REFLEXIONES
 

1. 

-VISIÓN GENERAL 

-La alegría tendría que dar el tono a la celebración de este domingo "Gaudete": la proximidad del Señor (canto de entrada, primera y segunda lecturas) solamente puede despertar alegría en los corazones de los creyentes. Alegría y paz, que significan gozo y plenitud (2. lectura): tal es el Dios que hemos conocido. Una vez más se nos invita a dejar atrás otras representaciones de Dios y a llenarnos del gozo de la salvación.

-Esta alegría nace de dentro, de una fuente inagotable: "El señor tu Dios, en medio de ti" (1. lectura). Es un don que nadie podrá quitarnos (Jn 16, 22). No depende de las situaciones fluctuantes de nuestra vida familiar o de nuestra historia colectiva. Por eso nada puede inquietarnos (2. lectura), nada puede quitarnos aquella paz que habita y llena la punta más fina de nuestro espíritu, allí donde nos reconocemos creyentes. De ahí que la oración, que nos hace penetrar en estas regiones que Dios habita, sea necesaria en toda ocasión, y, sean cuales sean las circunstancias en que nos hallemos, vuelva a reconstruir este tejido interior de equilibrio, de paz y de gozo (2. lectura).

-Paz, gozo, oración, no significan pasividad ni evasión de responsabilidades. Nos lo recuerda el bautista con un doble mensaje:

a) "¿Entonces, qué hacemos?" Compartir y no abusar de la propia situación de superioridad. Esta predicación del bautista contiene todo un mensaje ético e incluso social que haríamos bien en aplicar a nuestros oyentes. Porque la "conversión" de corazón que exige el anuncio de la Buena Noticia tiene su traducción en la vida y el comportamiento;

b) Juan anuncia una transformación de fondo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que os bautizará con Espíritu Santo y fuego". Pues bien, éste que viene ya "tiene en la mano la horca para aventar su parva". El evangelio contiene una llamada exigente a responder sin excusas ni dilaciones a la oferta de la salvación (véase, con todo, más adelante).

-Entre estos dos polos -la alegría por la salvación y la exigencia de la respuesta- tendría que moverse, por tanto, la predicación de hoy.

-ALGUNAS INDICACIONES CONCRETAS.

-El Señor ha expulsado a tus enemigos. La salvación comienza con esta dimensión, digamos, negativa. Nada tiene que darnos miedo. Ningún enemigo puede imponérsenos necesariamente. En su oráculo, el profeta hablaba de los imperios extranjeros que dominaban y oprimían a Jerusalén. El Señor Jesús ha expulsado y ha vencido al enemigo, a todo enemigo. Estamos en nuestras manos y en las de Dios, y podemos asumir nuestras responsabilidades bajo la mirada amorosa de Dios.

ALEGRIA/RAIZ
-Vivid siempre alegres en el Señor. El Señor está cerca. La alegría tiene que ser una de las actitudes cristianas fundamentales: debemos tener una mirada optimista sobre las realidades del mundo y de la vida (que han sido "desencantadas", arrancadas del poder del maligno), sobre el paso del tiempo y el propio destino personal y colectivo (nos acercamos al día del Señor, a aquel día en que Dios será todo en todos). La vida del creyente está llena de gozo interior porque está llena de sentido: es la vida de un hijo del Padre del cielo. ¿Cómo es que con tanta frecuencia no es ésta nuestra tónica vital -la alegría de fondo y no la desmesura superficial- y cómo es que la gente no nos reconoce como personas mesuradas?

-Tiene en la mano la horca para aventar. Posiblemente, Juan se imaginaba un mesías que reuniría un pueblo de santos y puros, en la línea de los esenios de Qumrán. En cambio, Jesús se presenta como el mesías misericordioso que no viene a condenar a los pecadores sino a ofrecerles gratuitamente la salvación de Dios: también ellos son llamados a la conversión y al Reino. No es el juez que tiene en la mano la horca de aventar y el hacha de leñador, sino el buen pastor que corre tras la oveja perdida. Y si bautiza con Espíritu Santo y con fuego es porque su acción llega a lo más hondo, hasta la transformación del corazón. Felizmente para nosotros. Pero ello no nos exime de responsabilidades ni significa falta de exigencia. Si nos abrimos a la salvación que llega, nuestra vida será transformada. ¿Sucede así?

J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1982, 23


2. D/PROJIMO 

Se precisa cuáles son los caminos que hay que enderezar para encontrar al Señor que viene. Son los caminos de la justicia, de la caridad, del respeto a los otros. Nada nuevo. Ningún camino excepcional. Pero vuelve una verdad fundamental: el camino hacia Dios pasa obligatoriamente a través del prójimo. La guarda de los mandamientos de la segunda tabla presenta la condición esencial para poderse encontrar frente al "Señor tu Dios, el único" Juan no pretende que los demás se retiren del mundo y lo imiten en su itinerario particularísimo. No les invita a dejar todo y a instalarse en el desierto, como también hicieron los ascetas de Qumrán. Cada uno permanezca en su puesto, continúe haciendo lo que ha hecho hasta hora. Pero de otra manera. Vuelva en buena hora a su oficio. Pero ejercítelo de manera diversa.

Al Señor se le acoge en la vida normal, no a través de cosas excepcionales. Más que los gestos extraordinarios, cuenta la fidelidad en lo cotidiano.

Por más que pueda parecer contradictorio, se trata de ir al encuentro de Cristo permaneciendo en el propio puesto. El cambio no está en las cosas y en las situaciones exteriores, sino que se realiza "dentro" .

Existe un modo diverso de ser y de hacer que se concilia con las cosas de cada día. Así como hay una búsqueda de lo extraordinario, que puede ser una forma de evasión, un sustraerse a los duros compromisos concretos.

ALESSANDRO PRONZATO
PAN-DOMINGO/C.Pág. 19


3. FE/MIEDO 

Un buen comentario sobre este tema se encuentra -elaborado- en el capítulo "Antídoto del miedo" del libro "La fuerza de amar", de M. ·Luther-King. He aquí un fragmento: "Una fe religiosa positiva no ofrece la ilusión de que estaremos exentos de dolor y sufrimientos, ni nos imbuye la idea de que la vida sea una serie indefinida de comodidades y de placidez nunca entorpecida. Más bien nos proporciona el equilibrio interior necesario para combatir las tensiones, las pesadumbres y los temores que inevitablemente nos asedian y nos asegura que el universo es digno de confianza y que Dios piensa en todo.... Esta fe transforma el torbellino de la desesperación en una brisa cálida y vivificante de esperanza. Debemos grabar en nuestros corazones las palabras de un lema que una generación anterior podía aún leer en las casas de muchas personas devotas: El miedo llamó a la puerta. Salió la fe a abrir. No había nadie!".


4.

I) Adviento y alegría en el Señor

Es preciso seguir conduciendo a la comunidad cristiana en la fidelidad al Espíritu Santo y a la Iglesia (=mistagogía). Los mismos textos de la Escritura, oraciones presidenciales y prefacios van marcando las actitudes, el ritmo, los objetivos y metas. Es la espiritualidad litúrgica (objetiva), que brota del contenido de las celebraciones.

De nuevo, en este domingo, se insiste en la alegría (antífona de entrada, colecta, poscomunión, lecturas 1 y 2, prefacio II) como actitud distintiva de este tercer domingo. En la raíz está el texto de San Pablo a los Filipenses 4,4-7: "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres"... Es el mismo texto que abre la celebración como antífona de entrada. La razón de esta alegría es que: "El Señor está cerca".

La perspectiva de la venida definitiva del Señor cede en este domingo a la de su primera venida en la carne (Navidad). Esto mismo lo expresa bellamente la oración colecta; pasa con lógica y sentido de progresión de la espera creyente a la realidad gozosa de la Navidad: "Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe el nacimiento de tu Hijo; concédenos llegar a la Navidad -fiesta de gozo y salvación- y poder celebrarla con alegría desbordante".

Sería conveniente despertar la atención de los fieles al tema de la alegría mediante el canto, un más sensible adorno de la Iglesia, la corona de Adviento, en la oración de los fieles, procesión de ofrendas, algún cartel, etc.

2) Adviento y verdad en la vida cristiana

La celebración litúrgica es expresión de la vida de la Iglesia orante (SC 41), por eso la mente ha de concordar con la voz (SC90), es decir, que lo que dicen los labios responda a la "verdad de las cosas". Por eso conviene que la comunidad con su actitud respalde la oración del sacerdote: "Estás viendo, Señor, cómo tu pueblo espera con fe el nacimiento de tu Hijo..." (oración colecta), la haga verdadera.

El Adviento es tiempo de coherencia, de conversión sincera, de análisis y discernimiento de nuestras opciones, de purificación del pecado para celebrar con gozo y limpios la Navidad (poscomunión), de mesura y moderación (2. Iectura), de oración y súplica, de trabajo por la paz, de compartir los bienes con los más necesitados, de no extorsionar ni exigir más de lo debido, de acoger la "Buena Noticia" (evangelio) del Señor que viene en humildad.

Cuando obramos así podemos orar con verdad conforme al sentir de la Iglesia, en acción 1de gracias y súplicas al Señor (cf. oración ofrendas domingo 2).

3) Adviento y llamada a la fortaleza

1La antífona de comunión (Is 35,4) dice: "Decid a los cobardes de corazón: 'Sed fuertes, no temáis'. Mirad a nuestro Dios que va a venir a salvarnos". El Adviento es una llamada a la fortaleza, por parte de quienes se sienten pequeños e indefensos. Es a éstos a los que de un modo especial viene a salvar el Mesías. Y lo hace aceptando la debilidad, el abajamiento y la pobreza de la encarnación (Fil 2,5-7; 2 Cor 8,9). La oración sobre las ofrendas del pasado domingo se situaba en esta misma perspectiva: "Que los ruegos y ofrendas de nuestra pobreza te conmuevan, Señor, y al vernos desvalidos y sin méritos propios, acude compasivo en nuestra ayuda". Cuando el hombre se presenta en su pobreza ante Dios, es cuando está en la mejor actitud para que se manifieste la fuerza de Dios", pues los que esperan en ti no quedan defraudados" (Sal 24,1-3). Esta ha sido la actitud de los pobres de Yavé (Lc 2,22-38) y concretamente de María (Lc 1,46-55).

LAS LECTURAS

1) Alegría porque el Señor está cerca (2 lectura). Pablo, desde la prisión (1,12-14) escribe a la comunidad de Filipos. Les insta a luchar por la fe y trabajar por la obra de la salvación. Deben mantenerse firmes en el Señor (4, 1). Y en este contexto les recomienda, sobre todo alegría, mesura en el vivir, porque "el Señor está cerca". Quizás piensa en la proximidad de su muerte. Pero en el contexto litúrgico se entiende la venida de Navidad. Pablo, cuando teme por su vida, les recomienda no preocuparse y tener paz. Esa paz brota de la oración, la fe y confiar en el Señor de la vida.

2) "El Señor, tu Dios, en medio de ti" (1. lectura). Sofonías proféticamente canta ya la alegría de Israel, por la presencia salvadora de Dios en su Mesías. Aquel día Dios se gozará y complacerá en su pueblo. Brotará la alegría jubilosa como en un día de fiesta.

3) Qué hacer para preparar el camino al Señor (evangelio). Es lo que pregunta la gente ante la predicación del Bautista. Es lo que debe preguntarse la comunidad cristiana en este domingo. ¿Cómo preparar la venida inminente del Dios-con-nosotros? La respuesta brota del Evangelio: compartir, ser solidarios, no imponer cargas indebidas, no imponerse por miedo o violencia, aceptar un estilo de vida austera "El pueblo estaba en expectación". Juan había logrado crear expectativas de salvación, de regeneración, de novedad de vida, ilusión.

Ojalá produzca esto también en la comunidad la espera fuerte del Señor en la solemnidad de la Navidad.

RAMIRO GONZALEZ
MISA DOMINICAL 1994, 16


5.

LA ALEGRÍA DEL ADVIENTO

Se nos presenta el mandato de la alegría: Estad alegres. Os lo repito, alegraos en el Señor. Hablar de la alegría es terriblemente difícil. Es fácil emplear la palabra alegría, es fácil definir una alegría en teoría; es difícil manifestar la profundidad de la alegría. Quizá lo que más impresiona es ver el sentido confiado e infantil que necesitamos los mayores para vivir con alegría en nuestro mundo de responsabilidades y de agobios. Es verdad que el niño es, en general, el prototipo dé la felicidad, el que se contenta y juega con cualquier cosa, el que vive feliz; nosotros, los mayores, nos podemos preguntar: ¿Puede uno ser feliz viendo el entorno que le rodea, esa serie de amenazas que están esperando la oportunidad para matar cualquier esbozo de alegría? El niño es feliz porque se sabe protegido y amado porque vive en presencia de sus padres.

Y quizá nosotros, los mayores, tendríamos que pensar si la razón de nuestra alegría no estará ahí, en el sentido de debilidad, en el reconocimiento de que no podemos nada, en esta confesión de que es la presencia de una solicitud paterna la que nos hace vivir con alegría. Y quizá por eso rompemos con nuestros padres o con dios nuestro Padre y renegamos de él cuando vivimos situaciones deprimentes o comprometidas, tristes o dolorosas.

Un mundo sin fe, sin horizonte abierto, un mundo sin cielo y sin esperanza es un absurdo. No puede haber alegría: ni alegría material situada en lo económico, ni alegría social situada en lo político ni alegría familiar situada en lo afectivo. Es un mundo cerrado, sin fronteras. Nosotros tenemos la fórmula y el sentido para nuestra alegría porque creemos en un Dios Padre que protege y mima nuestras debilidades y flaquezas, porque es benévolo y compasivo con nuestros llantos, ante nuestras riñas, ante nuestros enfados porque realmente espera de nosotros esa actitud confiada de levantar nuestros brazos y vivir en el calor de su regazo.

Andrés Pardo


6. Para orar con la liturgia

La verdadera alegría se encuentra donde dijo S. Pablo: "En el Señor. Las demás cosas a parte de ser mudables, no nos proporcionan tanto gozo que puedan impedir la tristeza ocasionada por otros avatares en cambio, el temor de Dios la produce indeficiente porque quien teme a Dios como se debe a la vez que teme confio en Él y adquiere la fuente del placer y el manantial de toda la alegría" (S. Juan Crisóstomo, PG. 27 179).


7.

Está cerca la Navidad y la Palabra de Dios nos invita insistentemente a la alegría; "Regocíjate... grita de júbilo... alégrate y goza de todo corazón" (Sof.) "Estén siempre alegres en el Señor..., estén alegres" (Flp.).

El Adviento debe suscitar en nosotros júbilo y esperanza porque el Señor está cerca, su presencia en medio de nosotros es una realidad. ¿Qué debemos hacer para reconocerle? ¿Cómo prepararnos a su venida?.

Tenemos que profundizar en la conversión continua como actitud perenne; la conversión no es la nota característica del Adviento, que es más bien tiempo de gozosa espera, sin embargo, el cristiano que vive alerta sabe que su vida orientada al Señor se mantiene en esta dinámica.

Juan Bautista nos propone el amor y la justicia como el camino más seguro para alcanzar nuestros objetivos cristianos; el convertirnos al amor y la justicia pondrán de manifiesto nuestra voluntad de compartir con los demás la salvación y el amor con que somos amados por Dios; aquí nos encontramos en el ideal, pero será lejano si no buscamos acercarnos al Señor. para que esto se dé es preciso tener una experiencia personal con el Señor, fuente de nuestra alegría; ¿Por qué no un retiro?, ¿una jornada de oración? ¿Por qué no ir al templo y orar leyendo la Palabra de Dios, para dejarme cuestionar por él?.

Si no experimentamos cercano al Señor, a un Dios amigo, que nos ama, ¿cómo podremos entender que la conversión que me pide el Señor debe manifestarse en signos concretos: Amor, justicia, solidaridad?. Estos brotarán espontáneamente de nosotros si buscamos el encuentro con Dios y le preguntamos: ¿Qué tenemos que hacer?.

El Evangelio quiere que nos dispongamos para compartir. ¿Qué esperamos de esta Navidad: regalos, cena, fiesta familiar, fraternidad?.

Tengamos presente a quienes no tendrán estos beneficios, los más pobres; hagamos de nuestra Navidad una ocasión para compartir: "Si no amas a tu hermano a quien ves, ¿cómo puedes amar a Dios a quien no ves?" (1 Jn. 4, 20). La decisión a compartir es la conversión a la realidad predicada por el Bautista. Con este programa preparémonos para recibir al Señor que viene a instaurar definitivamente su Reino.

CE de Liturgia PERU


8. "¡Gaudete!"

Os resultará un poco raro el título de hoy. Es natural, es una palabra latina. No intento hacer 'arqueologismo', solamente quiero recordar que la liturgia anterior a la reforma del Vaticano II, llamaba a este tercer domingo de Adviento el "domingo gaudete" y con toda razón porque el imperativo latino "gaudete" significa "alegraos" y este es el estado de ánimo que nos pide la liturgia de este día.

Quizá sea un poco cruel recordar la denuncia del filósofo ateo: "Cristianos ¿dónde habéis escondido la alegría?". Sin embargo la realidad es que nuestras asambleas litúrgicas, las gentes más asiduas a nuestras misas no son las que presentan un semblante mas risueño y van cantando la alegría de vivir en los distintos ambientes donde se desarrollan sus vidas. Hoy es día de reflexión sobre esta "triste" realidad.

La Palabra da el tono y el secreto de la alegría que pregona y que debe llegar a ser nuestra postura existencial.

La situación de Israel era catastrófica. Se había perdido la guerra con Egipto, el mismo rey Josías había muerto en combate, el pueblo a la desesperada había vuelto a los pecados religiosos, al sincretismo pagano. Y en esa situación, Sofonías lanza su pregón: "Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo Israel... el Señor ha cancelado tu deuda...El Señor será el rey de Israel... El se goza y se complace en ti".

San Pablo nos da la versión cristiana: "Estad siempre alegres en el Señor...Nada os preocupe... El Señor está cerca".

Gustemos estos textos con la certeza de que tienen la fuerza del Espíritu que nos puede hacer gustar de esa "alegría" que está por encima del vaivén de los días.

Antonio Luis Mtnez
Semanario "Iglesia en camino"
Archidiócesis de Mérida-Badajoz
No. 234 - Año V - 14 de diciembre de 1997


9. Orígenes (hacia 185-253) laico y teólogo
Homilías sobre San Lucas,26,3-5. SC 87, 340-342)

“En su mano tiene el bieldo para aventar...”

El bautismo con que Jesús bautiza es por “el Espíritu y el fuego”. Si eres santo, serás bautizado con Espíritu Santo; si eres pecador, serás echado al fuego. El mismo bautismo se hará condena de fuego para los pecadores indignos. Pero los santos, aquellos que se convierten al Señor con una fe perfecta, recibirán la gracia del Espíritu Santo y la salvación.

Así, pues, aquel que bautiza con Espíritu Santo y fuego “tiene en su mano el bieldo para aventar su parva y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga.” (Lc 3,16-17) Quisiera revelar porqué el Señor tiene en su mano el bieldo de aventar y de qué soplo se trata al aventar la parva, mientras que el trigo, de más peso, se acumula en un solo lugar, porque, si no sopla el viento no se puede separar la parva del trigo.

Creo que el viento son las tentaciones, que en el conjunto de los fieles revela lo que es parva y lo que es trigo. Porque, cuando vuestra alma ha sido dominada por la tentación, no es que la tentación haya cambiado vuestra alma de trigo en parva, sino porque ya erais parva, es decir, personas livianas y sin fe. La tentación no ha hecho más que desvelar vuestra naturaleza escondida. En cambio, si afrontáis la tentación con ánimo fuerte, no es ella la que os hace constantes y fieles. La tentación únicamente revela las virtudes de la constancia y del esfuerzo que estaban en vosotros, pero de forma escondida... “Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre... para que reconozcas en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre corrige a su hijo.” (cf Dt 9,3-5)