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SOBRE
LA INSEMINACIÓN ARTIFICIAL
En ocasiones la fecundación del óvulo no es posible realizarla mediante la unión marital –“fecundación asistida”-, sin embargo la ciencia médica está en disposición de producirla por métodos artificiales: tal es la “inseminación artificial”. Cabe distinguir dos clases de inseminación artificial: la homóloga, que se lleva a cabo con semen del propio esposo (en medicina IAC), y la heterónoma, que usa semen de varón distinto al esposo (en medicina IAD). Ambas pueden realizarse directamente en el cuerpo de la mujer o en el laboratorio. La primera se denomina “in vivo” y la segunda “in vitro”. a)
Licitud de la inseminación
homóloga “in vivo”. El primer problema moral que se plantea es el de la obtención del semen: se juzga ilícita la masturbación ya que, aunque se realice con un fin honesto, se considera un acto privado de su significado unitivo. Pero, aunque se consiga por otro medio, la enseñanza del Magisterio rechaza este medio de fecundación. La razón se formula a modo de axioma: “Cuando la intervención técnica sustituye al acto conyugal, es moralmente ilícita” (DV, II, 6. Este “axioma” se justifica por el principio de que debe haber una unidad entre el aspecto unitivo y el procreador. Este principio ético fue formulado en el Concilio Vaticano II, y repetido en la Encíclica Humanae vitae de Pablo VI, y es mencionado reiteradamente por el magisterio papal. La Congregación lo anuncia así: “La inseminación artificial sustitutiva del acto conyugal se rechaza en razón de la disociación voluntariamente causada entre los dos significados del acto conyugal... le falta la relación sexual requerida por el orden moral, que realiza, el sentido íntegro de la mutua donación y de la procreación humana, en un contexto de amor verdadero” (DV, II, 6. b)
Valoración
moral de la inseminación homóloga “in vitro”. Por la misma razón expuesta, más la añadida de intervenir de un modo exclusivo la pura técnica, hace inmoral esta actuación. Este modo de proceder se parece más a una “fabricación” científica que a un “engendro” humano. Además, esta técnica posibilita otros extremos, como la manipulación de los embriones, etc. Toda la manipulación científica en laboratorio es contraria a la dignidad de la persona humana, que exige un proceso procreador más natural. Este mismo juicio moral se recoge en al Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2377) Aunque su caso sea muy loable porque busca honradamente un descendiente, los principios han de ser válidos para todos, y no son caprichosos, sino que responden a las exigencias de la dignidad humana, y a evitación de tanto abusos y atentados que se han cometido, y se siguen cometiendo, contra los principios mismos de la vida, ya que los experimentos que se han de hacer hasta lograr el fin deseado, lleva casi siempre a eliminar verdaderos seres humanos al desechar el “producto” no considerado perfecto en los experimentos de laboratorio. Hoy sabemos lo que está dando lugar el uso de todas estas técnicas. La Iglesia no está contra la técnica, sino a favor de la dignidad e inviolabilidad de la vida humana. Juan García Inza E-mail: juangainza@hotmail.com |
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