Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia Alabar

Alabar

¿Qué es alabar?

Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos,

toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría,

se pusieron a alabar a Dios a grandes voces,

por todos los milagros que habían visto.

Lucas 19,37

Solemos estar tan ocupados desprendiéndonos del mal, que a veces nos cuesta reconocer el bien que se nos prende. No es la única razón por la que nos resulta difícil alabar.

1.    En efecto, es común pensar que cuando a las personas se las alaba se vuelven presuntuosas, orgullosas, vanidosas, o que se van a sentir tan superiores a nosotros que tendremos que obedecerles.

2.    En otro sentido —común en las relaciones afectivas o de vida comunitaria— pasa que no queremos alabar porque reconocer que alguien nos ha hecho bien puede hacer que crea que ya ha hecho suficiente.

3.    De otro lado, también nos da pereza alabar porque a menudo sucede que los esfuerzos nuestros nadie los valora; entonces sentimos que damos y no recibimos, y que somos los tontos mientras que los otros son los astutos.

Sin embargo, la alabanza es un bien inmenso para el corazón humano, que en cierto modo ha sido creado finalmente para eso: para alabar a su Creador y a la creación de ese Creador. Y por eso los corazones que no se ejercitan en la alabanza no se preparan para el cielo. Resultan semejantes a un viajero que tuviera que ir a tierras ignotas y no se preocupara ni siquiera por aprender el idioma de su lugar de destino. Dejar de alabar es endurecer el alma: la única alma que tenemos y somos. Dejar de alabar es desechar el cielo sin quedarse con la tierra. Es escoger el infierno. Por eso es importante, es vital aprender a alabar y nunca dejar de hacerlo. Así como uno nunca se desprende del alma, nunca debe desprenderse del idioma definitivo del alma que es la alabanza. Nuestro último suspiro en este mundo —no lo dudemos— ha de ser el prefacio de la inmensa alabanza del cielo.

Pero, ¿cómo aprender a alabar? ¿Cómo fortalecernos en la alabanza? He aquí algunas sugerencias.

1.    Repasa los verbos detallar, meditar, sonreír, descansar, recibir, agradecer, admirarse, celebrar y perdonar. El veneno del alma huele mal, sabe mal y hace mal. Así pues, hay que salir del veneno. Sin embargo, ten en cuenta que la misma alabanza te va a ir ayudando a salir de tus venenos. Es un proceso que se retroalimenta: es verdad que una persona sanada alaba, pero.también es verdad que la alabanza sana.

2.    Para aprender a alabar, no empieces por las personas humanas, que pronto decepcionan, especialmente cuando la virtud no ha echado verdaderas raíces en tu alma. Comienza mejor por las Personas divinas: empieza alabando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

3.    Dos ejercicios, complementarios y simultáneos, son imprescindibles para fortalecer la alabanza a Dios: apoyarse en las palabras de otros y dejar que poco a poco vayan fluyendo las propias palabras. Para lo primero ayuda la oración compartida, la lectura de buenos libros de piedad y especialmente el orar con los salmos. Para lo segundo es provechosa la oración ante el Santísimo Sacramento y el escribir nuestras propias oraciones y meditaciones.

4.    Crecer en la alabanza implica darle la gloria a Dios en todo lo bueno y en todo lo malo; presentarle todo lo bueno y todo lo malo; agradecerle todo lo bueno y todo lo malo. Es habituarse a tener en la boca su palabra. A este propósito ayudan enormemente las jaculatorias.

5.    Una vez habituados a la alabanza divina, iremos sintiendo que nuestra alma se dilata y libera de mezquindades y egoísmos. Empezaremos a ser felices de que otros sean felices. Es el momento de ser más liberales con nuestras sonrisas y palabras amables. Sabiendo sí que estas palabras hay que ofrecerlas con el espíritu del verbo dar. Pronto notaremos que es verdad lo que afirmaba aquel psicólogo: se gana más en una hora interesándose por los demás que en un mes tratando de que ellos se interesen por nosotros.

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Cómo manifiestas tu alabanza?

2.    ¿A quién diriges tus alabanzas?

3.    ¿De qué medios te vales para alabar a alguien?

4.    ¿Qué género de acciones alabas?

5.    Para alabar, ¿prefieres la privacidad o la publicidad? Explica.

6.    ¿Te cuesta alabar a otros? Da algunas razones.

7.    Con sencillez de corazón. ¿Qué consideras que sea “alabable” en tu vida?

8.    Cuando alabas, ¿qué es lo que propiamente estás reconociendo?

9.    ¿Alabas cuando admiras? Describe.

10.¿Cómo alabarías algo o alguién que a “tus ojos” no lo es?

Oración

Salmo 148
Alaben al Señor en el cielo, alaben al Señor en la tierra.

 1         Aleluya.
            Alaben al Señor en el cielo,
                        alábenlo en las alturas;
 2         alábenlo, todos sus ángeles,
                        alábenlo, sus ejércitos celestiales;
 3         alábenlo, sol y luna,
                        alábenlo, estrellas brillantes;
 4         alábenlo, los cielos más altos
                        y los depósitos de agua que hay en las alturas.
 5         Alaben el nombre del Señor,
                        que los creó con solo decirlo;
 6         les dio consistencia perpetua,
                        les impuso leyes que no pueden quebrantar.
 
 7         Alaben al Señor en la tierra,
                        monstruos marinos y océanos profundos,
 8         rayos y granizo, nieve y neblina,
                        viento huracanado que cumple sus órdenes;
 9         montañas y colinas todas,
                        árboles frutales y cedros;
10         animales salvajes y domésticos,
                        los que viven en el suelo y los que vuelan;
11         reyes del mundo y naciones todas,
                        jefes y autoridades de la tierra;
12         jóvenes todos,
                        ancianos y niños;
13         alaben el nombre del Señor,
                        el único nombre sublime.
            Su gloria sobrepasa el cielo y la tierra,
14                     él es quien da poder a su pueblo,
            para que lo alaben todos sus fieles,
                        los hijos de Israel, su pueblo predilecto.
            Aleluya.

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       En la Biblia, alabanza y acción de gracias a Dios suscitan unas mismas manifestaciones exteriores de gozo, sobre todo en el culto; una y otra dan gloria a Dios (Is 42,12; Sal 22,24; 50,23; 1Cro 16,4; Lc 17,15-18; Hch 11,18; Flp 1,11; Ef 1,6.12.14) confesando sus grandezas.

·       Los cantos bíblicos de alabanza, nacidos en un arranque de entusiasmo, multiplican las palabras para tratar de describir las grandezas divinas. Cantan su bondad, su justicia (Sal 145,6s), su salvación (Sal 71,15), su auxilio (1Sam 2,1), su amor y fidelidad (Sal 89,2; 117,2), su gloria (Éx 15,21), su fortaleza (Sal 29,4), su maravilloso designio (Is 25,1), sus juicios liberadores (Sal 146,7). Celebran las maravillas de Yahvé (Sal 96,3) en sus altas gestas y proezas (Sal 105,1; 106,2), en todas sus obras (Sal 92,5s) especialmente manifiestas en los milagros de Jesucristo (Lc 19,37).

·       De las obras se asciende a su autor. A Dios se canta porque es grande y loable (Sal 145,3), majestuoso (Sal 104,1; cf. 2Sam 7,22; Jdt 16,13). Por eso su nombre es grande y célebre (Sal 34,4; 145,2; Is 25,1). Alabar a Dios es exaltarlo, magnificarlo (Lc 1,46; Hch 10,46), es reconocer su superioridad única, ya que sólo él habita el cielo altísimo (Lc 2,14), él es santo (Sal 30,5 = 97,12; 99,5; 105,3; cf. Is 6,3).

·       De otra parte, la Biblia es muy parca en elogios o alabanzas a los seres humanos. No le impresionan los despliegues de fuerza, pues “Dios no estima los músculos del hombre” (Sal 147,10). Ve que la riqueza es vanidad muchas veces (Sal 39,6-7; 49,8-14; 62,11; cf. Lc 12,16-20) y los grandes de esta tierra son nada —y a menudo estorbo— frende a Dios (Job 12,24; 34,18-19; Sal 76,13; 82,7; cf. 107,40).

·       Sin embargo, hay también extensas y hermosas alabanzas, pero reservadas sólo a los creyentes, de modo que sólo del Señor nos gloriemos (cf. 1Cor 1,31). Al respecto puede leerse lo que se dice a Judit (Jdt 15,9-13; seguido de la alabanza de Judit a Dios: Jdt 15,14—16,17), y también los elogios de los “hombres ilustres” del Eclesiástico (Sir 44ss) y de los héroes de la fe en Hebreos (Heb 11).

De diversos Pensadores:

·       Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza; a ti, Padre del cielo te alaba la creación. —Himno «Te Deum».

·       Pocos son lo bastante sabios para preferir la censura que les es útil a la alabanza que les traiciona. —La Rochefoucauld.

·       Nada te parezca grande, nada precioso y admirable, nada juzgues digno de buena fama, ni alto; nada verdaderamente laudable y deseable, a no ser que sea eterno. —Kempis.

·       Alabar a Dios es narrar sus maravillas. —Casiano.

·       Los redimidos deben entonar un canto de victoria. —San Atanasio.

·       Porque Cristo se ha elevado sobre el cielo, su gloria se anuncia sobre toda la tierra. —Arnobio.

·       Ninguna persona merece ser elogiada por su bondad si no está en condiciones de ser mala. —La Rochefoucauld.

·       Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma. —Hesiquio.