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Estimada amiga Lorena. Te comprendo perfectamente. Pero quiero que partas de un principio fundamental. Dios es AMOR. Y nuestro amor es una participación de su AMOR. Nunca puede haber contradicción entre ambos amores que están, o deben estar perfectamente engarzados. El culmen del amor es la unión, la fusión de dos seres, un hombre y una mujer, que se han entregado en la presencia de Dios con un Sacramento llamado matrimonio, que les hace ya una sola carne. Mientras se es novio/a la atracción física no deja de darse, y a veces fuerte, pero ese instinto, esas "hormonas" que no paran de trabajar, hay que dominarla con la VIRTUD, en este caso la virtud de la CASTIDAD. Al ser una virtud es un don de Dios que hay que pedir, y que sólo con SU GRACIA se es capaz de superar las dificultades para hacerlo, y para superar las tentaciones en contra. Yo lo que te diría es que os sigáis queriendo mucho, que tengáis como ideal el llegar vírgenes al matrimonio, que hay a veces manifestaciones de cariño que no tienen más importancia, y si alguna vez esas manifestaciones se pasan de lo que realmente es la virtud que Dios quiere, que os sepáis arrepentir, recibir el perdón de los pecados y seguir luchando. Ya sabes que Dios no os va a pedir nunca más de lo que podáis dar. Te daría este consejo de san Agustín: HAZ LO QUE PUEDAS, PIDE LO QUE NO PUEDAS Y DIOS HARÁ QUE PUEDAS. ¡Animo!, acude a la oración y a la santísima Virgen, que no te dejará de la mano para recorrer el camino hacia el matrimonio con toda ilusión y limpieza. Un saludo

Juan García Inza
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