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H O M I L Í A S |
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DOMINGO
IV ADVIENTO |
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Jesús, el Hijo de Dios, se hace hombre y así cumple las promesas e inaugura el tiempo de la salvación, que es el que nosotros estamos viviendo hasta el final de la historia. El salmo nos ha hecho decir: "va a entrar el Señor, el Rey de la Gloria". Ya hace dos mil años que vino, pero ahora de nuevo quiere entrar en nuestra existencia, hoy y aquí. Su nombre, según la profecía de Isaías que acabamos de escuchar, es "Emmanuel, Dios-con-nosotros". ¿Podemos gozarnos de un nombre y de un acontecimiento más esperanzador? También Pablo nos ha asegurado que Cristo Jesús, en cuanto hombre, ha nacido de la estirpe de David: es el misterio de un niño cuyo nacimiento celebramos, que es a la vez hombre de nuestra raza y el Hijo eterno de Dios. Y viene, nos ha dicho, "a salvar a todos", para "que todos los gentiles respondan a la fe". El evangelio de Mateo también nos revela cuál es el nombre del que nace en Belén. El ángel se lo dice a José: el hijo de María se llamará "Jesús", que significa "Dios salva", y también "Emmanuel, Dios-con-nosotros", anunciando así que la profecía de Isaías se cumple en Jesús de Nazaret. En la víspera de Navidad los cristianos de todo el mundo nos alegramos de esto, por encima de otros varios aspectos de la fiesta, amables pero más románticos y superficiales. Celebramos que Dios es Dios-con-nosotros, un Dios Salvador. Es la fiesta mejor que podemos imaginar. Pero hoy nuestra celebración está impregnada de un recuerdo entrañable: el de la Madre del Mesías, la Virgen María. Ya Isaías anunciaba que "la virgen dará a luz un hijo, y este hijo será el Emmanuel, el Dios-con-nosotros". En María se cumple como ha dicho Mateo en el evangelio, la profecía de Isaías, una virgen que da a luz un hijo, que es el Dios-con-nosotros. María es la nueva Eva: en el prefacio (el IV) glorificaremos a Dios "por el misterio de la Virgen Madre. Porque si del antiguo adversario nos vino la ruina, en el seno virginal de María, la hija de Sión, ha brotado para todo el género humano la salvación y la paz. La gracia que Eva nos arrebató nos ha sido devuelta en María..." El recuerdo de María es muy oportuno para que terminemos bien el Adviento y celebremos con fe y profundidad la Navidad. En esta fiesta, en unión con todas las comunidades cristianas del mundo, miramos a la Madre del Señor, la Virgen María, nos gozamos con ella y aprendemos de ella a acoger al Salvador con fe y con amor, abriendo nuestra existencia a su gracia. Al lado de la Virgen está también José, su esposo. Un joven humilde, trabajador de pueblo, que nos da un ejemplo de actitud abierta hacia Dios y sus planes. Él no entiende del todo el papel que Dios le asigna en la venida del Mesías. El evangelio nos ha contado sus dudas: no porque sospeche nada de María, o porque ignore lo que en ella ha pasado. Precisamente porque José ya conoce el misterio sucedido y sabe que el hijo que va a tener María es obra de Dios, por eso, en su humildad, no quiere usurpar para sí una paternidad que ya sabe que es del Espíritu y se quiere retirar: no comprende que él pueda caber en los planes de Dios. Es el ángel el que le asegura que sí cabe: va a ser esposo de María y por eso va a hacer que el Mesías venga según la dinastía de David. José acepta los planes de Dios. Como tantos otros en la Historia, que se encuentran desconcertados, pero se fían de Dios. José acepta lo que se le encomienda y vive la Navidad desde una ejemplar actitud de creyente. Junto con María, también José es un modelo para todos nosotros, abierto a la Palabra de Dios, obediente desde su vida de cada día a la misión que Dios le ha confiado. También de él podemos decir como de su esposa: "feliz tú porque has creído". En la Navidad celebramos un acontecimiento siempre nuevo: Dios que se hace Dios-con-nosotros, Dios-Salvador. El recuerdo de María y de José nos ayudará a que esta fiesta no sea vacía, una Navidad sin Jesús. Sino una Navidad en la que gozosamente celebramos que Dios se ha hecho de nuestra familia, que ilumina toda nuestra existencia, y que nos pide una acogida de fe y de amor. J.
ALDAZABAL
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