Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia Discernir

Discernir

¿Qué es discernir?

«¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo

y no podéis discernir las señales de los tiempos!»

Mateo 16,3

El desorden del entendimiento es fuente de desorden en la voluntad. Y la oscuridad en el entender anticipa la tiniebla en el obrar. El desorden es oscuro, porque impide ver, aunque haya luz. Y la oscuridad desordena, porque poco a poco nos lleva a olvidar el lugar de cada cosa.

Frente a ello, discernir es distinguir: el primer paso para ordenar. Discernir también es pronunciar un “sí” que conlleva un “no”; por lo mismo, es trazar una frontera, es comenzar a ver.

Como acto, el discernimiento supone, en general, unos diez pasos: acogida, escucha, examen, análisis, distinción, juicio, sentencia, revisión, verificación y autoevaluación. El proceso completo supone una especie de “espiral” ascendente.

Acogida es el acto por el que nos hacemos conscientes de nuestros propios límites, y nos disponemos del mejor modo posible a recibir un “algo” distinto a nosotros mismos. Implica la conciencia de los propios prejuicios, generales, particulares y singulares,  y el deseo sincero de deponerlos.

Escucha es la recepción misma de los “datos” o de las versiones de un hecho o acontecimiento. Implica atención, esfuerzo de comprensión, preguntar inteligente, recurso a la experiencia, deseo de objetividad y claridad. Si se trata, pues, de un discernimiento cristiano, la revelación bíblica y la historia y el magisterio de la Iglesia tienen aquí su lugar.

Examen es el planteamiento de lo recibido en términos abstractos, más allá de las simpatías, antipatías y demás afectos, y también más allá de lo puramente anecdótico o circunstancial, tanto de la persona que habla como de quien la escucha. Lo esencial en esta fase es al amor a la verdad. En un discernimiento cristiano, aquí se invoca la gracia de la luz del Espíritu Santo.

Análisis es la discriminación de los elementos y actores; las causas y consecuencias; lo querido sin decirlo y lo dicho sin quererlo. Fruto de esta fase  ha de ser la certeza moral de que los datos del problema forman un todo coherente y de que las posibles mentiras o medias verdades en las versiones han sido debidamente subsanadas.

Distinción es la jerarquización de aquello que ha sido fruto del análisis. Conviene intentar por lo menos tres jerarquías distintas: en el orden temporal, en el orden causal y en el orden moral.

Juicio es el acto mismo de discernir. Supone tomar aquella postura que al mismo tiempo nos parece razonable, sensata, oportuna y prudente, y que deja en el corazón una sensación de verdad, de paz y de libertad frente a las personas y frente a los datos.

Sentencia es simplemente el enunciado claro, sucinto y responsable de lo que ha sido alcanzado en el juicio.

Revisión es aquella primera fase de retroalimentación en la que devolvemos el proceso de modo crítico y sereno, como desconfiando de nosotros mismos, a la luz de nuestra propia fragilidad e ignorancia.

Verificación es el contraste entre nuestra sentencia y el hecho o persona que tenemos delante. Supone probablemente una nueva acogida, escucha y análisis, en un deseo de que los implicados sean tanm favorecidos e iluminados como sea posible. Implica, pues, amor a la verdad y gran misericordia. Sin complicidad pero sin innecesaria dureza.

Autoevaluación es el tercer paso en la retroalimentación. Supone una crítica a nuestro modo de criticar y un discernimiento de nuestra manera de discernir: como un examen de conciencia por el que deseamos también mirarnos como Dios nos mira y darle toda la gloria.

Porque discernir es constituirse en alabanza de la gloria de Jesucristo, es cerrar las puertas a la ignorancia, la duda, la perfidia, el escepticismo, el error y la malicia, para abrirlas para el Espíritu.

Preguntas para el diálogo

1.    ¿Piensas que discernir es algo muy personal y privado?

2.    ¿El discernimiento para qué lo has empleado?

3.    Cómo y con quién disciernes el gasto de tus ingresos?

4.    ¿Piensas que las equivocaciones se generan por un discernimiento mal hecho? Explica.

5.    ¿Qué tanto disciernes las decisiones que tomas?

6.    ¿Cómo te «aseguras» de que un discernimiento está bien o mal hecho? Es decir, ¿Cuáles son tus criterios para ejecutar este verbo? (Ante la existencia de un problema, de una duda, de un temor, de un amor; cómo y con quién te confrontas, etc., etc.)

7.    Entonces, ¿A qué y quién acudes para discernir o compartir tus discernimientos?

8.    ¿Crees que has perdido o no has tenido la suficiente capacidad para discernir? ¿A qué lo atribuyes?

9.    ¿Cómo crees que Dios ayuda a la conciencia para que discierna?

Oración

Salmo 36
En ti está la fuente de la vida


1-2       El malvado solo escucha la voz de la impiedad,
                        el temor de Dios no existe para él.
 3         Tiene un concepto tan vano de sí mismo
                        que no puede ver ni odiar su culpa.
 4         Sus palabras son traición y engaño,
                        ya no puede entender ni hacer el bien.
 5         En su lecho trama la traición,
                        se obstina en no seguir el buen camino,
                        no se aparta del mal.

 6         Tu amor, Señor, llega hasta el cielo,
                        tu fidelidad hasta las nubes.
 7         Tu justicia es como las más altas montañas,
                        tus juicios, como el océano profundo.
            Tú socorres a hombres y animales.
 8         ¡Qué precioso es tu amor, oh Dios!
                        Los hombres se acogen a la sombra de tus alas.
 9         Paladean los manjares exquisitos de tu casa:
                        les das a beber tus delicias a torrentes.
10         Porque en ti está la fuente de la vida,
                        y en tu luz podremos ver la luz.
11         Muestra tu amor a tus amigos,
                        tu justicia a los de corazón sincero.
12         Que no me aplasten con su pie los orgullosos,
                        que la mano de los malos no me alcance.
13         Los que hacen el mal cayeron derribados,
                        ya no pueden levantarse.

Referencias

De la Sagrada Escritura:

·       La Biblia no conoce la palabra propia para designar la conciencia sino a partir del contacto con el medio griego. En efecto, sunei/dhsij no aparece sino en Sir 10,20 y en Sab 17,10. Ausente de los Evangelios es empleada sobre todo por Pablo. Pero la realidad a que se refiere la palabra existe en toda la Biblia.

·       En la Sagrada Escritura el lugar primero del discernimiento propio de la conciencia es el corazón: «David sintió latir su corazón cuando hubo hecho el censo del pueblo y dijó a Yahvé: He pecado gravemente al hacer esto» (2Sam 24,10); igualmente cuando cortó la orla del manto del ungido del Señor (1Sam 24,6) o cuando se le dijo que podría pesarle el haber derramado sangre (1Sam 25,31).

·       Otras veces el juicio sobre lo bueno o malo de los actos, acciones o actitudes se da en los riñones. Sólo Dios escudriña las entrañas; sólo él conoce lo que hay en el interior de cada cual (Jer 11,20; 17,10; Sal 7,10). Por eso, sólo Dios puede verdaderamente discernir los espíritus.

·       De aquí la necesidad de tener un corazón puro, para poder ver a Dios (Mt 5,8). San Pablo le aconseja a Timoteo que promueva: «un corazón puro, una conciencia recta y una fe sincera» (1Tim 1,5). En donde es posible ver la transición de la noción más veterotestamentaria de “corazón” a la neotestamentaria de “conciencia”.

·       La meta de esta conciencia es llegar a ser “irreprochable” (2Cor 1,12; cf. Hch 23,1; 24,16), teniendo siempre claro que “el que juzga es el Señor” (1Cor 4,4). Esta conciencia, pues, no es tanto “autónoma” cuanto teónoma, en la medida en que Dios —por la comunicación del Espíritu Santo— es su ley. Por eso la conciencia discierne más y más en la medida en que se colma de fe (sin “desocuparse” de su capacidad de razonar): 1 Tim 1,5.19; 3,9; 4,1s; 2 Tim 1,3; cf. Heb 13,18; 1Pe 3,16).

·       Esta obra del Espíritu en el creyente florece a veces en un carisma singular, el del discernimiento de espíritus, del que habla Pablo en 1Cor 2,11s; 12,10.31; cf. 14,12.

De diversos Pensadores:

·       Nadie se distraza de algo peor que de sí mismo. — S. Elizondo.

·       Quéjase todo el mundo de su memoria; pero nadie de su capacidad de juzgar. —La Rochefoucauld.

·       No te imagines que los demás tienen tanto interés en escucharte como el que tú tienes de hablar. —Antístines.

·       Desconocer lo que sucedió antes de ti es como quedarte siempre niño. —Cicerón.

·       La verdadera manera de ser engañados es creerse más listos que los demás. —La Rochefoucauld.

·       Dios mira si tus manos están limpias, no necesariamente si están llenas. —Publio Siro.

·       Todo hombre considera su condición humana con cierto aire de melancolía. —Ralph Waldo Emerson.

·       Personas hay en quienes los defectos sientan bien, y otras que son desagradables con sus buenas cualidades. —La Rochefoucauld.

·       Es fácil el descenso al infierno. —Virgilio.