Karol
Un hombre que se convirtió en Papa
Por Claudia Soberón
Fuente: SOI - Servicio de Observación
sobre Internet
Cuando el cuerpo mismo se transforma en palabra, en un gesto vivo llevando un
mensaje; cuando el contenido del mensaje es la vida misma, entonces podemos
decir que su mensajero es un artista donador de belleza, dueño de sí mismo,
amante incansable del amor y la libertad. Pues hay que ser libres para amar y
amar mucho es lo que nos hace libres.
Karol Wojtyla es el protagonista de la película «Karol, un hombre que llegó a
ser Papa» y también de una parte de la historia de la humanidad y de la Iglesia
Católica.
Wojtyla en la vida se presenta como un personaje comprometido con su tiempo, su
entorno y sus problemáticas; es quizá, el personaje más importante de los
últimos lustros. En la ficción es un personaje que nos regala la intimidad de su
propia historia y su vida.
«Karol» narra la historia de un hombre que pasó las desgracias y atrocidades de
la segunda guerra mundial, los conflictos y las crueldades del nazismo y del
comunismo. Un hombre que optó por el camino religioso para sanar, para ser
puente entre las personas y el Dios que lo hace sentir tan amado.
Karol era artista; actor, escritor, poeta y filósofo. Pero sobre todo un gran
antropólogo que descubre que dentro de la ética humana hay una gran verdad, la
verdad del amor y sólo a través de la cual es posible redimir al mundo, sólo a
través del amor se puede vencer el mal que destruye al hombre.
La película -que narra una biografía concreta y que cuenta la historia de un
hombre tan importante- viaja no sólo a través de la vida de ese hombre
únicamente, sino a través de la historia de cada uno de los espectadores. Esa es
la magia de la ficción. No importa por un momento de quién se habla
concretamente, sino ¿qué es lo que dice, ¿qué mensaje escondido nos remueve las
entrañas y abarca todo nuestro ser?, ¿qué experiencia me toca más y ¿quién soy
yo delante de todo esto que observo con tanto detenimiento?, ¿quién me hace ser
o querer hacer?
Lo que es más increíble aún es que las películas en general son historias que
surgen en la imaginación de un escritor. En algunos casos las historias contadas
son biografías, historias reales de personas concretas. En ese momento adquiere
un peso diferente lo que se cuenta y cómo nos afecta.
Este es el caso de «Karol». La historia del Papa Juan Pablo II que intenta abrir
a la audiencia el mundo escondido de uno de los hombres más controvertidos de
las últimas décadas, un hombre además con un gran sentido del humor. «Están
todos chiflados al querer hacer una película sobre mí», señaló en una ocasión el
Papa Juan Pablo II al saludar a Piotr Adamczyk, el actor polaco que hizo el
papel de él en el filme.
Amado por muchos y criticado por otros tantos, su mensaje fue igual para todos:
amar, y no tener miedo a hacerlo. Concretamente, invitó al mundo entero a
conocer y a dejarse amar por Jesucristo.
Juan Pablo II fue un verdadero mensajero de vida y de belleza, amaba la
naturaleza y la contemplaba con gran asombro. Era un hombre de paz con una
fuerza estremecedora.
Lo interesante de la película es que no sólo es una narración cronológica de la
vida de una persona; sino también es la representación del contenido de la vida
de este personaje y su familia, sus amigos, la novia de su juventud, sus
enemigos, etc.
Conmueve ver los episodios trágicos y las pérdidas, pero también -y diría que
con una fuerza muy especial- la transformación y el crecimiento, el desarrollo
de un joven a un hombre maduro que con sólo mirar mueve, transforma y cuestiona
la vida tanto de los más cercanos a él como la de los alejados y arrepentidos.
También están las experiencias y sensaciones de los propios creadores de la
película. El Director de Fotografía Gianni Mammolotti, cuenta con numerosas
películas internacionales y dramas de televisión entre sus créditos, incluyendo
RIS, Último (El Último), La Uno bianca (El Fiat Blanco), Francesco (Francisco) y
Doppio agguato (Doble Emboscada). Al comentar su participación en «Karol»,
comentó: «una película demanda una gran cantidad de energía y encuentro esa
energía enamorándome con cada película que hago».
Por su parte, el Director del filme, Giacomo Battiato, sostuvo al respecto que
«retratar la vida de un hombre ordinario ya es suficientemente difícil. Una vida
nunca es sólo una película, son muchas películas. Imagínense cuanto más difícil
es interpretar la vida de uno de los hombres más grandes del siglo XX». También
mucha gente se preguntaba si El Vaticano había intervenido de una manera u otra
en la realización del proyecto y la respuesta tal vez fue sorpresiva: «El Papa
no es tan presumido de dar o no dar autorizaciones. Un autor es libre de
entregar su propia interpretación. La asesoría del Vaticano vino por el lado
histórico. No recibí ninguna sola restricción», afirmó Battiato.
El propio Benedicto XVI mostró su satisfacción al contemplar en la pantalla la
recreación de la biografía de su antecesor, asegurando que gracias al testimonio
evocado en esta película, el recuerdo de Juan Pablo II reavivará en todos el
propósito de trabajar al servicio de una acción decidida de paz en Europa y en
el mundo entero.
Una película, una historia, un hombre. Así de simple y así de complejo. Un
personaje que dio un mensaje, que amó al mundo de jóvenes y grandes. Un hombre
que detrás del báculo seguía luchando por la cultura, la sociedad y la paz. Un
personaje que en la ficción y en la vida sigue siendo la misma persona; Karol
Wojtyla, un hombre que se convirtió en Papa.