PRIMERA LECTURA
La injusticia en la convivencia humana y la servidumbre a la naturaleza avivan el ansia de justicia y de armonía. El rey en el pueblo de Dios sustenta el cometido imposible de neutralizar la injusticia, y, en relación con él, el hombre no renuncia al símbolo para anunciar a su presente opaco la esperada salvación. Un mesías davídico, con los dones del espíritu de Dios (Is 41,1), ha de hacer valer al desvalido, ha de neutralizar la injusticia y, en relación con él, el hombre recuperará la armonía con la adversa realidad.
Lectura
del Profeta Isaías 11,1-10.
En
aquel día:
Brotará un renuevo del tronco de Jesé,
un vástago florecerá de su raíz.
Sobre
él se posará el espíritu del Señor:
espíritu de ciencia y discernimiento,
espíritu de consejo y valor,
espíritu de piedad y temor del Señor.
Le inspirará el temor del Señor.
No
juzgará por apariencias,
ni sentenciará de oídas;
defenderá con justicia al desamparado,
con equidad dará sentencia al pobre.
Herirá al violento con el látigo de su boca,
con el soplo de sus labios matará al impío.
Será la justicia ceñidor de sus lomos;
la fidelidad, ceñidor de su cintura.
Habitará el lobo con el cordero,
la pantera se tumbará con el cabrito,
el novillo y el león pacerán juntos:
un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso,
sus crías se tumbarán juntas;
el león comerá paja con el buey.
El niño jugará con la hura del áspid,
la criatura meterá la mano
en el escondrijo de la serpiente.
No hará daño ni estrago
por todo mi Monte Santo:
porque está lleno el país
de la ciencia del Señor,
como las aguas colman el mar.
Aquel
día la raíz de Jesé
se erguirá como enseña de los pueblos:
la buscarán los gentiles,
y será gloriosa su morada.
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