La
virtud opuesta a la lujuria, como sabemos, es la castidad. Es buenísimo
hacer unos ejercicios espirituales, naturalmente. Y al mismo tiempo
poner todos los medios para ayudar a la voluntad a saber decidir en
cada momento lo que debe hacer. En primer lugar la GRACIA DE DIOS y la
DEVOCIÓN A LA VIRGEN MARÍA, y el trato frecuente con la EUCARISTÍA,
y EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA.
Y
todos los medios que aconseja la prudencia para no facilitar al
demonio la tentación tan fácil hoy: cuidar los sentidos, la TV, los
otros medios de comunicación, las amistades peligrosas, la imaginación,
etc. Es muy gratificante vivir en paz con Dios, con los demás y con
nosotros mismos. Merece la pena el esfuerzo. Un abrazo