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Amigo
Francisco: Te envío mi respuesta, no sé si del todo clara, a las
interesantes preguntas que formulas a nuestra página:
CRISTO,
Y SU AUTOCONCIENCIA
Nos
planteas unas cuestiones profundamente teológicas, que han dado lugar
en las diferentes épocas de la historia de la Teología a verdaderas escuelas
y corrientes que sería imposible aquí aludir porque el campo es
amplísimo. Hasta nuestros días la cristología sigue planteándose
facetas de la vida de Jesús como las que plantea en su pregunta nuestro
amigo comunicante.
Para
un estudio serio de Cristo, hay que partir de una verdad dogmática
básica, y que es la que se llama la UNIÓN HIPOSTÁTICA que se da en
Cristo, en el que de un modo profundamente misterioso se da una unión
de la DOBLE NATURALEZA, la humana y la divina, en una sola PERSONA. De
la recta inteligencia de la UNIÓN HIPOSTÁTICA se deriva la posibilidad
de razonamiento sobre el hombre Jesús, y platearnos cuestiones como:
comunicación de idiomas; su conocimiento y autoconciencia; su voluntad
y acción; su vida de gracia; su disposición espiritual básica; su
visión beatífica, etc.
Nos
centramos un poco en la cuestión de la CIENCIA DE JESÚS. La historia
de la UNIÓN HIPOSTÁTICA ha evidenciado como ya, en la época
patrística, los intentos de una cristología del Logos-anthropos en
nombre de la cristología bíblica "desde arriba" se vieron
cada vez más desplazados por la cristología del Logos-sarx. Con ello,
sin embargo, también cobra importancia decisiva la concepción bíblica
del hombre visto como un ser dual, formado de alma espiritual y de
cuerpo, a la vez que el alma espiritual no sólo es considerada como
soporte del ser personal del hombre, sino incluso como idéntica en el
fondo con el mismo. Se comprende, pues, que desde el instante mismo en
que se estableció el ser divino de Jesús como el enunciado fundamental
de nuestra fe, también se contemplase especialmente el alma de Cristo
junto con su ser divino como Logos; por esa razón, las declaraciones
sobre la vida espiritual de Jesús permanecen íntimamente ligadas a las
declaraciones sobre su ser divino. Tan importante es esto que, tras la
luchas contra las distintas herejías, se pudo dejar claro y elaborar
como doctrina de fe la necesidad de mantener en Cristo, de acuerdo con
la dualidad de naturalezas, también "dos voluntades y dos
operaciones específicas".
Hay
que tener en cuenta lo siguiente: primero que las cuestiones relativas a
la autoconciencia y conocimiento de Jesús no son cuestiones que
respondan a la curiosidad humana, sino que son más bien decisivas para
la comprensión teológica del misterio de Cristo y para la vida
cristiana como imitación de Cristo.
Segundo,
que es necesario establecer aquí que las cuestiones sobre la
autoconciencia y conocimiento de Jesús no pueden resolverse únicamente
a partir de las afirmaciones de la Escritura, ya que las afirmaciones
escriturísticas se encuentran de continuo ante el tribunal de la
respectiva comprensión que la fe de la Iglesia tiene de la unión
hipostática, hasta llegar a su comprensión definitiva.
Tercero,
que en la respuesta a estas cuestiones ha de quedar claro que Cristo, el
Dios-hombre histórico, es un misterio estrictamente dicho y que, por
consiguiente, la respuesta teológica, al ser de hecho una respuesta a
la pregunta humana, representa la expresión de la verdad y hondura de
nuestra fe viva en cristo. Si nos atenemos a sólo afirmaciones de la
Escritura encontramos algunas contradicciones que nos pueden desorientar
si no se explica teológicamente bien: el saber o no saber de Cristo
sobre algunos acontecimientos futuros, como por ejemplo la segunda
parusía.
Hay
que decir que el tema propio y específico del mensaje bíblico no es la
cuestión acerca de la ciencia de Jesús, sino más bien y
primordialmente la cuestión acerca de su persona y de su obra. Además
los relatos evangélicos son de distintos autores y de distintas épocas,
y no siempre coinciden en las mismas apreciaciones o detalles. No
olvidemos que con la llegada del Espíritu Santo se abrió más la mente
de los Apóstoles y recibieron conocimientos sobre cuestiones
cristológicas que antes no llegaron a captar. Y así se llegó a
formular el CREDO APOSTÓLICO, que después iría explicitándose.
También
está el peligro de interpretar el ser divino de Jesús en el sentido
humano y pagano de un mito, que querría introducir en el misterio
siempre incomprensible una visión humana y racional en lugar del
misterio de fe libre y moral, y el orgullo de la ciencia humana en lugar
de la obediencia de fe.
¿Puede
realmente la conciencia divina de Cristo tener la misma forma
fundamental que la autoconciencia humana? Vamos a tratar de sintetizar
las respuestas abundantes de la Teología sobre la cuestión
planteada.
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Según aparece en el NT, Jesús se sabe constantemente "Hijo del
Padre del cielo". Esa conciencia de su condición de Hijo del Padre
la expresa claramente por primera vez públicamente a los doce años
cuando se queda en el templo y sus padres le buscan.
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Esa conciencia de su condición de Hijo del Padre la mantiene hasta el
final. Los pasajes del Bautismo, Transfiguración, etc. son claros.
Estas afirmaciones hacen referencia a su SER más íntimo, El es el Hijo
de verdad, autoconvencido claramente de ello. No se trata por tanto de
un reflejo del hombre Jesús que se presenta con tales autodeclaraciones
gratuitas.
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¿Sabía El que también era Dios? El no lo afirma nunca claramente,
pero observamos esa constante evolución en su autoconciencia humana,
que va dando paso a la divina hasta decir "Nadie conoce al Padre
sino el Hijo", y "El padre y yo somos una sola cosa". Va
apareciendo en el NT lo que es el SER DE DIOS: LA SANTISIMA TRINIDAD.
Tres Personas y un solo Dios. Pero hay que aclarar que el alma humana de
Cristo era de naturaleza finita, y por tanto no tenía este conocimiento
como lo tenía como Dios. En su condición de hombre se fue
desarrollando la conciencia divina de que El era Dios. Diríamos, para
entendernos, que el Dios que había en El, unido hispostáticamente con
la naturaleza humana, fue revelando poco a poco quien era en realidad
Cristo. Aunque Fulgencio De Ruspe (+ 533), al identificar alma y
persona, afirma: "El alma de Cristo tuvo conocimiento pleno de la
divinidad". Si realmente es así, desde el nivel humano fue
adquiriendo progresivamente esa conciencia.
Por
tanto, contestando a lo que se nos pregunta: el Niño Jesús en la cuna
de Belén, como Dios sabía quien era, y como hombre fue adquiriendo
conciencia de lo que era, como fue adquiriendo otros conocimientos, y lo
pudo expresar cuando pudo hablar con toda propiedad a la edad adecuada.
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Y ¿Qué decimos de la visión beatifica? Para el alma creada de Cristo
habría que suponer, como en cualquier hombre después de su muerte, la
verdadera visión beata (y beatífica), sin que por ello se hubiese
visto afectada la profunda felicidad personal, dada la fundamentación
del yo humano en el Logos divino. En cristo se da con tanta profundidad
el Misterio del Verbo de Dios Encarnado, que de esa unión tan perfecta,
no cabe esperar menos que se diese la contemplación más profunda del
Ser divino por parte del ser humano de Jesús.
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Para comprender a Jesús, y todo su Misterio insondable, no podemos
separar al Cristo histórico del Cristo de la Fe. Y estar convencidos de
la limitación de nuestra inteligencia para comprender verdades que nos
superan infinitamente.
En
cuanto a la pregunta de si es lo mismo creer en Cristo que seguir a
Cristo, hay que responder que debería ser los mismo, ya que lo segundo
sería una consecuencia de lo primero. Pero no nos olvidemos que una
cosa es CREER EN CRISTO Y OTRA CREER A CRISTO. La FE HAY QUE DEMOSTRARLA
CON LAS OBRAS, y este puede ser el fallo más radical del cristiano: LA
DISOCIACIÓN QUE MUCHAS VECES HACEMOS DE LA FE, QUE VA POR SUS FUEROS
PIADOSOS O TEÓRICOS, Y LA VIDA, QUE PARECE QUE NO TIENE NADA QUE VER
CON LA FE. Hay que vivir la unidad de vida.
Ruego
me perdone mi amigo interlocutor si me extendido mucho en la respuesta,
que al final no sé si ha quedado muy clara. Pero un asunto de esta
categoría teológica no se puede despachar con dos palabras. Un saludo
muy afectuoso
Juan
García Inza
juangainza@hotmail.com
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