PRIMERA LECTURA
Vestido de aflicción envuelve a la pequeña comunidad del tardo posexilio. Pero en su interior hay gozo y grandeza. Le han despertado la esperanza los antiguos profetas (Is 52,1; 61,10), y viven en su luz. No hay términos adecuados para decir lo que pone la fe en la humilde realidad. Se recurre a la personificación del gran símbolo, Jerusalén, para expresar la vivencia de seguridad, grandeza y paz que da el saber a Dios presente.
Lectura
del Profeta Baruc 5, 1-9
Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y viste las galas perpetuas de la gloria que Dios te da; envuélvete en el manto de la justicia de Dios y ponte a la cabeza la diadema de la gloria perpetua, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos viven bajo el cielo. Dios te dará un nombre para siempre: "Paz en la justicia, Gloria en la piedad".
Ponte en pie, Jerusalén, sube a la altura, mira hacia oriente y contempla a tus hijos, reunidos de oriente a occidente, a la voz del Espíritu, gozosos, porque Dios se acuerda de ti. A pie se marcharon, conducidos por el enemigo, pero Dios te los traerá con gloria, como llevados en carroza real.
Dios ha mandado abajarse a todos los montes elevados, a todas las colinas encumbradas, ha mandado que se llenen los barrancos hasta allanar el suelo, para que Israel camine con seguridad, guiado por la gloria de Dios; ha mandado al bosque y a los árboles fragantes hacer sombra a Israel. Porque Dios guiará a Israel entre fiestas, a la luz de su gloria, con su justicia y su misericordia.
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