Los Archivos Vaticanos revelan que la Iglesia quiso convivir con la República

ABC

 

La apertura de los archivos del Pontificado de Pío XI (1922-1939) revela los motivos por los que el Papa «aceptó la II República desde que se proclamó, mientras que retrasó dos años reconocer a Franco, y no lo hizo hasta el verano de 1938», según el primer examen del historiador Vicente Cárcel, que está elaborando una edición crítica de los millares de documentos sacados a la luz.

 

Según el historiador, «el Papa Pío XI no se volcó inmediatamente a favor de Franco. Su actitud no es la que nos habían dicho». A la vista de los documentos, que incluyen todas las comunicaciones entre los nuncios y la Santa Sede, «el primer dato importante es que la Iglesia quiso convivir con la República Española mientras ésta se lo permitió». A juicio de Cárcel, «los documentos demuestran que el Papa no pudo evitar la Guerra Civil porque aquello fue una revolución auténtica en que se enfrentaron dos Españas que se odiaban a muerte».

 

Fuentes inéditas

En una conferencia presidida por Francisco Vázquez, embajador de España ante la Santa Sede, el historiador valenciano señaló que los Archivos Vaticanos aportan «fuentes documentales inéditas sobre dos décadas cruciales que marcaron la historia española y que todavía hoy siguen encendiendo controversias y polémicas, no exentas de una manipulación y revisionismo que intentan alterar la verdad histórica».

 

Vicente Cárcel prepara la edición crítica de todos los documentos en su idioma original -italiano y español, sobre todo- dividida en tres grandes partes: Alfonso XIII (1922-1931), Segunda República (1931-1936) y Guerra Civil (1936-1939). Como el Vaticano abre sus archivos por Pontificados enteros y el de Pío XI concluyó el 10 de febrero de 1939, faltan los documentos del final de la Guerra. El proyecto editorial, que requerirá un par de años, pondrá todos los documentos originales a disposición de los historiadores y el público en general.

 

Según Cárcel, los archivos documentan la difícil negociación del nuncio Tedeschini con la República para evitar la expulsión de los jesuitas «y para defender, en general, la actividad de la Iglesia y la vida de los católicos frente a una política cada vez más hostil, discriminatoria y humillante para quienes iban a misa».

 

Refleja también ese patrimonio documental el enorme esfuerzo del nuncio Antoniutti para la repatriación de los niños vascos y a favor de prisioneros políticos condenados a muerte, e incluyen la correspondencia de las familias que pedían ayuda.

 

Resultan muy interesantes el cruce de cartas entre Antoniutti y el jefe del Gabinete Diplomático de Franco, así como los frecuentes despachos del cardenal Eugenio Pacelli (futuro Pío XII) interesándose por casos concretos. Cárcel incluye «entre los mas emblemáticos, el del diputado católico Carrasco Formiguera, padre de cinco hijos, fusilado por los nacionales a pesar de la intervención directa de la Santa Sede para salvarle la vida.

 

Bombardeos aéreos

El motivo que dieron los nacionales entonces para justificar su ejecución fue que el Gobierno republicano de Barcelona había fusilado previamente a varios prisioneros que debían haber sido intercambiados en aquellos días».

 

El historiador añadió que «Pío XI intervino directamente ante Franco para impedir los bombardeos aéreos, que provocaban muertes inocentes entre la población civil». Igual de inútil resultó su propuesta de una tregua de veinticuatro o cuarenta y ocho horas en la Navidad de 1938, pues «el ministro de Asuntos Exteriores, después de consultar a Franco, manifestó al nuncio Cicognani que no era posible tregua alguna debido a las exigencias militares de la inminente ofensiva contra Cataluña».

 

En conjunto, el período analizado por Cárcel es muy triste, y ninguno de los dos bandos sale bien parado a los ojos de la historia.

 

 

Los archivos secretos vaticanos revelan que el Papa Pío XI intentó evitar la Guerra Civil

La Razón

 

El Papa Pío XI hizo todo tipo de esfuerzos por detener la Guerra Civil Española y, una vez que acabó el conflicto, tardó dos años en entablar relaciones diplomáticas con el franquismo. Son algunas de las conclusiones que ofreció ayer el historiador y sacerdote Vicente Cárcel, durante una conferencia en la cual hizo pública documentación hasta la fecha desconocida, proveniente de una parte de los archivos secretos del Vaticano que fueron recientemente desclasificados. En estos papeles, telegramas, cartas, informes, apuntes personales..., hay miles de datos y pruebas físicas que ayudan a entender mejor aquellos convulsos años de nuestra historia reciente. Hablan del periodo 1922-1939 y fueron puestos a disposición de los estudiosos hace pocos meses.
 

«No hay revelaciones estrepitosas en dichos archivos, nada que vaya a cambiar sustancialmente los libros de Historia, pero sí ciertos detalles y documentos muy interesantes que eran desconocidos», explicó Cárcel a LA RAZÓN. «El primer dato importante que aportan los nuevos documentos vaticanos», aclaró el historiador, «es que la Iglesia quiso convivir con la República española hasta que ésta se lo permitió».
 

Petición de clemencia
En la conferencia explicó que «el nuncio Tedeschini negoció con la República en momentos difíciles, para evitar la disolución de los jesuitas y para defender, en general, la actividad de la Iglesia y la vida de los católicos frente a una política cada vez más hostil, discriminatoria y humillante para los que iban a misa». Las investigaciones destacan la intensa actividad humanitaria del delegado pontificio, moseñor Antoniutti, para la repatriación de los niños vascos y en favor de prisioneros políticos y condenados a muerte. «El archivo conserva listas oficiales de unos y otros, así como numerosa correspondencia familiar de quienes solicitaban la intervención del representante pontificio pidiendo clemencia, aunque no siempre se le escuchó».
 

La siguiente nunciatura, la de Cicognani, que comenzó en 1938, «se distinguió al principio por su labor humanitaria y por su firme actitud frente a la propaganda y las influencias nazis en la España nacional y también frente a la prepotencia de la Falange». Los documentos también demuestran cómo Pío XI apeló en innumerables ocasiones a los dos bandos para que acabasen con las hostilidades y las matanzas. «Los documentos demuestran que el Papa no pudo evitar la Guerra Civil porque aquello fue una revolución auténtica en la que se enfrentaron dos Españas que se odiaban a muerte», explica Cárcel, que ofrece algunos ejemplos concretos: «El 31 de julio de 1936 la Secretaría de Estado presentó a la Embajada de España ante la Santa Sede una enérgica protesta por la bárbara persecución religiosa desencadenada en Barcelona, Madrid y otros lugares de España contra la Iglesia sin que el Gobierno hiciera nada por impedirla o reprimirla. El embajador respondió diciendo que deploraba y lamentaba los actos violentos, pero los justificaba como reacción a la adhesión de muchos de ellos a los militares rebeldes».
 

Aunque sus exigencias fueron igualmente desoídas, el Papa también levantó la voz para quejarse de las matanzas provocadas por el salvajismo militar del bando franquista. «Pío XI intervino directamente ante Franco para impedir los bombardeos aéreos, que provocaban muertes de inocentes entre la población civil, y tuvo que resignarse ante su firme actitud, que no aceptó mediación alguna para acabar la guerra, ni siquiera de la Santa Sede», explica Cárcel, añadiendo que «cuando corrieron rumores de que, con motivo del discurso natalicio de 1938, el Papa pediría un armisticio, Franco rechazó toda componenda y reafirmó la resolución firme de no admitir ningún intento de mediación ni armisticio con los “rojos” porque representaban la “barbarie soviética”».
 

El trabajo del historiador español presenta otros ejemplos concretos sobre las sucesivas treguas que, cuando la guerra estaba tocando a su fin, intentó conseguir Pío XI. «La Santa Sede intervino siempre de forma autónoma, convencida de que su acción, inspirada en los supremos principios religiosos y morales, tendría mayor eficacia y no sería considerada como una ingerencia política en los asuntos de España. Por ello, el Papa recomendó siempre moderación y no aceptó las presiones provenientes de Francia e Inglaterra, que perseguían intereses políticos concretos», concluyó Cárcel.
 

El historiador, en cuyo trabajo también hay detalles anecdóticos como la pretensión del Rey Alfonso XIII de nombrar personalmente los cardenales españoles, publicará su labor en un proyecto editorial dividido en tres periodos: Monarquía, República y Guerra Civil.