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EL DOMINGO DEL "ALEGRAOS"
Desde
la antífona de entrada hasta la poscomunión, toda la liturgia de este domingo
es una invitación a la alegría y a la fiesta. Este año se lee, además, el
texto paulino que contribuyó a dar colorido propio al domingo gaudete. ¿A qué
obedece esta euforia dentro del Adviento? Indudablemente la reforma litúrgica
ha querido conservar el tradicional tono de alegría de un domingo que señala
la mitad del Adviento, de modo semejante a como el domingo "laetare"
señala la mitad de la Cuaresma. Sin embargo, las motivaciones son más
profundas: el Señor está cerca. La venida del Señor se aproxima
inexorablemente. La liturgia de este domingo juega con los dos significados
fundamentales del Adviento: expectación de la última manifestación de Cristo
al final de la historia y preparación para la Navidad. De ambas venidas del
Señor la liturgia nos dice: El Señor está cerca. Mientras nos aproximamos a
las celebraciones navideñas resuena la invitación a mantenernos expectantes y
activos sí, pero también alegres.
-ALEGRÍA EN LA ESPERA
Varias veces aluden las oraciones de este domingo a la preparación de la Navidad. En este aspecto coinciden con la orientación de las ferias de Adviento a partir del 17 de diciembre, las cuales quieren traer el recuerdo de los hechos que precedieron inmediatamente al nacimiento de Cristo, con el fin de intensificar las actitudes ante la venida del Señor.
Todo habla de "alegre espera" porque el Señor está en medio de su pueblo y viene a salvarnos. La venida del Señor es motivo de alegría como lo es el encuentro de aquellos que se aman. La alegría humana es una realidad perfectamente válida para expresar la voluntad de Dios de encontrarse con su pueblo: "La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo" (Is 62,5). Y a la inversa.
El pueblo, la Hija de Sión, el nuevo Israel, se alegra y grita de júbilo (So 3, 14: Lc 2,10). Es la alegría de Juan el Bautista, el amigo del Esposo, que está presente y escucha, y salta de gozo al oir su voz (Jn 3, 29; Lc1, 44). Es también la alegría de los amigos del Novio, los discípulos de Jesús, que no pueden ayunar porque el Novio está con ellos (Lc 5,34). Esta alegría, sin mezcla de tristeza, es una de las notas pascuales del domingo, puesta de relieve en la prohibición antigua de ayunar en dicho día y durante toda la Cincuentena pascual. El domingo III de Adviento participa plenamente de la alegría que produjo la presencia de Cristo resucitado a cuantos le "vieron" resucitado (cf. Mt 28,8; etc.). La última venida de Cristo será también motivo de felicidad para todos los justos, que oirán como su Señor les dice: "Entra en el gozo de tu Señor" (Mt 25, 21).
-ACTUALIZACIÓN LITÚRGICA
La alegría de la iglesia este domingo va acompañada de la petición insistente de purificación del pecado y de invitación a la mesura. Es en el seno de la comunidad, reunida en la asamblea litúrgica, donde se produce la purificación interior que da paso a la alegría que permite reconocer la presencia del Señor en medio de los suyos. Esta purificación, que se inscribe también en la preparación de la Navidad, anticipa el juicio o bautismo en el Espíritu Santo y el fuego para poder ser hallados como el trigo limpio destinado al granero.
J.
LOPEZ-MARTIN
MISA DOMINICAL 1985, 24
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