SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA

 

Hebr 10,5-10: Sométete a la voluntad de Dios

Estoy todavía enseñando la paciencia, aún no la sabiduría; sé paciente, el Señor lo quiere. ¿Buscas saber por qué lo quiere? Difiere ese afán por reconocerlo, difiere la rapidez y disponte a obedecerle. Quiere que sufras lo que él quiere; sufre lo que él quiere que sufras y te concederá lo que quieres. Y, sin embargo, hermanos míos, me atrevo a decirlo, vais a escucharlo con agrado si ya tenéis con vosotros lo referente a la obediencia, si ya habita en vosotros la suave y mansa paciencia para soportar la voluntad del Señor; no sólo la que es ligera, pues ésta no la soportamos, sino que la amamos; es la dura la que soportamos, mientras que, frente a la ligera, nos sentimos llenos de gozo. Mira a tu Señor, mira a tu cabeza, mira al ejemplo para tu vida. Considera a tu redentor y a tu pastor. Padre, si es posible, pase de mí este cáliz ¡Cómo muestra su voluntad humana, aunque al instante convierte la resistencia en obediencia! Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú, Padre (Mt 26,39). Lo mismo se le dijo a Pedro: Cuando envejezcas, otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras (Jn 21,18). También en él manifestó la voluntad humana frente al temor de la muerte. ¿Acaso por el hecho de que murió sin quererlo fue coronado sin quererlo? De idéntica manera, tampoco tú querías. ¿Qué no querías? ¿Tal vez perder tu caudal, que tendrías que dejar aquí? Estate atento, no sea que, al dejarlo a él, te quedes tú también. Deseabas, quizá, que tu hijo o tu mujer muriese antes que tú, por otra parte, tu mujer no quería que su marido muriese antes que ella ¿tenía Dios que obedeceros a los dos? Establezca el orden aquel que sabe disponer lo que creó; sométete a su voluntad.

Sermón 296,8.