La iglesia católica sólo reconoce como Venerable a las personas que han demostrado virtudes heroicas y cristianas como es el caso de Fray Francisco. Para el Muy Reverendo Padre Maestro, Fray Marcelino Fernández de Quiros, Doctor en Sagrada Teología por la Universidad de Salamanca y Catedrático de Filosofía en ella, Examinador sinodal de este Arzobispado, Prior que ha sido de su convento de Toledo y Definidor Mayor de la Provincia de Castilla de dicha Orden (entre otros cargos) Fray Francisco alcanzo el grado de serafín en Vida (antes de fallecer) prueba de ello son los prodigios y maravillas que en su vida y posterior muerte se dan.
Sus virtudes son muy amplias: con 57 años, siendo anciano (en aquella epoca una persona de 30 años ya era vieja) salio con una cruz a cuestas con objeto de peregrinar a Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. En Francia, a su paso se daban las guerras de religion (estuvo preso allí dos veces); Jerusalén estaba en poder de los turcos quien cuando entraron pasaran a cuchillo a todos los carmelitas. Con el aborrecimiento que los musulmanes y turcos tenían a la Cruz el se presento en Jerusalen buscando el martirio y la exaltación de la Cruz y la el ensalzamiento de la Santa Fe Católica....
A continuación te adjunto algunas virtudes Católicas:
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Sancti Oratii, Martyris. Sancti Pii, Martyris. Sancti Valentini, Martyris. Sanctae Valentinae, Martyris. Sanctae Juliae Martyris. Sanctae Jeminiae, Martyris. Sanctorum Flabiani, et Sociorum, Martyrum, Sanctae Victorae Virginis et Martyris. Sanctae Primae Martyris. Sancti Thomae Martyris. Sancti Viti, Martyris. Sancti Theodori, Martyris. Sanctae Blandae, Martyris. Alii Sancti Flabiani, Martyris. Sanctorum Luci et Sociorum Martyrum. Sancti Martiani Martyris. Sancti Gabini, Martyris. Alii Sancti Martiani, Martyris.
Seguidamente te pongo su Desapropio (testamento al fallecer con 61 años): Desapropio e inventario de los bienes ad usum de Fray Francisco de la Cruz.
MUY REVERENDO PADRE PRIOR:
Fray Francisco de la Cruz, Conventual del convento de Santa Ana de la villa de la Alberca, y al presente asistente en esta villa de San Clemente, con licencia de Vuestra Paternidad para pedir la limosna de lana y queso. Estando atacado de la enfermedad que Nuestro Señor ha sido servido de darme, y habiendo mandado el médico corporal que reciba los Sacramentos, antes de recibirlos, deseando cumplir la obligación de Religioso: En el nombre de Dios Todopoderoso, me desapropio de todo aquello que tengo ad usum, que es lo siguiente: Primeramente dos túnicas viejas interiores, de estameña blanca; el Hábito que traigo, saya, Escapulario, capilla y la capa blanca de estameña, ya traída; unos zapatos que traigo; unas medias de paño y un Rosario que está tocado a los Santos Lugares; un sombrero viejo. No hallo tener, ni poseer ad usum otra cosa, y así lo firmo. Julio 4 de 1647.Fray Francisco de la Cruz. Y finalmente, el capítulo sobre La pobreza:
De su pobreza y castidad. La virtud de la pobreza es la que menos novedad hizo a Fray Francisco de la Cruz en el estado Religioso, porque toda su vida fue una continua necesidad; pero se debe aquí advertir que cuando los Apóstoles dejaron todas las cosas y siguieron a Nuestro Redentor, no porque eran pobres y no tuvieron que dejar se privaron de los altos merecimientos de esta virtud; pues habiéndose de atender al efecto y no al censo, no dejaron poco los que se dejaron a sí; con que imitando Nuestro Siervo de Dios la perfección apostólica, de tal suerte se dejó a sí, que no quedaron señas en él del hombre antiguo. Fue pobre, verdaderamente evangélico; nunca tuvo más de lo que vestía, menos dos túnicas interiores que, como cosa tan precisa, suplen por una; nunca tomó dinero que le diesen, o por limosna personal o en otra manera, sino en caso que la Obediencia le mandase ir a alguna cobranza, que luego en viniendo lo entregaba al Prelado sin que entrase en su celda, o llevándolo a los pobres de la cárcel, para quien solía pedir; si alguna vez hallaba alguna moneda en el suelo, hacía que otra persona la levantase y entregase al Cura o Alcalde del lugar, para que, no apareciendo dueño, la diese de limosna. Su cama era un jergón de pajas de centeno, y de ésta usaba alguna vez. En el viaje de Jerusalén jamás admitió limosna de dinero (habiendo sucedido sobre esto casos particulares), ni de comida y bebida recibió más limosna que aquella que por entonces había menester, sin reservar cosa alguna para otro día. Estando en Madrid, fue con la Comunidad a un entierro, junto a Provincia, y le dieron una vela como a los demás Religiosos; y pareciéndole que tenía una cosa superflua, se la dio de limosna a un pobre preso, que la pedía desde una ventana de la cárcel de Corte. En otra ocasión, enviado de la santa Obediencia, caminaba por tierra muy áspera (siempre a pie, como tenía costumbre); y como nunca llevaba más provisión que la de la Divina Providencia, al pie de una cuesta que había de subir se halló tan fatigado, que se sentó, por la mucha flaqueza que tenía, para tomar algún alivio, y entonces vio que bajando la cuesta venía hacia él un hombre con un pollinejo cargado de muy poca leña, y llegando a él le dijo: Toma ese pan (que sería cantidad de media libra) y ves aquí agua, come y te esforzarás y quedarás satisfecho en la necesidad que padeces. No hubo comido dos onzas de pan, cuando tomó el agua y bebió, y mientras bebía se desapareció el hombre y el jumentillo, y él quedó alabando a Dios que con entrañas amorosas de Padre así acudía a un hombre que tanto le había ofendido, y con aquel socorro caminó (reconociendo en sí grande esfuerzo) tres leguas de tierra muy fragosa.En materia de castidad era singularísimo; puédese decir en esta ocasión lo que en otra fue tan celebrado: que una larga castidad equivale a la Virginidad. El recato de sus ojos era tan grande, así fuera del convento como en él, que casi siempre estaban fijos en la tierra. En los lugares de la Mancha, donde pedía ordinariamente limosna para el convento, redujo a muchas personas de amistades ilícitas muy antiguas a penitencia, y en esta parte le concedió Nuestro Señor rara capacidad y fuerza en el persuadir: decía que no sólo temblaba cuando le era forzoso hablar con alguna mujer, sino también cuando se le representaba al entendimiento. El P. Fray Juan de Herrera, su Confesor, en los apuntamientos que escribió de la vida de este Venerable Siervo de Dios hasta que empezó su peregrinación, dice que, en veintidós años y medio que le confesó, nunca hizo materia de cosa que desdijese de la castidad, ni en mucho, ni en poco: ¡ Bendito sea para siempre el Señor, que en un hombre nada continente quiso formar tal ejemplo de pureza, y que reservó para Fray Francisco de la Cruz lo que en todos los siglos sólo había concedido al casto José en Egipto, en el caso siguiente!Ya dejamos dicho en el capítulo VII del libro primero como nuestro Hermano tuvo una amistad en Cuenca con una mujer principal; y en el capítulo XIV del mismo libro, como la misma mujer, estando herido en el Carmen de Madrid, le quiso sacar a curar a su costa, y que el fin era casarse con él, y con cuánto empeño el demonio la tomaba por instrumento para embarazar su vocación. Ahora, pareciéndole que necesitaba de armas auxiliares, se valió de esta propia mujer como de instrumento de guerra que ha conseguido tantas victorias de nuestra naturaleza; y pasando Fray Francisco en Cuenca por la calle de la Carretería pidiendo limosna para los pobres de la cárcel, empleo en que algunas veces se ocupaba con licencia de su Prelado y Confesor, en compañía del Hermano Portillo, un hidalgo de Villargordo, hombre con quien tenía grande intimidad, porque trataba mucho de espíritu y se ocupaba frecuentemente en estas y otras piedades, el cual habiéndose apartado a pedir la misma limosna por la otra acera de casas, desde una ventana dijo una mujer a Fray Francisco que entrase en el portal de la misma casa por limosna; él lo hizo así, y volviendo a decir la misma mujer desde una sala baja de aquella casa que entrase por la limosna, él entró y se halló con la mujer referida, y al punto que la conoció, sin aguardar más palabra, queriendo volverse, ella se abrazó con él, solicitándole con afectos y palabras, que si en aquel caso fueron excusadas, más lo será ahora el repetirlas. Como nuestro Hermano era hombre de fuerzas, le fue fácil el desasirse de la mujer, pero no de suerte que ella no se quedase con parte de la capa, prosiguiendo sus instancias y a un mismo tiempo procurando él apartarse tirando de la capa para poderse ir. Esto no le fue posible por la tenaz molestia de la inhonesta mujer; entonces, rompiendo el broche, se la dejó en las manos y tomó la puerta. Ella, volviendo en sí o no volviendo, le dio voces para que tomase la capa; él, sin atender a la capa, por no atender a la mujer, se fue corriendo en cuerpo por toda la calle, mirándole todos, como que había perdido el juicio cuando más le había logrado, diciendo repetidas veces: Jesús, María, José, alzando la voz destempladamente. El Hermano Portillo, que salía de pedir la limosna de una casa para irla pidiendo por las otras, viéndole correr de aquella manera, quedó fuera de sí con tan extraña novedad; y Fray Francisco, que le vio, le dijo: Hermano Portillo, vamos presto de aquí a la posada; fuéronse, y en ella fue preciso contarle el suceso, recatando la persona y la casa; que siendo hombres que trataban de perfección y tan amigos, y en la ocasión presente, se pudo referir sin nota. El demonio, habiendo hallado cerrada esta puerta, le quiso entrar por la de la vanidad, y tomando ocasión de que la mujer se había declarado con un hombre principal y dádole la capa para que buscase a Fray Francisco y se la entregase, el hombre, imprudente o lisonjero, pareciéndole que con no declarar la persona estaba todo hecho, llevó la capa al Señor Don Enrique Pimentel, Obispo de aquella ciudad, el cual, queriendo hacer estimación del Siervo de Dios, mandó que viniese a su presencia, y entregándole la capa y rogándole que en sus oraciones le encomendase a Dios, motivó el que toda su familia supiese el caso y que, al irse, los criados se llegasen a él, unos diciendo que era Santo, otros exagerando el suceso, otros encomendándosele, otros queriendo besarle la mano, otros dándole gracias por la victoria conseguida, y alguna falseando el rostro con alguna risa sobre el desacierto de la mujer y sentimientos de menor disculpa que el mismo caso, y todos haciéndole nueva guerra, tanto más exagerada y cruel, cuanto menos era la intención de hacerla; con que nuestro Hermano, reconociendo todos estos escollos, se salió huyendo también del Palacio del señor Obispo y de la ciudad, pareciéndole que en todo peligraba, y que no es consuelo de una herida mortal el diferente nombre del instrumento; con que no se sosegó hasta tomar el puerto seguro de su Religión.
Y debes saber que el demonio se le aparecía y le hacía guerra visible dado el gran daño que le hacía las virtudes cristianas de Fray Francisco de la Cruz. Si tienes interés puedes leer el libro en la página que te señala más arriba. JOSÉ MARÍA MARTÍNEZ MARTÍNEZ
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