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PREGUNTA

¿Se puede mejorar la vida de un neurótico con fármacos? Qué es mejor, ver a un psicólogo o a un psiquiatra para tratar esta enfermedad? Gracias.

Martha


Padre, me gustaría saber más sobre la historia de los "aluminados" o "alumbrados"... Parece que existían en tiempos de Juana de arco...y cree usted  que aun pueden haber?

Perdona mi español... gracias.

Maryhelen

 

RESPUESTA

Amiga Martha: Contesto a tu pregunta sobre la Neurosis

Me preguntas si el que padece un neurosis debe ir al psiquiatra o al psicólogo. Pues eso depende de la experiencia y ciencia que tenga el psicólogo. Siempre un psiquiatra tiene mucho más ciencia que un psicólogo, ya que es un médico especializado en el sistema nervioso. 

Parece que da un poco de temor el ir, o el que sepan he ido, a un psiquiatra, porque tradicionalmente a estos especialistas se les ha asociado con la mal llamada "locura". Las enfermedades nerviosas son muy variadas, y una de ellas es la neurosis, que es el conjunto de síntomas psíquicos y emocionales producidos por un conflicto psicológico y que se han hecho crónicos. 

En las neurosis se conserva la capacidad de razonar coherentemente, por eso un neurótico no es un demente. Hay muchos tipos de neurosis: neurosis obsesivas, compulsivas, de angustia, crisis de pánico, hipocondría, etc. Lo mejor siempre será tratar con un buen psiquiatra, ya que estos hoy se ocupan de ordenar debidamente cualquier problema que afecte a la personalidad de un modo muy profesional, y no hay que tenerles miedo. Esta es mi opinión. En casos leves puede que sea suficiente un buen psicólogo.


Estimada Maryhelen: Respondo a la pregunta que haces sobre el tema de los iluminados y similares:

Preguntas sobre el tema de iluminismo. Es un tema interesante y complejo, que ha tenido mucha importancia en la historia de la espiritualidad cristiana. No hablamos aquí del iluminismo como corriente ideológica que brota del racionalismo. Tratamos del iluminismo más clásico, relacionado con la experiencia religiosa. Se trata de una doctrina mística basada en la creencia de una iluminación interior inspirada directamente por Dios, que se acompaña a la vez de groseros errores morales. 

Floreció en Europa en los siglos XVI y XVII: en Alemania, Italia, Francia, y sobre todo en España, también conocida con el nombre de alumbradismo, donde se desarrolla en un pequeño círculo de religiosos, principalmente franciscanos, monjas y mujeres piadosas. 

Tiene muchos puntos de contacto con el quietismo del siglo XVII: en el fondo vienen a ser la misma cuestión moral, aunque varíen los fundamentos doctrinales. 

El iluminismo es el cáncer del misticismo. Tiene sus raíces en corrientes remotas de la Edad Antigua. Se trataba de gente que pretendía recibir directamente de Dios y al margen de los medios de la Gracia dispensados por la Iglesia, una luz especial que les hacía aptos para la revelación y la perfección. Aparecerá más adelante el fenómeno de los alumbrados. 

Aluminado se aplica en el siglo XV para calificar a los homosexuales. Alumbrado se aplica a otro fenómeno distinto. En un sentido ortodoxo se aplica a los que se dan a la vida interior con ganas y con garra. A esos los alumbra el buen espíritu. El vocablo gozó de prestigio hasta que se fue torciendo la conducta moral de algunos tipos que "externamente profesaban perfección". Cuando todo se descubrió el término alumbrado adquirió un significado peyorativo. Santa Teresa de Jesús denuncia esa actitud. Y Fray Luis de León hablará de "esos demonios de los alumbrados". 

El alumbradismo español es para muchos la única herejía que ha echado raíces en la España de los siglos XVI y XVII. Para otros es un fenómeno cuya importancia no se ha valorado suficientemente. En realidad fue un desviacionismo espiritual y moral, una "falsificación de la vida interior", aunque no tuviese un cuerpo de doctrina serio. Era más bien una actitud descarriada con apariencia de "santidad". 

Esto originó la reacción de los teólogos y de los grandes místicos, que supieron desenmascarar el fenómeno y aclarar las cosas que hace relación a Dios. Hoy hay que llevar cuidado con no caer en el mismo error, tratando de atribuir a Dios y a la Virgen fenómenos místicos que pueden ser simples manifestaciones de mentes desequilibradas, o de buena voluntad, pero siempre equivocadas. Hay que someter siempre cualquier corriente o fenómeno al criterio seguro de la Jerarquía de la Iglesia. Con la influencia de los orientalismos de moda, hay mucho desviacionismo del verdadero camino del Evangelio. 

Espero que te haya podido aclarar algo

Juan García Inza

juangainza@hotmail.com