«Soy judío y defiendo la Navidad»
La Razón
Hace unos días la reivindicación llegaba del Christian&Muslim Forum, una asociación británica en la que los musulmanes pedían respeto hacia la tradición cristiana. Ahora es el mundo judío el que salta a la palestra para pedir la defensa del verdadero sentido de la Navidad. Giorgio Israel, intelectual judío italiano, matemático y científico en la Universidad romana «La Sapienza», humanista y defensor de un nuevo racionalismo, ha escogido las páginas del diario italiano «Avvenire» para abogar por unos valores que él considera preciso defender.
«Es necesario frenar la carrera de desprecio hacia la espiritualidad, especialmente la religiosa. Una Navidad así no hace bien a nadie», sostiene. «Es imprescindible que se vuelvan a hacer nacimientos en los colegios, y que se cante el “Noche de Paz”. Cuando era pequeño acompañé muchas veces a mis compañeros del colegio a comprar las figuritas del Belén sin que esto supusiera haber perdido un ápice de mi identidad judía. Es mucho más importante desembarazarse de este Papá Noel políticamente correcto, multicolor y con el trineo vacío de espiritualidad y lleno de móviles», se lamenta.
Bendición judía
En estos días los judíos celebran la fiesta de
Hannukah, «la fiesta de las luces», que celebra la primera lucha por el derecho
a la libertad de religión de la que se tiene conocimiento histórico. Una fiesta
que también está empezando a ser absorbida por el consumismo. «Celebramos
Hannukah en torno a las luces de la Navidad. Pero en el colegio de mis hijos no
viven una experiencia religiosa distinta. Sólo ven a Papá Noel con su trineo
lleno de juguetes y de lugares comunes multiculturales. No tengo que explicarles
quién era Jesús y qué es el cristianismo, sino defender su experiencia religiosa
del asedio del consumismo y esforzarme en explicarles la última insípida
historieta navideña políticamente correcta que les han contado en clase», se
lamenta Israel. «No añoro los tiempos de mi infancia, cuando el cura explicaba
que los judíos eran deicidas y luego nadie quería sentarse conmigo. Aprecio el
gran camino recorrido en este sentido», asegura.
«Contemplo, por ejemplo, en mi relación con los amigos de Comunión y Liberación, un claro y digno sentido de la propia identidad, respetuoso con la de los demás, sin sincretismos y sin tentativas de conversión, oblicuas e invasoras. Una actitud que es la clave del único diálogo posible, y que explicó tan bien Benedicto XVI en el discurso en la sinagoga de Colonia. Lo aprendí de mi padre: era tan riguroso en combatir cada brote antijudío como tenaz a la hora de defender la necesidad del diálogo judeocristiano. De él he aprendido -y quisiera saberlo transmitir a mis hijos- a encontrar en las oraciones cristianas y en la misa las frases y las bendiciones de nuestra tradición, a descubrir que la bendición judía impartida por los padres a los hijos (“El Señor te proteja y te cuide”) es la misma que dijo San Francisco a Fray León. “No se puede ser cristiano si no se es judío”, ha dicho recientemente el cardenal Cafarra. Sin duda, la primera experiencia religiosa con la que un judío debe medirse y dialogar, es con la cristiana», concluye el profesor.