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6. Anónimo
¿Qué es la neurosis y quién la padece? ¿Es fácil distinguirlo del sano?

 

Hace años, cuando me estaba especializando en psicoterapia, el entonces profesor Tullio Bazzi solía repetir durante sus estupendas clases la siguiente imagen: «Si a una persona sana le preguntáis cuánto son 2+2, responderá sin sombra de duda que 4; una persona neurótica responderá que son 4, pero que no está nada segura; una persona psicótica, o sea, demente, responderá con seguridad que son 5».

Otro ejemplo más cercano es éste: «Un loco dice: "yo soy Napoleón", un neurótico dice: "quisiera ser Napoleón", y uno sano dice: "yo soy yo y, tú eres tú"».

Pero centrémonos en la neurosis y empecemos con el padre de la psicoterapia, Sigmund Freud, que, en su trabajo magistral «Cinco conferencias sobre el psicoanálisis», describe la neurosis así: «Supongan, señores, que en el curso de esta conferencia alguien empezara a protestar en voz alta, molestando. El presidente de la conferencia lo invitará a marcharse, pero, una vez fuera, seguirá gritando porque quiere volver a entrar. Nuestro presidente se verá obligado a pedir a algunos de los presentes que salgan a sujetarlo. Como continúa insistiendo en que quiere entrar, se decidirá a readmitirlo en la sala con tal de que esté tranquilo, y así sucede. El elemento que habla en voz alta es el deseo infantil que trastorna la personalidad, el presidente de la reunión es la demanda de remoción, el alejamiento es la remoción, las personas que salen a sujetarlo son las fuerzas del yo, liberadas para mantener alejado el deseo infantil reprimido; readmitirlo con la condición de que acepte la disciplina de la reunión es lo que se obtiene con la psicoterapia».

La neurosis puede verse también como un estado de desequilibrio en el individuo que aparece cuando él y el grupo del que forma parte experimentan simultáneamente necesidades divergentes y el individuo no logra distinguir las necesidades dominantes. Si este tipo de experiencias se repite a menudo o si una experiencia es muy impresionante, el sentido de equilibrio del individuo en ese campo se verá tan perturbado que le hará perder la capacidad de juzgar adecuadamente la posición de equilibrio en cualquier otra situación. El individuo responderá entonces de forma neurótica a situaciones que no tienen ninguna conexión intrínseca con la experiencia o con las experiencias en las que había tenido lugar originariamente el desequilibrio. La forma que tiene el neurótico de afrontar las situaciones es la de reprimirse; en cambio, la del criminal es obstaculizar a la sociedad y al ambiente.

Otra concepción de la neurosis son las manifestaciones del «asunto no concluido», entendiendo por ello el modo en que la energía del organismo resulta bloqueada o interrumpida. He aquí un ejemplo: Surgen hacia un hermano sentimientos de rivalidad a los que se impide expresarse adecuadamente («Naturalmente, tú quieres a tu hermanito»). En la edad adulta, estos sentimientos pueden manifestarse en forma de un dolor crónico en la espalda, detrás del hombro derecho. Es la transformación de una necesidad de protesta en dolor muscular, con lo que esa necesidad originaria ni se realiza ni se hace plenamente soportable.

Además, la neurosis puede ser representada teatralmente por dos personajes llamados Orgullo y Memoria, que discuten en escena. Memoria dice: «Es así». Orgullo dice: «No puede haber sido así». Memoria insiste: «Te digo que ha sido así». Orgullo replica: «No, te equivocas, no ha sido así»... Al final Memoria se rinde y Orgullo gana. No es casualidad, pero la cualidad preeminente del neurótico es precisamente el orgullo y la presunción. He aquí un breve esquema en el que recojo las diferencias entre una persona sana y una neurótíca:

 

SANO

1) Animoso

2) Realista

3) Disciplinado 

4) Buena capacidad de juicio

5) Mente abierta, libre de prejuicios

6) Espontáneo

7) Flexible

8) Hace afirmaciones documentadas

9) Capaz de amar

10) Amante de la vida

11) Sincero

12) Alberga sentimientos profundos

13) Tiene respeto de sí mismo y dignidad

14) Ordenado con sentido común

15) Está en buena relación con los demás

16) Productivo y creativo

17) Orientado hacia su propio desarrollo

18) Tiene buen sentido de identidad

 

NEURÓTICO

1) Lleno de miedos

2) Confunde la realidad con el fruto de sus deseos

3) No puede esperar; quiere una recompensa inmediata

4) Extremista 

5) Mente cerrada, llena de prejuicios 

6) Condicionado por imperativos interiores 

7) Rígido 

8) Hostil y vengativo 

9) Se aferra a los demás y depende de ellos 

10) Apático y empobrecido 

11) Se engaña a sí mismo 

12) Medio entumecido, medio vivo 

13 ) Vacila entre la arrogancia y él desprecio de sí mismo 

14) Ordenado de forma obsesiva y repetitiva 

15) Explota a los demás y es explotado 

16) No llega a nada

17) Orientado hacia la gloria y el prestigio

18) Alienado y extraño para sí mismo

 

He aquí ahora una imagen metafórica sugestiva sobre el comportamiento típico de un neurótico: «Imagine Ud. una persona que se embarca en un crucero de placer. De repente, una noche en pleno océano el barco se hunde, y nuestro protagonista está en el agua nadando desesperadamente contra la, oscuridad, el viento, el frío de las aguas y la fuerza de las olas, que lo traquetean por todas partes. Tras unas horas de lucha extenuarte, siente que le faltan las fuerzas, y un momento antes de abandonarse a su triste destino choca contra un escollo; recurre a sus últimas fuerzas y se agarra desesperado a las rocas. Poco después sale el sol y lo ilumina todo. El náufrago mira a su alrededor con curiosidad y descubre ante él una espléndida isla llena de palmeras y arena finísima. Pero en vez de alegrarse, inmediatamente se hunde en la tristeza y mira con terror el corto espacio de agua que lo separa de la isla. Está tan impactado por la experiencia de unas horas antes en pleno océano, cuando se debatía entre la vida y la muerte, que decide quedarse en el arrecife, renunciando a dar unas brazadas hasta la playa».

La psicoterapia es una experiencia que ayuda a dar esas pocas brazadas. Hay un prejuicio de fondo, que es concebir la experiencia psicoterapeútica limitada a la conversación con el psicoterapeuta. Nada más falso; la verdadera psicoterapia se hace fuera del estudio profesional. Para explicar todo esto, pongo el ejemplo del señor que antes de irse de excursión va a echarle gasolina al coche, y sólo vuelve a la gasolinera cuando se le acaba la gasolina. Pues bien, la sesión psicoterapéutica es una parada en la gasolinera, en la cual se llena el tanque para luego seguir adelante solos.

Son realmente muchos los que tienen miedo a la psicoterapia. Aclaremos la duda inmediatamente. Un ejemplo válido es el de la librería: uno posee una biblioteca muy rica pero extremadamente desordenada, por lo que no encuentra nunca el libro que busca y que está seguro de tener. Hay que poner un poco de orden, desempolvar las estanterías y poner los libros en su sitio, en el orden deseado. La psicoterapia es lo mismo: hay un gran lío en la cabeza y mucha necesidad de poner orden. El miedo al futuro no tiene sentido: la biblioteca tendrá los mismos volúmenes que antes, es decir, el individuo seguirá siendo el que es, sin perder nada, a no ser que quiera deshacerse de algún «libro» inútil. Otro ejemplo: el safari. Adentrarse en los meandros de la psique puede ser peligroso, como en un safari, si lo intenta uno solo. Pero no es peligroso si nos servimos de un guía, el psicoterapeuta. También Dante, para ir al infierno, necesitó un guía: Virgilio.

Luego está el terror a descubrir dentro de uno un inconsciente violento y demoníaco. Ciertamente, es posible e incluso probable descubrir algo poco agradable, porque si no, no se habría formado la neurosis, que es una defensa de algo peor. Pero, puesto que tanta violencia animal no se ha manifestado nunca, está claro que, si en el inconsciente se esconde un delincuente, en el mismo lugar debe de haber también un guardia que lo vigila como es debido. Por último, está el presunto riesgo de no poder pasarse sin el psicoterapeuta. Esta duda carece de fundamento. La psicoterapia puede dar resultado o no, como sucede con cualquier tipo de tratamiento. En caso afirmativo, produce un desbloqueo y un crecimiento por el que el paciente madura y se reconoce obviamente autosuficiente. En caso negativo, se interrumpe antes de tiempo. En cualquier caso no hay dependencia.

Entre los 18 puntos principales que caracterizan a un neurótico, descritos antes en un breve esquema, el número 2, por ejemplo, merecería una pequeña profundización psicoterapéutica. En sustancia, una neurosis es, según este punto, una confusión de los propios deseos (generalmente infantiles) con la realidad, o mejor, una confusión de la realidad subjetiva con la realidad objetiva externa. Y para ayudar a un paciente que se debate confundiendo la realidad con sus ilusiones o los hechos concretos con los sueños, a menudo lo invito a «despertarse» de la neurosis. Hay numerosas técnicas a disposición y numerosas articulaciones de cada técnica, por no hablar de los matices de cada articulación. Por ejemplo, para un problema como el de «confundir la realidad con el fruto de los propios deseos», utilizo la técnica del hipnotismo articulándolo de manera indirecta con varios matices metafóricos, como, por ejemplo, la historieta de aquel mendigo de Roma que se está acomodando para pasar la noche. No ha conseguido más que un mendrugo, y llega hasta la orilla del Tíber; está cayendo una lluvia suave, por lo que se acurruca en su viejo abrigo andrajoso. Está a punto de dormirse cuando de repente aparece un Ferrari. Baja del coche una chica guapísima, que le dice: «Buen hombre, ¿va a pasar Ud. la noche aquí en el dique?». El mendigo responde: «Sí». Y la mujer replica: «No puedo permitirlo. Véngase a mi casa y pasará una noche agradable después de tomar una abundante cena». E insiste para que el hombre suba al coche. Salen de Roma y llegan a un lugar donde la mujer posee una espléndida mansión, rodeada de un bosque inmenso. Los recibe el mayordomo, con esta orden de la señora:  «Por favor, Ambrosio, encárgate de que este hombre sea acomodado en una habitación del servicio y sea tratado bien». Ambrosio lo hace. La joven señora está a punto de acostarse cuando de repente se acuerda de su huésped. Se pone algo y atraviesa el pasillo hasta las habitaciones del servicio. Por una rendija ve que hay luz en el cuarto del mendigo. Llama suavemente, abre la puerta y lo encuentra despierto. Entonces le pregunta: «¿Qué sucede, señor? ¿No le han servido una buena cena?». Él le responde: «En mi vida he comido tan bien, señora». «¿Está suficientemente caliente?», pregunta ella. « Sí, gracias, la cama es caliente y confortable», responde él. Entonces ella le dice: «Tal vez necesite compañía. ¿Por qué no me hace Ud. sitio?». Y se le acerca. El le hace sitio y cae redondo al Tíber.

Pasquale Ionata