Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia Perseverar

Perseverar

¿Qué es perseverar?

Seréis odiados de todos por causa de mi nombre;

pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará.

Mateo 10,22

El bien tiene quien lo anhele; le falta, en cambio, quien lo practique. Y las buenas obras tienen quien las comience; mas suele faltarles quien las concluya. Pero el bien inconcluso es un homenaje al mal. Porque así como una verdad a medias a menudo es una completa mentira, una bondad a medias con frecuencia es una inmensa maldad.

Todo indica que la perseverancia sólo se sostiene en una voluntad firme, constante, superior al tiempo. Y he ahí el problema. Puesto que el ser humano va cambiando en sus necesidades, gustos, temores, esperanzas, pasa que no son el mismo el que quiere y el que realiza. Hoy puedo proponerme algo que haré mañana, pero ése que hará mañana mi propósito de hoy ¿será tan parecido a mí como para seguir queriendo lo que yo quiero hoy? ¿Cómo garantizar que voy a permanecer?

Puedo adueñarme en cierto modo de mi pasado (cf. los verbos conocerse, meditar, resumir, evaluar, recibir, expresarse, acoger, perdonar, olvidar); hasta cierto punto puedo hacerme consciente y dueño de mi presente (cf. los verbos retirarse, detallar, creer, orar, amar, obedecer, cuidar, discernir, dar, cooperar, dirigir, corregir), y puedo iniciar un camino hacia el futuro (cf. los verbos aprender, escuchar, esperar, imaginar, buscar, proyectar, emprender, admirarse), pero ¿puedo también asegurar que seguiré en ese camino? ¿Puedo hoy hacer firme mi mañana?

Se ve que, para hallar una respuesta, lo fundamental es comprender que las mayores dificultades están dentro de uno mismo. Los obstáculos exteriores pueden cerrarte un camino, pero en realidad no pueden impedir que lo sigas buscando. Ningún problema externo puede obligarte a desistir de perseverar en el deseo de tu objetivo. Nadie puede quitarte que sigas queriendo; nadie, salvo tú mismo. Y eso es lo grave: todo está en querer, y “querer es poder”, pero ¿cómo querer siempre?

Perseverar es el verbo que hace falta hoy. Es también el verbo imposible de nuestros días. Hoy casi todo nos parece provisional, instrumental, desechable. Por eso nos parecen casi imposibles la fidelidad en el matrimonio, la constancia en la amistad, la lealtad en el trabajo, la firmeza en los buenos propósitos… Y por eso también preferimos prepararnos para cuando todo termine. Así tenemos parejas que se casan dejando bien clara y abierta la puerta del divorcio; amigos que se sonríen sin creer sus propias sonrisas; contratos que se firman no para empezar una obra sino un pleito. Por consiguiente, todo lo que parezca firme despierta más desconfianza que admiración, más burla que alegría. Ser fiel es ser tonto; ser virgen es ser “raro”; ser honrado es ser sospechoso.

Debería quedarnos claro que vivir este verbo —o sólo pretender vivirlo—, es ir en contra de la corriente… de una gran corriente, además. Mas Jesús dice que “sólo el que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22). La conclusión se sigue: el mundo en que vivimos no va camino de su salvación sino de su ruina. Y también para nosotros vale el apremio de San Pedro: “Poneos a salvo de esta generación perversa” (Hch 2,40).

Por lo mismo, las fuerzas humanas no bastan para este verbo singular. Decir uno que va a luchar contra todo y contra todos, y va a vencer, es presunción. Necesariamente, entonces, las sugerencias para vivir la perseverancia, y especialmente la perseverancia fiinal,  han de empezar por volver nuestros ojos a nuestro Dios. Reunamos algunas recomendaciones y exhortaciones bien prácticas al respecto, tomadas de los discursos escatológicos de nuestro Señor.

1.    “Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida” (Lc 21,34).

2.    “Estad atentos, para que no os engañen” (Lc 21,8; Mc 13,5; Mt 24,4). “Surgirán numerosos falsos profetas que engañarán a muchos” (Mt 24,11).

3.     “Velad, pues, y orad en todo tiempo, para que os libréis de todo lo que ha de venir y podáis presentaros sin temor ante el Hijo del hombre” (Lc 21,36). “Orad para que no ocurra en invierno…” (Mc 13,18; Mt 24,20).

4.     “No os asustéis… el fin no vendrá inmediatamente” (Lc 21,9; Mc 13,7).

5.    “Os echarán mano y os perseguirán… esto os servirá para dar testimonio” (Lc 21,12; Mc 13,9).

6.    “Haceos el propósito de no preparar vuestra defensa… yo os daré palabras y sabiduría” (Lc 21,15; Mc 13,11).

7.    “Cuando veáis que el ídolo abominable y devastador está donde no debe (procure entenderlo el que lee), entonces los que estén en Judea que huyan a los montes” (Mc 13,14; Mt 24,15).

8.    “Cuando sucedan estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación” (Lc 21,28).

9.    “Estad alerta, porque no sabéis cuándo llegará el momento” (Mc 13,33). “¡Tened cuidado! Os lo he advertido de antemano” (Mc 13,23; Mt 24,25). “Lo que a vosotros os digo, lo digo a todos: ¡velad!” (Mc 13,37).

10.“En cuanto al día y la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre” (Mt 24,36). “Estad preparados; porque a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Mt 24,44).

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Cuáles son los factores que influyen en ti para que tú perseveres en algo?

2.    ¿Perseveras con facilidad en las decisiones que tomas?

3.    ¿Qué motivos te llevarían a perseverar en la empresa de otro?

4.    ¿Eres una persona perseverante en la amistad?

5.    ¿Quién ha perseverado contigo por tu bien?

6.    ¿En qué cosas has perseverado por el bien de otros?

7.    Cuenta de uno o varios logros que has alcanzado por haber perseverado.

8.    ¿Consideras que la perseverancia tiene sus límites? ¿Cuáles serían los tuyos?

9.    Haciendo un balance. ¿En qué cosas (asuntos, personas, proyectos, etc.) no perseveraste y que hoy lamentas?

10.¿Hoy, en qué quisieras perseverar hasta el día de tu muerte?

Oración

SALMO 2
Tú eres mi hijo

1          ¿Por qué protestan las naciones extranjeras
                        y hacen planes insensatos?
2          ¿Por qué se rebelan los reyes de la tierra,
                        se amotinan los caudillos
            contra el Señor
                        y contra el rey que ha consagrado?
3          Dicen:  «¡Rompamos sus cadenas!
                        ¡Sacudamos su yugo!»

4          Pero aquel que reina desde el cielo se sonríe,
                        el Señor los mira con desprecio.
5          De improviso les hablará lleno de cólera,
                        los aterrará diciéndoles con ira:
6          «Yo mismo consagré a mi rey
                        en Sión, la colina de mi templo.»

7          Escuchen el decreto del Señor,
                        lo que él declaró al rey
            «Tú eres mi hijo,
                        desde hoy seré tu padre.
8          Pídeme, y te daré en herencia muchos pueblos,
                        tu dominio llegará hasta las confines de la tierra.
9          Con vara de hierro los gobernarás,
                        como a vasijas de barro los harás pedazos.»
10         Por eso, reyes, obren con sensatez;
                        los que administran justicia, aprendan la lección.
11         Sirvan al Señor con reverencia,
                        vayan temblando a besarle los pies.
12         No sea que en su furor los haga perecer;
                        de un momento a otro se encenderá su ira.

13         ¡Dichosos todos los que en él buscan refugio!

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       “Yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día”, dice san Pablo a Timoteo (2Tim 1,12): he ahí la raíz de la verdadera perseverancia. En efecto, se trata de estar, como el mismo Pablo, convencidos “de que aquel que inició en [nosotros] la buena obra , la irá consumando hasta el día de Cristo Jesús” (Flp 1,6). Nos animamos en la perseverancia en la medida en que nos anima la confianza de lo que ya ha hecho Dios: “El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él gratuitamente todas las cosas?” (Rom 8,32). Nadie puede separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo (Rom 8,38s).

·       Dios acabará su obra: esta es la consigna de nuestra perseverancia (Hch 20,32; 2Tes 3,3s; Flp 1,6; 1Cor 1,7s), incluso en las horas de crisis (Gál 5,10), la que nos da libertad para anunciar el mensaje (1Tes 2,2; Hch 28,31), convencidos en oración (Hch 4,24-31) de la presencia del mismo Jesucristo (Mt 28, 20) que colaborará con nosotros y confirmará con susu señales nuestras palabras (Mc 16,20).

De otros pensadores:

·       Las cosas que presto llegan a su perfección, valen poco y duran menos; una flor presto es hecha y presto es deshecha; mas un diamante, que tardó en hacerse, apela a lo eterno. —Gracián.

·       La perseverancia es una insistencia estable y permanente en lo que uno ha emprendido con razón, después de haberlo considerado maduradamente. —Santo Tomás de Aquino.

·       Si cada año desarraigásemos un vicio, presto seríamos perfectos. —Kempis.

·       Suprimid la perseverancia y habréis suprimido toda virtud sobresaliente, toda acción heroica y todo esfuerzo generoso. —San Bernardo.

·       Por el camino del “ya casi voy” se llega a la casa del nunca. —Miguel de Cervantes.

·       No hay camino demasiado largo para el que lo anda lentamente y sin precipitarse. —La Bruyère.

·       Cada día hemos de renovar nuestro propósito, como si hoy fuese el primer día de nuestra conversión. —Kempis.

·       Hacen falta muchas ráfagas de aire para inflar una vela y hacer marchar un barco. Hacen falta muchos hálitos de inspiración para avanzar razonablemente un paso. —Pitágoras.

·       Debes convencerte de que es inevitable rodar muchas veces cuando se sube. El secreto de subir no está en no caer, sino en no permanecer caído. O perseveras subiendo o perseveras caído. Escoge. —Luis J. Actis.