Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia NATURALEZA Y FINALIDAD DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES

 

NATURALEZA Y FINALIDAD DE LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES SEGÚN EL PENSAMIENTO DE JUAN PABLO II

Punto de partida para nuevos estudios

Por Pbro. Alejandro W. Bunge

 

Al clausurar la II Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos del año 1985, convocada por el Papa con la finalidad de rememorar la intensa experiencia de colegialidad vivida durante el Concilio Vaticano II y para evaluar los frutos de su aplicación a los veinte años de su clausura, Juan Pablo II acogía e impulsaba el pedido hecho por esta Asamblea de estudiar la naturaleza de las Conferencias episcopales, que desarrollan en este tiempo un aporte tan importante a la vida de la Iglesia[1].

Poco después, hablando a los funcionarios de la Curia Romana, señalaba que, a pesar de las valiosas contribuciones que se habían realizado hasta ese momento, el crecimiento de las estructuras de las Conferencias episcopales y de su influencia en la vida de la Iglesia habían hecho aparecer también problemas doctrinales y pastorales, como consecuencia lógica de su desarrollo e importancia[2].

Ya desde los tiempos de la discusión en el aula Conciliar el debate sobre la naturaleza teológica de las Conferencias episcopales ocupaba a los estudiosos. Podemos destacar, entre otras consecuencias que se desprendían de las diversas maneras de concebir su naturaleza teológica, el distinto alcance que se les atribuía para tomar decisiones vinculantes, es decir, una capacidad jurídica que no habían tenido en sus comienzos en la primera mitad del siglo diecinueve[3].

Se puede decir que “los problemas doctrinales y pastorales” surgidos por la creciente influencia de las Conferencias episcopales en la vida de la Iglesia han impulsado la dedicación de los estudiosos al tema. Pero no se puede dejar de tener en cuenta también que en los últimos tiempos estos mismos problemas han frenado el avance de la reflexión[4].

Una vez concluida la Asamblea del Sínodo de los Obispos que señalábamos al comienzo, Juan Pablo II encargó a la Congregación para los Obispos la realización del estudio de la cuestión a través de la consulta a las mismas Conferencias episcopales[5]. Después de haber enviado un proyecto sobre el tema[6], que, al parecer del eminente historiador de las Conferencias episcopales, G. Feliciani, fue ampliamente criticado[7], no se han tenido más noticias oficiales sobre el destino de ese proyecto, y hemos asistido a un cierto impasse, sin que haya señales visibles de que se esté saliendo del mismo.

Creemos que puede resultar útil para avanzar en el estudio de la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales que la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos y el mismo Juan Pablo II pedían hace ya casi diez años, constatar el pensamiento de este Papa sobre este tema, a la luz de sus pronunciamientos ante Obispos de todo el mundo, especialmente los realizados con ocasión de sus viajes apostólicos o al recibir a los Obispos en sus visitas ad limina.

Este es el propósito de nuestro trabajo. Lo haremos deteniéndonos primero en la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales. A la luz de la clave eclesiológica del Concilio, analizaremos primero el uso que Juan Pablo II hace del concepto de comunión eclesial aplicado a las Conferencias episcopales. Y después veremos en qué sentido habla este Papa de las Conferencias episcopales bajo el signo del gran aporte del Concilio a la teología del episcopado, la colegialidad.

En un segundo momento abordaremos el tema de la finalidad de las Conferencias episcopales, a través de los pronunciamientos de Juan Pablo II. Comenzaremos fijándonos en el papel que juegan las Conferencias episcopales, según este Papa, en la construcción de la unidad eclesial. Veremos después a las Conferencias episcopales en lo que constituyó desde sus primeros orígenes su finalidad, al analizar los pronunciamientos en los que Juan Pablo II las ve como lugares de encuentro y de acción en común para los Obispos de una nación o región. A continuación veremos cómo se refiere el Papa a la capacidad de las Conferencias episcopales de tomar decisiones vinculantes, a partir del momento en que el Concilio Vaticano II les señaló el ejercicio de una cierta potestad de régimen. Tendremos en cuenta también cómo marca el Papa, siguiendo con una preocupación ya manifestada por el Concilio, los límites de esta potestad de las Conferencias episcopales.

Finalmente intentaremos hacer un resumen del pensamiento de Juan Pablo II sobre la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales, a la luz de lo constatado a través de este estudio de sus diversos pronunciamientos ante Obispos[8].

Naturaleza

El Código, siguiendo al Concilio, concibe a las Conferencias episcopales como la agrupación de los Obispos de una nación o territorio determinado, que ejercen conjuntamente algunas funciones pastorales respecto a los fieles de ese territorio[9].

En sintonía con lo que nos sugiere esta concepción de las Conferencias episcopales avanzada por el Concilio y retomada por el Código de Derecho Canónico, y en sintonía también con toda la eclesiología del Concilio, Juan Pablo II pone el acento en la comunión eclesial y en la colegialidad episcopal al hablar de la naturaleza propia de las Conferencias episcopales. Abordamos ahora estos dos aspectos de la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales, siguiendo las expresiones del magisterio de Juan Pablo II.

 

Conferencias episcopales y comunión eclesial

Siguiendo al Sínodo Extraordinario de 1985, celebrado a los veinte años de la conclusión del Concilio Vaticano II, Juan Pablo II considera esta categoría de la comunión como la idea central y fundamental del mismo Concilio y de su eclesiología[10]. De aquí que resulten tan abundantes las referencias del Papa a la comunión como categoría eclesiológica cuando se refiere al lugar que les corresponde a las Conferencias episcopales dentro de las estructuras eclesiales.

 

Conferencias episcopales, instrumentos de comunión

El Papa expresa la importancia que le da a esta categoría eclesiológica que estamos considerando a la hora de estudiar la naturaleza de las Conferencias episcopales, al considerar la comunión entre los Obispos que la componen como la razón de ser y la primera finalidad de toda Conferencia episcopal, tal como les dice a los Obispos de Brasil durante su visita a Río de Janeiro, y lo repite a los mismos Obispos en su viaje apostólico de 1991[11].

De esta manera, las Conferencias episcopales aparecen como uno de los instrumentos privilegiados para construir la comunión, dice el Papa al Consejo Permanente de la Conferencia episcopal italiana[12]. Esta comunión, por otra parte, es la finalidad misma de la Iglesia, instituida por Jesucristo como signo e instrumento de la comunión de los hombres con Dios y entre sí[13].

Podemos destacar la importancia que tiene para Juan Pablo II la comunión de los Obispos en y a través de la Conferencia episcopal constatando las expresiones de alabanza y agradecimiento que el Papa tiene ante la comunión alcanzada por algunas Conferencias o ante el esfuerzo de otras por alcanzarla. Muchas veces se pronuncia sobre esto, y prácticamente en los mismos términos, como vemos en seguida.

Así, expresa su satisfacción por la comunión que se vive en la Conferencia episcopal de Bolivia, que resulta una premisa indis­pensable para una pastoral eficaz y sin tensiones comunitarias debilitantes[14]. También expresa su afecto por los esfuerzos de los Obispos de Colombia por mantener y acrecentar la comunión dentro de su Conferencia episcopal[15]. Da gracias a Dios por la comunión eclesial vivida por los Obispos de la Conferencia episcopal del Océano Indico, que hace posible que la misma crezca, con lo que podrá aportar cada vez más su contribución original en favor de la Iglesia Universal[16]. Expresa su aprecio por la voluntad y esfuerzos de un grupo de Obispos de España encaminados a mantener y acrecentar la unidad y comunión en el seno de la Iglesia y de su misma Conferencia episcopal[17]. Y agradece a los Obispos Alemanes de la región sudoccidental su solicitud por conseguir y afianzar la unidad y la comunión dentro de la Iglesia y en el seno de su Confe­rencia episcopal[18].

 

Naturaleza de la comunión en las Conferencias episcopales

Esta comunión de y en las Conferencias episcopales es, ante todo, una comunión de fe, y es, por lo tanto, una realidad sobrenatural, que no es sólo el resultado de los esfuerzos humanos por construirla, sino que necesita de la gracia, y tiene como fuentes principales la oración y las celebraciones sacramentales. Por esto llama a los Obispos de Holanda a buscar ocasiones de oración y liturgia en común, siguiendo las indicaciones del Documento final del Sínodo particular para Holanda[19]. Y a los Obispos de Chile les dice que la unidad de su Conferencia episcopal será una realidad cada día más palpable si la comunión íntima en la fe y en la caridad penetra todo su ser, su obrar y su minis­terio pastoral[20].

Por lo dicho recién, se comprende que Juan Pablo II ponga los fundamentos de la comunión de los Obispos en el seno de la Conferencia episcopal en el mismo Señor Jesús, que es quien los ha llamado a ser sus ministros, tal como dice prácticamente en los mismos términos a los Obispos de Brasil, cuando los visita en Río de Janeiro en el año 1980, y a los Obispos de Portugal, cuando los visita en el año 1982[21].

El Papa encuentra los principios de la comunión de los Obispos en el seno de una Conferencia episcopal en la antigua fórmula, siempre válida: in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas. Basándose en ella dice a los Obispos de Brasil que la unidad en las cosas necesarias es requisito indispensable para que sea legítima la libertad, y condición para la unión de los Obispos en la Conferencia episcopal[22].

Esta comunión de los Obispos en la Conferencia episcopal es fruto de un servicio humilde y perseverante, el más exigente y delicado, pero también el más precioso e indispensable, porque es el servicio a una dimensión esencial de la Iglesia y a la misión de la misma en el mundo, dice el Papa a un grupo de Obispos de España, recordando un discurso suyo a toda la Conferencia episcopal[23].

 

Comunión eclesial y ministerio episcopal

Esta comunión fraterna de los Obispos en la Conferencia episcopal, que brota de raíces sobrenaturales y sacramentales, tiene, además, a juicio de Juan Pablo II, beneficiosos efectos a la hora del desarrollo de su misión propia.

Los Obispos encuentran en ella, en primer lugar, una ayuda inestimable para enfrentar con mayor facilidad los retos o los desafíos comunes de su ministerio, dice a los de Paraguay[24].

En la mutua comunión dentro de la Conferencia encuentran los Obispos sostén y apoyo para el ejercicio de su ministerio, afirma Juan Pablo II a los Obispos de Lituania[25]. Y dice lo mismo a los Obispos de Grecia, aunque no mencione expresamente a su Conferencia episcopal como el instrumento de esa comunión[26].

Pero además, la comunión en el seno de su Conferencia episcopal es una exigencia del ministerio pastoral de los Obispos. Todo servicio pastoral de los Obispos, dice Juan Pablo II a los de Brasil, exige primeramente la comunión entre ellos, en el nivel más profundo que se pueda concebir[27]. Prácticamente en los mismos términos se dirige casi dos años después a los Obispos de Portugal[28]. Los objetivos esperados del trabajo de la Conferencia episcopal en la nueva etapa de un camino de reconciliación, dice a los Obispos de Angola y Santo Tomé y Príncipe, requiere una progresiva e intensa comunión entre sus miembros[29].

 

Efectos de la comunión de las Conferencias episcopales

La comunión de los Obispos dentro de su Conferencia episcopal lleva a superar los particularismos y los partidismos, las disputas entre diversos grupos, de los que debería librarse siempre toda Conferencia, y hace integrar dentro de un saludable pluralismo las comprensibles diversidades, dice Juan Pablo II a los Obispos de Brasil[30].

Además, de la íntima comunión y el intercambio fraterno entre los Obispos en la Conferencia episcopal brotan muchos frutos de coordinación pastoral, para el bien de cada una de las Iglesias particulares y para la tarea apostólica en conjunto en el ámbito de la Conferencia, dice el Papa a los Obispos de Panamá[31].

La comunión de los pastores dentro de la Conferencia episcopal, dice Juan Pablo II a un grupo de Obispos de Brasil reunido con sus colaboradores en el encuentro de diálogo por él convocado en el Vaticano, debe servir de fundamento para la comunión de todos los fieles de la Iglesia, de modo que ésta sea y se manifieste delante de la comunidad humana como un sacramento de comunión[32]. Así, la unidad de los pastores se convierte en la raíz de la comunión eclesial, dice el Papa a los Obispos de Hungría[33].

Los efectos de la comunión de los Obispos en una Conferencia episcopal no se agotan en las repercusiones eclesiales, sino que llegan incluso a la misma sociedad. Así lo dice Juan Pablo II, por ejemplo, a los Obispos de Bélgica, país donde nacieron las Conferencias episcopales[34].

A juicio de Juan Pablo II, los encuentros de la Conferencia episcopal resultan útiles y necesarios para crear la mentalidad y la atmósfera de comunión y comunidad que propone la Conferencia episcopal italiana dentro del plan pastoral para la década del noventa, y conviene, por lo tanto potenciarlos. Y una comprensión más profunda del don de la comunión, cita el Papa a los Obispos de esta Conferencia episcopal, hará crecer en toda la Iglesia de ese lugar el don de la caridad y hará creíble el anuncio evangélico que ella es llamada a realizar[35].

Afrontar juntos los principales problemas pastorales que afectan a la vida de la Iglesia y ejercer también en conjunto la misión profética, especialmente en lo referente a las cuestiones referentes al orden social a las que tienen que dar respuesta a la luz del evangelio, son formas concretas en las que se implementa la comunión eclesial que viven los Obispos en el seno de una Conferencia, dice Juan Pablo II a los Obispos de la Con­ferencia episcopal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón en la parroquia de San José de Port Moresby, durante su visita a ese país[36].

No sólo las Conferencias episcopales sino también los organismos internacionales a través de los cuales ponen en común sus esfuerzos apostólicos los Obispos pertenecientes a varias Conferencias episcopales son considerados por Juan Pablo II instrumentos aptos para vivir y construir la comunión eclesial. Así, hablando en Costa Rica ante los Obispos de América Central, considera al Secretariado Episcopal de América Central y al Consejo Episcopal Latinoamericano como importantes formas de comunión pastoral para un fecundo trabajo en las Iglesias[37]. Recuerda el encuentro con los participantes del VI Simposio del Consejo de las Conferencias episcopales de Europa como una fuerte experiencia de comunión eclesial[38]. Dirigiéndose a los presidentes de estas Conferencias episcopales, pone la comunión de los Obispos entre sí y con el sucesor de Pedro y de los episcopados como tarea a la que debe dedicarse este Consejo[39].

 

La colegialidad episcopal en las Conferencias episcopales

En dos ocasiones el Papa aplica el término “Colegio” a una Conferencia episcopal. Lo hace hablando a los Obispos de Mozambique, en 1982[40], y posteriormente dirigiéndose a los de Checoslovaquia, en 1990. En esta ocasión utiliza repetidamente el término[41]. No alcanzan, por supuesto, estas expresiones, para afirmar que el Papa entiende las Conferencias episcopales como órganos de la colegialidad episcopal, pero sí para atestiguar desde un comienzo que Juan Pablo II no tiene temores de usar esta palabra, para la que, como veremos seguidamente, define con claridad su alcance y significado cuando se utiliza en relación a las Conferencias episcopales.

El Papa menciona a las Conferencias episcopales, junto a otras estructuras colegiales de carácter internacional o continental, cuando en su primera encíclica intenta exponer el desarrollo que ha tomado a lo largo de la historia la colegialidad episcopal[42]. Y a los Obispos de la Conferencia episcopal de Alto Volta les dice que ellos viven entre ellos mismos la colegialidad, que es un elemento estructural de la Iglesia al que en nuestro tiempo, siguiendo una importante enseñanza del Concilio, se concede especial importancia, y que debe entenderse como un modo de gobierno del episcopado. De este modo, les dice Juan Pablo II, experimentan ciertamente día a día la gran ayuda que les significa para el desarrollo de su ministerio pastoral y tienen motivos para esperar el aumento de su eficacia. Sin embargo, continúa el Papa, no son sólo razones prácticas, sino espirituales y teológicas, las que dan fundamento a esta colegialidad como elemento estructural de la Iglesia, vivido en la Conferencia episcopal[43].

Por lo tanto, es claro que para Juan Pablo II las Conferencias episcopales son ciertamente una estructura eclesial que expresan un elemento teológico que forma parte de la naturaleza misma de la Iglesia, como es la colegialidad. Así, a pesar de tener las Conferencias episcopales con su actual configuración una historia reciente, que se inicia con la primera reunión del episcopado belga en Malinas en el año 1830, el Papa ve realizado en ellas un elemento que pertenece a la esencia misma del ministerio episcopal desde sus orígenes[44].

Por supuesto, no se trata aquí de la colegialidad entendida como la cualidad de una corporación de personas de una misma dignidad o profesión, sino la propia del Colegio episcopal, sucesor del Colegio apostólico, que hace referencia a una propiedad teológica que le corresponde desde su fundación por el mismo Jesucristo[45]. Veamos con más detalle, a la luz del magisterio de este Papa, la relación entre las Conferencias episcopales y la colegialidad episcopal.

Ante los Obispos de Vietnam, que se han reunido primero por provincias y después en la Conferencia episcopal para preparar su visita ad limina del año 1980, Juan Pablo II señala a las Conferencias episcopales como un signo de la colegialidad, y un modo concreto en que ésta se realiza[46]. Ellas tienen entre sus objetivos, dice en otra oportunidad a los Obispos de Portugal, el de constituir un espacio de encuentro en la vivencia de la colegialidad efectiva y afectiva[47]. Y hablando a los Cardenales, Prelados y Oficiales de la Curia Romana en las vísperas de la solemnidad de San Pedro y San Pablo del año 1980, el Papa pone a las Conferencias episcopales entre las formas en las que hoy se expresa el iunctim, que constituye el punto de contacto entre el carácter colegial del ministerio episcopal y el carácter primacial que le corresponde al sucesor de Pedro en el ejercicio del ministerio pastoral en la Iglesia[48].

Quiere decir que las Conferencias episcopales son para Juan Pablo II un signo y a la vez un modo concreto de realizarse la colegialidad episcopal. Constituyen un espacio de encuentro entre los Obispos en el que experimentan la vivencia de la colegialidad efectiva y afectiva, y son también de ese modo un lugar de encuentro entre los Obispos, que ejercen un ministerio que es por su misma naturaleza colegial, y el Papa, que es la cabeza de todo el Colegio episcopal, como Pedro lo fue del Colegio apostólico. Todo esto muestra que la colegialidad que encontramos en las Conferencias episcopales es algo más que el carácter colegial de todo grupo en el que las decisiones se toman con la participación de sus miembros[49], y que tiene que ver con una dimensión teológica propia del ministerio episcopal. Sigamos todavía un poco más con el magisterio de Juan Pablo II.

 

Qué colegialidad hay en las Conferencias

Esta colegialidad, que se vive en el interior de las Conferencias episcopales y en la relación entre ellas y el Papa, es una colegialidad efectiva y afectiva, dice Juan Pablo II a los Obispos de Francia utilizando los términos del Concilio, que comenzó alrededor de Cristo, en la comunión de los doce apóstoles[50]. Es la misma colegialidad, por lo tanto, que se vive al interior de todo el colegio episcopal, sucesor del colegio de los apóstoles.

Las Conferencias episcopales aparecen así ante Juan Pablo II como una concreción local de la colegialidad de los Obispos, según afirma ante los Obispos de Mozambique durante su visita ad limina del año 1988[51]. Esta expresión de la colegialidad que se vive en las Conferencias episcopales, tal como han sido definidas por el Concilio y encuadradas jurídicamente en el Código de Derecho Canónico, deriva de la misma misión que recibe un Obispo cuando es injertado en el Colegio episcopal, dice en otra ocasión el Papa a los Obispos de Brasil[52]. Y en el intercambio de pareceres que realizan los Obispos dentro de la Conferencia episcopal, continúa diciendo Juan Pablo II en la misma ocasión, está siempre subyacente la colegialidad episcopal efectiva y afectiva de los sucesores de los apóstoles[53].

El Papa recuerda a los Obispos del Brasil que la suya es una de las primeras Conferencias episcopales, nacida antes del Concilio, que las proclamó como una expresión peculiar y un órgano particularmente apropiado de la colegialidad episcopal sobre cuya doctrina el mismo Concilio puso nueva luz[54]. Y refiriéndose a la colaboración desarrollada entre los Obispos de Estados Unidos a través de la Conferencia episcopal para apoyar a los religiosos, conforme al encargo que les había dado él mismo, les dice que no es sólo un medio para realizar ese apoyo que el Papa les ha pedido, es decir, una cuestión meramente operativa, sino un verdadero ejercicio de la colegialidad[55].

La actividad de la Conferencia episcopal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón, que es considerada por el Papa como una actividad colegial que los Obispos deben desarrollar y que él mismo alienta, está relacionada con el celo pastoral por la misión universal que han recibido como sucesores de los apóstoles[56].

También en la relación entre las diferentes Conferencias episcopales, dice Juan Pablo II a los Obispos de Checoslovaquia, encuentran los Obispos una aplicación concreta del afecto colegial mencionado por el Concilio cuando habla de las Conferencias episcopales en la constitución dogmática sobre la Iglesia[57].

De todos modos, la colegialidad en sentido estricto, dice el Papa a los Obispos de Suiza, es más que la mutua colaboración de los Obispos en una Conferencia. La colegialidad en sentido estricto une a todos los Obispos entre sí y alrededor del Sucesor de Pedro. Por esta razón, cuando se habla de colegialidad en una Conferencia episcopal, debe tenerse en cuenta la responsabilidad que los Obispos de dicha Conferencia episcopal tienen con todo el colegio episcopal; en realidad, las declaraciones oficiales, las acciones, las orientaciones de los Obispos en una Conferencia episcopal, su manera de ejercer el ministerio episcopal en una nación, sigue el Papa, afectan al compromiso pastoral de todo el Colegio episcopal[58].

A la luz de estos textos, queda claro que cuando Juan Pablo II se refiere a la colegialidad episcopal de las Conferencias episcopales, lo hace considerando la colegialidad que proviene de la naturaleza misma del colegio apostólico y del colegio episcopal.

Pero teniendo en cuenta la última cita que hemos presentado, hay que concluir, siguiendo el pensamiento de Juan Pablo II, que aunque la colegialidad que viven los Obispos dentro de sus Conferencias episcopales sea de la misma naturaleza que la colegialidad de todo el Colegio episcopal, no se puede pensar que se viva dentro de una Conferencia episcopal todo el contenido de la colegialidad episcopal, sino sólo una parte de ella. Podemos decir, ya con nuestras palabras y no con las del Papa, que en las Conferencias episcopales se participa, en forma limitada y parcial, la colegialidad episcopal.

 

Colegialidad y ministerio episcopal

Es propio del ministerio de los Obispos un espíritu colegial que los lleva a ir más allá de las estrictas responsabilidades del oficio canónico que se les ha encomendado. Juan Pablo II se refiere con cierta frecuencia a este espíritu colegial que se debe vivir también en las Conferencias episcopales.

El espíritu colegial, vivido en la Conferencia episcopal, resulta necesario para lograr el bien común al que se deben los Obispos, un bien común que no resulta alcanzado de una vez para siempre, sino que debe ser buscado constantemente, dice Juan Pablo II a los Obispos de Bangladesh[59]. El espíritu colegial y la unidad de los Obispos de Panamá en su Conferencia episcopal, dice el Papa, no sólo da mayor vigor a su ministerio, sino que, además, hace más eficaz su acción pastoral[60].

Pero yendo más allá de un mero espíritu colegial vivido por los Obispos en las Conferencias episcopales, el Papa avanza afirmando el carácter estrictamente colegial que tiene el ejercicio del ministerio episcopal, a través de estas estructuras eclesiales.

El Concilio, proponiendo de nuevo la antigua doctrina de la colegialidad, ha querido dar relieve a las Conferencias episcopales, a través de las cuales los Obispos pueden trabajar unidos por el bien de sus Iglesias particulares, recuerda el Papa a los Obispos de Lituania[61]. De donde se puede esperar que este aspecto colegial del ministerio de los Obispos, rescatado por el Concilio, sea el que inspire el trabajo de una Conferencia episcopal, dice el Papa a los Obispos latinos de la región árabe[62].

Los Obispos mismos deben vivir una fraternidad en Cristo, dice a los de Nigeria, con todas sus manifestaciones colegiales, a través de las cuales llevan adelante su oficio de santificar, enseñar y regir a su pueblo, brindándose el apoyo unos a otros[63]. Esta fraternidad en Cristo que tienen que vivir los Obispos no es algo agregado “desde afuera” a su ministerio, sino que forma parte intrínsecamente del mismo, ya que los apóstoles, y con ellos los Obispos, han sido llamados a su ministerio a modo de colegio[64].

Los Obispos de la Conferencia episcopal de Gabón son animados por Juan Pablo II a unir sus esfuerzos para llevar adelante sus responsabilidades como Obispos en una colegialidad siempre más profunda, que es a la vez efectiva y afectiva[65]. No se está refiriendo el Papa sólo a las responsabilidades que tienen en común, sino a todas sus responsabilidades como Obispos, por lo tanto también a las que cada uno tiene conforme a su propio oficio, al frente de una Iglesia particular o como auxiliar de otro Obispo que la preside.

Juan Pablo II tendrá en cuenta la existencia de una estricta responsabilidad colegial, que hace que los Obispos deban enfrentar en conjunto algunos aspectos de su ministerio. Juan Pablo II llama la atención de los Obispos de Estados Unidos sobre la responsabilidad colegial que tienen en relación al estado de vida religiosa en su país, cuando les propone ocuparse de su cuidado y atención a través de la Conferencia episcopal[66]. Y también el problema de las vocaciones en su Iglesias particulares es enfrentado en conjunto por los Obispos de Estados Unidos, recuerda el Papa, con un espíritu de responsabilidad colegial[67].

La tarea de coordinación y unidad, por la que se alientan y coordinan con eficacia los diversos carismas y ministerios que el Espíritu Santo distribuye en el Pueblo de Dios, encuentra su apoyo en el sentido de responsabilidad colegial que los Obispos de Filipinas manifiestan a través de las reuniones y actividades de la Conferencia episcopal, dice Juan Pablo II a un grupo de ellos[68]. También en el marco de las agrupaciones de Conferencias episcopales en el orden continental los Obispos ejercen una responsabilidad colegial, por ejemplo en el Consejo de Conferencias episcopales de Europa, dice el Papa[69].

De donde se ve que en la mente de Juan Pablo II la colegialidad propia del colegio episcopal es una realidad que hunde sus raíces en el mismo ministerio episcopal. En realidad, teniendo el ministerio episcopal este carácter colegial, toda función propiamente episcopal tiene una carácter colegial, porque cada Obispo actúa siempre y necesariamente como miembro del colegio episcopal del que forma parte y con el que está en comunión. Con más razón, entonces, cuando se trata de la acción de varios Obispos realizada conjuntamente a través de una Conferencia episcopal, será una acción colegial, en cuanto que compromete a legítimos miembros del colegio episcopal en comunión con el resto del colegio y con su cabeza, el Papa.

 

Efectos de la colegialidad de las Conferencias episcopales

La actividad colegial de una Conferencia episcopal tendrá siempre a su base la santidad, afirma Juan Pablo II ante la Conferencia episcopal de Ghana, que es, por otra parte, la gran prioridad de la vida de los Obispos[70]. A su vez, esta colegialidad episcopal, junto con la responsabilidad compartida, fruto del Bautismo, estará a la base de la solidaridad, tan necesaria en naciones con diócesis muy vastas, con una especial necesidad de evangelización y catequesis, como Canadá, decía Juan Pablo II a sus Obispos[71]. Así la colegialidad, inspirada en Cristo, centro de la communio eclesial, se convierte en una escuela de virtudes humanas y sobrenaturales para los Obispos que forman parte de un cuerpo episcopal que la vive, dice Juan Pablo II a un grupo de Obispos de Colombia[72].

Por otra parte, una manifestación pública de una Conferencia episcopal, dice el Papa a los Obispos de Brasil, produce tanto más impacto cuanto más refleja la unidad, que es el alma de la colegialidad episcopal[73]. Y la unidad colegial de los Obispos en su Conferencia episcopal, dice a los de Polonia, resulta un apoyo para los Obispos, sobre todo en el momento de las dificultades[74]. A los Obispos de Uruguay les recuerda que tienen que potenciar la dimensión colegial de su labor como Conferencia episcopal para poder desarrollar con mayor eficacia y adaptación a la realidad las tareas que corresponden a la Conferencia[75].

La consolidación del sentido colegial dentro de la Conferencia episcopal da vigor al ministerio de los Obispos, y permite una mejor adaptación a las realidades pastorales, dice Juan Pablo II a los Obispos de Puerto Rico[76]. El consenso colegial dentro de la Conferencia, al igual que el consenso con el resto de sus hermanos en el episcopado, permitirá a los Obispos de Alemania, les dice Juan Pablo II, cumplir las graves tareas que les corresponden[77].

Señalemos por último algunos campos concretos mencionados por el Papa, en los que se pone de manifiesto la acción colegial de las Conferencias episcopales. Juan Pablo II señala varios campos específicos en los que los Obispos de Kenia trabajan colegialmente en su Conferencia episcopal, por ejemplo las vocaciones sacerdotales y religiosas, la promoción de la familia, la inculturación del mensaje del evangelio, la promoción del desarrollo a través de la educación y los servicios sociales, el establecimiento de comunidades cristianas, la atención del problema de los refugiados, la búsqueda de recursos y la acción conjunta para enfrentar problemas varios[78]. A los Obispos de Zaire les recuerda también diversos campos donde el trabajo colegial necesita de las Asambleas generales y de la ayuda de eventuales secretariados que estén a su servicio y de todos los Obispos que forman la Conferencia episcopal: la teología, la liturgia, la ética familiar, la escuela[79]. Y en especial, hablando al Consejo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos el Papa se refiere al esfuerzo colegial de los Obispos en la preparación de las Asambleas del Sínodo de los Obispos. Cuanto mayor sea el trabajo colegial en la preparación de estas Asambleas, en las Iglesias particulares y en las Conferencias episcopales, mayor es el fruto que se puede esperar de las mismas[80].

De todo esto concluimos que para Juan Pablo II, coherentemente con el origen de esta colegialidad de las Conferencias episcopales en la misma naturaleza del colegio episcopal y del colegio apostólico, los efectos de su realización práctica redundan en una mayor eficacia del ministerio de los Obispos.

 

Finalidad de las Conferencias episcopales

Desde sus comienzos las Conferencias episcopales tuvieron la finalidad, alentada por la Santa Sede, de ser instrumentos para la construcción de la unidad eclesial entre las Iglesias particulares de un determinado territorio (generalmente coincidente con el de una nación), a través de la consensio episcoporum. Esta unidad resultaba especialmente urgente de cara a la acción conjunta ante la autoridad civil, sobre todo ante las innumerables materias de competencia común entre el Estado y la Iglesia, pero también extendía su importancia a los campos de la labor pastoral común, donde el intercambio de pareceres y la concordancia de criterios y planes de acción entre los Obispos resultaban en beneficio de la acción pastoral[81].

Durante el Concilio Vaticano II el debate sobre las Conferencias episcopales y sus funciones se centró no exclusiva pero sí prioritariamente sobre el reconocimiento de cierta potestad legislativa a las Conferencias episcopales, con propuestas que iban desde un reconocimiento general de esta potestad, hasta la negación total de la misma. El resultado de este debate en el Concilio fue una solución de compromiso, en la que, al mismo tiempo que se reconocía cierta potestad de las Conferencias episcopales de tomar decisiones vinculantes para todos los Obispos que la forman, se marcaban con claridad los límites, especialmente a través del modo de tomarse estas decisiones y las materias sobre las que podían tomarse, de modo que no quedara afectada la autoridad de cada Obispo en su diócesis, considerada de origen divino[82].

El estudio posterior de la naturaleza de las Conferencias episcopales y de sus funciones estuvo claramente marcado por la indefinición del debate conciliar, y la cuestión de la potestad de las Conferencias episcopales fue, si no un tema excluyente de dicho estudio, al menos el punto de vista desde el que la mayoría de los autores emprendía su trabajo.

Sin embargo, aún teniendo en cuenta todo lo que ha significado para el actual desarrollo de las Conferencias episcopales esta finalidad que se les reconoce desde el Concilio del ejercicio de cierta potestad de régimen, es importante recordar que la función de las Conferencias episcopales no se agota en sus competencias legislativas. Ya G. Feliciani afirmaba en las conclusiones de su libro sobre el origen y el desarrollo de las Conferencias episcopales y el debate sobre su naturaleza, finalidad y potestad, la necesidad que éstas no perdieran su carácter originario de encuentros consultivos y de intercambio de los Obispos de una nación o región, ahogándose en el mar de sus competencias legislativas[83].

El Código comienza la descripción de las Conferencias episcopales con un texto del Concilio, apenas modificado, en el que se afirma que a través de ellas los Obispos ejercen conjuntamente algunas funciones pastorales[84]. Un poco más adelante especifica la capacidad de las Conferencias episcopales de tomar decisiones vinculantes, señalando las limitaciones de esta potestad[85]. Nosotros veremos cómo Juan Pablo II se refiere a la finalidad de las Conferencias episcopales teniendo en cuenta su capacidad de tomar decisiones vinculantes, no sólo útiles sino incluso necesarias en determinados momentos, pero también y en forma mucho más frecuente y extensa al encuentro, el diálogo y la acción pastoral de los Obispos en y a través de las Conferencias episcopales, más allá del estricto campo de las decisiones vinculantes.

Veremos primero un aspecto que hace las veces de marco de referencia de toda la actividad de las Conferencias episcopales, que es la unidad eclesial, y el modo con el que Juan Pablo II se refiere al papel que las Conferencias episcopales juegan en la construcción de esta unidad. A continuación verificaremos cómo se refiere el Papa a la finalidad de las Conferencias episcopales como lugar de encuentro y de diálogo entre los Obispos, e instrumentos para la acción conjunta de los mismos. Dedicaremos un párrafo especial a la función y potestad propiamente legislativa de las Conferencias episcopales según las referencias del Papa, para terminar con la mención de los límites de las Conferencias episcopales, mencionados en forma insistente no sólo por el Concilio y por el Código, sino también por Juan Pablo II.

 

La unidad eclesial

La unidad es un don y un mandato de Jesucristo a la Iglesia[86]. La unidad entre los Obispos, dice a un grupo de Obispos de Perú, será una respuesta elocuente a la misma oración de Jesús[87]. Es claramente destacada la insistencia del Papa sobre el papel que juegan y la importancia que tienen las Conferencias episcopales para construir un valor tan trascendente en la vida de la Iglesia como es el de la unidad. A los Obispos de Nigeria les dedica dos extensos párrafos sobre este tema, con ocasión de su visita ad limina del año 1987[88].

Las Conferencias episcopales, así como en oriente los Sínodos, son uno de los instrumentos privilegiados para construir esta unidad de la Iglesia. Así lo afirma Juan Pablo II ante los Obispos de Vietnam[89]. Y ante los Obispos del Sínodo patriarcal armenio católico reconoce no solamente este Sínodo sino también a las asambleas de la jerarquía de los diversos países de oriente próximo y las diversas Conferencias episcopales en las que ellos participan como instrumentos de la unidad[90].

 

La Conferencia es fuente de comunión y unidad eclesial

La Conferencia episcopal, en cuanto tal, está llamada a buscar la unidad de las diversas diócesis, dice el Papa a los Obispos de Camerún. Es una unidad, continúa, que es requerida por la naturaleza misma de la Iglesia, que es una comunión de comunidades[91]. De allí que Juan Pablo II diga a los Obispos del Pacífico que su Conferencia episcopal (a través de su propia unidad) refleja la unidad misma de la Iglesia[92]. El servicio a la unidad de las diócesis en las diversas regiones del país es un servicio que corresponde a la Conferencia episcopal en cuanto tal, dice el Papa a los Obispos de Vietnam[93]. La Conferencia episcopal resulta uno de los ejes, junto con las provincias eclesiásticas, sobre los que se construye la unidad de la Iglesia en un país, de la que los Obispos son servidores, dice Juan Pablo II a los Obispos de Zaire[94].

La unidad de los Obispos dentro de la Conferencia y su mutuo apoyo es un servicio esencial a la comunidad de fe que ellos presiden en el amor, dice a los Obispos de Irlanda[95]. La contribución de los Obispos a la unidad entre ellos mismos (para la cual, como ya se ha dicho, la Conferencia episcopal es el instrumento), experimentar juntos el amor de Cristo, dice en otra ocasión a los Obispos de Africa Meridional, es una contribución pastoral a las Iglesias locales que ellos presiden y sirven[96].

La unidad a la que el Papa se refiere en relación a las Conferencias episcopales no es una unidad sólo teórica. Llama a los Obispos de Togo a una unidad que se concreta en la realidad de la Iglesia, que se realiza en una forma dinámica y concreta en la unidad entre las diversas diócesis, por ejemplo compartiendo los agentes apostólicos, y que permite llevar adelante un mejor aprovechamiento de los recursos pastorales de cada uno[97]. Y a los Obispos de Bangladesh les muestra que la unidad en la fe y la disciplina debe encontrar amplia expresión en el campo de acción de la caridad[98].

Todos éstos son suficientes motivos para comprender la insistencia con la que el Papa alienta a los Obispos para que trabajen por esta unidad y cuiden de ella a través de las Conferencias episcopales.  El mismo Juan Pablo II reza por este objetivo. Así lo hace ante los Obispos de Bangladesh cuando visita este país en el año 1986[99]. Espera que esos sean los frutos de su encuentro con los Obispos de la República Dominicana en su visita ad limina del año 1988[100]. Exhorta a los Obispos de Puerto Rico a vivir esta unidad entre ellos mismos[101]. Y pide al Señor que la visita ad limina realizada por los Obispos de Perú en el año 1989 consolide aún más la unidad entre ellos y con la Iglesia universal[102].

 

Los frutos de la unidad de las Conferencias episcopales

Son muy variados los frutos de la unidad vivida en las Conferencias episcopales a los que se refiere Juan Pablo II. Veremos rápidamente algunos de estos frutos mencionados por el Papa cuando habla a Obispos, dejando para el siguiente apartado el desarrollo del fruto más destacado por Juan Pablo II: la ayuda que esta unidad significa para la credibilidad del ministerio de los Obispos.

En primer lugar, el Papa recuerda su propia experiencia como miembro de la Conferencia episcopal de Polonia, según la cual de la unidad proviene la fuerza espiritual[103]. De esta unidad de la Conferencia episcopal polaca resulta un apoyo para cada Obispo, y especialmente para el primado, ante las dificultades que pueden aparecer en la relación con la autoridad civil[104].

Los frutos de la unidad de las Conferencias episcopales se percibirán en la realización de la misión que corresponde a los Obispos. La unidad de los Obispos entre sí dentro de la Conferencia episcopal, afirma Juan Pablo II ante los Obispos del Brasil en su visita a Río de Janeiro, resulta la mejor predicación que ellos pueden realizar y el mejor servicio a su nación[105]. La unión de espíritus y de corazones de la Conferencia episcopal de Vietnam desde sus comienzos, constata Juan Pablo II, es por sí mismo un camino de evangelización[106]. Esta unidad, dice ante los Obispos de Japón, que requiere de los Obispos el ejercicio de una colegialidad efectiva y afectiva, tiene importantes efectos sobre todos los emprendimientos pastorales locales[107]. El testimonio de cohesión que caracteriza a los Obispos de Paraguay, les dice Juan Pablo II, es el primer aporte que ellos brindan al pueblo que se les ha confiado[108]. La cohesión y sintonía de propósitos, manifestaciones de la unidad de los Obispos de Honduras, favorece la realización de su misión, individual y colectiva, les dice el Papa[109].

Por otra parte, la unidad de los Pastores se convierte en el núcleo y la raíz de la perfecta comunión eclesial y lleva a la unidad entre todos los miembros de sus Iglesias particulares, afirma ante los Obispos de Hungría con ocasión de su visita ad limina del año 1987[110].

En particular, la unidad de los Pastores servirá de ejemplo y de aliciente para la unidad de los sacerdotes, afirma Juan Pablo II ante los Obispos de la Conferencia episcopal de Berlín[111]. Y la unidad de los Obispos en la Conferencia episcopal servirá no sólo el motivo para promover la unidad entre los sacerdotes, sino entre todos los agentes pastorales y miembros de las Iglesias particulares, dice ante los Obispos de Uruguay[112]. Y prácticamente con las mismas palabras se dirige años después a los Obispos de Puerto Rico[113].

Esta unidad no es importante sólo en el orden de los principios, o de las intenciones, o de los corazones. Es una unidad efectiva, que se concreta en la solidaridad en los intentos evangelizadores de las diversas Iglesias particulares de una Conferencia episcopal. Es decir, es una unidad que llega a la acción evangelizadora de la Iglesia, y que por eso se concreta en una pastoral de conjunto.

Juan Pablo II alienta a los Obispos de Ecuador a preservar el don de la unidad fraternal entre ellos, y, como reflejo de ello, se corrobore la solidaridad de intentos entre las comunidades que tienen encomendadas[114]. Habla a los Obispos italianos del deber de su Conferencia episcopal de hacer frente a la propia responsabilidad para favorecer, frente al secularismo, la afirmación de los sanos valores, en una unidad de acción y de programas acerca de la pastoral de conjunto, por el que los Obispos puedan llevar adelante el ministerio al que son llamados[115]. Exhorta a los Obispos de Colombia a continuar trabajando en estrecha unidad por la auténtica liberación que nos viene de Jesucristo[116].

En algunos campos de la pastoral, la unidad de acción de los Obispos de una misma Conferencia episcopal es el único camino posible. Por ejemplo, Juan Pablo II señala a los Obispos de Nigeria los Seminarios regionales o interdiocesanos, la relación con las autoridades civiles y los planes pastorales como terrenos en los que deben trabajar unidos[117]. Y dice a los Obispos de Birmania que es esencial que los Obispos de un mismo país trabajen unidos en el campo del diálogo entre la fe y las culturas locales[118].

Finalmente, conviene señalar que para Juan Pablo II los frutos de la unidad de las Conferencias episcopales tienen su influjo no solamente dentro de la misma Iglesia. Señala también los efectos que tiene en bien de todo el país, ya que a través de la unidad de la Iglesia, los Obispos aportan al bien común de toda la nación. La unidad de la Iglesia en torno a los legítimos Pastores (como es la unidad que se realiza gracias a la Conferencia episcopal) es un valioso aporte a la sociedad civil, dice Juan Pablo II a los Obispos de Paraguay[119]. La propia experiencia de unidad de los Obispos, dice a los de Africa meridional, será siempre una contribución a la transformación cristiana de la sociedad[120]. La exigencia de unidad entre los Obispos, conforme al mandato de Jesucristo, dice ante los de Bolivia, redundará en bien de las comunidades que se les han confiado, así como de la sociedad en general[121].

Considerando la importancia que le da a los frutos de la unidad de los Obispos en las Conferencias episcopales, resulta coherente la frecuencia con la que Juan Pablo II manifiesta su aprecio por el esfuerzo de los Obispos en pos de esta unidad en la Conferencia episcopal. Así lo hace ante los Obispos de Paraguay[122]. Lo mismo dice ante un grupo de Obispos de México[123]. Con términos similares se expresa ante los Obispos de Colombia[124]. Manifiesta su aprecio por la voluntad y esfuerzo de un grupo de Obispos de España por mantener y acrecentar la unidad de su Conferencia episcopal[125]. Agradece a un grupo de Obispos de la Conferencia episcopal alemana su solicitud por conseguir y afianzar la unidad y comunión de su Conferencia[126].

Del mismo modo, también expresa su aprecio y complacencia por los frutos de estos esfuerzos de los Obispos por construir y acrecentar la unidad en sus Conferencias episcopales. La hace ante la Conferencia episcopal italiana, que tiene la particularidad, dice Juan Pablo II, de ser observada desde todos los lugares del mundo[127]. Agradece a Dios la unidad del episcopado de Angola y Santo Tomé, de la que tiene inequívocas pruebas[128]. Encuentra consuelo en la unidad de propósitos y de acción de los Obispos de Yugoslavia[129]. Y considera un don del cielo, pidiendo a Dios que lo conserve y acreciente, el episcopado de México, que brinda un testimonio de unidad al pueblo cristiano[130].

También expresa su deseo de la consolidación y crecimiento de esta unidad de los Obispos dentro de la Conferencia episcopal. Desea que su encuentro con los Obispos de Guinea Ecuatorial confirme y consolide su unión mutua[131]. Casi del mismo modo se expresa ante los Obispos de la República Dominicana[132]. Al recibir a un grupo de Obispos de Chile, quiere que sus palabras sirvan de aliento para reforzar la unidad de su Conferencia episcopal, y que la visita ad limina que han realizado tenga ese mismo fruto[133]. Y exhorta a los Obispos de Togo a ejercer su carisma de la unidad no solamente dentro de su propia diócesis, sino en la misma Conferencia episcopal que los reúne[134].

 

La unidad de la Conferencia y la credibilidad del ministerio de los Obispos

Veremos ahora una serie de afirmaciones de Juan Pablo II en las que se pone en evidencia el mayor alcance del efectivo influjo del ministerio de los Obispos dentro y fuera de la Iglesia, cuando éstos actúan unidos a través de las Conferencias episcopales, en vez de hacerlo cada uno por su cuenta y dentro de los límites jurisdiccionales de su Iglesia particular.

A nadie se le escapa, dice hablando a la Conferencia episcopal austríaca, el peso que tienen las reflexiones y las decisiones de una Conferencia episcopal para los hombres y las Iglesias locales de su país, y aún más allá de sus fronteras. Esto mismo ya constituye una exigencia de unidad para la Conferencia, que alcanza así una influencia que, de otro modo, los Obispos no tendrían[135]. Esta unidad, alimentada por motivaciones profundas y sobrenaturales, se convierte en una ayuda que enriquece enormemente el desarrollo de los proyectos de  evangelización de los Obispos, dice ante un grupo de Obispos de España[136]. La unidad entre ellos, vivificada por la escucha de la Palabra de Dios y la participación en la única Eucaristía, dice a los Obispos de Rumanía, los sostendrá, gracias al diálogo sincero y a la colaboración activa,  a la hora de afrontar y resolver los problemas con los que se enfrentan[137].

Así, la unidad de los Obispos en la Conferencia episcopal es una fuente inestimable de eficacia de la tarea de los mismos, que resulta para el bien de las Iglesias, y de credibilidad para su ministerio. Así lo afirma Juan Pablo II ante los Obispos de Lituania[138]. La unión efectiva y afectiva de los Obispos en su Conferencia episcopal, dice a los de Grecia, redunda en eficacia pastoral y en la credibilidad de su ministerio[139]. Con la mutua unión de los Obispos, dice a la Conferencia episcopal de Bolivia, su actuación ganará en intensidad y eficacia[140]. Consolidando el espíritu colegial y la unidad en el seno de la Conferencia episcopal, los Obispos de Panamá dan mayor vigor a su ministerio y hacen más eficaz su acción pastoral, afirma Juan Pablo II[141]. Es una eficacia de orden sobrenatural la que crece a través de la unidad de los Obispos en la Conferencia episcopal, dice el Papa a los de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón[142].

La cohesión de las fuerzas a través de la Conferencia episcopal debe garantizar, dentro de la propia nación, afirma Juan Pablo II ante los Obispos de Italia en una Asamblea plenaria,  el prestigio, la incidencia y la credibilidad necesarias para la eficacia de los esfuerzos pastorales[143]. La fecundidad de los servicios y carismas que cada Obispo aporta al interno de su Conferencia episcopal para construir la unidad de todo el cuerpo, depende de su inserción en una única vida animada por un solo espíritu, dice ante los Obispos de Alemania, y por eso, una gran medida de unanimidad dentro de la Conferencia episcopal no se da a costa de la vitalidad y credibilidad del testimonio de los Obispos, sino todo lo contrario[144].

La voluntad de cohesión que anima a los Obispos en los trabajos de su Conferencia episcopal, dice el Papa ante los de Madagascar, da a sus intervenciones una fuerza de persuasión que se percibe también más allá de la comunidad católica[145]. La unanimidad de los Obispos en la Conferencia episcopal reafirma la fuerza de persuasión de sus enseñanzas, dice a la Conferencia episcopal de Ruanda[146]. La unión viva de la Conferencia episcopal les da crédito a sus Obispos también ante los dirigentes del país, afirma ante los Obispos de Turquía[147].

Finalmente, hablando a todos los Obispos de Italia durante una de las primeras asambleas generales realizadas bajo su pontificado, el Papa dice que esta unidad entre los Obispos no es sólo la primera garantía para el éxito de la propia actividad, sino también fuente de coraje, optimismo y confianza para los Obispos[148].

 

Lugar de encuentro y acción en común

Nos vamos a detener ahora en estos dos aspectos de la finalidad de las Conferencias episcopales, que aparecen con más claridad desde los orígenes de las mismas. En la primera mitad del siglo pasado las Conferencias episcopales surgieron como una alternativa eficaz para que los Obispos de una misma nación o región política pudieran reunirse con la facilidad que permitían estos encuentros amistosos en los que, sin las formalidades, a veces demasiado exigentes y complicadas, de los Concilios provinciales, podían sin embargo intercambiar sus pareceres y concertar una acción coincidente, especialmente aunque no en forma exclusiva en los asuntos que hacían a la relación con la autoridad civil.

 

Lugar de encuentro

En un primer momento nos detendremos en las afirmaciones de Juan Pablo II que reconocen a las Conferencias episcopales como lugares de encuentro, consulta, diálogo, intercambio, participación, reflexión en común entre los Obispos.

El encuentro entre los Obispos, el diálogo amplio y constructivo entre ellos, son fines previstos por los padres conciliares para las Conferencias episcopales, ya que precisamente fueron creadas con este objetivo, mucho antes que se les atribuyera, a partir del Concilio, un verdadero, aunque limitado, ejercicio de la potestad legislativa[149]. Nos lo recuerda el mismo Juan Pablo II a lo largo de varios pronunciamientos.

Hablando a los Obispos de Sudán, los urge a hacer de su Conferencia episcopal un instrumento útil para el intercambio de opiniones y compartir las ideas en orden a lograr el bien común de las Iglesias, conforme a lo enseñado por el Concilio Vaticano II[150]. También invita a los Obispos de rito caldeo en Irak a intercambiar sus experiencias pastorales y a convenir sobre los problemas eclesiales, tanto del orden nacional como internacional, tal como se los pide el Concilio y lo desea la Iglesia[151].

Las Conferencias episcopales son entendidas por Juan Pablo II como punto, espacio, lugar de encuentro y de diálogo, de enriquecimiento mutuo para los Obispos, que reciben y dan cuando participan en ellas. Allí se realiza una verdadera vivencia de la colegialidad efectiva y afectiva entre sus miembros, para los que sirven de apoyo, orientación y estímulo. Veámoslo a través de algunos pronunciamientos del Papa.

A los Obispos de Brasil les dice que su Conferencia episcopal ha posibilitado el encuentro y el diálogo de los Obispos, cada vez más numerosos, de su país, y esto conforme a su naturaleza propia[152]. Así, ésta y todas las Conferencias episcopales son un punto de encuentro y de diálogo para los Obispos del país, les dice en esa misma ocasión a los Obispos de Brasil[153]. Entre los objetivos de la Conferencia episcopal, les dice Juan Pablo II a los Obispos de Portugal, está el de ser espacio de encuentro y de diálogo para los Obispos de un país[154]. Por su propia configuración y fisonomía, dice en otra ocasión a un grupo de Obispos de Brasil, la Conferencia episcopal es un lugar de encuentro, de diálogo y de enriquecimiento mutuo, por lo que los Obispos reciben y dan en ella[155].

De allí que el Papa haya llamado a la Conferencia episcopal de Brasil, la más numerosa de toda la Iglesia, a un diálogo que no sería sólo de los Obispos del Brasil con la Santa Sede, sino de los mismos Obispos brasileños entre sí, un diálogo franco, donde la verdad no ofende a la caridad y la caridad no dispensa de la verdad[156].

El diálogo entre los Obispos de una Conferencia episcopal resulta útil, dice Juan Pablo II a los Obispos de Austria, a la hora de revisar lo actuado, para detectar posibles deficiencias o incluso procesos equivocados en la vida eclesial de un país[157].

Es un diálogo, dice Juan Pablo II a la Conferencia episcopal del Océano Indico, que se ha mostrado eficaz para tejer lazos entre los Obispos de una Conferencia episcopal que afronta una seria dificultad geográfica, que lleva a una natural tendencia al aislamiento, al estar constituida por innumerables islas[158].

Como consecuencia de lo que venimos diciendo, las Conferencias episcopales son también un espacio para la reflexión en común entre los Obispos y para la participación de los mismos en las preocupaciones de sus hermanos.

Son de particular importancia las observaciones que sobre este punto hizo Juan Pablo II a la Conferencia episcopal más numerosa de la Iglesia, la del Brasil, en su viaje a ese país en 1980[159], ya que, precisamente por su número, y por contar con una muy elaborada estructura, muchas veces se ha supuesto que en ella algunos Obispos son prisioneros de las decisiones de otros que, por sus cargos o por su dedicación, son más influyentes en las decisiones importantes de la Conferencia[160].

Ante todo, el Papa pone en claro que una Conferencia episcopal es obra común de todos sus miembros, y que, por lo tanto, para que sea espiritualmente rica necesita de la participación de todos sus miembros[161].

Por una parte, será mayor esa participación en una Conferencia numerosa cuanto mayor sea la representatividad de los Obispos que ocupan puestos en los órganos de decisión[162]. Pero, por otra parte, crece esa participación cuando la Conferencia resulta un espacio en el que los Obispos pueden realmente encontrarse[163].

Y aunque los Obispos puedan servirse de la ayuda de múltiples expertos cuando estudian los temas que ocupan a la Conferencia episcopal, cuando llega la hora de las decisiones que corresponden solamente a ellos, deben poder tener tiempos suficientemente largos, sin la participación de otros, para el encuentro y el diálogo entre ellos, con la participación de todos[164]. En esta participación, que el Papa alienta en la Conferencia episcopal del Brasil, estará la gracia mayor de la Conferencia[165].

Las reflexiones en común son las que permiten encontrar “las líneas de fondo de una pastoral puesta al día”, que orienten no sólo a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas sino también a los laicos que, junto con los Obispos, se empeñan en la nueva evangelización, afirma el Papa ante los Obispos de Hungría[166].

Los temas de la reflexión en común de la Conferencia episcopal de Portugal van desde los eventos y las situaciones del orden político, hasta los del orden estrictamente eclesial, como por ejemplo algunas interpretaciones del Concilio, dice Juan Pablo II al recibir a estos Obispos en su visita ad limina del año 1987[167].

 

Acción en común

Las últimas afirmaciones nos llevan necesariamente a considerar algunas consecuencias del encuentro y el diálogo de los Obispos en las Conferencias episcopales, y entre ellas la acción pastoral conjunta a la que el encuentro los lleva. Veremos ahora las referencias de Juan Pablo II a esta acción pastoral conjunta de los Obispos a través de la Conferencia.

 

Concreción de la solicitud pastoral universal

En primer lugar abordamos la concreción a través de las Conferencias episcopales de la solicitud pastoral universal que tienen todos los Obispos desde el momento de su consagración[168].

Uno de los modos en que los Obispos pueden actualizar esa solicitud universal, que es para ellos un solemne deber, dice Juan Pablo II a los Obispos de Myanmar, la antigua Birmania, es contribuyendo activamente a la eficacia de la Conferencia episcopal a la que pertenecen[169].

Todo Obispo es, por definición, con-Obispo, dice Juan Pablo II a un grupo de Obispos del Movimiento focolar. Este vínculo, de origen estrictamente sacramental, une no sólo a los Obispos de una misma provincia eclesiástica o una nación, sino de toda la Iglesia católica. Pero también a los de una provincia eclesiástica y una nación. De allí que, sigue el Papa, la “solicitud por todas las Iglesias” que los Obispos están llamados a vivir de acuerdo a su vínculo sacramental hace que los Obispos tengan que hacer suyas no sólo espiritualmente, sino también a veces prácticamente las preocupaciones de los Obispos de otras Iglesias locales; y las Conferencias episcopales serán un instrumento para esto[170].

Explícitamente el Papa se refiere a la solicitud pastoral por su país de los Obispos que forman parte de una misma Conferencia episcopal, en Malta[171]. E incluso hace la misma referencia a los Obispos de Italia, a los que se sabe unido en una común solicitud pastoral por la Nación italiana[172].

Esta solicitud universal, propia de todos los Obispos, que se expresa y se concreta también por parte de cada Obispo para todas las Iglesias de la propia nación, no se agota en una mera preocupación espiritual. El Papa recuerda a los Obispos de Angola y Santo Tomé que ellos tienen una verdadera responsabilidad pastoral, que corresponde a los Obispos no sólo individualmente, sino como Conferencia episcopal, que abarca toda la nación[173].

Esta solicitud pastoral, que no es una preocupación que atañe sólo a cada Obispo en forma individual, sino que embarca a toda la Conferencia episcopal, hace que los Obispos, tal como dice Juan Pablo II a los del Brasil, desarrollen un pastoreo único para la Iglesia en el país, y tengan en conjunto una responsabilidad que no se agota en las propias diócesis, ni siquiera en la nación brasileña, sino que los compromete delante de toda la Iglesia[174]. Una solicitud pastoral que podemos ver reflejada cuando el Papa habla a los Obispos de Austria de la tarea que les corresponde a todos juntos, es decir de la responsabilidad y colaboración colegial que tienen como pastores en las circunstancias concretas de su país[175]. Se trata, en definitiva, de una solicitud pastoral que los Obispos ejercen en conjunto a través de la Conferencia episcopal, que el Papa, hablando a los de Chile, atribuye a la misma Conferencia en cuanto tal[176].

 

La ayuda mutua y la colaboración

Esta solicitud pastoral de los Obispos que participan de una misma Conferencia episcopal requiere un espíritu de mutua ayuda y colaboración, al que el Papa hace extensa referencia. Así, la ayuda mutua entre los Obispos y las Iglesias que ellos presiden aparece como una finalidad de las Conferencias episcopales, que prestan con esto un servicio esencial.

Los Obispos de Filipinas, constata Juan Pablo II y afirma ante un grupo de ellos, se encuentran estrechamente unidos en su ministerio pastoral por el mutuo entendimiento, respeto y apoyo que marcan las actividades de su Conferencia episcopal, especialmente en aquellas cuestiones que requieren la atención y la colaboración de todo el cuerpo episcopal[177]. La unidad y el mutuo apoyo de los Obispos de Irlanda entre sí aparecen a los ojos del Papa como un servicio esencial a la comunidad de creyentes que ellos presiden[178]. Exhorta Juan Pablo II a los Obispos del Congo a comprometerse decididamente en la mutua ayuda y una colaboración más activa a medida que crece su espíritu colegial, sin duda experimentado especialmente en la Conferencia episcopal[179]. A los Obispos de Lituania los llama a buscar nuevo impulso para el ejercicio de su ministerio en la comunión y en el mutuo apoyo[180]. Prácticamente en los mismos términos se dirige a los Obispos de Grecia[181]. La Conferencia episcopal interterritorial de los Obispos de Gambia, Liberia y Sierra Leona ha resultado ser un instrumento útil de comunión y de ayuda mutua para velar por la vida de las comunidades de esos tres países, dice Juan Pablo II a sus miembros[182].

 

A los Obispos de Francia Juan Pablo II les recuerda que la intensa colaboración que hoy se da entre ellos a través de la Conferencia episcopal se encontraba ya de alguna manera prefigurada en San Francisco de Sales que, como Obispo, manifestaba una activa solidaridad con sus hermanos Obispos, bajo la forma de relaciones amistosas, de intercambios de ideas y de emulación espiritual, consciente que los intercambios de opiniones entre ellos podían servir a la misión de toda la Iglesia[183].

Esta colaboración entre los Obispos es requerida por el Concilio, dice el Papa a los Obispos de Hungría, ya que sin ella no pueden cumplir hoy día con la misión que les es propia. Por eso debe ponerse necesariamente en práctica, continúa Juan Pablo II, en el seno de su nación, y por lo tanto a través de su Conferencia episcopal[184]. Esta colaboración entre los Obispos en el seno de una Conferencia, llevada a cabo para aplicar las directivas del Concilio, es verdaderamente un acto de amor pastoral a los fieles, afirma Juan Pablo II ante los Obispos de Japón[185].

Cuando habla de la colaboración de los Obispos en una Conferencia episcopal, Juan Pablo II se está refiriendo a una colaboración de naturaleza colegial. En la primera ocasión en la que el Papa se dirigió al Consejo permanente de la Conferencia episcopal italiana, afirmó que la colaboración que deseaba que en ese momento se diese por iniciada entre él y todos los Obispos de Italia era una colaboración de naturaleza colegial[186]. Hablando a los Obispos de Austria, identifica la tarea que tienen que llevar adelante todos juntos con la responsabilidad y colaboración colegial que les corresponde como pastores[187]. El Papa dice que se referirá, hablando a un grupo de Obispos de Canadá, a algunos aspectos que afectan su actividad pastoral y su colaboración colegial[188]. También considera como una forma de colaboración colegial las reuniones de los Obispos de Suiza en Einsiedeln, que se realizan desde el siglo pasado, mucho antes incluso del Concilio Vaticano II, que valorizó a las Conferencias episcopales[189]. Y afirma que el crecimiento de un espíritu auténtico de cooperación colegial y solidaridad es lo que dará a cada uno de los Obispos de Sudán la fuerza que necesitan para llevar adelante las tareas a las que están llamados[190].

La colaboración entre los Obispos en el seno de su Conferencia episcopal también es llamada por Juan Pablo II colaboración fraterna. La unidad, expresada en colaboración fraterna, es necesaria para los programas pastorales de la Conferencia episcopal de Japón, dice el Papa, y resulta un acto de amor pastoral por el pueblo[191]. La disposición necesaria para promover líneas comunes de actuación crecerá en la medida que crezca la colaboración fraterna entre los Obispos de la Conferencia episcopal de Berlín, dice Juan Pablo II a sus Obispos[192].

El Papa desea que la Conferencia de los Obispos de la República Centroafricana encuentre un ritmo intenso de trabajo y de colaboración madurada en común, según los estatutos que ellos mismos deberán elaborar[193]. Resulta alentador para Juan Pablo II comprobar el espíritu de colaboración que inspira los esfuerzos de la Conferencia episcopal de México para anunciar el mensaje de salvación al hombre de hoy, revitalizando un pasado rico en frutos de santidad[194]. Y también considera alentador comprobar el espíritu de colaboración que anima a la Conferencia episcopal española, alimentado por motivaciones profundas y sobrenaturales, que resulta de gran ayuda para llevar adelante los proyectos de evangelización[195].

Los encuentros de los Obispos de la Conferencia episcopal del Océano Indico, que requieren de sus miembros enormes esfuerzos, ya que viven la tendencia natural al aislamiento por estar dispersos en muchas islas, tienen como fruto una más profunda colaboración entre las diversas diócesis que ellos presiden[196].

La colaboración entre los Obispos dentro de una Conferencia episcopal es un medio que resulta eficaz para alcanzar un mayor bien de los fieles a escala nacional, dice el Papa a un grupo de Obispos de Argentina, citando el canon 447[197]. Lo repite seis meses después con los mismos términos hablando a los de Uruguay[198]. Y vuelve a decirlo, esta vez a los Obispos de Puerto Rico, también prácticamente en los mismos término, un tiempo después, esta vez sin citar el canon[199].

El bien que se sigue de la colaboración de los Obispos dentro de una Conferencia episcopal no es sólo el de los fieles considerados individualmente, sino que, dice Juan Pablo II a los Obispos de Australia con palabras del Concilio, constituye también una “santa unión de energías en el servicio al del bien común de las Iglesias”[200].

Esta colaboración entre Obispos pertenecientes a una Conferencia episcopal, tan rica y de tantas consecuencias, resulta también de muchos frutos cuando son diversas Conferencias las que colaboran entre sí. Por ejemplo las de América Latina a través del Consejo Episcopal Latinoamericano, pionero como expresión de colegialidad, cuando todavía las Conferencias episcopales no se habían consolidado. Así lo afirma Juan Pablo II hablando al Consejo Episcopal Latinoamerica­no, durante su viaje a Brasil del año 1980[201]. También lo dice, hablando a los Obispos de Kenia, para las Conferencias episcopales de los países de Africa oriental, que colaboran a través de la Asociación de Miembros de Conferencias episcopales de Africa Oriental[202]. Se refiere también a la colaboración de las Conferencias episcopales europeas a través del Consejo de las Conferencias episcopales de Europa, nacido precisamente con esta finalidad, según el primer artículo de sus estatutos[203]. Esta colaboración de los Obispos a través de organismos que reúnen a varias Conferencias episcopales, dice Juan Pablo II a los Obispos de Zimbabue pensando en el Encuentro Inter-Regional de los Obispos de Africa del Sur, es una expresión muy real de lo que el Concilio desea de los miembros del Colegio episcopal en la concreción de la sollicitudo omnium ecclesiarum[204].

 

La acción pastoral conjunta

Teniendo en cuenta que el canon 447 define precisamente a la Conferencia episcopal como aquella agrupación de los Obispos de una nación o territorio determinado, que “ejercen conjuntamente algunas funciones pastorales respecto de los fieles de su territorio”[205], en este apartado sobre la acción pastoral conjunta de las Conferencias episcopales reuniremos los pronunciamientos de Juan Pablo II que se refieren a un aspecto indudablemente esencial de la finalidad de las Conferencias episcopales.

Aunque las diócesis de una determinada Conferencia episcopal sean distintas, y sus fuerzas apostólicas también, hay sin embargo tareas comunes para ellas, dice Juan Pablo II a los Obispos de la Conferencia episcopal de Alto Volta, para las que es necesario que los Obispos unan sus esfuerzos[206].

Así, los Obispos de Tanzania son llamados a buscar juntos soluciones realistas en conformidad con la Palabra de Dios frente a los problemas pastorales de cada día, continuando los esfuerzos hechos en común hasta el momento[207].

Asimismo, y para que los esfuerzos no se reduzcan a tentativas aisladas, es tarea de los Obispos buscar en la Conferencia líneas operativas unitarias, en las que se vean comprometidos todos los miembros de la misma. El Papa encuentra que esto es lo que han realizado los Obispos de Italia en la XVI Asamblea general de la Conferencia episcopal italiana, tal como se desprende del comunicado conclusivo[208].

A los Obispos de Hungría los exhorta a que, con oportunas decisiones tomadas en el seno de la Conferencia episcopal, emprendan formas comunes de acción pastoral, junto con una generosa y recíproca colaboración y una sistemática programación, para hacer frente a los problemas pastorales[209].

Un desarrollado sentido de responsabilidad colegial y de trabajo en común a través de la Conferencia episcopal resulta un apoyo fundamental para la búsqueda de la unidad y la coordinación, dice Juan Pablo II a un grupo de Obispos de Filipinas[210].

Una Carta Pastoral, como la escrita para Pentecostés de 1984 por los Obispos de Sri Lanka, puede servir de ejemplo de lo que es una acción pastoral conjunta, que bajo la guía del Espíritu Santo manifiesta la unidad de la Conferencia, dice Juan Pablo II cuando los recibe para visita ad limina de ese año[211].

Una Conferencia episcopal debe asumir autónomamente todas las responsabilidades propias frente a situaciones urgentes, como por ejemplo el secularismo de nuestro tiempo, y afrontarlas con una unidad de acción y de programas acerca de la pastoral de conjunto, para que puedan los Obispos desarrollar el ministerio al que han sido llamados, afirma Juan Pablo II ante la Asamblea plenaria de la Conferencia episcopal italiana[212].

La acción conjunta de los Obispos a través de la Conferencia episcopal, además, se convierte en un ejemplo de gran importancia para que los sacerdotes y religiosos colaboren armónicamente entre sí compartiendo las cargas de las diversas formas de apostolado en cada diócesis, dice Juan Pablo II a los Obispos de Zimbabue[213].

Hay muchas áreas en las que los Obispos de una determinada región o país, dice Juan Pablo II a los Obispos de la antigua Birmania con palabras del Concilio, deben ejercer conjuntamente el oficio pastoral que les corresponde, si pretenden responder en forma efectiva a los desafíos de la fe y de la vida cristiana[214]. Y esta acción conjunta de los Obispos en la Conferencia episcopal, dice a los de Nigeria, sirve para la construcción de la unidad eclesial, en orden a la cual el episcopado fue entregado por su fundador a la Iglesia[215].

El Papa encuentra en su personal responsabilidad pastoral y en la responsabilidad pastoral que tiene en común con los Obispos de Estados Unidos los motivos para sostenerlos y apoyarlos no sólo en su ministerio individual, sino también en sus actividades pastorales conjuntas, con lo cual está dando a entender que esta acción conjunta que los Obispos realizan a través de la Conferencia episcopal es propia del oficio y misión que los mismos han recibido[216].

Para poder ejercer con mayor eficacia y adaptación a la realidad global la urgente y delicada tarea de la renovación en la fe de sus fieles, dice el Papa a los Obispos argentinos, tienen necesidad de un sólido trabajo como Conferencia episcopal[217]. Los Obispos argentinos se han dedicado posteriormente con intensidad a esta acción pastoral conjunta, respondiendo al llamado del Papa a una evangelización nueva con ocasión del V° Centenario del descubrimiento de América[218].

La acción conjunta de los Obispos de Yugoslavia a través de la Conferencia episcopal es fuente de consuelo para el Papa[219]. La acción conjunta de los Obispos de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón hace visible la unidad eclesial, especialmente notable porque sus diócesis son distintas no sólo en su desarrollo histórico sino también en sus actuales situaciones pastorales[220].

Hay situaciones en las que la necesidad del apostolado hace que no sólo resulte conveniente la acción pastoral conjunta de los Obispos a través de la Conferencia episcopal, sino que esta resulta el único modo en que los Obispos pueden intervenir adecuadamente, dice Juan Pablo II a los Obispos de Nigeria. Por ejemplo, el Seminario Nacional Misionero, el Instituto Católico del Oeste de Africa, los dos Seminarios Regionales e Interdiocesanos, el menor y el mayor, la relación con las autoridades civiles, y otros[221].

Antes de terminar este apartado veamos a qué formas concretas de esta acción conjunta de los Obispos a través de las Conferencias episcopales se refiere Juan Pablo II en sus pronunciamientos.

Por ejemplo, el Papa se refiere a estas concreciones hablando a un grupo de Obispos de Portugal, y les dice que abarcan todo el ámbito de la acción de la Iglesia: la vida litúrgica, la catequesis, la relación con los religiosos y religiosas y su inserción en la pastoral, el servicio de la caridad, el empeño social del testimonio cristiano, la pastoral familiar, de los jóvenes y de los migrantes, la religiosidad popular y las relaciones ad extra del ámbito eclesial[222]. También expuso en forma ordenada la acción conjunta de los Obispos de Polonia a través de su Conferencia episcopal cuando visitó su país natal en junio del año 1987[223].

El Papa se refiere también a formas concretas de la acción conjunta de una Conferencia episcopal cuando se dirige a los Obispos de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón, llamándolos a ocuparse de los mayores problemas pastorales que afectan a la vida de la Iglesia y de la misión profética que les corresponde como Obispos, en la que se tocan profundamente la evangelización y la promoción humana[224].

El Papa menciona los esfuerzos conjuntos de los Obispos de la Conferencia episcopal del Chad, en favor de las víctimas de la sequía, y en forma más general, brindando a la población los medios necesarios para un desarrollo autónomo[225]. También los esfuerzos de todas las Conferencias episcopales de América Latina, que han empeñado toda su capacidad y todo su dinamismo en orden a la nueva evangelización, a la que él mismo las llamó el 12 de octubre de 1984 en Santo Domingo[226]. También menciona los esfuerzos concertados de los Obispos de Estados Unidos en orden a la correcta utilización de la absolución general, de acuerdo al canon 961[227].

Por último, podemos ver como para Juan Pablo II esta importancia de la acción conjunta no se agota en la de los Obispos dentro de una Conferencia, sino que se extiende también a la de varias Conferencias actuando unidas entre sí. Se refiere, por ejemplo, hablando a los Obispos de Kenia, a la acción conjunta de las Conferencias episcopales de Africa Oriental[228], y a la coordinación de las energías individuales de los pastores de Europa en orden a la nueva evangelización a través del Consejo de las Conferencias episcopales europeas[229].

Por supuesto, estas iniciativas conjuntas, que son en la mente del Papa, como hemos visto hasta ahora, una tarea propia de las Conferencias episcopales, requieren una amplia consulta, para respetar la autoridad pastoral de cada Obispo en su diócesis, dice Juan Pablo II ante los Obispos de Sri Lanka[230].

 

Potestad legislativa de las Conferencias episcopales

Mucha tinta ha corrido desde el debate en el aula conciliar sobre la posibilidad y la conveniencia de atribuir a las Conferencias episcopales capacidad de tomar decisiones vinculantes de carácter general, por las que quedan sujetos todos los Obispos que forman parte de la Conferencia, y a través de ellos sus Iglesias particulares. No sólo los problemas teológicos, por ejemplo la posibilidad o no de limitar la autoridad de cada Obispo en su diócesis a través de un organismo inferior a la autoridad suprema de la Iglesia, sino también los más inmediatos de la conveniencia práctica, han sido el campo de la discusión.

Es conocida la solución de compromiso adoptada por el Concilio y retomada por el Código, por la que se atribuyen ciertas facultades a las Conferencias episcopales para tomar estas decisiones vinculantes a través de decretos generales, bajo precisas y restrictivas condiciones[231]. También es conocido el hecho de que el Código promulgado muestra una disminución de las funciones estrictamente potestativas de las Conferencias episcopales respecto a los proyectos originales[232].

De todos modos, nada de esto debe alarmar. Desde su origen las Conferencias episcopales tuvieron una finalidad que va mucho más allá del ejercicio con carácter vinculante de la potestad de régimen de los Obispos, aunque a partir del Concilio también esto ha formado parte de la función, y por lo tanto de la finalidad que tienen dentro del ordenamiento eclesial.

Veremos ahora las referencias de Juan Pablo II al ejercicio de la potestad legislativa de las Conferencias episcopales, a su importancia y a su debida dimensión, sabiendo que no se trata de la única finalidad de las mismas.

A este respecto resulta especialmente luminoso el discurso de Juan Pablo II ante la Conferencia episcopal italiana el año de la promulgación del Código, antes que éste entrara en vigor. Comienza diciendo que la misma eficacia del Código de Derecho Canónico, como instrumento para realizar la obra señalada por el Concilio a la Iglesia, necesita la obra diligente, perseverante y corajiosa de las Conferencias episcopales[233]. Más precisamente, se refiere a la tarea legislativa de las Conferencias episcopales, conforme a las materias que les encarga el Código, a través de la cual los Obispos ejercen conjuntamente su ministerio pastoral[234]. Los Obispos, a través de esta tarea legislativa que desarrollan conjuntamente en las Conferencias episcopales expresan, el munus regendi y el munus sanctificandi que han recibido[235].

De esta “misión nueva”, que nace para las Conferencias episcopales a partir del Concilio, y que se expresa claramente a través de todas las funciones que les atribuye el Código, la Iglesia irá tomando conciencia poco a poco, dirá Juan Pablo II a los Obispos y sacerdotes participantes en un curso organizado por la Pontificia Universidad Gregoriana casi a las puertas de la entrada en vigor del Código de 1983[236].

No son muchas pero sí bien claras estas referencias de Juan Pablo II, y nos permiten afirmar que este Papa atribuye ciertamente importancia al ejercicio de la potestad legislativa de los Obispos a través de las Conferencias episcopales, aunque no sea ésta su única ni primaria finalidad.

 

Los límites de la potestad de las Conferencias

La misma preocupación evidenciada en el aula conciliar por preservar la autoridad del Obispo en su diócesis, ante el peligro de ser menoscabada o disminuida indebidamente por la acción de las Conferencias episcopales, es manifestada por el Papa, sin que esto contradiga todo lo que hasta el momento hemos verificado sobre su modo de concebir la finalidad de este instituto jurídico. Para completar, entonces, el cuadro del pensamiento de Juan Pablo II sobre la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales, presentamos ahora sus referencias a los límites de la potestad de las mismas.

La importancia de la cohesión de las fuerzas en el interior de la nación en la que trabaja la Conferencia episcopal, dice el Papa a los participantes en la XVII Asamblea general de la Conferencia episcopal italiana, se debe dar en el ámbito de la legítima y fructuosa autonomía (se entiende que es la autonomía legítima de cada Obispo dentro de su Iglesia particular)[237].

La Conferencia episcopal no puede pretender cercenar, disminuir, y menos suprimir la responsabilidad personal que cada Obispo asume al recibir, con la ordenación episcopal, una misión y los carismas necesarios para cumplirla, dice el Papa a los Obispos de Brasil en su primera visita a ese país. La misión que liga a un Obispo a su Iglesia particular y que lo abre a la solicitud por todas las Iglesias debe ser cumplida con un empeño personal[238].

La fraternidad y colaboración mutua que une a los Obispos en la Conferencia episcopal española, dice el Papa a los Obispos de la provincia eclesiástica de Tarragona y del arzo­bispado de Barcelo­na, se vive en una actitud de servicio eficaz, sin menoscabo alguno de la justa libertad de cada diócesis ni de la debida colabo­ración concorde con los demás miembros del Episcopado[239].

La responsabilidad personal de cada Obispo no es absorbida, sustituida o suprimida por la Conferencia episcopal, y ésta no pretenderá disminuirla o cercenarla, sino solamente servirla, dice el Papa a los Obispos de las provincias eclesiásticas de Lisboa y Evora, Portu­gal[240].

La mutua colaboración de los hermanos dentro de la misma Conferencia episcopal es un eficaz medio para lograr un mayor bien de los fieles a escala nacional, dice el Papa a los Obispos de la Conferencia episcopal argentina, aunque es verdad que esta colaboración en la Conferencia episcopal no significa que ésta pueda tomar el puesto que corresponde a cada Obispo como Pastor inmediato y propio de la diócesis en nombre de Cristo[241]. En los mismos términos se dirige a los Obispos de Uruguay casi seis meses después[242].

Cuando el Obispo se siente unido a los otros Pastores y no desdeña servirse de todas las instancias que le pueden ayudar en el exigente servicio que el Señor y la Iglesia le confían (y entre esas instancias está evidentemente la Conferencia episcopal, aunque no se la mencione expresamente), sin abdicar de sus responsabilidades “personalísimas”, dice el Papa a los Obispos de Holanda al visitar ese país en el año 1985, es totalmente Padre y Pastor, y no mero administrador o menager[243].

Les recuerda a los Obispos de Bangladesh que la acción colegial, que incrementará inmensamente la evangelización en su país, no debe nunca perjudicar su rol como pastores y maestros en la respectiva Iglesia local encomendada a su cuidado[244].

Aunque la colaboración recíproca de los obispos dentro de la misma Conferencia es un medio eficaz para lograr un mayor bien de los fieles a escala interdiocesana o regional, porque las problemáticas que superan el ámbito de una diócesis requieren estudios y orientaciones a nivel nacional, la responsabilidad y competencia del Ordinario en la propia diócesis es primaria e insustituible, dice Juan Pablo II a los Obispos de Puerto Rico[245].

A los Obispos de Sri Lanka les recuerda que es siempre necesaria una amplia consulta para sus iniciativas conjuntas para el bien de la Iglesia en ese país, aunque, al mismo tiempo, deben respetar la autoridad pastoral de cada Obispo en su propia diócesis[246].

A los Obispos de Gran Bretaña les dice que la Conferencia episcopal les permitirá colaborar mejor unos con otros para afrontar los grandes desafíos de esta hora en el campo de la evangelización y la misión, sin que esto disminuya la responsabilidad personal de cada uno de sus miembros[247].

 

Conclusiones

Digamos en primer lugar que, aunque el ministerio de Juan Pablo II en la Sede de Pedro abarca unos cuantos años, no hemos podido percibir en los pronunciamientos realizados a lo largo del mismo ningún cambio sustancial en su modo de concebir la naturaleza eclesiológica y la finalidad de las Conferencias episcopales. Sus afirmaciones, sin ser siempre las mismas, son similares o equivalentes, y ponen en evidencia un pensamiento coherente y uniforme a través de todos los pronunciamientos analizados.

También es importante destacar que, aún dirigiéndose a Conferencias episcopales muy distintas, unas de muchos miembros, otras de pocos, algunas con muchos años de funcionamiento, otras muy recientes, unas con estructuras muy evolucionadas y otras muy precarias, más allá de las lógicas diferencias de acentos en lo que dice a cada una, siempre se encuentra a la base una concepción única de la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales. Presentaremos ahora sintéticamente las conclusiones a las que llegamos sobre esta concepción de la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales elaborada a través de los pronunciamientos de Juan Pablo II.

 

En cuanto a la naturaleza de las Conferencias episcopales

Veamos primero lo que se refiere a la comunión eclesial. Como recordábamos, Juan Pablo II encuentra en la comunión la clave eclesiológica del Concilio Vaticano II[248]. Pero además, podemos tener en cuenta con el Concilio que la comunión es la razón misma de ser de la Iglesia, querida por Dios como sacramento, es decir, signo e instrumento de la comunión de los hombres con Dios y de los hombres entre sí[249].

La Iglesia es precisamente este misterio de comunión que nace de la iniciativa de Dios, se realiza en el misterio pascual y se expande a través del tiempo y del espacio por la acción de la gracia divina y el ministerio de la Iglesia.

Se comprende entonces que las Conferencias episcopales, tal como las entiende Juan Pablo II como instrumentos de la comunión eclesial, aunque no pertenezcan por su propia naturaleza a la constitución divina de la Iglesia, están sin embargo relacionadas con un elemento constitutivo e imprescindible de la misma.

La Iglesia existió durante muchos siglos sin las Conferencias episcopales, pero no existió nunca sin la comunión, ya que ella es precisamente una comunión visible y sobrenatural, es decir, sacramental, de los hombres con Dios y de los hombres entre sí. Hoy, a la luz de la constatación hecha por los padres en el Concilio Vaticano II, las Conferencias episcopales resultan un instrumento útil para realizar, afianzar y acrecentar la comunión de la Iglesia. Por eso Juan Pablo II identifica esta comunión eclesial con la razón de ser y la finalidad primera de las Conferencias episcopales. Podría suceder que el día de mañana las Conferencias episcopales no resulten útiles o fueran menos eficaces para la construcción de la comunión eclesial, como hoy resultan menos prácticos algunos instrumentos de la comunión que en otros siglos fueron imprescindibles, como los Sínodos provinciales. En ese momento podrá prescindirse de las Conferencias episcopales, pero no podrá prescindirse de la comunión eclesial, y deberán surgir otros instrumentos que cubran la labor que hoy éstas realizan.

La profundización de la eclesiología de comunión, rescatada por el Concilio de una cierta sombra en la que había quedado para la teología de occidente, es, entonces, el marco adecuado para profundizar el estudio de la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales. Juan Pablo II no realiza grandes avances por este camino, pero sí da pistas firmes que invitan a realizar nuevos intentos de avanzar en la profundización de la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales. Así, por ejemplo, identificando a Jesús como el fundamento de la comunión entre los Obispos en las Conferencias episcopales y señalando el carácter sobrenatural y sacramental de la comunión que en ellas viven, previene contra una comprensión meramente utilitaria de las Conferencias episcopales, para situarlas debidamente en su relación con un elemento esencial de la Iglesia, como es la comunión.

Las Conferencias episcopales tendrán también un aspecto utilitario, que el Papa no deja de considerar, ya que producen innumerables frutos en el orden de la realización del ministerio episcopal y de la misión de la Iglesia. Juan Pablo II lo menciona repetidamente, como vimos al analizar sus afirmaciones sobre los frutos de la comunión de las Conferencias episcopales. Pero este sentido utilitario de las Conferencias episcopales no debe oscurecer, sino por el contrario iluminar el estudio de su naturaleza eclesial para lo que resulta una clave preciosa la eclesiología de comunión.

Incluso para el estudio y la evolución de la naturaleza canónica de las Conferencias episcopales no bastará limitarse a los aspectos prácticos de su funcionamiento y capacidad jurídica, sino que habrá que tener debidamente en cuenta sus fundamentos ecelsiológicos, en especial sus raíces en la teología de comunión, para que se avance cada vez más y mejor en la línea, señalada por el Concilio y evidenciada por Juan Pablo II, que hace de las Conferencias episcopales útiles instrumentos para la misión de la Iglesia, y en particular para realizar la comunión[250].

Entre los grandes aportes del Concilio Vaticano II a la eclesiología hay que ubicar su clara afirmación de la sacramentalidad de este grado del sacramento del orden y la colegialidad del episcopado[251].

El ministerio episcopal es por su misma naturaleza colegial, ya que los apóstoles fueron llamados a modo de colegio, con Pedro a la cabeza, y como colegio recibieron su misión de carácter universal[252]. Sus sucesores, los Obispos, mantienen la mismas estructura colegial, con el Papa a la cabeza, ya que por su ordenación y con la comunión jerárquica son incorporados al colegio episcopal, sucesor del colegio apostólico. Por la ordenación episcopal el nuevo Obispo comienza a formar parte del colegio episcopal y de la misión universal que al mismo le corresponde.

El Obispo actúa siempre como un miembro del colegio episcopal, a condición de que mantenga su comunión jerárquica con el mismo. La misión canónica, por la que un Obispo recibe como oficio propio una parte de la misión de todo el colegio episcopal, no lo aísla del resto del colegio episcopal. Los demás Obispos, todo el colegio episcopal, sigue teniendo parte en la misión que se le ha dado a uno de sus miembros a través de la misión canónica, y éste sigue relacionado con la misión de todo el colegio episcopal.

En este contexto se puede ubicar la insistencia con la que el Papa se refiere a las Conferencias episcopales como expresiones de la colegialidad episcopal. En ellas los Obispos ejercen juntos algunas funciones propiamente episcopales, que como tales pertenecen a todo el colegio episcopal. De esta manera las Conferencias episcopales se convierten en expresión de la colegialidad del colegio episcopal. Los elementos propios de la colegialidad episcopal se realizan en las Conferencias episcopales: el ejercicio de un ministerio propiamente episcopal, que es parte, por lo tanto, de la misión del colegio episcopal, a través de la acción conjunta de un grupo de Obispos, en comunión con el colegio episcopal y su cabeza. Es el iunctim, que menciona Juan Pablo II, de un grupo de miembros del colegio episcopal y su cabeza.

De todos modos, ya que ninguna Conferencia episcopal está formada por todos los miembros del colegio episcopal, sino sólo por algunos de ellos, la acción de una Conferencia episcopal no puede ser entendida como una acción del colegio episcopal propiamente dicho. Se debe aceptar, entonces, con Juan Pablo II, que la acción colegial de los Obispos a través de una Conferencia episcopal es una expresión parcial, limitada e incompleta de la colegialidad del colegio episcopal. Pero esto último de ninguna manera quita la naturaleza colegial de la acción conjunta de los Obispos a través de una Conferencia episcopal. La participación que cada Obispos tiene en la misión de todo el colegio episcopal, que es de naturaleza colegial, recibe una verdadera concreción práctica a través de su participación en la Conferencia episcopal, en la que los Obispos ejercen una responsabilidad estrictamente colegial, según el parecer de Juan Pablo II, sobre las Iglesias particulares que la integran.

Dado este origen de las Conferencias episcopales en la naturaleza misma del colegio episcopal, resulta comprensible la frecuencia con la que el Papa menciona los frutos de esta realización práctica de la colegialidad efectiva y afectiva de los Obispos, que redundan en una mayor eficacia de su ministerio.

La realización de la colegialidad, elemento constitutivo del ministerio episcopal, en las Conferencias episcopales, está también indicándonos un camino para la comprensión de la naturaleza eclesiológica de las mismas. La comunión eclesial, que en su realización en el colegio episcopal se expresa en la colegialidad propia y constitutiva del ministerio episcopal y de la comunión jerárquica del colegio, es clave de bóveda para entender la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales, y también de su naturaleza canónica[253].

 

En cuanto a la finalidad de las Conferencias episcopales

En primer lugar hemos analizado lo que dice Juan Pablo II sobre el servicio de las Conferencias episcopales a la unidad de la Iglesia. Esta unidad de la Iglesia no significa la uniformidad, ya que en ella hay espacio para la legítima diversidad. La unidad de la Iglesia es la realización práctica y visible del misterio de la comunión que, como hemos visto en el número anterior, es, según el Papa Juan Pablo II, la razón de ser y la primera finalidad de las Conferencias episcopales. Estas resultan un instrumento útil y sumamente adecuado para la unidad eclesial, que es a la vez un deseo, un mandato y una súplica de Jesucristo al Padre[254]. Por este motivo la unidad de la Iglesia, a la que sirven las Conferencias episcopales, es un elemento esencial de la misión de la Iglesia, del que nunca puede prescindirse.

Las Conferencias episcopales resultan hoy, a juicio de Juan Pablo II, instrumentos adecuados para afianzar la unidad entre los Obispos, y a través de ellos, la unidad entre las diócesis que ellos presiden. Son como ejes sobre los que se construye la unidad entre las diócesis, en forma análoga a lo que sucede con las provincias eclesiásticas.

Tratándose de la unidad de la Iglesia, no puede faltar en las Conferencias episcopales la unidad con el sucesor de Pedro, cabeza del colegio episcopal y principio de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles[255]. De esta manera, la unidad entre las diócesis de un mismo país, lejos de perjudicar a la unidad de toda la Iglesia, como podría suceder en una concepción de “Iglesias nacionales” que prescindiera de la comunión jerárquica de la Iglesia en el colegio episcopal, resulta precisamente un servicio que corresponde a las Conferencias episcopales.

Las Conferencias episcopales encuentran, en esta concepción de Juan Pablo II, su razón de ser y primera finalidad en el servicio a la unidad de la Iglesia. Se trata de una unidad dinámica, realizada en la acción y en el aprovechamiento común de los recursos pastorales de las diversas diócesis.

De este servicio a la unidad eclesial realizado por las Conferencias episcopales surgen para los Obispos fuerza espiritual y apoyo para su ministerio. Los Obispos encuentran en la unidad de su Conferencia episcopal, constata Juan Pablo II, una fuente de orden sobrenatural para su eficacia pastoral, un crecimiento de intensidad en su labor, un aumento de credibilidad y de fecundidad de su palabra, una mayor fuerza de persuasión y un mayor crédito para sus pronunciamientos, una fuente de coraje y optimismo ante las dificultades de su ministerio.

La unidad de la Conferencia episcopal se convierte ella misma en una predicación del evangelio, un camino de evangelización, un ejemplo y aliciente para la unidad de los sacerdotes y de todos los fieles, y extiende sus beneficios más allá de los límites de la Iglesia, alcanzando a toda la nación. De la unidad de la Conferencia episcopal surge también una pastoral de conjunto que en algunos campos, como el de la relación con las autoridades, el diálogo entre la fe y las culturas locales y los planes pastorales de alcance nacional, resulta el único camino posible para la acción de la Iglesia.

En una palabra, las Conferencias episcopales, aún sin constituir un instituto que pertenece por derecho divino a la constitución jerárquica de la Iglesia, en su finalidad de ser instrumentos para construir la unidad de la misma, están al servicio de un elemento esencial e imprescindible de la Iglesia. Y de ese servicio se siguen abundantes beneficios de orden práctico en el cumplimiento del ministerio propio de los Obispos, cada uno de ellos principio y fundamento visible de la unidad en sus Iglesias particulares[256]. Desde este punto de vista, no podrían desaparecer hoy de la estructura de gobierno de la Iglesia sin provocar un grave perjuicio en el servicio a la unidad eclesial, a menos que fueran reemplazadas por otro instituto que cumpliera lo que ellas hacen hoy al respecto.

En un segundo momento hemos verificado que para Juan Pablo II una de las finalidades de las Conferencias episcopales consiste en ser, en consonancia con lo que fueron desde el primer momento de su aparición en la vida de la Iglesia, un lugar de encuentro y acción en común para los Obispos que las forman.

Hemos visto que para este Papa las Conferencias episcopales, por su propia naturaleza, son un punto, espacio, lugar de encuentro y de diálogo, de enriquecimiento mutuo y de participación de los Obispos en las preocupaciones de sus hermanos. Pero además, en ellas se concreta en una forma práctica y efectiva la solicitud pastoral universal que corresponde a cada Obispo desde su incorporación al colegio episcopal.

Existe una función pastoral propia del ministerio episcopal, hemos comprobado con Juan Pablo II, que es desarrollada en conjunto por todos los Obispos de una Conferencia episcopal para todos los fieles de su territorio. Los Obispos que forman la Conferencia episcopal, dice Juan Pablo II, tienen una responsabilidad común, de carácter colegial, sobre todas las Iglesias particulares que la integran. Por lo tanto, el mutuo apoyo, la colaboración y la mutua ayuda que se brindan los Obispos a través de la Conferencia episcopal no es de carácter exclusivamente psicológico o afectivo, sino que hunde sus raíces en el mismo ministerio en el que están unidos por el carácter sacramental de su ordenación.

Las líneas operativas unitarias en las que se comprometen los Obispos a través de una Conferencia episcopal, la unidad de acción y de programas, la acción conjunta con la que responden a los desafíos de la fe y de la vida cristiana, que abarcan todos los campos de la evangelización y de la promoción humana, pertenecen a la misión de la Iglesia y más específicamente al ministerio episcopal. Forman parte de contenido real de este ministerio.

Muchos aspectos de este ejercicio conjunto del munus episcopalis a través de las Conferencias episcopales no son fáciles de expresar en los cauces jurídicos actuales de este ministerio, más concentrados en el ejercicio de la potestad de régimen, en sus tres aspectos de potestad legislativa, potestad ejecutiva y potestad judicial. Sin embargo, esto no debería prestarse a confusiones. Así como en la actividad habitual de un Obispo hay muchas acciones que son verdadero ejercicio de su munus episcopalis sin ser estrictamente ejercicio de la potestad de régimen, y no encuentran por eso su expresión jurídica en el Código, así también la finalidad de las Conferencias episcopales no se agota en el ejercicio de esta potestad de régimen que efectivamente realizan, como veremos en seguida, sino que se extiende mucho más allá del mismo. Tal vez hubiera podido mantenerse más abierto y más oxigenado todo el campo del debate sobre la naturaleza y finalidad de las Conferencias episcopales si no se hubiese visto restringido en forma casi exclusiva, a raíz de los debates no resueltos en el Concilio, a la consideración de su capacidad para el ejercicio de la potestad de régimen a través de decisiones vinculantes.

Puede resultar difícil la expresión jurídica de este ejercicio del ministerio episcopal realizado en conjunto por los Obispos a través de las Conferencias episcopales. Pero la dificultad no tiene que llevar a abandonar el intento ni a reducir el campo de observación del accionar y de la utilidad de este instituto jurídico. Existe un amplio espectro de la acción pastoral que es realizado por los Obispos a través de las Conferencias episcopales como lugar de encuentro y de acción en común. Con una cooperación realmente colegial asumen y ejercen una responsabilidad común, colegial, de carácter episcopal, que debe encontrar su efectiva expresión jurídica, aunque vaya más allá del estricto y reducido terreno del ejercicio de la potestad de régimen.

Por último, el Papa también se refiere con contundencia a la finalidad atribuida a las Conferencias episcopales a partir del Concilio, de ser instrumentos para el ejercicio de la potestad legislativa de la Iglesia, tomando decisiones que resultan vinculantes para sus miembros y para las Iglesias particulares que las integran.

La eficacia del Código, que ha dejado abiertos a la legislación particular de las Conferencias episcopales muchos ámbitos que antes eran objeto de una legislación universal, requiere la efectiva realización de esta legislación particular por parte de las Conferencias episcopales, para que la normativa universal pueda llegar a ser efectivamente un cauce del ministerio salvífico de la Iglesia. El Papa reconoce esta finalidad de las Conferencias episcopales, por él mismo promulgada a través del Código de Derecho Canónico, dentro de los límites por todos conocidos.

 

Conclusiones finales

Siempre que se ha entendido la finalidad de las Conferencias episcopales en forma exclusiva o preponderante desde el ejercicio que les corresponde de la potestad legislativa, ha aparecido el temor del cercenamiento, disminución, supresión, sustitución o absorción de la potestad, responsabilidad, competencia, libertad, o autoridad de cada Obispo en su diócesis, con la consiguiente reacción para evitar que se caiga en esos abusos (todos los sinónimos utilizados en esta frase aparecen en los pronunciamientos de Juan Pablo II). Estos temores, además, han impedido profundizar serenamente los fundamentos teológicos de estos coetus episcoporum.

Creo que, a la luz del pensamiento de Juan Pablo II, que hemos estudiado fundamentalmente a través de sus pronunciamientos ante Obispos, teniendo en cuenta el amplio ámbito de la finalidad de las Conferencias episcopales, y en especial, partiendo de la teología de la comunión y profundizando el significado de la colegialidad episcopal, es posible avanzar en el estudio de la naturaleza y finalidad de estos coetus a través de los cuales los Obispos de una misma región o país realizan coniunctim algunas funciones propias de su ministerio.

Desde la teología de la comunión es posible comprender que responsabilidad personal no se opone a acción en común, y encuentro y diálogo entre los Obispos para ejercer conjuntamente algunas de sus funciones pastorales no se opone a libertad de cada uno como pastor propio e inmediato de su diócesis.

Desde una profundización de la colegialidad episcopal podría verse que el ministerio de cada Obispo al frente de su Iglesia particular nunca lo aísla de su participación en la misión del colegio episcopal, y que la cercanía con otras Iglesias particulares lo impulsa a asumir conjuntamente con los Obispos que las presiden algunas responsabilidades, dando así una concreción real y visible al lazo sacramental que los une. Y para esto las Conferencias episcopales resultan hoy un instrumento querido por la Iglesia, comenzando por la autoridad suprema de la misma.

La profundización de estos fundamentos de la naturaleza eclesiológica de las Conferencias episcopales ayudará a una mejor y más acabada comprensión y expresión jurídica de las mismas. Y para esto consideramos que resulta de suma utilidad el análisis de los pronunciamientos de Juan Pablo II que hemos realizado.

Alejandro W. Bunge


[1]        Cf. Juan Pablo II, Discur­so a los Padres congregados para la Clausura de la Asamblea Gene­ral Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, 07/12/1985, AAS 78 (1986) 431‑438: 435.

[2]        Cf. Juan Pablo II, Discurso a los que cumplen su ministerio en la Curia Romana, 28/06/1986, AAS 79 (1987) 189-200: 197.

[3]        No es este el lugar para presentar una bibliografía completa sobre el tema. Baste citar la que presenta A. Antón en su obra Conferencias episcopales, ¿instancias intermedias?, Salamanca, 1989: 15-24.

[4]        Cf. V. Messori - J. Ratzinger, Rapporto sulla fede, Milano 1985: 59-64.

[5]        Cf. Juan Pablo II, Discurso a los que cumplen su ministerio en la Curia Romana, 28/06/1986, AAS 79 (1987) 189-200: 197-198.

[6]        El texto enviado a las Conferencias episcopales como un instrumentum laboris, fechado en Roma el 1 de julio de 1987, fue publicado por Il Regno. Documenti, 33 (1988) 390-396.

[7]        Cf. G. Feliciani, Il potere normativo delle Conferenze episcopali nella comunione ecclesiale, en ME 116 (1991) 87-93: 87. Otros autores que se han referido a este instrumentum laboris son: P. López Gallo, Episcopal conferences: a reply and comment on “Instrumentum laboris”, ME 114 (1989) 149‑176; J. Manzanares, Reflexiones sobre el documento “Estatuto teológico y jurídi­co de las Conferencias episcopales”, REDC 46 (1989) 189‑202.

[8]        En todos los casos, aún al precio de alargar la extensión de este trabajo, citaremos textualmente a pie de página las palabras del Papa, para facilitar la consulta de sus afirmaciones. Esto se haría muy dificultoso si sólo indicáramos el lugar de donde se han tomado, dado la abundancia de las citas. En todas las citas del Papa se indican primero las páginas correspondientes al documento completo, y después la o las páginas donde se encuentra la cita.

[9]        Cf. Christus Dominus, n° 37,1 y 38,1, y can. 447.

[10]      “Es ésta la idea central que, en el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha vuelto a proponer de sí misma. Nos lo ha recordado el Sínodo extraordinario de 1985, celebrado a los veinte años del evento conciliar, «La eclesiología de comunión es la idea central y fundamental de los documentos del Concilio. La koinonía-comunión, fundada en la Sagrada Escritura, ha sido muy apreciada en la Iglesia antigua, y en las Iglesias orientales hasta nuestros días. Por esto el Concilio Vaticano II ha realizado un gran esfuerzo para que la Iglesia en cuanto comunión fuese comprendida con mayor claridad y concretamente traducida en la vida práctica...» (II Asamblea General Extraordinaria Del Sinodo De Los Obispos (1985), Ecclesia sub Verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi. Relatio finalis, II, C, 1)”, Juan Pablo II, Christifideles Laici, n° 19.

[11]      “Na comunhão, em primeiro lugar, pois esta é a razão de ser e a fina­lidade primeira de toda Conferência Episcopal: criar e manter permanen­temente via a comunhão entre os Bispos que a compõem”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janei­ro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 945-946. É necessária uma sólida comunhão entre os Bispos que integram a Conferência episcopal, organismo que tem na vivência da comunhão sua principal finalida­de”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Brasil, en Natal, durante su visita a ese país, 13/10/1991, AAS 84 (1992) 614‑620: 619.

[12]      La comunione ha i suoi strumenti, tra i quali primeggia quello rappre­sentato dalla vostra Conferenza nazionale”, Juan Pablo II, Discurso al Consejo Permanente de la Conferencia episcopal italiana, 23/01/1979, AAS 71 (1979) 362‑367: 366.

[13]      Cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n° 1.

[14]      “Os exhorto a mantener y consolidar esa comunión, premisa indis­pensable para una pastoral eficaz y sin tensiones comunitarias debilitantes”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Bolivia con ocasión de su visita ad limina, 13/11/1980, AAS 72 (1980) 1238‑1241: 1239.

[15]      “Deseo expresar mi aprecio por vuestra voluntad y esfuerzo por mantener y acrecen­tar la unidad y comunión en el seno de la Iglesia y de vuestra misma Conferencia Episco­pal”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Colombia con ocasión de su visita ad limina, 11/06/1985, AAS 77 (1985) 1075‑1080: 1076.

[16]      “Damos gracias a Dios, en fin, por la comunión eclesial que se desarrolla entre vosotros y que permite a la joven Conferencia Episcopal del Océano Indico progresar con vistas a que, en el futuro, aporte aún más su contribución original en favor de la Iglesia universal”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episcopal del Océano Indico, 29/09/1987, L’Oss. Rom. (1987) 911.

[17]      “Agradezco las amables palabras que el señor arzobispo de Oviedo me ha dirigido en nombre de todos y deseo expresar mi aprecio por vues­tra voluntad y esfuerzo por mantener y acrecentar la unidad y comunión en el seno de la Iglesia y de vuestra misma Conferencia episcopal”, Juan Pablo II, Discurso al Arzobispo de Barcelona y a los Obispos de las provincias eclesiásticas de Tarragona y Oviedo, España, con ocasión  de su visita ad limina, 11/11/1991, AAS 84 (1992) 969‑975: 970.

[18]      “Deseo también agradeceros vuestra solicitud por conseguir y afianzar la unidad y la comunión dentro de la Iglesia y en el seno de vuestra Confe­rencia episcopal”, Juan Pablo II, Discur­so a los Obispos alemanes de la región sudoccidental con ocasión de su visita ad limina, 19/12/1992, L’Oss. Rom. (1993) 8-9.

[19]      “Es entonces necesario conservar y reforzar la “communio” entre vosotros, bus­cando de manera particular “ocasiones de oración y liturgia común (Documento final del Sínodo particular para Holanda, 14), porque la “communio”, también y sobre todo la de los mismos obispos, es en su realidad más profunda una comunión de fe, que no puede ser sólo el re­sultado de esfuerzos humanos, sino que tiene necesidad de la gracia de Dios Uno y Trino, y cuyas fuentes principales son la oración y las cele­braciones sacramentales”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Holanda con ocasión de su visita ad limina, 11/01/1988, L’Oss. Rom. (1988) 103‑104 y 106: 104.

[20]      “Deseo que mis palabras de hoy, queridos hermanos, sean de aliento para reforzar aún más la unidad de vuestra Conferencia Episcopal. Esto será una realidad cada día más palpa­ble si la comunión íntima en la fe y en la caridad penetra todo vuestro ser, vuestro obrar, vuestro minis­terio pastoral”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Chile con ocasión de su visita ad limina, 10/03/1989, L’Oss. Rom. (1989) 211‑212: 211.

[21]      Cimentos dessa comunhão ‑bem mais fortes do que tudo quanto poderia dividi‑los ou separá‑los são o único Senhor que os chamou e os fez ministros seus; a única verdade da qual são mestres e servidores ao mesmo tempo; a única salvação em Jesus Cristo que eles anunciam e atua­lizam; a caridade fraterna que os “congrega na unidade” (Cf. Hino “Ubi Caritas”, da Liturgia de quinta-Feira Santa”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 946.Fundamentos desta comunhão, bem mais fortes do que aquilo que poderia dividir, são o único Senhor que vos chamou, a única verdade que servis, a única salvação em Jesus Cristo que anunciais e a caridade fraterna que vos congrega na unidade”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Portu­gal, durante su visita a ese país, 13/05/1982, AAS 74 (1982) 892‑900: 897.

[22]      Se nos perguntássemos pêlos princípios que devem animar esta comunhão, creio que encontraríamos uma resposta cabal naquela antiga e verdadeira fórmula, que permanece sempre válida: “in necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas”. À luz desta verdade, é evidente que a unidade nas coisas necessárias é o pressuposto indispensável para que seja legítima a liberdade, e é também condição para que a união entre os membros da Conferência episcopal constitua expressão da carida­de”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Brasil, en Natal, durante su visita a ese país, 13/10/1991, AAS 84 (1992) 614‑620: 619-620.

[23]      “En mi primera visita pastoral a España os recordaba a todos los hermanos Obispos de la Conferencia Episcopal que el “servicio humilde y perseverante a la comunión es sin duda alguna el más exigente y delica­do, pero también el más precioso e indispensable, porque es servir a una dimensión esencial de la Iglesia y a la misión de la misma en el mundo” (N. 6) [Todo el Discurso en AAS 75 (1983) 241‑250]”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Barcelona y de las provincias eclesiásticas de Tarragona y Valencia, España, con ocasión de su visita ad limina, 07/11/1986, AAS 79 (1987) 887‑891: 888.

[24]      “Si mantenéis esa comunión fraterna, vosotros y vuestras comu­nida­des cristianas, podréis afrontar con mayor facilidad y provecho los retos que se os imponen en el momento actual y que se traslucen de las relaciones que habéis presentado para esta visita ad limina”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Paraguay con ocasión de su visita ad limina, 25/09/1979, AAS 71 (1979) 1408‑1410: 1408-1409.

[25]      “In communione et in mutuo auxilio munimentum invenietis novamque semper initiatio­nem in vestri ministerii exercitio”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Lituania con ocasión de su visita ad limina, 18/04/1988, AAS 80 (1988) 1441‑1447: 1445.

[26]      Dans la communion fraternelle et l'entraide mutuelle, vous trou­verez toujours un soutien réel et un élan nouveau pour l'accomplissement impérieux de vos tâches pastora­les”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Grecia con ocasión de su visita ad limina, 27/01/1989, AAS 81 (1989) 927‑930: 928.

[27]      Entretanto, o serviço pastoral que eles exercem exige, no nível mais profundo que se possa conceber, uma sólida comunhão entre eles”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 946.

[28]      Como é óbvio, comunhão em primeiro lugar dos Bispos entre si e no seio da Con­ferência Episcopal. O serviço pastoral que exerceis exige, ao nível mais profundo, uma sólida comunhão entre vós”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Portu­gal, durante su visita a ese país, 13/05/1982, AAS 74 (1982) 892‑900: 897.

[29]      Na nova etapa do caminho de reconciliação, a vossa Conferência Episcopal só poderá alcançar os objectivos esperados, se for alimentada pôr uma progressiva e intensa comunhão entre todos os membros, de modo que a vossa voz se eleve em uníssono perante os fiéis e perante a socie­dade”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Angola y Santo Tomé y Príncipe con ocasión de su visita ad limina, 05/09/1991, AAS 84 (1992) 574‑579: 576.

[30]      Tudo isso, fruto de uma caridade que, neste plano, se chama amor fraterno, comun­hão que leva a superar particularismos, partidarismos, ou disputas entre grupos e faz integrar dentro de um certo pluralismo sadio a compreensível diversidade”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 947.

[31]      “De esa íntima comunión y fraterno intercambio brotarán, en efec­to, muchos frutos de coordinación pastoral a escala nacional, con bene­ficio para cada una de vuestras cir­cunscripciones eclesiales y para la tarea apostólica en su conjunto”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Panamá con ocasión de su visita ad limina, 17/11/1983, AAS 76 (1984) 406‑410: 407.

[32]      No que se refere às intenções, sabem Vossa Eminências e Ex­celências e sabem meus colaboradores aqui presentes que a única intenção é a de reforçar ainda mais uma comunhão ‑a dos Pastores de um imenso País e de uma Igreja per muitos aspectos notável, entre si e com o Su­cessor de Pedro‑ comunhão esta, que deve ser fundamento da comunhão dos fiéis entre si e com os Pastores, a fim de que tel comunhão eclesial seja e apareça como sacramen­to de comunhão diante da comunidade huma­na”, Juan Pablo II, Discurso a los Cardenales y un grupo de Arzobispos y Obispos de Brasil al comenzar el encuentro de diálogo en el Vaticano, 13/03/1986, AAS 78 (1986) 1039‑1045: 1041-1042.

[33]      “Haec unitas inter vos, Pastores, nucleus et radix erit perfectae communionis eccle­sialis, quae omnes amplectitur in Christo: Episcopos, sacerdotes, religiosos, populum fidelium”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Hungría con ocasión de su visita ad limina, 13/11/1987, AAS 80 (1988) 646‑651: 651.

[34]      “Esta comunión, queridos hermanos, deseáis vivirla ante todo “entre vosotros”, en el seno de la Conferencia Episcopal, a pesar de la diversidad de problemas, lenguas y culturas. Y este testimonio tiene gran importancia para la Iglesia y para la nación belga”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Bélgica, en Malinas, durante su visita a ese país, 18/05/1985, L’Oss. Rom. (1985) 357‑359: 358.

[35]      Vorrei suggerirvi in primo luogo di potenziare costantemente gli incontri della vostra Conferenza Episcopale; essi si dimostrano sempre più utili e talvolta necessari, proprio per riuscire a creare quella mentalità e quella atmosfera di “comunione” e di “comu­nità” richiamate e sottolineate dal recentissimo piano pastorale della Conferenza Episco­pale Italiana per il prossimo decennio. “Una più profonda comprensione del dono della comunione ‑è scritto nel Documento pubblicato in proposi­to‑ accrescerà senza dubbio in tutta la nostra Chiesa la grazia dell'u­nità vissuta nella carità e renderà credibile l'annuncio evangelico che essa è chiamata a portare” (n. 1)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos del Lacio, Italia, con ocasión de su visita ad limina, 05/11/1981, AAS 74 (1982) 17‑23: 21-22.

[36]      The concrete implementation of this ecclesial communion and joint action by an Episcopal Conference takes on a variety of forms. I would like to point out two which are particular relevance in our efforts to proclaim the Gospel”, ... First of all, the Episcopal Conference should “strive to address the major pastoral problems affecting the life of the Church”.... A second matter which cannot be overlooked arises from “our prophetic mission” as Bishops”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Con­ferencia episcopal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón en la parroquia de San José de Port Moresby, durante su visita a ese país, 08/05/1984, AAS 76 (1984) 1010‑1014: 1012-1013.

[37]      “En Costa Rica tiene asimismo su sede el Secretariado Episcopal de América Central, el SEDAC, nacido precisamente de la necesidad senti­da de coordinar la acción pastoral en la región. Con profunda estima saludo a todos los miembros de este organismo episcopal, que mantiene con el CELAM íntimos lazos que lo ayudan a un mejor servicio eclesial. Son diversas e importantes formas de comunión pastoral para un más fe­cundo trabajo en las Iglesias, que no pueden estar aisladas, sino muy compenetradas recíprocamente”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de América Central en Costa Rica, durante su visita a ese país, 02/03/1983, AAS 75 (1983) 695‑702: 700.

[38]      Ho ancora vivo nell'animo il gioioso ricordo dell'incontro dell'11 ottobre scorso con i partecipanti al VI Simposio del Consiglio delle Conferenze Episcopali d'Europa (CCEE), ed è sotto l'impressione di quella forte esperienza di comunione ecclesiale che mi rivolgo a voi con questa lettera, quasi per proseguire il discorso allora avviato”, Juan Pablo II, Mensaje a los Presidentes de las Conferencias episcopales de Europa, 02/01/1986, AAS 78 (1986) 454‑457: 454.

[39]      “Es preciso que ese Consejo [de las Conferencias episcopales de Europa] consolide la dimensión de comunión ‑entre sí y con el Sucesor de Pedro‑ de los obispos y de los Episco­pados, propia del Sínodo”, Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea de los Presidentes de las Conferencias episcopales europeas, 01/12/1992, L’Oss. Rom. (1992) 720.

[40]      Sinto grande alegria em poder receber‑vos como Colégio episcopal da promissora nação moçambicana”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Mozambique con ocasión de su visita ad limina, 23/09/1982, AAS 74 (1982) 1226‑1233: 1126.

[41]      “Una característica significativa de vuestro Colegio es el hecho de que la mayoría de vosotros, durante algún tiempo, no han podido ejer­cer públicamente el ministerio sacerdotal y han tenido que ejercer pro­fesiones civiles, casi siempre obreras, experimentando desde dentro las condiciones de la vida diaria de la gente de hoy, los problemas de los laicos y las dificultades del mundo del trabajo (...) El decano de vuestro Colegio es el arzobispo de Praga, el vene­rado cardenal Toma­sek ... Amados hermanos en el episcopado, ojalá mi primera visita a vuestra patria favorezca la firme unión de esta Iglesia con el Sucesor de Pedro, y al mismo tiempo promueva la constante y cada vez más profunda unidad dentro de vuestro Colegio, así como entre vosotros y aquellos que han sido confiados a vuestro cuidado pastoral”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de la Confe­rencia episcopal Checoslovaca, 21/04/1990, L’Oss. Rom. (1990) 232.

[42]      “Cum de manifesta progressione formarum, quibus collegialis ratio Epis­copatus significatur, agamus, oportet saltem memoremus quo cursu Confe­rentiae Episcopales nationales in Eccle­sia universa aliique collegialis compaginis modi, sive internationales sive cuiusvis continen­tis proprii, sint stabiliti”, Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor hominis, 04/03/1979, AAS 71 (1979) 257‑324: 264-265.

[43]      “Vosotros la vivís entre vosotros; nosotros la vivimos juntos, uniendo la Iglesia que está en Alto Volta a la vida y a las preocupaciones evangélicas de la Iglesia universal. La colegialidad es un elemento estructural de la Iglesia, un modo de gobierno del Episcopa­do, al que nuestra época, siguiendo en esto una importante enseñanza del Concilio Vaticano II, concede un legítimo y particular relieve. El hecho de llevarla a la práctica ‑día a día lo experimentáis ciertamente‑, es un gran apoyo para vuestra acción pastoral y también una esperanza para el aumento de su eficacia. Pero nuestra colaboración episcopal hemos de fundamentarla, sobre todo, en razones espirituales, teológicas, por ser la persona del Señor la fuente de nuestro ministerio”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Alto Volta, durante su viaje a ese país, 10/05/1980, L’Oss. Rom. (1980) 306.

[44]      Cf. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, n° 22.

[45]      Cf. Concilio Vaticano II, Nota Praevia de la Lumen Gentium, 1ª.

[46]      Avec tous les Evêques, vous avez pu vous réunir dans le mois qui ont précédé cette visite, par provinces ecclésiastiques, puis tous ensemble en Conférence épiscopale du pays (...) Les réunions d’Evêques sont le signe de la collégialité jus­tement mise en valeur par le Concile Vatican II, et une façon concrète de l'exercer”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Vietnam con ocasión de su visita ad limina, 17/06/1980, AAS 72 (1980) 631‑634: 632.

[47]      A Conferência Episcopal, como é sabido, tem estes objectivos: ser espaço de encontro e diálogo, na vivência da Colegialidade efectiva e afectiva entre os Bispos”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de la provincia eclesiástica de Braga, Portugal, con ocasión de su visita ad limina, 04/02/1983, AAS 75 (1983) 487‑492: 489.

[48]      “Vi sono poi le Conferenze Nazionali dei Vescovi, che in vari modi tendono ad esprimere quello "iunctim" che è il punto di contatto tra il carattere “collegiale” dei Vescovi e quello “primaziale” di Pietro nell'esercizio del rispettivo ministero pastorale nella Chiesa”, Discurso a los Cardenales, Prelados y Oficiales de la Curia Romana, 28/06/1980, AAS 72 (1980) 644-665: 647.

[49]      Cf. can. 115 § 2.

[50]      Nous savons que la collégialité a un double caractère: elle est “effective”, mais elle est aussi “affective”. Et cela est profondément conforme à son origi­ne, qu'elle a trouvée autour du Christ dans la communion des “Dou­ze””, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Francia, durante su visita a ese país, 01/06/1980, AAS 72 (1980) 723‑731: 723.

[51]      Em conjunto, como concretização local da Colegiali­dade dos Bispos, dizeis‑vos profundamente confidentes n'Aquele que os dá a força, e que é fiel à promessa que nos fez: “Eu estou convosco todos os dias até ao fim do mundo” (Mt 28,20)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Mozambique con ocasión de su visita ad limina, 15/04/1988, AAS 80 (1988) 1427‑1434: 1428.

[52]      Da mesma missão do Bispo, que o insere em um Colégio Episcopal, deriva ainda uma outra expressão desta “colegialidade”, que são as Conferências Episcopais, definidas e propugnadas pelo Vaticano Segundo e adequadamente enquadradas no Código de Direito Canônico”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la provincia eclesiástica de Porto Alegre y regional Sur‑tres, de Brasil, con ocasión de su visita ad limina, 16/02/1985, AAS 77 (1985) 814‑819: 818.

[53]      No intercâmbio de experiências e pareceres, na troca de opini­ões, há sempre subja­cente à expressão da Colegialidade afetiva e efetiva dos sucessores dos Apóstolos”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la provincia eclesiástica de Porto Alegre y regional Sur‑tres, de Brasil, con ocasión de su visita ad limina, 16/02/1985, AAS 77 (1985) 814‑819: 818.

[54]      Não posso esquecer o caráter quase pioneiro desta Conferência. Ela nas­ceu, já com este nome de Con­ferência de Bispos, no longínquo 1952, uma das primeiras do mundo a se constituir, muito antes que o Concílio Ecumênico Vaticano II pusesse em nova luz a doutrina da colegialidade episcopal e preconizasse justamente as Conferências Episco­pais, como expressão peculiar e órgão particular­mente apropriado dessa colegialidade”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 945.

[55]      “Vuestra colaboración colegial no es sólo un medio para dar un apoyo general a los religiosos asistiéndolos en la solución de problemas particulares que afectan inevitablemente sus vidas; significa también una auténtica práctica de colegialidad, un auténtica y vital relación entre el Episcopado y los religiosos”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Estados Unidos con ocasión de su visita ad limina, 19/09/1983, L’Oss. Rom. (1983) 681‑682: 681.

[56]      I wish to encourage you in this important collegial endeavor, which is linked to your fraternal charity and your pastoral zeal for the universal mission entrusted to you as Successors of the Apostles”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episco­pal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón en la parroquia de San José de Port Moresby, durante su visita a ese país, 08/05/1984, AAS 76 (1984) 1010‑1014: 1011-1012.

[57]      “Dada la amplitud de los problemas pastorales y la interdependen­cia que en muchos de ellos se observa entre los diversos países, en especial si son limítrofes, será conveniente establecer vínculos de colaboración también con las demás Conferencias Episcopales, “a fin de que el afecto colegial tenga una aplicación concreta” (Lumen gentium, 23)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episcopal Checoslovaca, 21/04/1990, L’Oss. Rom. (1990) 232.

[58]      Mais la collégialité, au sens strict, est plus que votre colla­boration entre vous. Elle unit tous les évêques entre eux, autour du Successeur de Pierre, pour enseigner la doctrine de la foi, mettre en oeuvre la discipline commune, et faire face aux besoins et au progrès de l’Eglise universelle ... C'est pourquoi parler de collégialité, c'est souligner votre solida­rité totale avec le Chef du collège et, avec lui, votre responsabilité dans l'ensemble du collège, avec la conscience que vos déclarations officielles, vos actions, vos orientations, la façon d'exercer votre ministère épiscopale en Suisse, sont nécessairement aussi “pour les autres”, dont elles affectent l'engagement pastoral”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Suiza, en la Abadía de Einsiel­den, durante su visita a ese país, 15/06/1984, AAS 77 (1985) 51‑59: 54.

[59]      The “common bond” which you share as Bishops, representatives of Christ in your local Churches, is not a static link but one that needs to be “strengthened constantly”. This strengthening is brought about, in the first place, by ever greater collegial unity “with the bishop of Rome”, head of the Episcopal College, but it “also” requires a strengthening of the “collegial spirit among yourselves” as a group of Pastors belonging to one “Episcopal Conference””, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Bangladesh con ocasión de su visita ad limina, 03/09/1985, AAS 78 (1986) 16‑20: 18-19.

[60]      “Es para mí motivo de satisfacción comprobar la voluntad decidida que mostráis por mantener y consolidar el espíritu colegial y la unidad en el seno de vuestra Conferencia Episcopal y con toda la Iglesia. Sois conscientes de la importancia de este testimonio, pues no sólo dais así mayor vigor a vuestro ministerio sino que además hacéis más eficaz vues­tra acción pastoral”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Panamá con ocasión de su visita ad limina, 30/01/1989, L’Oss. Rom. (1989) 115‑116: 115.

[61]      “Ob id ipsum, Concilium Vati­canum II, rursus antiquam naturae collegialis episcopatus proponens doctrinam, voluit Conferencias Episcopales in lumine collocare, “ut communicatis experientiae luminibus collatisque consiliis sancta fiat ad com­mune Ecclesiae bonum conspiratio” (Christus Dominus, 37)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Lituania con ocasión de su visita ad limina, 18/04/1988, AAS 80 (1988) 1441‑1447: 1444-1445.

[62]      Desidero esprimere la speranza che questo aspetto collegiale della vostra missione di pastori possa continuare ad ispirare il lavoro della vostra Conferenza che trova le sue origini fin dagli anni del Concilio Vaticano II”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos lati­nos de la Región Arabe con ocasión de su visita ad limina, 03/02/1989, AAS 81 (1989) 934‑939: 935.

[63]      It is in the exercise of your fraternity in Christ, with all its collegial manifesta­tions, that you fulfill the offices of sanctifying, teaching and governing your people, mutually support one another as Bishops and keep faith with Christ through Peter”, Juan Pablo II, Dis­curso a un grupo de Obispos de Nigeria con ocasión de su visita ad limina, 26/09/1987, AAS 80 (1988) 255‑261: 255-256.

[64]      Cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n° 19.

[65]      Enfin, à propos de vos responsabilités d’Evêques, Frères bien aimés, je vous encourage à unir vos efforts dans une collégialité toujours plus profonde, affective et effective”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de Gabón, durante su visita a ese país, 18/02/1982, AAS 74 (1982) 633‑636: 636.

[66]      “Al proponer esta iniciativa a vuestro celo pastoral, mi primera intención ha sido la de afirmar la responsabilidad colegial con relación al estado de vida religiosa, que está íntimamente ligado al misterio de la Iglesia y al misterio del Episcopado”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Estados Unidos con ocasión de su visita ad limina, 19/09/1983, L’Oss. Rom. (1983) 681‑682: 681.

[67]      On the occasion of your meeting in Collegeville, Minnesota, I wish to assure you of my spiritual closeness to you and of my prayerful support for your pastoral initiative. You are assembling in a spirit of colle­gial responsibility to reflect in the vital subject of vocations for your local Churches”, Juan Pablo II, Mensaje a los Obispos de Estados Unidos, 14/05/1986, AAS 79 (1987) 204‑206: 204.

[68]      “Un apoyo fundamen­tal en esta tarea de coordinación y unidad, como objetivo a alcanzar, es el desa­rrollado sentido de responsabilidad colegial y de trabajo en común que vosotros, los obis­pos, mostráis a través de las reuniones y actividades de vuestra Conferencia Episcopal”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de las regiones de Luzón Norte y Bikol, de Filipi­nas, con ocasión de su visita ad limina, 25/10/1985, L’Oss. Rom. (1985) 801‑802: 801.

[69]      “En este marco de la evangelización adquiere su pleno sentido la Declaración de los obispos de Europa que se acaba de leer: “Responsabi­lidades de los cristianos de cara a la Europa de hoy y de mañana”. Este documento, elaborado en común, es un apreciable fruto de la responsabi­lidad colegial de los obispos del conjunto del continente europeo ... Saludo con gozo este signo alentador de una responsabilidad colegial que progresa en Europa, de una más afirmada unidad entre los Episcopados”, Juan Pablo II, Discurso a los represen­tantes de las Conferencias episco­pales europeas, en Subiaco, 28/09/1980, L’Oss. Rom. (1980) 695‑696: 695.

[70]      In God's plan, holiness is essential for all effective Church leadership; it is at the basis of all genuine pastoral concern and co­llegial activity. Yes, holiness is the great priority on our lives”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Ghana con ocasión de su visita ad limina, 12/11/1981, AAS 74 (1982) 30‑32: 32.

[71]      In a great nation such as Canada, with vast Dioceses that have special needs of evangelization and catechesis, there must exist a spe­cial solidarity based both on Episcopal collegiality and on that general shared‑responsibility which is an exigency of Baptism”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Canadá con ocasión de su visita ad limina, 30/09/1983, AAS 76 (1984) 355‑360: 357-358.

[72]      “De esta manera, la colegialidad episcopal será una escuela de virtudes humanas y sobrenaturales, en la que todos sus miembros actúen aportando su propia “interioridad”, enriquecida por su unión personal e íntima con Cristo”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Colombia con ocasión de su visita ad limina, 04/12/1989, AAS 82 (1990) 701‑707: 702.

[73]      Se me fosse lícito inspirar‑me na minha experiência pessoal de Bispo e também de membro de uma Conferência nacional, eu não hesitaria em dizer que uma manifestação qualquer de uma Conferência Episcopal produz tanto mais impacto (falo do impacto real, profundo e duradouro, não necessariamente clamoroso), quanto mais nele se refletir a unidade, como alma da Colegialidade episcopal, que concretamente se encarna neste grupo de Bispos”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 946.

[74]      “Ante esta situación [el desarrollo de los acontecimientos en Polonia], tiene una significación especial la unidad colegial de la Conferencia Episcopal, que ‑siendo un apoyo para todo obispo‑ lo es particularmente para el primado”, Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria del Episcopado polaco, en Jasna Góra, durante su visita a ese país, 19/06/1983, L’Oss. Rom. (1983) 362‑363: 362.

[75]      “No cabe duda de que para ejercer con mayor eficacia y adaptación a la realidad estas urgentes y delicadas tareas, necesitáis potenciar la dimensión colegial de vuestra labor como Conferencia Episcopal”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Uru­guay con ocasión de su visita ad limina, 14/01/1985, AAS 77 (1985) 657‑662: 659.

[76]      “La consolidación del sentido colegial en el seno de vuestra Confe­rencia Episcopal contri­buirá ciertamente a dar vigor a vuestro ministe­rio y a una mejor adaptación a las realidades pastorales”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Puerto Rico con ocasión de su visita ad limina, 27/10/1988, AAS 81 (1989) 598‑603: 598-599.

[77]      “Si practicáis, como en el pasado, el consenso colegial, que caracteriza a las relaciones de vuestra Conferencia, y el consenso con vuestros hermanos en el episcopado de todo el mundo, podréis también en el futuro cumplir las graves tareas que se presenten.”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos alemanes de la región sudocciden­tal con ocasión de su visita ad limina, 19/12/1992, L’Oss. Rom. (1993) 8-9: 8.

[78]      I am deeply pleased to note your apostolic zeal and to encourage you in your colle­gial efforts in so many differents fields, for example: your work for vocations to the priesthood and to religious life; the promotion of the family; initiatives aimed at the effecti­ve incultura­tion of the Gospel message in the lives of the faithful; continued ef­forts to foster integral human development through education, health and social services; the establishment of Christian communities bearing witness to peace, unity and fraternal love; solicitude for the enormous problem of the refugees; a generous sharing of resources; and united action in addressing various problem”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Kenia con ocasión de su visita ad limina, 06/12/1982, AAS 75 (1983) 151‑154: 151-152.

[79]      Ce travail [collégial], qui nécessite un rythme soutenu de réunions, ou au moins d'assemblées générales, doit demeurer avant tout celui des Evêques eux‑mêmes avec l'aide éventuelle de secrétariats qui restent à leur service ‑à leur place subordonnée‑ et je dis: de tous les Evêques du Zaïre, surtout lorsque leur responsabilité pastorale est engagée dans des graves questions touchant la théologie, la liturgie, l'éthique familiale, les déci­sions dans le domaine scolaire”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Zaire con ocasión de su visita ad limina, 12/04/1983, AAS 75 (1983) 617‑622: 621

[80]      “Vigor Synodi revera pendet ex magnitudine diligentiae, qua prae­parata est inter communitates ecclesiales Conferentiasque episcopales; quanto melius geritur collegialitas inter Episcopos concreto modo ‑dum communio exprimitur intra singulas Ecclesias‑, tanto maiores utilitates esse possunt, quas illi congressioni Synodi afferunt”,  Juan Pablo II, Discurso a los miembros del Consejo de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, 30/04/1983, AAS 75 (1983) 648‑651: 650-651.

[81]      Cf. G. Feliciani, Le Conferenze episcopali, Bologna 1974: 59-95.

[82]      Cf. G. Feliciani, Le Conferenze episcopali..., 373-385.

[83]      Cf. G. Feliciani, Le Conferenze episcopali..., 542-545.

[84]      Cf. can. 447 y Christus Dominus, n° 38.1.

[85]      Cf. can. 455.

[86]      Cf. Jn 17,21.

[87]      “La unidad entre todos vosotros, amados hermanos, en la verdad, en la fe y en la caridad, será una respuesta elocuente al deseo expresa­do por el Señor en su plegaria al Padre: “Que todos sean uno” (Jn 17,21)”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos del Perú con ocasión de su visita ad limina, 13/05/1989, L’Oss. Rom. (1989) 351‑352: 351.

[88]      Cf. Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Nigeria con ocasión de su visita ad limina, 03/09/1987, AAS 80 (1988) 59‑64, nros. 3 y 4: 60-62. Citamos ahora sólo el párrafo inicial del tema en ese discurso: Sharing, as we do, a common pastoral responsibility for these local Churches of yours, I wish to reflect with you briefly on an issue of capital importance, namely, your unity and concerted action as Bis­hops”.

[89]      Précisé­ment, je réexprime mes voeux ardents pour que l'un des instruments privilégiés de cette unité de vue et d'action apos­tolique ‑à savoir la Conférence épiscopale avec ses diverses structures‑ se développe concrètement et harmonieusement”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Vietnam con ocasión de su visita ad limina, 11/12/1980, AAS 73 (1981) 18‑21: 20.

[90]      “La unidad y la concordia, de las que vuestro sínodo es instrumento en el seno de vues­tra Iglesia armenia católica, las ponéis en práctica también con toda la familia católica tomando parte de las asambleas de la jerarquía de los diversos países del Próximo Oriente o en las Confe­rencias Episcopales de los países de vuestra diáspora”, Juan Pablo II, Discurso al Sínodo patriarcal católico armenio, 26/08/1989, L’Oss. Rom. (1989) 613: 613.

[91]      Et en même temps, vous ressentez la nécessité de fortifier l'u­nité, encore fragile, entre tous les diocèses, et votre Conférence épis­copale s'y emploie activement. Cette union est requise par la nature même de l’Eglise, qui est communion de communautés”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de Camerún con ocasión de su visita ad limina, 13/11/1982, AAS 75 (1983) 56‑62: 58.

[92]      “Vuestra propia Conferencia Episcopal refleja de un modo admira­ble “la unidad de la Iglesia de Cristo””, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de la Conferencia Episcopal del Pacífico con ocasión de su visita ad limina, 13/02/1984, L’Oss. Rom. (1984) 125‑126: 125.

[93]      A ce propos, je voudrais attirer votre attention sur la mission qui revient à la Conférence épiscopale comme telle; elle vous aidera `affermir l'unité des diocèses dans les diverses régions du pays”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Vietnam con oca­sión de su visita ad limina, 24/11/1990, AAS 83 (1991) 680‑686: 682.

[94]      Oui, vous êtes les artisans de l'unité diocésaine, et aussi les serviteurs de l'unité de l'Eglise au Zaïre, grâce à votre collaboration confiante dans le cadre des Provinces et de la Conférence épiscopale”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Zaire con ocasión de su visita ad limina, 23/04/1988, AAS 80 (1988) 1449‑1455: 1451.

[95]      Your personal witness of fidelity to the Church's teachings and your unity and mutual support within the Episcopal Conference is an essential service to the community of faith over which you preside in love”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Irlanda con ocasión de su visita ad limina, 27/08/1987, AAS 80 (1988) 52‑59: 55.

[96]      Dear brother Bishops: your own contribution of unity among yourselves, your experiencing together the love of Christ, and your bearing witness to this love are them­selves splendid acts of Episcopal leadership ‑ a pastoral contribution to the local churches over which you preside and which you love and serve”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Africa Meridional con ocasión de su visita ad limina, 27/11/1987, AAS 80 (1988) 682‑686: 686.

[97]      Ainsi, que celui d'entre vous qui a des ouvriers apostoliques en nombre raisonnable pense à celui qui en a moins. Que celui d'entre vous que bénéficie de structures ecclésiales de formation en fasse profiter aussi les autres. Bref, que votre Eglise au Togo fasse preuve d'une unité dynamique, fruit d'une adhésion à l'essentiel dans une communion active animée par la charité de Dieu!”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Togo con ocasión de su visita ad limina, 12/06/1989, AAS 81 (1989) 1321‑1325: 1323.

[98]      Unity of faith and discipline should likewise find ample expres­sion in concerted service of others, especially those most need of com­passion and concern. Such “united action in works of charity” has long been a “hallmark of the Church in your country””, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Bangladesh con ocasión de su visita ad limina, 03/09/1985, AAS 78 (1986) 16‑20: 18.

[99]      I wish to encourage you along this path. Above all I encourage you to work in unity, so that everyone in the Church in Bangladesh will come together in a renewed and more conscious sharing in the Church's apostolate. As you yourselves wrote, your are indeed “as the threshold of a new Advent, a new moment of this grace and mission servi­ce””, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Bangladesh, en Dacca, durante su visita a ese país, 19/11/1986, AAS 79 (1987) 916‑922: 917.

[100]    “Queridos Hermanos: Que este encuentro confirme y consolide a la vez su unión mutua y su labor evangelizadora como Obispos y Pastores de la Iglesia en ese País”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Repú­blica Dominicana con ocasión de su visita ad limina, 27/08/1988, AAS 81 (1989) 68‑72: 72.

[101]    “En esta tarea, vivid intensamente la unión entre vosotros mis­mos, así como con el Sucesor de Pedro y con toda la Iglesia”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Puerto Rico con ocasión de su visita ad limina, 27/10/1988, AAS 81 (1989) 598‑603: 599.

[102]    “Queridos hermanos: Pido al Señor que esta visita ad Limina Apostolorum confirme y consolide aún más la unión entre vosotros y con la Iglesia universal”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos del Perú con ocasión de su visita ad limina, 13/05/1989, L’Oss. Rom. (1989) 351‑352: 352.

[103]    “Lo que más caracteriza de modo particular a la Conferencia del episcopado polaco es la unidad, que es fuente de fuerza espiri­tual”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Polonia, durante su visita a ese país, 05/06/1979, L’Oss. Rom. (1979) 296‑299: 296.

[104]    Ver nota 74.

[105]    Não devemos, de resto, iludir‑nos: a pregação melhor que podem fazer os Bispos de uma Nação, o serviço mais frutuoso que podem prestar à sua gente, o gesto mais eficaz que podem realizar será certamente a demonstração veraz e visível que puderem dar de comunhão entre eles”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 946.

[106]    Cette union des esprits et des coeurs constitue en elle‑même un chemin de l’évangélisation”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obis­pos de Vietnam con ocasión de su visita ad limina, 11/12/1980, AAS 73 (1981) 18‑21: 20.

[107]    This unity requires from Bishops the “collegialitas effectiva” and the “collegialitas affectiva” with the Successor of Peter and with all their brother Bishops throug­hout the world. It likewise requires a special manifestation of unity among the Bishops of each Episcopal Conference. This latter dimension is of particular importance for the effect that it has on all local aposto­lic endea­vors”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Japón, en Tokio, durante su visita a ese país, 23/02/1981, AAS 73 (1981) 405‑410: 406.

[108]    “Esta Sede Apostólica conoce, en efecto, la fraternal cohesión que caracteriza a los Pastores de la Iglesia en el Paraguay. Y vosotros percibís bien la importancia de este testimonio, que es el primer aporte al pueblo confiado a vuestros cuidados”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Paraguay con ocasión de su visita ad limina, 15/11/1984, AAS 77 (1985) 371‑376: 372.

[109]    “Aunque no puedo alargar más este encuentro, no quiero concluirlo sin manifestaros mi profunda alegría por la cohesión y sintonía de senti­mientos y de propósitos que reinan entre vosotros. Mantened ese gran bien, queridos Hermanos, que tanto favorece vuestra misión individual y colectiva”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Honduras con oca­sión de su visita ad limina, 26/09/1983, AAS 76 (1984) 129‑133: 132.

[110]    Ver nota 33.

[111]    “Considerad también que la unidad entre vosotros mismos, como obispos, vivida con pleno convencimiento, se convierte en un poderoso motivo para desear la unidad por parte de vuestros sacerdotes”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episco­pal de Berlín con ocasión de su visita ad limina, 28/10/1982, L’Oss. Rom. (1983) 31.

[112]    “Esa unidad entre vosotros se convertirá en el más poderoso motivo para promover la unidad entre vuestros sacerdotes, agentes pastorales y miembros todos de vuestras Iglesias particulares”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Uruguay con ocasión de su visita ad limina, 14/01/1985, AAS 77 (1985) 657‑662: 659-660.

[113]    “El testimo­nio de unidad entre vosotros será cierta­mente motivo y estímulo para acrecentar aún más la unidad entre vuestros sacerdotes, entre los agen­tes de pastoral y con los demás miembros de vuestras Iglesias particula­res”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Puerto Rico con ocasión de su visita ad limina, 27/10/1988, AAS 81 (1989) 598‑603: 599.

[114]    “Por ello, a la vez que os expreso mi vivo gozo por la unión de mentes y corazones que existe entre vosotros, os aliento a preservar siempre este don precioso, de modo que en todas vuestras iniciativas y orienta­ciones como pastores se irradie la unión fraternal y, como reflejo de ello, se corrobore la solidaridad de intentos en las comunidades cris­tianas a vosotros encomendadas”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Ecuador con oca­sión de su visita ad limina, 11/12/1979, AAS 71 (1979) 1524‑1528: 1525.

[115]    In questo innegabile contrasto di posizioni radicalmente opposte ‑sa­nità di tradizioni cattoliche che devono far fronte alla secolarizzazio­ne‑ la Conferenza Episcopale italiana ha il dovere di assumere autonoma­mente tutte le proprie responsabilità, per favorire l'afferma­zione dei sani valori, che costituiscono l'onore genuino del popolo italiano, e far argine ai pericoli che cercano di corroderli all'interno, in una unità di azione e di programmi circa la pastorale d'insieme, che, oppor­tunamente graduata e adattata alle esigenze delle singole Chiese locali, possa condurre avanti, con letizia e decisione, l'“opus ministerii” al quale siete stati chiamati”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Italia durante la XVII asamblea general de la Conferencia episcopal italia­na, 29/05/1980, AAS 72 (1980) 410‑421: 414.

[116]    “Continuad trabajando, queridos hermanos, en estrecha unidad, por la auténtica liberación que nos viene de Jesucristo, Redentor del hom­bre, la cual ha de ser preservada de ideologías que le son ajenas y que desvirtúan su contenido evangélico”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Colombia, en Bogotá, durante su visita a ese país, 02/07/1986, AAS 79 (1987) 65‑73: 71.

[117]    There are many needs of the apostolate in your nation which you cannot meet adequately unless you stand together and act together. Examples are the common projects which I have just mentioned. Added to these are your Regional and Interdiocesan Seminaries, both junior and senior, your rela­tionship with national and regional civil authorities, your pastoral planning and so forth”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Nigeria, durante su visita a ese país, 15/02/1982, AAS 74 (1982) 611‑618: 612-613.

[118]    This “dialogue” between the “truly Catholic faith” of the Church and “local cultu­res” is an important aspect of your episcopal ministry. It is essential that Bishops of the same country should work together in this matter, in close contact with the Roman Curia”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Birmania con ocasión de su visita ad limina, 07/06/1985, AAS 77 (1985) 1067‑1071: 1071.

[119]    “Por otra parte, la unidad de la Iglesia en torno a sus legítimos Pastores es un valioso aporte a la misma sociedad civil y al floreci­miento de solidarias iniciativas en favor del bien común”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Paraguay con ocasión de su visita ad limina, 15/11/1984, AAS 77 (1985) 371‑376: 373.

[120]    You are convinced that your own experience of unity, together with pra­yer, will truly contribu­te to the goal that must constantly be reaffirmed: the Christian transformation of society”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Africa Meridional con ocasión de su visita ad limina, 27/11/1987, AAS 80 (1988) 682‑686: 684.

[121]    “Las palabras del Maestro “que todos sean uno” (Jn 17,21) debe ser una exigencia constante en todos vosotros, lo cual redundará en bien de las comunidades confiadas a vuestros cuidados, así como de la sociedad en general”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Bolivia con ocasión de su visita ad limina, 08/11/1990, AAS 83 (1991) 590‑597: 591.

[122]    “En esta ocasión quiero expresar ante todo mi más vivo aprecio por el esfuerzo realizado por mantener y acrecentar la unidad en el seno de vuestra Conferencia Episcopal y en la Iglesia en general”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Paraguay con ocasión de su visita ad limina, 15/11/1984, AAS 77 (1985) 371‑376: 372.

[123]    “Deseo iniciar expresando mi vivo aprecio por vuestra voluntad decidida en mantener y reforzar la unidad en el seno de vuestra Confe­rencia Episcopal y en la Iglesia en gene­ral”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de México con ocasión de su visita ad limina, 26/09/1988, AAS 81 (1989) 190‑196: 191.

[124]    “En las relaciones quinquenales y en los coloquios privados que hemos tenido, he podido apreciar la vitalidad de las comunidades confia­das a vuestro ministerio y la decidida voluntad que os anima, como Obis­pos, de mantener y consolidar el espíritu colegial y la unidad en el seno de vuestra Conferencia Episcopal y con toda la Iglesia”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Colombia con ocasión de su visita ad limina, 04/12/1989, AAS 82 (1990) 701‑707: 701.

[125]    Ver nota 17.

[126]    “Doy gracias al arzobispo de Friburgo por las afectuosas palabras de saludo y de presentación de vuestro grupo. Deseo también agradeceros vuestra solicitud por conseguir y afianzar la unidad y la comunión dentro de la Iglesia y en el seno de vuestra Confe­rencia episcopal”, Juan Pablo II, Discur­so a los Obispos alemanes de la región sudoccidental con ocasión de su visita ad limina, 19/12/1992, L’Oss. Rom. (1993) 8-9.

[127]    Rileggendo queste affermazioni [Lumen Gentium, 23] di alto valore dot­trinale e pastorale, mi è caro rendere omaggio alla profonda unità che lega i Vescovi italiani tra loro e col Successore di Pietro e che viva­mente apprezzo e che è per me motivo di conforto, nella comune solleci­tudine di servizio alla Chiesa di Cristo che è in Italia, alla quale non a torto si guarda ogni parte del mondo, avendo la Provvidenza Divina guidato a questa terra i passi del Pescatore di Galilea”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos, sacerdotes y laicos reunidos en Loreto, Italia, para la Asamblea eclesial, 11/04/1985, AAS 77 (1985) 956‑970: 959.

[128]    Vem-me espontaneamente exclamar com o Salmista: “como é bom, como é agradável o convívio de muitos irmãos juntos!” (Sl 132 [133],1). Desta exclamação faço agradecimento ao Pai, louvor ao Filho e súplica ao Espí­rito Santo: pela unidade do Episcopado de Angola e São Tomé, entre si e com o sucessor de Pedro, do que tenho inequívocas provas”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episcopal de Angola y Santo Tomé con ocasión de su visita ad limina, 23/05/1986, AAS 78 (1986) 1262‑1270: 1262-1263.

[129]    “Consolatur Me coniunctio vestra tum propositorum tum etiam actorum”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Yugoslavia con ocasión de su visita ad limina, 14/01/1989, AAS 81 (1989) 860‑865: 863.

[130]    “Un Episcopado, como el vuestro, que ofrece al pueblo cristiano el testimonio de su unidad en el Señor, es un don del cielo, que pido a Dios os lo conserve y acreciente siem­pre”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de México con ocasión de su visita ad limina, 02/03/1989, AAS 81 (1989) 1038‑1044: 1038-1039.

[131]    “Que este encuentro confirme y consolide vuestra unión mutua como Obispos y guías de la Iglesia en Guinea Ecuatorial”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Guinea Ecuatorial con ocasión de su visita ad limina, 20/11/1987, AAS 80 (1988) 662‑667: 667.

[132]    Ver nota 100.

[133]    “Deseo que mis palabras de hoy, queridos hermanos, sean de aliento para reforzar aún más la unidad de vuestra Conferencia Episcopal ... Que esta visita ad Limina, muestra elocuente de vuestra cerca­nía al Sucesor de Pedro, consolide vuestra unión mutua como obispos y guías de la Iglesia en Chile”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Chile con ocasión de su visita ad limina, 10/03/1989, L’Oss. Rom. (1989) 211‑212: 211.

[134]    Chers Frères, continuez à exercer votre charisme de l'unité non seulement dans le cadre du diocèse mais dans toute la conférence épisco­pale”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Togo con ocasión de su visita ad limina, 12/06/1989, AAS 81 (1989) 1321‑1325: 1323.

[135]    “Esa unidad constituye una exigencia, en primer lugar, para su Conferen­cia Episcopal y los trabajos que realiza. A nadie se le escapa el peso que las reflexiones y decisiones de este ámbito eclesial tienen para los hombres e Iglesias locales en su patria, e incluso más allá de sus fron­teras”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal austríaca, en Viena, durante su visita a ese país, 12/09/1983, L’Oss. Rom. (1983) 522‑524: 524.

[136]    “En la realización de estas tareas, es alentador comprobar el espíritu de colaboración que os anima dentro de la Conferencia Episcopal Española; vuestra unidad eclesial con los demás Hermanos en el episcopa­do, alimentada por motivaciones profundas y sobrenaturales, os será también de gran ayuda y enriquecimiento para llevar adelante vuestros importantes proyectos de evangelización”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Barcelona y de las provincias eclesiásticas de Tarragona y Valencia, España, con ocasión de su visita ad limina, 07/11/1986, AAS 79 (1987) 887‑891: 889.

[137]    L'unità fra voi, vivificata dall'ascolto della Parola di Dio e dalla partecipazione all'unica Eucaristia “sacramento di amore, segno di unità, vincolo di carità” (Sacrosanctum Conci­lium, 47), vi sosterrà, grazie al sincero dialogo ed alla fattiva collaborazione, nell'affron­tare e nel risolvere i problemi con i quali vi trovate confrontati”, Juan Pablo II, Discur­so a los Obispos de Rumanía con ocasión de su visi­ta ad limina, 23/03/1991, AAS 83 (1991) 1060‑1066: 1063.

[138]    “Velim idcirco cohortari vos, Venerabiles Fratres, ut fervidiorem usque et congruen­tiorem inter vos coniunctionem reddatis, intram Confe­rentiam vestram, vobis conscii hinc actionis pastoralis copiose effica­ciam et vestri testimonii ipsam credibilitatem oriri”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Lituania con ocasión de su visita ad limina, 18/04/1988, AAS 80 (1988) 1441‑1447: 1445.

[139]    Je souhaite très vivement que cette union affective et effective des membres de la Conférence connaisse une nouvelle croissance. Dans une grande mesure, l'efficacité pasto­rale et la crédibilité même de votre témoignage découlent de cette union fraternelle”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Grecia con ocasión de su visita ad limina, 27/01/1989, AAS 81 (1989) 927‑930: 938.

[140]    “Que este encuentro confirme y consolide aún más vuestra mutua unión como Obis­pos y guías de la Iglesia en Bolivia; así vuestra actua­ción ganará en intensidad y eficacia, y redundará en bien de vuestras comunidades eclesiales”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Boli­via con ocasión de su visita ad limina, 08/11/1990, AAS 83 (1991) 590‑597: 597.

[141]    Ver nota 60.

[142]    As we acknowledge ad celebrate together our unity in the aposto­late, we know that this unity has a supernatural effectiveness in regard to your ministry at home”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón con ocasión de su visita ad limina, 23/10/1979, AAS 71 (1979) 1422‑1426: 1423.

[143]    La coesione delle forze nell'ambito della legittima e fruttuosa autonomia deve garantire, all'interno della Nazione in cui opera la Conferenza episcopale, quel prestigio, quell'inci­denza, quella credibi­lità che sono necessari per l'efficacia dell'azione pastorale in favore del popolo”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Italia durante la XVII asamblea general de la Conferencia episcopal italia­na, 29/05/1980, AAS 72 (1980) 410‑421: 414.

[144]    “No os dejéis engañar por la opi­nión, frecuentemente repetida, de que una gran medida de unanimidad en una Conferencia Episcopal se da a costa de la vitalidad y credibilidad del testimonio de los obispos. Sucede en realidad lo contrario. Sin duda, todos deben encontrarse en una atmósfera fraterna sin miedo ni prevención; evidentemente, cada uno, con su propia contri­bución, debe ayudar a la construcción de la unidad del Cuerpo, que com­prende muchos miembros, muchos servi­cios, muchos carismas. Pero la fe­cundidad de estos servicios y carismas depende de que se inserten en una única vida animada por un solo espíritu”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Alemania en Fulda, durante su visita a ese país, 18/11/1980, AAS 73 (1981) 82‑92, L’Oss. Rom.. (1980) 827-828: 83-84.

[145]    Je tiens à souligner en premier lieu la volonté de cohésion qui vous anime dans les travaux de votre Conférence épiscopale. Cela confère aux sages orientations données, comme à vos interventions, une force de persuasion perceptible au‑delà de la communauté catholique”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de Madagascar con ocasión de su visita ad limina, 21/05/1982, AAS 74 (1982) 841‑846: 841-842.

[146]    Cette unanimité apporte aussi au peuple chrétien un exemple de concorde et affermit la force de persuasion de votre enseignement”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Ruanda con ocasión de su visita ad limina, 27/05/1982, AAS 74 (1982) 846‑851: 847.

[147]    J'ajouterai encore que l'union vivante de votre Conférence épis­copale ‑génératrice d'une coresponsabilité bénéfique à votre niveau de Pasteurs et de dynamisme apostolique pour vos prêtres, vos religieux et vos fidèles‑ peut également vous donner plus de crédit dans vos rela­tions avec les milieux dirigeants du pays”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Turquía con ocasión de su visita ad limina, 31/03/1989, AAS 81 (1989) 1115‑1120: 1117.

[148]    L'unità tra i Vescovi non è solo prima garanzia per il successo della propria attività, ma è anche fonte di coraggio, di ottimismo, di fiducia”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Italia durante la XVII asamblea general de la Conferencia episcopal italia­na, 29/05/1980, AAS 72 (1980) 410‑421: 414.

[149]    Ver nota 81.

[150]    Finally, I urge you to make your Episcopal Conference the useful instrument envisaged by the Fathers of the Second Vatican Council: one wherein the sharing of ideas and the exchange of opinions leads to “a holy consortium of resources for the common good of the churches” (Christus Dominus, n. 37)”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Sudán con ocasión de su visita ad limina, 02/10/1992, AAS 85 (1993) 749‑753: 752.

[151]    Je voudrais vous inviter, en particulier, à prendre les disposi­tions nécessaires pour vous rencontrer régulièrement, afin d’échanger entre vous ‑et aussi avec les autres Evêques catholiques du pays‑ vos expériences pastorales, de vous concerter sur les problèmes de la vie ecclésiale sur le plan national et sur le plan international. L’enseignement du Concile Vatican II vous le demande, et c’est le désir de l’Egli­se: vous réaliserez mieux votre solidarité par un travail concerté, une réflexion approfondie, une expérience spiri­tuelle stimulée par le dialo­gue”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de rito caldeo en Irak con ocasión de su visita ad limina, 14/02/1986, AAS 78 (1986) 926‑928: 927.

[152]    Ao longo destes vinte e oito anos ‑não há quem não o reconheça‑ procu­rou cumprir uma missão e realizar uma obra conformes com a sua natureza própria: possibilitar o encontro e o diálogo dos Bispos cada vez mais numerosos no País”, Juan Pablo II, Discur­so a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 945.

[153]    Justamente concebida e devidamente realizada, a Conferência Episco­pal é um inigualável ponto de encontro e de diálogo para os Bispos de um País”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 945 y 952.

[154]    Ver nota 47.

[155]    Pôr sua configuração e fisionomia a Conferência Episcopal ‑sabe­‑o a CNBB pela sua experiência pioneira‑ é lugar de encontro, de diálogo e de enriquecimento mútuo, pelo que se recebe e pelo que se dá”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la provincia eclesiástica de Porto Alegre y regional Sur‑tres, de Brasil, con ocasión de su visita ad limina, 16/02/1985, AAS 77 (1985) 814‑819: 818.

[156]    El encuentro se realizó en Roma, entre el 13 y el 15 de junio de 1986. El Papa dirigió dos discursos a los participantes, al comenzar: Juan Pablo II, Discurso a los Cardenales y un grupo de Arzo­bispos y Obispos de Brasil al comenzar el encuentro de diálogo en el Vaticano, 13/03/1986, AAS 78 (1986) 1039‑1045: 1041, y al terminar el encuentro: Juan Pablo II, Discurso a los Cardenales y un grupo de Arzobispos y Obispos de Brasil al finalizar el encuentro de diálogo en el Vaticano, 15/03/1986, AAS 78 (1986) 1049‑1052: 1049. Nos interesa especialmente este párrafo: “Diálogo adulto entre homens, cristãos e Pastores, que não têm outro interesse senão o da Igreja. Falo do diálogo dos Bispos brasi­leiros entre si, tão importante quanto o dos mesmos Bispos com os repre­sentantes de Cúria Romana”, Juan Pablo II, Discurso a los Cardenales y un grupo de Arzobispos y Obispos de Brasil al finalizar el encuentro de diálogo en el Vaticano, 15/03/1986, AAS 78 (1986) 1049‑1052: 1051.

[157]    “La concordia evidente de todos los obispos con la Santa Sede en esta cuestión será el camino más seguro para superar las polari­zaciones que se han manifestado en las discusiones de los últimos meses. Por otra parte, vosotros mismos os habéis señalado como objetivo inten­tar buscar, con ese mismo espíritu, el diálogo sobre posibles deficien­cias o incluso procesos equivocados en la vida eclesial de vuestro país, procurando además, que el diálogo continúe”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Austria con ocasión de su visita ad limina, 19/06/1987, L’Oss. Rom. (1987) 595-596: 596.

[158]    “En efecto, a pesar de las situaciones diversas de vuestras dió­cesis respectivas y de una tendencia natural al aislamiento, comprensi­ble por tratarse de islas, habéis logrado tejer lazos entre vosotros por medio de encuentros regulares y de compartir vuestras preocupaciones apostólicas”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episcopal del Océano Indico, 29/09/1987, L’Oss. Rom. (1987) 911: 911.

[159]    Juan Pablo II, Discur­so a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960.

[160]    Ver nota 4. En ese lugar el Card. Ratzinger no habla expresamente de Brasil, pero no cabe duda que la Conferencia episcopal de ese país estaba entre las que creaban las preocupaciones a las que se refiere el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

[161]    Uma Conferência episcopal é uma obra comum: espiritualmente rica, se nela todos os Bispos se sen­tem plenamente membros e dão sua presença com prazer e sem constrangi­mento; empobrecida, ao contrário, cada vez que pôr qualquer motivo al­guém se sente, se diz ou se põe à margem”, Juan Pablo II, Dis­curso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 947.

[162]    Em uma Conferência episcopal numerosa, haverá tanto maior parti­cipação, quanto maior for a representatividade dos bispos membros, nos órgãos de decisão”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 947.

[163]    Cresce a participação, quando os Bispos, na prática, experimentam a sua Con­ferência como o espaço no qual podem encontrar‑se entre si, no exercício da sua condição de chamados a participar da missão do Cristo Profeta”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 947.

[164]    São os Bispos, naturalmente, que conservam a responsabilidade de decisões, pro­nunciamentos e documentos da Conferência como tal, e pôr isso têm que responder perante a própria consciência e perante Deus. Rodear‑se pois de colaboradores poderá ser uma maneira de apoiar o es­forço de fidelidade à Verdade divina e de melhor servir o povo de Deus. No entanto, não deveria surpreender a ninguém que nas assembléias de suas Con­ferências os bispos disponham de períodos suficientemente longos para o encontro e o diálogo entre si, sem a presença de outros, para reforçarem a sua unidade como mestres de fé, partilharem a comum respon­sabilidade de serem, cada vez mais, força e segurança da fundamental unidade da Igreja”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 948.

[165]    A graça maior da Conferência estará nesta participação”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 948.

[166]    “Esta reflexión común os permitirá elaborar las líneas de fondo de una pastoral puesta al día, mediante la cual pueden encontrar orien­tación no sólo los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, sino también los laicos, que junto con vosotros se empeñan en la nueva evan­gelización del país, en estos tiempos en que nos acercamos al fin del primer milenio del bautismo de Hungría y del segundo milenio de la era cristiana”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Hungría, en Buda­pest, durante su visita a ese país, 20/08/1991, L’Oss. Rom. (1991) 498‑499: 499.

[167]    Disto se têm acupado perspicazmente as vossa reflexões conjun­tas, analisando os eventos e as situações, como a conhecida evolução política e a descolonização; e, a nível eclesial, o impacto da renovação conciliar e de algumas “leituras” menos exactas do mesmo Concílio”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Portugal con ocasión de su visita ad limina, 06/07/1987, AAS 80 (1988) 38‑46: 40.

[168]    Cf. 2 Cor 11,28 y Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n° 23 b.

[169]    Actively contributing to the efficacy of the Episcopal Conferen­ce is a magnificent way of expressing the “daily anxiety for all the Churches” (2 Cor 11,28) which is a solemn duty of every Bishop”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Myanmar (antigua Birmania) con oca­sión de su visita ad limina, 27/08/1991, AAS 84 (1992) 512‑517: 513.

[170]    “En efecto, así como todo cristiano es, por su propia naturaleza, condiscípulo de Cristo, así también todo sacerdote es con‑sacerdote y todo obispo es, por definición con‑o­bispo. Un vínculo de auténtica fra­ternidad liga entre sí a los obispos no sólo de una misma provincia eclesiástica o de la misma nación sino de toda la Iglesia católica. Más allá de la cercanía espiritual que puede nacer de la formación recibida, de la amistad o del tipo de trabajo, está efectivamente el dato sacra­mental de la inserción en el Cuerpo episcopal universal, que Cristo ha querido como “collegium” (cf. Lumen Gentium 22; Christus Dominus 4). El obispo es llamado, por tanto, a hacer suyas espiritualmente ‑y a veces también prácticamente‑ las preocupaciones de los obispos de otras Igle­sias locales y de la misma Iglesia universal, cargando sobre sí, como el Apóstol, la “sollicitudo omnium Ecclesia­rum” (2 Cor. 11,28), y contribu­yendo de esta forma al progreso del Reino de Dios en el mundo (cf. Lumen Gentium 23; Christus Dominus, 3, 6, 7)”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos amigos del Movimiento de los Focolares, 21/02/1982, L’Oss. Rom. (1982) 174: 174.

[171]    I am close to you in your pastoral solicitude for Malta, avoiding as you rightly do activities of a purely political nature, and proclai­ming the word of God in all its relevance for each individual and for society itself”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Malta con ocasión de su visita ad limina, 11/12/1982, AAS 75 (1983) 161‑165: 162.

[172]    Mi rivolgo a voi con il saluto e l'augurio caro all'apostolo Paolo, venerati Fratelli Vescovi delle Chiese che sono in Italia, per esprimervi l'affetto profondo che mi unisce a voi nella solidarietà collegiale e nella comune sollecitudine pastorale per la diletta Nazione italiana”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal italiana durante la XXXII Asamblea general, 17/05/1990, AAS 82 (1990) 1615‑1618: 1615.

[173]    Queridos Pastores, como Conferência episcopal de Angola e São Tomé, a vossa responsabilidade tem um horizonte amplo que abrange toda a Nação”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia epis­copal de Angola y Santo Tomé, en Luanda, durante su visita a Angola, 07/06/1991, AAS 84 (1992) 504‑510: 509.

[174]    Formais hoje o corpo episcopal mais numeroso do mundo. Ao número bem correspon­de a intensa atividade que desenvolveis no pastoreio de uma Igreja jovem e dinâmica, como é a vossa. Pôr isso mesmo e pelas promis­soras perspectivas de vosso País, o Episcopado de que fazeis parte assu­me um prestígio, mas também uma responsabilidade, que vão bem além das fronteiras de vossas Dioceses e da própria Nação: responsabilidade pe­rante a Igreja inteira”, Juan Pablo II, Discurso a Los Obispos de Bra­sil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 944.

[175]    “En vuestra propia tarea, en la de cada uno y en la de todos juntos, ‑esto es, en la respon­sabilidad y colaboración colegial como Pastores‑, habéis de preocuparos, queridos herma­nos, de sacar, a partir de vuestra llamada al “Katholikentag”, las concretas consecuencias para vuestro futuro trabajo en la cura de almas”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Austria con oca­sión de su visita ad limina, 06/07/1982, L’Oss. Rom. (1982) 542 y 550: 542.

[176]    “Conozco bien vuestra abnegada y eficiente labor, la incansable solici­tud de vuestra Confe­rencia episcopal”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Chile con ocasión de su visita ad limina, 13/10/1979, AAS 71 (1979) 1413‑1418: 1414.

[177]    You are undoubtedly strengthened in your pastoral ministry by the mutual unders­tanding, respect and support which marks the activities of your Bishop's Conference, especially when you gather to discuss the various questions that require the attention and collaboration of the whole episcopal body”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de las regiones de Mindanão y de Visayas, de Filipinas, con ocasión de su visi­ta ad limina, 12/10/1985, AAS 78 (1986) 267‑273: 268.

[178]    Ver nota 95.

[179]    “En la medida que crece el espíritu colegial, comprometeros deci­didamente en una ayuda mutua y una colaboración más activa”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos del Congo con ocasión de su visita ad limina, 22/03/1988, L’Oss. Rom. (1988) 427‑428: 427.

[180]    Ver nota 25.

[181]    Ver nota 26.

[182]    The Interterritorial Catholic Bishops' Conference (ITCABIC) which you form has proved to be an apt instrument of communion and mu­tual help in caring for the life of the Catholic communities of your three countries”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de la Conferencia episcopal interterrito­rial de Gambia, Liberia y Sierra Leona con ocasión de su visita ad limina, 09/07/1992, AAS 85 (1993) 700‑706: 701.

[183]    “Como obispo, Francisco de Sales manifestó siempre una activa solida­ridad con sus hermanos en el Episcopado, vivamente consciente de que los intercambios de opiniones entre ellos podían servir a la misión de toda la Iglesia. En su tiempo, y siguiendo sus carismas propios, esto tomaba la forma de relaciones amistosas, de intercambios de ideas y de emulación espiritual. A su manera, él prefiguraba la colaboración inten­sa que vosotros lleváis a cabo, de forma estructurada, en vuestras reu­niones regionales y nacionales”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Francia, en la Capilla del Seminario de Lión, durante su viaje a ese país, 06/10/1986, L’Oss. Rom. (1986) 679: 679.

[184]    “Esa constatación de los padres del Concilio [Christus Dominus, 37, los Obispos no pueden cumplir debidamente su misión si no se unen con otros Obispos] halla confirmación seguramente también en vuestras Iglesias, venerados hermanos; por eso, es preciso que esa anhelada cola­boración se ponga en práctica con empeño convencido y creciente también en vuestra nación”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Hungría, en Budapest, durante su visita a ese país, 20/08/1991, L’Oss. Rom. (1991) 498‑499: 498.

[185]    The fraternal collaboration of all the Bishops among themselves in fulfilling the directives and genuine spirit of the Second Vatican Council, as well as the postconciliar norms issued by the Apostolic See, is indeed an act of pastoral love for the people”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Japón, en Tokio, durante su visita a ese país, 23/02/1981, AAS 73 (1981) 405‑410: 407.

[186]    Desidero che questo incontro sia l’inizio della nostra collegiale coo­perazione, cioè di ognu­no di Voi, cari e venerati Fratelli, e di tutti i Vescovi e i Pastori della Chiesa in Italia”, Juan Pablo II, Discurso al Consejo Permanente de la Conferencia episcopal italiana, 23/01/1979, AAS 71 (1979) 362‑367: 367.

[187]    Ver nota 175.

[188]    In this hour of collegial unity I would like to emphasize a few aspects of Catholic life which are extremely relevant to the well‑being of your local Churches, and therefore affect your pastoral activity and collegial collaboration”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Canadá con ocasión de su visita ad limina, 23/09/1983, AAS 76 (1984) 115‑120: 116-117.

[189]    Entre vous, Evêques de Suisse, vous vivez déjà une forme de collabo­ration collégiale. Bien avant Vatican II, qui a valorisé les Conféren­ces épiscopales, depuis le siècle dernier, les évêques suisses se ren­contraient régulièrement ici, à Einsiedeln”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Suiza, en la Abadía de Einsielden, durante su visita a ese país, 15/06/1984, AAS 77 (1985) 51‑59: 53.

[190]    The growth of a true spirit of collegial cooperation and solida­rity will strengthen each one of you for the tasks to which you are called in the service of the Church”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Sudán con ocasión de su visita ad limina, 02/10/1992, AAS 85 (1993) 749‑753: 752.

[191]    The expression of this close unity in fraternal collaboration is required for your pasto­ral programs”, Juan Pablo II, Dis­curso a los Obispos de Japón, en Tokio, durante su visita a ese país, 23/02/1981, AAS 73 (1981) 405‑410: 407.

[192]    “La disposición para establecer y promover semejantes normas de actuación [líneas comunes] será, naturalmente, tanto mayor, cuanto mejor asegurada esté la colaboración fraterna de todos los miembros de vuestra Conferencia y cuanto mejor comprendido se sienta cada uno de vosotros en el campo de sus intereses y de sus proyectos personales”, Juan Pablo II, Discurso a los Obis­pos de la Conferencia episcopal de Berlín con ocasión de su visita ad limina, 28/10/1982, L’Oss. Rom. (1983) 31.

[193]    Je souhaite que votre Conférence épiscopale connaisse elle aussi un rythme intense de rencontres, de travaux, de collaboration mûrie en commun, selon les statuts que vous ne manquerez pas d’élaborer, tout en poursuivant vos réunions régulières avec vos confrères du Congo et du Tchad”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la República Centroa­fricana con ocasión de su visita ad limina, 19/11/1982, AAS 75 (1983) 72‑75: 73.

[194]    “Es alentador, a este respecto, comprobar el espíritu de colabo­ración y hermandad que inspira los esfuerzos de vuestra Conferencia Episcopal por anunciar el mensaje de salvación al hombre de hoy y por dar nueva vitalidad a un pasado rico en frutos de santi­dad, que ha de continuar siendo levadura evangélica en el presente y futuro de vuestro país”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de México con ocasión de su visita ad limina, 02/03/1989, AAS 81 (1989) 1038‑1044: 1040.

[195]    Ver nota 136.

[196]    Ver nota 158.

[197]    “Es evidente que la mutua colaboración de los hermanos dentro de la misma Confe­rencia es un eficaz medio para lograr un mayor bien de los fieles a escala nacional (cf. canon 447)”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Argentina con ocasión de su visita ad limina, 01/06/1984, L’Oss. Rom. (1984) 375‑376: 375-376: 624

[198]    “Es evidente que la mutua colaboración de los hermanos dentro de la misma Conferencia es un eficaz medio para lograr un mayor bien de los fieles a escala nacional (cf. canon 447)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Uruguay con ocasión de su visita ad limina, 14/01/1985, AAS 77 (1985) 657‑662: 659.

[199]    “La colaboración recíproca de los obispos dentro de la misma Conferencia es un medio eficaz para lograr un mayor bien de los fieles a escala interdiocesana o regional, pues aquellas problemáticas que superan el ámbito de una diócesis, requieren, por lo general, estu­dios y orientaciones al mismo ni­vel”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Puerto Rico con ocasión de su visita ad limina, 27/10/1988, AAS 81 (1989) 598‑603: 599.

[200]    The sense of harmony and collaboration you have achieved within your Bishops Conference constitutes a “holy union of energies in the service of the common good of the Churches” (Christus Dominus, 37)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Australia, en Sidney, durante su viaje a ese país, 26/11/1986, AAS 79 (1987) 954‑961: 961.

[201]    “Organismo, primero en su género en toda la Iglesia por su dimen­sión continental, pionero como expresión de la colegialidad cuando las Conferencias Episcopales no se habían consolidado todavía, instrumento de contacto, reflexión, colaboración y servicio de las Conferencias de Obispos del Continente Latinoamericano, el CELAM tiene consignada en sus anales una rica y vasta acción pastoral”, Juan Pablo II, Discurso al Consejo Episcopal Latinoamerica­no, durante su viaje a Brasil, 02/07/1980, AAS 72 (1980) 858‑873: 859.

[202]    On this occasion my thoughts go to all the Bishops of Africa, and I note with deep satisfaction that the members of the episcopal Conference of Kenya are resolutely engaged in may programmes of collaboration and joint action with their fellow Bishops from the AMECEA countries of Tanzania, Uganda, Zambia, Malawi, the Sudan and Ethiopia”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Kenia, durante su visita a ese país, 07/05/1980, AAS 72 (1980) 493‑499: 493.

[203]    È stato precisamente per la crescente consapevolezza con cui i Pastori hanno avvertito le esigenze imposte dalla nuova situazione che è nato, negli anni immediatamente successivi al Concilio Vaticano II, il Consi­glio delle Conferenze Episcopali d’Europa con lo scopo di coltivare l’affetto collegiale e di attuare una più stretta comunione e coopera­zione tra i membri delle stesse (cfr. Statuti, art. 1)”, Juan Pablo II, Mensaje a los Presidentes de las Conferencias episcopales de Europa, 02/01/1986, AAS 78 (1986) 454‑457: 456.

[204]    “Vuestra colaboración con las otras Conferencias Episcopales del Africa Austral a través de IMBISA os lleva a dominar la tendencia a limitaros a los intereses de la Iglesia en vuestro propio país. Es una expresión muy real de lo que el Concilio desea de los miembros del Cole­gio Episcopal: que tengan “solicitud por la Iglesia universal” (Lumen Gentium, 23)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Zimbabue, en Harare, durante su visita a ese país, 11/09/1988, L’Oss. Rom. (1988) 756 y 758: 756.

[205]    Can. 447; hemos utilizado la traducción publicada por la Conferencia Episcopal Argentina.

[206]    “Vuestras diócesis también son diversas, dotadas de distintas fuerzas apostólicas: habéis de conjuntaros para hacer frente a las tareas comu­nes y a los sectores menos dotados”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal de Alto Volta, durante su viaje a ese país, 10/05/1980, L’Oss. Rom. (1980) 306: 306.

[207]    I wish likewise to encourage you to continue steadfast in facing the pastoral problems of each day, seeking together realistics solutions in accordance with the reality of the word of God and its almighty power”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Tanzania con ocasión de su visita ad limina, 09/10/1981, AAS 73 (1981) 706‑709: 707.

[208]    Ho ascoltato il “Comunicato” conclusivo, redatto al termine dei vostri lavori; sono lieto di esprimere la mia convinta adesione alle indicazioni, che in esso sono contenute. L'inten­zione che vi ha ispirato è stata di esprimere collegialmente, nella ricchezza degli apporti of­ferti da voi in questi giorni, una linea operativa unitaria”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Italia durante la XVI asamblea general de la Conferencia episcopal italiana, 18/05/1979, AAS 71 (1979) 679‑683: 680.

[209]    “Vosmet ipsi operma date ut, opportunis consiliis in Conferentia episcopalis initis, communes rationes actionis pastoralis suscipiatis, mutuum auxilium magnanimiter inter vos praebeatis, ordinem rerum certa quadam via agendarum constituatis ad solvendas quaestio­nes pastorales, et subsidia et vires, quae praesto sunt, sapienter distribuatis”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Hungría con ocasión de su visita ad limina, 07/10/1982, AAS 74 (1982) 1261‑1265: 1265.

[210]    Ver nota 68.

[211]    This document [Carta Pastoral común de Pentecostés] is an example of that concerted pastoral action entrusted to the Holy Spirit which manifests the unity of the Episcopal Conference ‑a good to be very highly esteemed and constantly perfected”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Sri Lanka con ocasión de su visita ad limina, 05/07/1984, AAS 76 (1984) 1051‑1054: 1053.

[212]    Ver nota 115.

[213]    “El ejemplo de una acción conjunta de los obispos es de gran importancia para que los sacerdotes y religiosos colaboren armónicamen­te, compartiendo las cargas de las diver­sas formas de apostolado en cada diócesis”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Zimbabue, en Hara­re, durante su visita a ese país, 11/09/1988, L’Oss. Rom. (1988) 756 y 758: 756.

[214]    There are many areas in which the Bishops of a given region or country must “jointly exercise their pastoral office” (Christus Domi­nus, 38) if they are to respond effectively to the challenges facing Christian faith and life”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Myanmar (antigua Birmania) con ocasión de su visita ad limina, 27/08/1991, AAS 84 (1992) 512‑517: 513.

[215]    As we contemplate this divine truth, it is my fervent prayer that the brother­hood which you share as Bishops of Nigeria will serve to further your harmonious actions on the level of your National Episcopal Conference”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Nigeria con ocasión de su visita ad limina, 03/09/1987, AAS 80 (1988) 59‑64: 61-62.

[216]    Because of my personal pastoral responsibility, and because of our common pastoral responsibility for the people of God in the United Sta­tes, I desire to strengthen you in your ministry of faith as local Pas­tors, and to support you in your individual and joint pastoral activi­ties by encouraging you to stand fast in the holiness and truth of our Lord Jesus Christ”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Estados Unidos de Norteaméri­ca, en Chicago, durante su visita a ese país, 05/10/1979, AAS 71 (1979) 1218‑1229: 1219-1220.

[217]    “No cabe duda que para poder ejercer con mayor eficacia y adaptación a la realidad global esta ingente y delicada tarea [una labor vigo­rosa de renovación en la fe de vuestros fieles, ha dicho poco antes], vosotros necesitáis también la ayuda de un sólido trabajo como Conferencia Episcopal”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Argentina con ocasión de su visita ad limina, 01/06/1984, L’Oss. Rom. (1984) 375‑376: 375.

[218]    “Sé que mi llamado a una evangelización nueva, con ocasión del V° Centenario de la llegada del mensaje cristiano a América, os ha llevado a una consulta a todo el pueblo de Dios para establecer las líneas fun­damentales de una acción pastoral conjunta”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Argentina con ocasión de su visita ad limina, 23/11/1989, AAS 82 (1990) 677‑683: 678.

[219]    Ver nota 129.

[220]    Your dioceses differ widely from one another, in both their historical development and their present pastoral situations ... One of the many ways in which “this unity is made visible is collaboration and joint action by the Bishop's Conference” of Papua New Guinea and Solomon Is­lands”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episco­pal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón en la parroquia de San José de Port Moresby, durante su visita a ese país, 08/05/1984, AAS 76 (1984) 1010‑1014: 1011-1012.

[221]    Ver nota 117.

[222]    E seria o momento de descer aconcretizações em vários campos da vossa acção específica, como Conferência Episcopal: da vida litúrgica, à catequese, ao relacionamento com religiosos e religiosas e sua inser­ção na pastoral, ao serviço da caridade, ao empenha­mento social de tes­temunho cristão, à pastoral da família, dos jovens e dos migrantes, à religiosidade popular, às relações “ad extra” do âmbito eclesial, etc., até às carências com que lutais, para atender a tudo isto, nomeadamente pôr falta de meios e escassez de pes­soal”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la provincia eclesiástica de Braga, Portugal, con ocasión de su visita ad limina, 04/02/1983, AAS 75 (1983) 487‑492: 491-492.

[223]    “He intentado exponer estas tareas [de la Iglesia polaca], por lo menos algunas, durante los discursos de mi última peregrinación a la patria. No obstante, dichas tareas se hacen perceptibles, antes que nada, a través del trabajo sistemático del Episcopado, tanto en la persona de los obispos diocesanos, en particular, como de la Conferencia Episco­pal, en general”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de las provincias eclesiásticas de Gniezno, Varsovia y Poznan, Polonia, con ocasión de su visita ad limina, 19/12/1987, L’Oss. Rom. (1988) 45‑46: 45; cf. todo el Discurso a los Obispos de Polonia, en la sede del secretariado general, en Varsovia, durante su visita a ese país, 14/06/1987, L’Oss. Rom. (1987) 510‑511.

[224]    The concrete implementation of this ecclesial communion and joint action by an Episcopal Conference takes on a variety of forms. I would like to point out two which are particular relevance in our efforts to proclaim the Gospel ... First of all, the Episcopal Conference should “strive to address the major pastoral problems affecting the life of the Church”. After due deliberation and consultation, it is often most helpful to the local Churches, and to priests, religious and catechists, if the Bishops take a common pastoral stand on particular issues”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Conferencia episcopal de Papúa Nueva Guinea e Islas Salo­món en la parroquia de San José de Port Moresby, durante su visita a ese país, 08/05/1984, AAS 76 (1984) 1010‑1014: 1012-1013.

[225]    Pour terminer, je voudrais souligner encore l'importance des efforts conjugués que vous déployez afin de contribuer à apporter aux victimes de la sécheresse l'aide d'urgence dont elles ont besoin, et d'une façon plus générale, à donner aux populations les moyens d'un développement autonome”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos del Chad con ocasión de su visita ad limina, 03/06/1983, AAS 75 (1983) 1024‑1027: 1027.

[226]    “Las Conferencias Episcopales del continente y el CELAM han empe­ñado toda su capacidad y todo su dinamismo en esta empresa [la novena de años en preparación al Vº Centenario], que tiene un hondo significado espiritual y también una gran importancia cultural e histórica. Deseo alentaros vivamente a proseguir en vuestro esfuerzo de anima­ción y crea­tividad pastoral para que la consecución de las metas, propuestas en la solemne apertura del 12 de octubre de 1984: hagan de esta conmemoración el centenario de la fe rejuvenecida”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos del CELAM, en la Sede del Secre­tariado General en Bogotá, duran­te su viaje a Colombia, 02/07/1986, L’Oss. Rom. (1986) 424‑425: 424.

[227]    Of special importance are the concerted efforts of all the mem­bers of the conference of Bishops in insisting that the “gravis neces­sitas” required for general absolution be truly understood in the sense explained in Canon 961”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la V región eclesiástica de Estados Unidos con ocasión de su visita ad limina, 31/05/1988, AAS 80 (1988) 1755‑1762: 1760.

[228]    Ver nota 202.

[229]    A tale formidabile impresa [una nuova qualità di evangelizzazio­ne] saranno meno impari gli sforzi di ciascuno se, con l'aiuto di un organismo come il Consiglio delle Conferen­ze Episcopali Europee, le energie dei Pastori dei singoli Paesi verranno coordinate in un impegno comune”, Juan Pablo II, Mensaje a los Presidentes de las Conferencias episco­pales de Europa, 02/01/1986, AAS 78 (1986) 454‑457: 457.

[230]    There is always a need for ample consultation in your joint initiatives on behalf of the Church in Sri Lanka, while at the same time you respect the pastoral authority of each Bishop in his own diocese”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Sri Lanka con ocasión de su visita ad limina, 07/07/1989, AAS 82 (1990) 136‑140: 138.

[231]    Cf. Christus Dominus, n° 38,4 y can. 455

[232]    Cf. A. Antón, Conferencias episcopales...,: 142-156.

[233]    A questo scopo [Codex “efficax instrumentum evadat, cuius ope Ecclesia valeat se ipsam perficere secundum Concilii Vaticani II spiri­tum, ac magis magisque parem se prae­beat salutifero suo munere in hoc mundo exsequendo” (Constitución Apostólica “Sacrae disciplinae leges”)] è necessaria l'opera diligente, perseverante e coraggiosa dei Vescovi e delle Conferenze Episcopali”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal italiana durante la XXII Asamblea General Extraordinaria, 21/09/1983, AAS 76 (1984) 111‑115: 113.

[234]    Esse, perciò, mentre costituiscono un aspetto del servizio pas­torale dei Vescovi, si rivelano anche necessarie per completare la legge canonica universale, che adattano alle situazioni locali ed alle neces­sità pastorali concrete della Chiesa particolare, pur mantenen­dosi armo­nicamente innestate nel quadro generale della normativa canonica comu­ne”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal italiana duran­te la XXII Asamblea General Extraordinaria, 21/09/1983, AAS 76 (1984) 111‑115: 114.

[235]    A questa natura della legislazione partecipa non solo il Codice di Diritto Canonico, ma anche ogni intervento disciplinare dei Vescovi e delle Conferenze Episcopali, le cui leggi nelle materie di loro competenza, sono espressione del munus regendi e del munus sancti­ficandi”, Juan Pablo II, Discurso a la Conferencia episcopal italiana duran­te la XXII Asamblea General Extraordinaria, 21/09/1983, AAS 76 (1984) 111‑115: 114.

[236]    “... la adaptación que quiere el Concilio a los paí­ses, a las culturas y a las situaciones diferentes, la competencia reco­nocida en el Código a los obispos diocesanos y a las Conferencias Epis­copales son un signo y una misión nueva, de las que todo el Pueblo de Dios tomará conciencia poco a poco”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos y sacerdotes participantes en un curso organizado por la Pontificia Universidad Gregoriana sobre el nuevo Código de Derecho Canó­nico, 21/11/1983, L’Oss. Rom. (1983) 665 y 684: 684.

[237]    Ver nota 143.

[238]    Entretanto, ela não pode nem pretende cercear, diminuir, menos ainda suprimir e substituir a responsabilidade pessoal que cada Bispo assume ao receber, com a Ordenação Episcopal, uma missão e os carismas necessários para cumpri‑la. Esta missão que o liga à sua Igreja particu­lar mas o abre também à solicitude de todas as Igrejas, cada Bispo a cumpre como um empenho pessoal: é sua tarefa de Pastor”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Brasil, en Río de Janeiro, durante su viaje a ese país, 10/07/1980, AAS 72 (1980) 944‑960: 952.

[239]    “Me complazco de esta manifestación de fraternidad y colaboración mutua, en la que los dones de una Iglesia particular ayudan a los de la otra, ofrecidos en actitud de servicio eficaz y sin menosca­bo alguno de la justa libertad de cada diócesis ni de la debida colabo­ración concorde con los demás miembros del Episcopado”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la provincia eclesiástica de Tarragona y arzo­bispado de Barcelo­na, Espa­ña, con ocasión de su visita ad limina, 08/02/1982, AAS 74 (1982) 473‑477: 476.

[240]    A responsabilidade pessoal de cada Bispo, não é absorvida, substi­tuída ou suprimida pela Conferência Episcopal: nem esta pretenderá dimi­nuí‑la ou cerceá‑la, mas tão somente servi‑la”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de las provincias eclesiásticas de Lisboa y Evora, Portu­gal, con ocasión de su visita ad limina, 11/02/1983, AAS 75 (1983) 492‑499: 494.

[241]    “Es verdad que ésta no puede tomar el puesto que corresponde a cada obispo, Pastor inmediato y propio de la diócesis en nombre de Cris­to (cf. Lumen Gentium, 20: 23). Sin embargo, es evidente que la mutua colaboración de los hermanos dentro de la misma Confe­rencia es un eficaz medio para lograr un mayor bien de los fieles a escala nacional (cf. canon 447)”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Argentina con ocasión de su visita ad limina, 01/06/1984, L’Oss. Rom. (1984) 375‑376: 375-376.

[242]    “Es verdad que ésta no puede tomar el puesto que corresponde a cada Obispo, pastor inmediato y propio de la diócesis en nombre de Cristo (cf. Lumen Gentium, 20, 23). Sin embargo, es evidente que la mutua colaboración de los hermanos dentro de la misma Conferencia es un eficaz medio para lograr un mayor bien de los fieles a escala nacional (cf. canon 447)”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Uruguay con ocasión de su visita ad limina, 14/01/1985, AAS 77 (1985) 657‑662: 659.

[243]    “Padre y Pastor, y no mero administrador o “menager”, el obispo lo es totalmente: ... ‑cuando se siente unido a los otros Pastores y no desdeña servirse de todas las instan­cias que le pueden ayudar en el exigente servicio que el Señor y la Iglesia le confían, sin abdicar, sin embargo, de sus responsabilidades “personalísimas””, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Holanda, en Amersfoort, durante su visita a ese país, 14/05/1985, L’Oss. Rom. (1985) 310‑311: 310-311.

[244]    Collegial action should never of course prejudice your role as pastors and teachers in the respective local Churches entrusted to your care”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Bangladesh con ocasión de su visita ad limina, 03/09/1985, AAS 78 (1986) 16‑20: 19.

[245]    “En efecto, si bien la responsabilidad y competencia del Ordina­rio en la propia dióce­sis es primaria e insustituible (Cf. Lumen Gentium, 20. 23), la colaboración recíproca de los obispos dentro de la misma Conferencia es un medio eficaz para lograr un mayor bien de los fieles a escala interdiocesana o regional, pues aquellas problemáticas que superan el ámbito de una diócesis, requieren, por lo general, estu­dios y orientaciones al mismo ni­vel”, Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de Puerto Rico con ocasión de su visita ad limina, 27/10/1988, AAS 81 (1989) 598‑603: 599.

[246]    Ver nota 230.

[247]    In this way the Conference, without weakening the personal responsibility of each member, will enable you better to work together in facing the not indifferent challenges of the present moment of evangeli­zation and mission”, Juan Pablo II, Discurso a un grupo de Obispos de Gran Bretaña con ocasión de su visita ad limina, 17/03/1992, AAS 85 (1993) 335‑340: 335.

[248]    Cf. nota 10.

[249]    Cf. nota 13.

[250]    En contramos que es un avance en este intento del estudio de la naturaleza de las Conferencias episcopales desde la teología de la comunión el trabajo de J. Arrieta, Conferenze episcopali e vincolo di comunione, IE 1 (1989) 3-22.

[251]    Cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, nn° 18-22.

[252]    Cf. Mt 28,18-20.

[253]    De todo lo que se ha escrito sobre la colegialidad en relación a las Conferencias episcopales nos interesa citar uno de los últimos trabajos, el de F. Guillemette, Les conférences épiscopales sont‑elles une institution de la collégia­lité épiscopale?, Studia Canonica 25/I (1991) 39‑76. El autor avanza con claridad y coherencia desde las enseñanzas del Concilio a la afirmación de la colegialidad existente en las Conferencias episcopales.

[254]    Cf. Jn 17,21-23.

[255]    Cf. nota 251.

[256]    Cf. Concilio Vaticano II, Lumen gentium, n° 23, que cita a San Cipriano, Epist. 66,8, Hartel III 2, P. 733.