PRIMERA LECTURA
El oscuro presente de los expatriados, que ven en ruinas sus más queridos valores, se ilumina mirando hacia adelante. En la perspectiva profética se divisa un río peregrinante de todos los pueblos, que caminan juntos hacia el lugar elevado, o hacia Dios, que está en todo lugar (Jr 4,19-24). A esa cima de la esperanza -instrucción, justicia y paz- se llega decidiendo caminar desde ahora a la luz del Señor (Mi 4,1-3).
Lectura del Profeta Isaías 2,1-5.
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén:
Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos: Dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob.
El nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor.
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo, contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, ven; caminemos a la luz del Señor.
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