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-ALGUIEN
QUE ESTA CON NOSOTROS
Dentro
de ocho días estaremos en Navidad. De momento, las calles y la tele nos
lo recuerdan a cada instante, pero de un modo que, en vez de invitar al
gozo que esta fiesta debe traernos, invita a la angustia de ver de qué
modo se estropea la paz, la verdad, el amor de Jesús. Sin embargo, por
suerte, no sólo por los anuncios y las propagandas nos enteramos de que
se acerca el día de Navidad. Nos damos cuenta también, y profundamente,
porque EL CAMINO QUE NOS SEÑALA NUESTRA CELEBRACIÓN, en la comunidad de
la iglesia, nos conduce hacia él cada vez que nos reunimos en la Eucaristía.
También hoy. Hoy nuestra celebración se ha llenado de PALABRAS DE ESPERANZA,
DE LLAMADAS A LA ALEGRÍA, porque verdaderamente Dios viene entre
nosotros: verdaderamente Jesucristo se hace presente en nuestra historia y
acompaña nuestro camino. El profeta Sofonías, desde la lejanía de los
tiempos antiguos del pueblo de Israel nos invitaba a vivir la felicidad de
la compañía del Señor, y nos repetía palabras de consuelo:
"Regocíjate, grita de júbilo, alégrate y gózate... el Señor ha
expulsado a tus enemigos... No temas, no desfallezcan tus manos: el
Señor, en medio de ti, es un guerrero que salva". El profeta nos
invita a recordar siempre aquello que se encuentra en el corazón de
nuestra fe: que hay ALGUIEN QUE ESTA CON NOSOTROS, alguien que ha luchado
contra el mal y lo ha vencido, alguien en quien podemos apoyarnos confiadamente
porque no nos va a fallar. Alguien que creemos vive nuestra misma vida, y
nos hace participar de su paz, de su alegría, de su amor.
-APOYO
PARA NUESTRO CAMINO
San
Pablo, en la segunda lectura, nos REPETÍA UNAS PALABRAS MUY SEMEJANTES a
las del profeta. También nos llamaba a vivir gozosamente nuestro camino,
confiados en la fuerza de aquel que nos ama: "Estad siempre alegres
en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca. Nada os
preocupe... ¡no temáis! Porque la paz de Dios, que sobrepasa todo
juicio, custodia vuestros corazones en Cristo Jesús". Las palabras
del profeta, las palabras del apóstol, se apoyan en UNA CERTEZA: siempre
en cualquier momento, por difícil y doloroso que sea, podemos mantener
firmemente la confianza de que el Señor está con nosotros. Siempre, en
cualquier momento, podemos acercarnos al Padre y ponernos ante él con
nuestras tristezas y esperanzas, nuestros anhelos y desengaños, sabiendo
que su Espíritu está verdaderamente dentro de nosotros y nos conduce hacia
su Reino.
Siempre,
en definitiva, podemos apoyarnos en JESÚS, EL HIJO DE DIOS, HOMBRE COMO
NOSOTROS que ha vivido nuestra misma vida, y la ha vivido con aquella
fidelidad tan plena que lo llevó hasta la muerte. Y podemos, entonces,
sentir el gozo de su resurrección y experimentar que estamos MARCADOS POR
SU FUERZA que vive en nosotros.
Por
ello el profeta nos puede decir que no temamos. Por ello San Pablo nos exhorta a
no estar preocupados. Desde luego, no porque de ahora en adelante debamos
dedicarnos a la buena vida... sino porque en todo lo que hacemos, en todo
aquello por lo que luchamos, en todo lo que amamos, PODEMOS APOYARNOS
SIEMPRE EN ALGUIEN que anduvo delante de nosotros y nos marca el camino:
alguien que vino hace ya muchos años, en Belén, pero que sigue viniendo
ahora, a cada instante, y que vendrá algún día para traernos un gozo
perpetuo.
-"¿QUE
HACEMOS?"
Por
eso, al celebrar ahora la eucaristía, es importante que nos preguntemos aquello
tan simple que preguntaban los que se iban a bautizar con Juan el
Bautista: "¿ENTONCES, QUE HACEMOS?". Y la respuesta será
también simple como lo eran las respuestas que daba Juan a la gente
acomodada, a los publicanos, a los militares: será la respuesta de una
vida como la de Jesús. Una vida como la de aquel que viene a nosotros, aquel
que da firmeza a nuestro camino.
Ese
es el gozoso anuncio de la Navidad que se aproxima: JESÚS VIENE, JESÚS
ESTA CON NOSOTROS. La Eucaristía es la presencia, en la Iglesia, del
Jesús que esperamos: es el signo de lo que decía el profeta: "El
"Señor está en medio de ti". Y es la fuerza para que juntos,
con la misma sencillez de los seguidores del Bautista, NOS CONVIRTAMOS y
hagamos de nuestra vida una Buena Noticia de salvación para cuantos nos rodean.
Y que el amor del Señor, su alegría, su paz, nos acompañen
siempre.
J.
LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1976, 6

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