Más de 150.000 personas se convierten cada año al catolicismo en China

La Razón

El catolicismo entra cada vez con más fuerza en China: cerca de 150.000 adultos abrazan cada año la fe católica en el país asiático. La falta de libertad religiosa, la constante persecución de las autoridades a sacerdotes y obispos, la censura informativa a medios católicos y las campañas antirreligiosas no parecen causas suficientes para frenar el avance del catolicismo en China.

La búsqueda religiosa del sentido de la vida se está imponiendo a las políticas laicistas del Partido Comunista, que hace más de cincuenta años decretó el fin de toda clase de culto. En una entrevista realizada por Aceprensa, Bernardo Cervellera, director de la agencia Asia News y misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Exteriores (PIME), asegura que «las cifras oficiales hablan de cien millones de afiliados a las comunidades religiosas controladas por el Estado», pero a este número hay que añadir los millones de chinos «que escapan a ese control». En el caso de los católicos, la cifra asciende ya, según Cervellera, a más de doce millones de fieles.
   
La religión del perdón. «La inevitable degradación de los ideales comunistas por la corrupción, la violencia gratuita y los privilegios» son las principales razones que justifican el avance del cristianismo en opinión de Bernardo Cervellera. En el otro lado de la balanza se sitúa el mayor atractivo del cristianismo constituido fundamentalmente por «su capacidad de perdonar todo mal, de dar una razón al dolor personal». Estas características hacen de la confesión cristiana «una vía fascinante y única, preferida a la reencarnación budista y al relativismo optimista del taoísmo», explica el misionero.

La situación del catolicismo en China siempre ha estado marcada por la división entre la Iglesia «clandestina» (fiel al Papa) y la «patriótica» (ligada al Partido Comunista). Sin embargo, esta diferenciación está cada vez más diluida. Para la unión de ambas Iglesias ha sido crucial la invitación que hizo el Papa Benedicto XVI a cuatro prelados chinos al Sínodo de los Obispos –entre ellos, dos «oficiales»–, aunque el Gobierno del Partido Comunista no dejó acudir a la cita a ninguno de ellos.

Además de esta iniciativa, «el 85 por ciento de los obispos de la llamada Iglesia ‘patriótica’ se han reconciliado con el Papa, han admitido sus dificultades y han pedido perdón; el Papa se lo ha concedido», explica Bernardo Cervellera.
Pero, aunque la Iglesia católica en China parece más unida que nunca, la persecución a los católicos es aún el pan de cada día. «Se sigue persiguiendo a la Iglesia “subterránea”, en cuanto que ilegal. Se considera delincuentes a los católicos “subterráneos” porque defienden el principio de libertad religiosa», aclara Cervellera. Por su parte, la Iglesia «oficial» está absolutamente controlada por la Asociación Patriótica, un organismo integrado por miembros del Partido Comunista, encargado de gobernar «todos los aspectos de la vida de la comunidad cristiana: deciden los lugares de culto, los horarios, los alumnos de los seminarios, los profesores, la financiación...». Es decir, «quieren asumir la función que tiene el obispo en una diócesis», denuncia Bernardo Cervellera. «Conozco obispos “oficiales” que no pueden dar un paso sin tener encima a la Policía, que controla todos sus movimientos y encuentros», señala.

«El mayor fracaso del Partido Comunista ha sido la política religiosa», describe Cervellera. Y es que, a pesar de sus esfuerzos por eliminar toda huella cristiana en el país, lo cierto es que la población china se siente cada vez más atraída por las distintas confesiones, en concreto, por el catolicismo.