferidos de Juan: Cristo es la Luz, el que le sigue no anda en tinieblas.
Este motivo de la luz -como también el otro, la serpiente/cruz- lo tenemos que relacionar decididamente con la celebración de la Vigilia Pascual, donde la luz va a ser uno de los gestos simbólicos fundamentales para comprender y celebrar el Misterio de la Pascua. La progresiva iluminación a partir del Cirio Pascual, y la presencia de este símbolo a lo largo de toda la cincuentena, es un modo expresivo de significar la Nueva Vida de Cristo, comunicada esa noche a los cristianos.
Pero también hay que aterrizar en la otra vertiente del símbolo: no sólo Cristo es "Luz Pascual", sino que todos los cristianos somos invitados a convertirnos en "hijos de la luz". Pablo nos ha dicho que Dios nos hace nacer con Xto en la Pascua para que nos dediquemos a las buenas obras. Un cristiano es el que no sólo está bautizado (y ya en la celebración del Bautismo juega un papel importante el simbolismo de la vela y la luz), sino que intenta vivir asociado a Xto Resucitado, en su nuevo modo y estilo de vida. En medio de un mundo desorientado, medio en tinieblas, el cristiano -la comunidad entera- se compromete en cada Pascua a ser luz. Y las "obras de la luz" pueden ser muy bien entre nosotros, con más urgencia que nunca, el amor, la fraternidad, la verdad, la lucha contra la injusticia... Y en concreto, enlazando con el recuerdo de los enfermos, el modo como los cristianos afrontamos en nuestro propio cuerpo el hecho de la enfermedad, y el modo como tratamos y acompañamos a los otros enfermos desde la perspectiva de la fe.
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1985/06
5. MUNDO/A-D
Todavía no hace mucho tiempo que leíamos en los catecismos -y lo aprendíamos- que los enemigos del alma son tres: mundo, demonio y carne. Nada cabría objetar a tan feliz simplificación de algo tan terriblemente complejo como es el pecado del mundo. Pero ocurre que, en ocasiones, las simplificaciones van desplazando progresivamente a lo simplificado y se viene a caer en tergiversaciones y equívocos. Así parece haber ocurrido. Con la fórmula antedicha llegamos a reducir la carne al sexo. Del demonio hemos creado un personajillo, muy malo, eso sí, pero ridículo. Y en cuanto al mundo, casi siempre lo reducimos al mundo de los espectáculos y frivolidades, o a un mundo tan maravilloso que "podría distraernos" de nuestro ser cristianos.
De ahí ha surgido, sin duda alguna, esa actitud de miedo secular por parte de los creyentes, que les empuja a huir del mundo o a protegerse contra el mundo. Por eso resulta sorprendente releer en el Evangelio que Dios ama al mundo hasta el punto de haberle entregado su propio Hijo. Es cierto que, al decir esto, el Evangelio se refiere al mundo humano. Pero, por otra parte, esto tampoco significa que se refiera sólo a los hombres, sino al mundo creado por Dios y entregados al quehacer de la razón y sentimientos humanos. O sea que, de este mundo -todo lo malo y peligroso que se quiera- se dice que es objeto del amor de Dios. Por eso mismo precisamente nos consta que también el mundo es objeto de salvación. El amor de Dios es el que cambia y transforma, el que santifica cuanto ama.
Y es de suponer que sólo una actitud de acercamiento y de amor al mundo -por parte de los creyentes- podrá salvarlo del pecado.
Porque los que odian y desprecian al mundo sólo pueden contribuir a su destrucción y perversión. Sin embargo, el que ama al mundo es capaz, por amor, de reconstruirlo, de purificarlo, de santificarlo.
Si un día nos decidiésemos a amar de verdad al mundo (a amarlo más que para apropiárnoslo y mejor que para explotarlo) es posible que descubriésemos como este mundo tan malo -tan enrarecido y empecatado, tan hostil y cubierto de injusticias- empezaba a ser mejor. A ser como Dios quiere.
Si Dios ama al mundo, ¿por qué nosotros no?
EUCARISTÍA 1988/13
6. PECADO: TRAICIÓN DEL HOMBRE A SU PROPIA HUMANIDAD. P/TRAICION-H
Dios ha asignado al hombre una gran responsabilidad de cara a este mundo, pero el hombre no ha cumplido su tarea. Dios ha depositado el timón de la historia en las manos del hombre, pero el hombre se ha tumbado en su hamaca, abandonando el navío a los vientos y a las olas.
El hombre ha hecho muchas cosas que nunca debió haber hecho, pero -lo que es más importante- el hombre ha dejado de hacer aquellas cosas que debía haber hecho. El hombre se ha resistido a vivir a tono con la plenitud de su humanidad y ha renunciado a su puesto crucial en el mundo creado por Dios. Esto es lo que la tradición bíblica llama "pecado".
HARVEY
Dividir a los hombres en dos grandes grupos o clases y al mundo en dos mitades, o bloques, y decir: aquí está la luz y allí las tinieblas, éstos son los buenos y aquellos los malos, es por supuesto una simplicidad, una ofuscación de la mente y del corazón, un tremendo error maniqueo. Pero es, sobre todo y en demasiadas ocasiones, una ideología para la guerra. En efecto, el esquema amigo-enemigo y el choque frontal hasta la destrucción física de una de las partes, trata de justificarse diciendo que unos son los buenos sin tacha y otros malos sin remedio. El carácter ideológico del maniqueísmo se manifiesta cuando se ejerce de maniqueo, en cuyo caso todos se consideran los buenos contra los malos.
¿Significa esto, por el contrario, que no haya bien ni mal, verdad ni mentira, y que "todo es según el color del cristal con que se mira", según el punto de vista de cada cual, determinado siempre por los propios intereses? ¿Podemos decir, por ejemplo, que en la noche oscura de El Salvador -o de Polonia- todos los gatos son pardos, y bienaventurados los que no juzgan, los que no entran ni salen en estos conflictos, los que no toman partido por unos o por otros? ¿Quiere decir esto que lo mejor sería meter a unos y otros en un mismo saco y echarse después a la espalda un problema que no nos concierne?, ¿o acaso que podemos construir la paz sobre la confusión? ¿Quizás incluso que da lo mismo, que nos da lo mismo, la paz que la guerra? Evidentemente, el pacifismo de los que están en paz, de los que no quieren líos, no es de mejor calaña que el maniqueísmo de los que hacen una guerra total. El que pregunta desde su escepticismos qué es la verdad y no espera respuesta alguna, es también el que la traiciona y la asesina cuando se lava las manos. No hay cruz en este mundo que no sea signo de contradicción.
Cierto que el bien absoluto no existe en el mundo, como no existe tampoco el mal absoluto. En consecuencia, nadie puede considerarse absolutamente bueno y, desde sus prejuicios, condenar a otro como si fuera absolutamente malo. Y sin embargo, nadie está por encima del bien y el mal, a salvo de cualquier opción. Porque todos estamos ante el bien y el mal, sometidos a prueba, en la encrucijada, donde se dividen los caminos hacia el bien o hacia el mal. La vida humana es un camino hacia el bien que aún no existe. El que se aparta de ese camino y no reconoce ningún deber, se sitúa al margen de la vida y opta por la muerte.
EUCARISTÍA 1982/15
8. OPCION-CLASE
Para un cristiano la opción de clase, en última instancia, es la respuesta al amor incondicional de Dios a los que más sufren, a la identificación de Dios con los pobres. Por eso, el cristiano tiene razones específicas para permanecer fiel a su opción de clase pese al fracaso, pese a las expectativas inciertas o malas; para permanecer fiel sacrificando las posibilidades personales.
Más aún: este amor de Dios que le impulsa y que debe actualizar en la oración y en la celebración de la fe, convertirá el cristiano en solidario de todas las pobrezas y dolores por irrelevantes que sean históricamente, por inaccesibles que sean a los instrumentos sociológicos, por ajenas que parezcan a un análisis de clase (...) Hablar de opción de clase es optar un esquema analítico y operativo filosófico-sociológico que se considera, en un momento determinado, útil para explicar la relevancia de la fe cristiana.
Es un instrumental que no lo levantan los cristianos ni los teólogos, sino que lo toman de la sociedad, concretamente de una sociología de inspiración marxista. Pero el cristiano tiene que asumir críticamente los instrumentos de que se sirve para mediar la fe (...) Una visión simplista de las clases sociales y de su lucha conduce a una visión maniquea de la historia, a la que muestra una proclividad permanente la actitud religiosa. Consiste en plantear las cosas en blanco y negro, y como abocadas a una conflagración inminente y decisiva. La luz contra las tinieblas, los hijos de la verdad contra los hijos de la mentira. Se sataniza al adversario, con lo que se ofrece una clave explicativa fácil de todos los males y un mecanismo cómodo de autojustificación. Quien se considera encarnación segura de la luz y de la verdad fácilmente justifica el recurso a cualquier medio en un combate cargado de resonancias escatológicas. La historia nos enseña que la religión puede convertirse en una enorme fuente de violencia negra (reaccionaria), pero también roja (apocalíptica). Existe el terror del inquisidor, pero también el del iluminado
(R.
AGUIRRE
OPCIÓN POR LOS POBRES Y OPCIÓN DE CLASE
(ponencia presentada al Congreso de
"Teología y Pobreza", Madrid, 21-27-Septiembre-1981)
Leemos hoy en la primera lectura una página muy viva sobre el aspecto negativo que nosotros solemos poner a la gran Alianza de Dios: el pecado. Después de Noé, Abrahán y Moisés, el libro de las Crónicas interpreta la historia del pueblo judío, con todos sus males, y en especial su destrucción como tal pueblo y su destierro a Babilonia, como consecuencia de su falta de fidelidad a la Alianza que habían prometido a Dios.
Israel se olvidó con frecuencia de Dios y se fió de otros valores humanos, haciendo de ellos sus "dioses". En nuestra historia personal y comunitaria, todos sabemos que existen PAGINAS DE DEBILIDAD Y ALEJAMIENTO de Dios: olvidamos nuestro compromiso de vida según el Evangelio. La Cuaresma nos invita a volver a nuestra opción cristiana, a convertirnos a la Alianza con Dios.
Pero junto a esta historia nuestra, nada gloriosa, está el otro elemento: EL AMOR GRATUITO Y EL PERDÓN DE DIOS. Así termina la primera lectura, con el anuncio del perdón de Dios y de la vuelta a Jerusalén. Y así es como Pablo enfoca su reflexión en la segunda, proclamando que en Xto Jesús hemos sido objeto del amor salvador de Dios. Su Muerte pascual selló para nosotros la nueva y definitiva Alianza, la amnistía y la nueva vida, incorporándonos a su Nueva Vida en Dios. Pablo insiste en la gratuidad de este don de Dios, pero a la vez en el compromiso de fidelidad que para nosotros supone.
La homilía puede conectar este tema de la Alianza, rota por nosotros tantas veces, y siempre restaurada por el amor de Dios:
-con la Eucaristía, en la que celebramos y participamos esta nueva Alianza en la Sangre de Cristo;
-con el sacramento de la Reconciliación, preparando y anunciando ya las fechas y modalidades ofrecidas a la comunidad para su celebración, en la cercanía de la Pascua;
-con la Vigilia Pascual, en la que nos identificamos con la historia de Israel y la de Cristo celebrando el Bautismo y renovando nuestra Alianza con Dios.
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1985/06
10.
La figura de Nicodemo: fe, sabiduría y bautismo.
Cuando Nicodemo, y por él toda la sabiduría de Israel, haya confesado su ignorancia, entonces usará Jesús con todo derecho el sabemos (Jn 3,11). Y, a pesar de estar en plural, seguirá hablando como si Nicodemo hubiese desaparecido de la escena. En vez del diálogo, siguen ahora palabras de Jesús (Jn 3,11-21.31-36) que deben entenderse como dirigidas a la Iglesia más que a Nicodemo o a los judíos. Así en esta página se entrelazan varios temas profundos: la fe, la sabiduría y el bautismo. Una entrevista histórica junto con la inteligencia de la Iglesia. Las palabras de Jesús con los comentarios del evangelista, que es lo mismo que decir los comentarios de la Iglesia, o sea, sus homilías sobre Jesús, presentados en forma de diálogo.
L. Tous
11. CZ/PARADOJA:
Si el domingo pasado, la cruz de Cristo se nos presentaba como "signo de contradicción", el evangelio de hoy nos la presenta como "signo de atracción": "Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna". En el lenguaje del evangelista san Juan, la palabra "elevar" incluye a la vez el hecho de la "crucifixión" y el de la "resurrección". Se trata de subrayar la unidad dinámica del misterio pascual, formado por los dos elementos inseparables de la muerte y la glorificación.
La cruz de Cristo, pues, es a la vez un instrumento de rebajamiento y de exaltación, es una realidad paradójica. Pero se trata de una paradoja atrayente, porque, al fin y al cabo, la cruz es fruto del amor. Así lo dice con toda claridad el evangelio y lo corrobora el fragmento de la carta de san Pablo a los Efesios que leemos como segunda lectura: "Tanto amó Dios al mundo que le ha dado a su Hijo unigénito, para que no se pierda ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna". "Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados". Para los creyentes en Cristo, la contemplación de la cruz es fuente de alegría serena, porque vemos en ella la manifestación más clara del amor de Dios. Es esta alegría la que impregna la celebración de este domingo Laetare.
J.
LLOPIS
MISA DOMINICAL 1994/04
12.
Introducción
Hermanos: En la historia de la Alianza de Dios con los hombres no todo es simple, fácil y lineal. Esta historia también tiene sus páginas negras y tristes. Es la página de la infidelidad a la alianza, de la ruptura de nuestros compromisos...; en fin, del pecado.
Fue así desde el principio, y lo es hoy. Pero la infidelidad del hombre choca contra la eterna fidelidad de Dios, contra ese amor infinito que apostó de una vez y para siempre por la vida y por la liberación del hombre.
Para los judíos el destierro en Babilonia fue el signo claro de que no en vano el hombre es infiel a Dios y a sí mismo. Y desde este destierro podemos hoy todos revisar a fondo nuestra fidelidad a Dios, volviendo a abrir el corazón a una palabra inmutable: Dios nos ama y nos salva.
SANTOS
BENETTI
EL PROYECTO CRISTIANO. Ciclo B.2º
EDICIONES PAULINAS.MADRID 1978.Págs. 64
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