PRIMERA LECTURA

La fe da posesión de lo que no alcanza obra alguna. Pero la pregunta ¿cómo sabré?» sobrecoge en cualquier momento al creyente. Si Dios guarda silencio, nadie hay que responda. Dios responde al que escucha y está abierto a los signos. Abrahán recibe señales y en ellas seguridad. Se las muestra en un rito, en el que Dios «se compromete» con el que cree y espera (Jr 34,18). Los que se reconocen hijos de Abrahán dan la razón a su esperanza.

 

Lectura del libro del Génesis 15,5-12. 17-18.

En aquellos días, Dios sacó afuera a Abrán y le dijo:

-Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes.

Y añadió:

-Así será tu descendencia.

Abrán creyó al Señor y se le contó en su haber. El Señor le dijo:

-Yo soy el Señor que te sacó de Ur de los Caldeos, para darte en posesión esta tierra.

El replicó:

-Señor Dios, ¿cómo sabré que voy a poseerla?

Respondió el Señor:

-Tráeme una ternera de tres años, una cabra de tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón.

Abrán los trajo y los cortó por el medio, colocando cada mitad frente a la otra, pero no descuartizó las aves. Los buitres bajaban a los cadáveres y Abrán los espantaba.

Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él.

El sol se puso y vino la oscuridad; una humareda de horno y una antorcha ardiendo pasaban entre los miembros descuartizados.

Aquel día el Señor hizo alianza con Abrán en estos términos:

-A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río.