SAN AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO

 

Mt 1,18-24: Sospechas el mal en él, pero deseas hallar el bien

El mismo que libró a Susana, mujer casta y esposa fiel, del falso testimonio de los viejos libró también a la virgen María de la falsa sospecha de su esposo. Aquella virgen a la que no se había acercado ningún varón fue hallada en estado. Su vientre se había agrandado con la criatura, pero permanecía su integridad virginal. Había concebido, mediante la fe, al sembrador de la misma fe. Había acogido en su cuerpo al Señor, pero no había permitido que su cuerpo fuera violado. Pero su esposo, hombre al fin y al cabo, comenzó a sospechar. Creía que procedía de otra parte, lo que sabía que no procedía de sí y ese «de otra parte» sospechaba que era un adulterio. Un ángel le corrige. ¿Por qué mereció ser corregido mediante un ángel? Porque su sospecha no era maliciosa, sino una sospecha de las que dice el Apóstol que surgen entre hermanos (1 Tim 6,4). Las sospechas maliciosas son las de los calumniadores; las benévolas las de los superiores. Es lícito sospechar mal del hijo, pero no es lícito calumniarle. Sospechas el mal en él, pero deseas hallar el bien. Quien sospecha benévolamente desea ser vencido, pues encuentra gozo precisamente cuando descubre que era falso lo que sospechaba. De éstos era José respecto a su esposa a la que no se había unido corporalmente, aunque ya lo hubiese hecho mediante la fe. También la Virgen cayó, pues, bajo la falsa sospecha. Mas del mismo modo que el Espíritu de Daniel se hizo presente en favor de Susana, así también el ángel se apareció a José en favor de María: No temas acoger a María como tu esposa, pues lo que de ella va a nacer es del Espíritu Santo (Mt 1,1820). Se eliminó la sospecha, al descubrirse la redención.

Sermón 343,3