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Amigo
Felipe:
Haces
una pregunta curiosa sobre el ARCA DE LA ALIANZA, su desaparición y si
es verdad que la han encontrado. Puede que a muchos le interese el tema.
Yo diré brevemente lo que se sabe al respecto.
El
ARCA DE LA ALIANZA, era como un cajón de madera, un arca bellamente
elaborada, con cuatro anillas en sus esquinas por donde metían los varales
para llevarla a hombros en la peregrinación del pueblo de Dios. Era
como un TEMPLO MÓVIL, ya que el pueblo de Israel no tenía todavía un
lugar fijo como sede y, por consiguiente, un templo estable en donde
orar a Dios y leer las Escrituras.
En
el Arca estaban guardadas la TABLAS DE LA LEY, que el pueblo se había
comprometido a observar en la ALIANZA QUE HABÍA HECHO CON DIOS,
revelado en el Sinaí.
Cuando
ya el pueblo de Israel se establece en Jerusalén y construye el Templo,
el Arca pierde importancia. Es sustituida por el templo, a donde se va a
orar, a escuchar a Dios, a ofrecerle los sacrificios. Jerusalén es el
lugar de Dios. Desde que se construye el Templo ya no se habla del Arca
en las Escrituras, y con toda seguridad desapareció junto con el templo
con ocasión de la cautividad. Posteriormente se haría el nuevo Templo,
pero Jeremías después del 587 antes de Cristo, invita al pueblo a no
lamentar la desaparición del arca, pues la nueva Jerusalén, venida a
ser el centro de las naciones, será también el trono de Yahveh (Jer
3,16-17) y en la nueva alianza la ley será inscrita en los corazones
(31, 31-34).
Ezequiel
utiliza la imaginería del arca, sede móvil de Yahveh, para mostrar que
la "gloria" abandona el templo contaminado para trasladarse a
los deportados en la cautividad: en adelante estará Dios presente al
resto de la comunidad santa (Ez 9-11).
El
judaísmo ha esperado, a lo que parece, una reaparición del arca al
final de los tiempos (2Mac 2,4-8), lo cual tiene lugar en el Apocalipsis
(Ap 11,19). El Nuevo Testamento muestra, en efecto, que el arca ha
hallado su cumplimiento o realización en Cristo. Palabra de Dios que
habita entre los hombres (Jn 1,14; Col 2,9), que opera para su salud
(1Tes 2,13), se hace su guía (Jn 8,12) y viene a ser el verdadero
propiciatorio (Rom 3,25).
Es
decir, el arca físicamente se perdió, y sólo reaparece místicamente
en Cristo, verdadera ARCA DE LA NUEVA ALIANZA. El arca material ni se ha
encontrado, ni espero que se encuentre ya que pereció con la
destrucción del primer templo de Jerusalén. Todas las historias sobre
su aparición son eso, historias, leyendas, imaginaciones y aventuras,
como aquella famosa película "En busca del arca perdida".
Pasa lo mismo con el Arca de Noé. Todas la noticias que a veces
aparecen sobre su hallazgo son puras fantasías. ¡Quien sabe si algún
día aparece un fósil y con el carbono 14 se demuestra que se ha
encontrado! El tiempo lo dirá.
Un
saludo
Para
María Aguasanta:
El
miércoles de Ceniza es el
principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el
que manifestamos
nuestro deseo personal de conversión a Dios.
Al acercarnos a los
templos a que nos impongan la ceniza, expresamos con humildad y
sinceridad de corazón, que deseamos convertirnos y creer de verdad en
el Evangelio.
El origen de la
imposición de la ceniza pertenece a la estructura de la penitencia canónica.
Empieza a ser obligatorio para toda la comunidad cristiana a partir del
siglo X. La liturgia actual, conserva los elementos tradicionales:
imposición de la ceniza y ayuno riguroso.
La bendición e
imposición de la ceniza tiene lugar dentro de la Misa, después de la
homilía; aunque en circunstancias especiales, se puede hacer dentro de
una celebración de la Palabra. Las fórmulas de imposición de la
ceniza se inspiran en la Escritura: Gn, 3, 19 y Mc 1, 15.
La ceniza procede de
los ramos bendecidos el Domingo de la Pasión del Señor, del año
anterior, siguiendo una costumbre que se remonta al siglo XII. La fórmula
de bendición hace relación a la condición pecadora de quienes la
recibirán.
El simbolismo
de la ceniza es el siguiente:
a) Condición débil
y caduca del hombre, que camina hacia la muerte;
b) Situación pecadora
del hombre;
c) Oración
y súplica ardiente para que el Señor acuda en su ayuda;
d) Resurrección,
ya que el hombre está destinado a participar en el triunfo de Cristo.
Es
el residuo de la combustión por el fuego de las cosas o de las
personas. Este símbolo ya se emplea en la primera página de la Biblia
cuando se nos cuenta que "Dios formó al hombre con polvo de la
tierra" (Gen 2,7). Eso es lo que significa el nombre de "Adán".
Y se le recuerda enseguida que ése es precisamente su fin: "hasta
que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).
Por
extensión, pues, representa la conciencia de la nada, de la nulidad de
la creatura con respecto al Creador, según las palabras de Abrahán:
"Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor" (Gn
18,27).
Esto
nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad ("humildad"
viene de humus, "tierra"): "polvo y ceniza son los
hombres" (Si 17,32), "todos caminan hacia una misma meta:
todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo" (Qo 3,20),
"todos expiran y al polvo retornan" (Sal 104,29). Por lo
tanto, la ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el
arrepentimiento. En Job (Jb 42,6) es explícitamente signo de dolor y de
penitencia. De aquí se desprendió la costumbre, por largo tiempo
conservada en los monasterios, de extender a los moribundos en el suelo
recubierto con ceniza dispuesta en forma de cruz. La ceniza se mezcla a
veces con los alimentos de los ascetas y la ceniza bendita se utiliza en
ritos como la consagración de una iglesia, etc.
La
costumbre actual de que todos los fieles reciban en su frente o en su
cabeza el signo de la ceniza al comienzo de la Cuaresma no es muy
antiguo.
En
los primeros siglos se expresó con este gesto el camino cuaresmal de
los "penitentes", o sea, del grupo de pecadores que querían
recibir la reconciliación al final de la Cuaresma, el Jueves Santo, a
las puertas de la Pascua. Vestidos con hábito penitencial y con la
ceniza que ellos mismos se imponían en la cabeza, se presentaban ante
la comunidad y expresaban así su conversión.
En
el siglo XI, desaparecida ya la institución de los penitentes como
grupo, se vio que el gesto de la ceniza era bueno para todos, y así, al
comienzo de este período litúrgico, este rito se empezó a realizar
para todos los cristianos, de modo que toda la comunidad se reconocía
pecadora, dispuesta a emprender el camino de la conversión cuaresmal.
En
la última reforma litúrgica se ha reorganizado el rito de la imposición
de la ceniza de un modo más expresivo y pedagógico. Ya no se realiza
al principio de la celebración o independientemente de ella, sino después
de las lecturas bíblicas y de la homilía. Así la Palabra de Dios, que
nos invita ese día a la conversión, es la que da contenido y sentido
al gesto.
Además,
se puede hacer la imposición de las cenizas fuera de la Eucaristía -en
las comunidades que no tienen sacerdote-, pero siempre en el contexto de
la escucha de la Palabra.
Juan
García Inza
juangainza@hotmail.com
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