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PREGUNTA SIGUIENTE |
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PREGUNTA |
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Desearía saber sobre los llamados viajes astrales, cómo los ve la Iglesia y la vida extraterrestre. Mary L. De Graux |
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RESPUESTA |
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Haremos un poco de síntesis de lo que dice la Iglesia sobre el tema de los astros y su relación con el hombre. Nuestros antepasados eran más sensibles que nosotros a la presencia de los astros. Sol, luna, planetas y estrellas evocaban para ellos un mundo misterioso muy diferente del nuestro. Continuamente hacían referencia a las estrellas para todo: rogar, consultar, leer el futuro, medir el tiempo y el espacio, etc. Los astros le sugería al hombre antiguo que el mundo es gobernado por la ley del eterno retorno y que desde el cielo imponen los astros a las cosas de la tierra ciertos ritmos sagrados que inexorablemente habían de cumplirse. Para el hombre de épocas pasadas, pre-científicas, a los objetos luminosos que contemplaba en el firmamento le daba un poder sobrenatural que dominaba la humanidad y determinaba su destino. Y a estos poderes se les rendía culto para granjearse su favor. El sol, la luna, el planeta Venus, etc., eran dioses o diosas, y las constelaciones mismas diseñaban en el cielo figuras enigmáticas, a las que daban nombres míticos. Debido a este interés por los astros los observaban con puntualidad y precisión. Los antiguos eran unos buenos astrólogos, pero esta incipiente ciencia derivó en idolatría y en prácticas adivinatorias. Así, el hombre de la antigüedad estaba subyugado por poderes temerosos, que pesaban sobre su destino y le velaban al verdadero Dios. En la Biblia se presenta a los astros como servidores de Dios. Son criaturas que nos hacen presente al Creador. Por la vistosidad y maravilla del firmamento descubrimos la maravilla de un Dios sabio y poderoso. No nos ocultan a Dios, no reclaman culto y adoración, sino que nos hablan de Dios y nos ayudan a alabarle y darle gracias. Purificados de su significado idolátrico los astros son utilizados muchas veces como símbolo de las realidades del Reino de Dios. A pesar de todo Israel, y el mundo pagano, no se libra de la tentación de los cultos astrales. En los periodos de retroceso religioso, el sol, la luna y todo el ejército de los cielos conservan o vuelven a ganar adoradores (2Re 17,16; 21,3-5; Ez 8,16). Se trata de hacerlos propicios a nosotros por temor a su poder. Se observan los signos en el cielo. Se consulta a los astros para saber el futuro en la vida y en los negocios. Pero la voz de los profetas se eleva contra ese retorno ofensivo del paganismo, y llegan a estigmatizarlo (Dt 4,19). El cristianismo vino a cambiar el culto al sol y a los astros por el verdadero culto a Cristo, Luz del mundo. Por eso la Navidad, el Nacimiento de la Luz divina entre los hombre, se empezó a celebrar el 25 de Diciembre, fecha en que los paganos celebraban las fiestas de la luz, del sol invicto, el comienzo del alargamiento de los dias. Y el 24 de Junio se celebra el nacimiento de San Juan Bautista, en el día en que los paganos celebraban con fuegos y hogueras los solsticios de verano, la noche más larga, el acortamiento de los días. Hoy, época de retroceso religioso, se vuelve de nuevo a dar culto a las estrellas. Proliferan por todas partes los adivinos, los astrólogos, los consultores mágicos, los horóscopos, etc. Nada de todo eso tiene que ver con la revelación divina, con la vivencia de la Religión cristiana. Todo lo contrario, se opone radicalmente a la auténtica fe y religiosidad. Los astros tienen su influencia física en la marcha del universo, y por tanto de la tierra. Todos conocemos la influencia de la luna en las mareas, etc. Pero nada más. En el alma y en el destino de los hombres sólo manda Dios, y nosotros debemos colaborar con nuestra libertad y buenas obras. Si Dios quiere utilizar algún signo en el firmamento para comunicarnos algo, ya nos lo revelará en su momento, como ocurrió en Fátima con el baile del sol. En cuanto a la vida en otros planetas, la fe no se opone a que Dios haya querido crear seres vivientes en otros lugares. Dios es libre de hacer con su poder creador lo que considere oportuno. Pero eso habrá que demostrarlo científicamente. Lo que sí parecen estar de acuerdo los científicos es que en el universo que conocemos, el único lugar en donde se dan las condiciones necesarias para la vida humana es en el planeta tierra. Sobre los OVNIS, nada hay concluyente. Son objetos volantes no identificados, pero no se ha demostrado que en ellos viajaran seres extraterrestres semejantes a los humanos. Más bien se demuestra los contrario debido a la imposibilidad de poder subsistir en travesías que durarían muchísimos años luz. Esos espacios astronómicos de tiempo no son capaces de aguantarlos ningún ser viviente, a no ser que "estuviese congelado". En resumen: los astros son lo que son, y nunca se les puede atribuir ningún poder más allá del puramente natural, de acuerdo con las leyes de la física que conocemos. Todo lo demás es pura superstición, cuento e ignorancia, y mucho negocio por medio. Atentamente Juan García Inza E-mail: juangainza@hotmail.com |
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