Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia Una mision en tu vida: el apostolado

 

Una misión en tu vida: el apostolado

Fuente: es.catholic.net

 

 

Cristo Jesús nos llama a todos para anunciar su Reino. Es nuestro derecho y misión tomar la bandera del apostolado en nuestras vidas.

 

Indice

1.- Reporte médico

2.- ¿Podemos meternos en la vida de los demás?

3.- El apostolado es algo natural

4.- ¡El mundo necesita de grandes apóstoles!

5.- Para ser un verdadero apóstol

6.- Medita y actúa: Una misión en tu vida

 

Reporte médico

Hospital Santa Fe
Montevideo, Uruguay

Fecha: 1 de junio de 1994
Nombre del paciente: Mariana de la Mora
Fecha de nacimiento: 1 de junio de 1994
Peso al nacer: 3.950 kg.
Estado general al nacer: completamente sana. Sus miembros están completos. Sus reacciones fueron normales.

Fecha: 27 de junio de 1994
Se le practica un cateterismo y se descubre que Mariana tiene un defecto en las arterias que salen del corazón, pues una de ellas se encuentra estrangulada… Es necesario operarla para que pueda sobrevivir.

Fecha: 3 de agosto de 1994
La pequeña es sometida a la operación y durante la misma sufre un paro respiratorio. Le falta oxígeno unos cuantos minutos y al salir de la operación, la niña, que antes sonreía al ver a su madre, se chupaba el dedo y pataleaba sin cesar, ha quedado ciega e incapaz de mover sus piernas.

Fecha: 15 de agosto de 1994
Resultados del análisis de los ojos: todo está bien: la córnea, el globo ocular, el nervio óptico, no hay defecto ni enfermedad en ninguna de sus partes. Sin embargo, la niña no puede ver. ¿Qué ha sucedido? ¡Los ojos han perdido la conexión con el cerebro!
Resultado del análisis de las piernas: el tono muscular, la formación de los huesos, la irrigación de sangre, todo funciona a la perfección, pero la pequeña no puede moverlas porque… ¡no están conectadas al cerebro!

Fecha: 15 de junio de 1995
Los ojos de Mariana han perdido su brillo, quedando opacos y sin vida, y sus piernas se han ido deformando poco a poco hasta quedar volteadas hacia atrás, totalmente rígidas como si fuera una bailarina de porcelana.
Es natural, ya que el cuerpo de Mariana se "ha dado cuenta" de que esos miembros, ojos y piernas, no le sirven y no le servirán jamás y han dejado de recibir irrigación. Son miembros atrofiados y el resto de los órganos del cuerpo han dejado de "gastar energías" para mantenerlos con vida...
Lo mismo que sucedió en el cuerpo de Mariana es lo que sucede en la vida de la Iglesia. Todos formamos un cuerpo cuya cabeza es Cristo. Cuando un miembro pierde la conexión con la Cabeza, por el pecado mortal, se vuelve inútil. Cuando los demás miembros dejan de "prestarle atención" a cualquier órgano, éste corre el peligro de atrofiarse y morir. Ahí radica la importancia del apostolado: en la Iglesia todos necesitamos trabajar para mantenernos vivos y mantener vivos a los demás. No podemos aislarnos del resto del cuerpo, pues todos necesitamos de todos.

 

 Capítulo 2: ¿Podemos meternos en la vida de los demás?

Seguramente, en algún momento de tu vida, te has encontrado con alguien que te diga: "No te metas en mi vida, no te importa lo que yo hago o dejo de hacer". Tal vez seas tú mismo el que se lo ha dicho a alguien, buscando que te dejen usar tu libertad como te plazca y pensando en que lo que haces a nadie afecta más que a ti.
Sin embargo, para todos los que formamos parte de la Iglesia esta frase no es válida, pues al igual que en el cuerpo humano, todos somos importantes y necesarios y, por eso, el mismo Cristo nos ha autorizado a meternos y entrometernos en la vida de los demás.
Nos cuenta san Mateo al final de su Evangelio que, después de la Resurrección de Jesús, acudieron los once discípulos a un monte en Galilea donde Él los había citado.
Estando ahí, se les apareció Jesús y les dijo:
Se me ha dado todo poder en el cielo y la tierra. Vayan pues y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y estén ciertos de que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo
(Mt. 28, 18-20).
Él mismo nos ha llamado a participar de su misión, a meternos en la vida de los demás para que sean felices aquí en la tierra y alcancen el cielo para el que han sido creados. Hemos recibido el mandato de extender su Reino: reino de verdad, de vida, de justicia, de amor y de paz.
Tenemos derecho a meternos en la vida de los demás porque todos formamos un cuerpo. En todos nosotros fluye la misma vida de Cristo. Y si un miembro se encuentra enfermo, débil o quizá muerto, todo el cuerpo queda afectado: padece Cristo y sufren también los miembros sanos.
El derecho a influir en la vida de los demás por medio del apostolado se convierte en un deber para todos los cristianos: debemos ser levadura que fermente la masa, sal que sazone, luz que ilumine.
Debemos aprovechar las oportunidades que se presentan y también aprender a suscitar otras que nos den ocasión de acercar más almas al Señor: sugiriéndoles la lectura de un buen libro, dándoles un consejo, hablándoles claramente de la necesidad de acudir al sacramento de la confesión, prestándoles un pequeño servicio.

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Capítulo 3: El apostolado es algo natural

A todos nos ha sucedido alguna vez que, al asistir a un espectáculo muy bueno o ir de viaje a un lugar hermoso —o al conocer y platicar con alguien famoso—, inmediatamente surgen en nosotros deseos de platicárselo a los amigos, de compartir esa experiencia con aquellos que queremos.

Cuando estás emocionado con algo, quieres hablar de ello todo el día y con todas las personas que te encuentres. En eso consiste el apostolado: hablar de ese tesoro que has encontrado, de ese camino a la verdadera felicidad que has descubierto.

El apostolado es una señal de amistad. Sería muy egoísta guardarte el secreto para ti solo dejando que tus amigos se vayan por rutas incorrectas. Hacer apostolado significa compartir, significa guiar, significa iluminar a todos los que te rodean para que todos lleguen a su fin, que es Dios.
Sin embargo, tal vez en este momento te hagas una pregunta: ¿de qué manera puedo asumir mi llamado al apostolado?

Hay diversos tipos de apostolado

• El apostolado del testimonio: consiste en actuar siempre bien, en privado y en público; en convencer a los demás del camino a seguir, caminando tú primero. Que al verte feliz y realizado los demás deseen seguirte e imitarte.

• El apostolado de la palabra: consiste en hablar de lo que has descubierto. Puedes realizarlo escribiendo libros, dando conferencias o en pláticas informales, durante un rato de convivencia o en la comida, en donde compartas con los demás tus experiencias y tus conocimientos sobre el camino a la felicidad.

• El apostolado de la acción: consiste en organizar, dirigir o colaborar en alguna obra o acción específica de ayuda a los demás. Esto se puede realizar a través de la acción social, las misiones o cualquier otra acción que dé a conocer a Dios a los demás.

• El apostolado de la oración y el sacrificio: consiste en orar, rezar y sacrificarse por los demás. Muchas veces te encontrarás con personas a las que es imposible convencer mediante las palabras o el testimonio. Con ellas, necesitas más que nunca el poder de Dios, recurrir a Él y pedirle su ayuda.

En cierta ocasión los discípulos de Jesús llegaron con Él muy desanimados por no poder sacar un demonio, y Cristo les contestó: "Ese tipo de demonios sólo pueden expulsarse con la oración y el sacrificio".
(Mt. 17, 21)

 

 

Capítulo 4: ¡El mundo necesita de grandes apóstoles!

Si miras un poco a tu alrededor encontrarás un mundo que se está muriendo por no conocer a Cristo Jesús:
• La humanidad, que busca la felicidad en las cosas materiales y, al no encontrarla, se desbarranca en un pozo sin fondo en el que se vale por lo que se tiene y no por lo que se es.
• La juventud, marchita, buscando la felicidad en el sexo, la diversión, el alcohol y la droga, porque nadie le ha señalado el camino correcto.
• La familia, tambaleante por los embates del divorcio, la infidelidad, el miedo a los hijos, el egoísmo y la falta de comunicación, porque sus miembros no conocen a Cristo.
• La Iglesia, sumamente debilitada y herida por los innumerables miembros que se quedaron con una fe infantil, de catequesis de primera comunión y, al no conocer profundamente a Cristo, la abandonan buscando la felicidad en piedras de cuarzo, en los poderes de la mente o en sectas que ofrecen recompensas terrenales.
• Cientos de iglesias vacías porque muchos cristianos han dejado de valorar la presencia de Cristo en el sacramento de la Eucaristía, porque no hay sacerdotes suficientes para atenderlas, porque los pocos sacerdotes que hay son ancianos o enfermos, porque los laicos no nos hemos dado cuenta de que somos necesarios para que el Cuerpo funcione a la perfección.
Ante esta situación, no podemos quedarnos parados contemplando cómo el mundo se muere por falta de un sentido para su vida. Todos debemos actuar: sacerdotes y laicos; jóvenes y adultos; hombres y mujeres, solteros y casados.
El mundo necesita grandes apóstoles, apóstoles de primera división, del tamaño de san Pablo, san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola o santa Teresa de Jesús. Tú puedes, si quieres, ser uno de ellos. La decisión está en ti.
Pero si te da flojera, si lo dejas para más adelante, si no deseas hacerlo, debes tener en cuenta que lo que tú no hagas, nadie lo hará por ti. Eres un miembro insustituible de la Iglesia, pues tienes una misión específica y de ti depende el buen funcionamiento de muchos otros dentro de ella.

 

Capítulo 5: Para ser un verdadero apóstol

Los apóstoles no nacen de la noche a la mañana. Un gran apóstol se forja día tras día a lo largo de toda su vida. Sin embargo, así como aprendes a hablar hablando y a caminar caminando, la mejor manera de aprender a ser apóstol es haciendo apostolado.
Desde este mismo momento puedes empezar a hacer apostolado en cada momento de tu vida: por medio del testimonio, la acción, la palabra y la oración. Poco a poco irás descubriendo que, además de entusiasmo, necesitas también de la formación, la oración y los sacramentos para ser más eficaz en tu actividad apostólica, cualquiera que ésta sea.

1 Formación sólida, continua y sistemática
Como decíamos antes, hay muchos cristianos que lo único que conocen de su religión es aquello que les enseñaron para la primera comunión. Tú no puedes ser uno de ellos. Tu fe necesita ir creciendo y fortaleciéndose mediante el estudio profundo de la Sagrada Escritura, de la doctrina católica y de las enseñanzas de la Iglesia. Un medio excelente de formación es la lectura del Evangelio, pues así conocerás a Jesucristo, su pensamiento y su forma de actuar ante todas las situaciones de la vida. Si esta lectura es frecuente, poco a poco te irás pareciendo a Él, así como te pareces en muchos gestos y expresiones a tus papás. Si conoces bien tu fe, si conoces los lineamientos y fundamentos de toda la doctrina, si conoces las últimas noticias dadas por el Papa, estarás mucho mejor preparado para divulgar, anunciar, resolver dudas y defender tu fe con la palabra y la acción.
2 Oración
Nadie puede dar lo que no tiene. Si tu intención en el apostolado es dar a Dios a los demás, debes primero llenarte de Dios. Esto lo lograrás mediante la oración y el contacto frecuente con Él. Si no oras, tarde o temprano te pasará lo que sucedió con los ojos y piernas de Mariana: dejaron de servir porque se desconectaron del cerebro. Si quieres iluminar, debes llenarte de luz, y la luz es Dios. Si no mantienes esta unión frecuente con Dios a través de la oración, tu apostolado se convertirá fácilmente en una acción vacía y sin frutos. El mismo Jesús nos lo dijo: "Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El sarmiento que permanece unido a la vid da mucho fruto. Sin mí nada podéis hacer" (Jn. 15, 5).
3 Sacramentos
Jesús nos dejó los sacramentos como herramientas para sobrevivir como Iglesia. Sin los sacramentos, sin la fuerza de Dios que recibimos en ellos, es muy difícil perseverar, pues nuestra naturaleza es débil a causa de estar herida por el pecado. Un gran apóstol se debe alimentar frecuentemente con la Eucaristía y acudir a la confesión para levantarse de las caídas que pueda tener.

 

Capítulo 6: Medita y actúa: Una misión en tu vida

 

Para meditar personalmente
• Ya sabes que la Iglesia te necesita. Ahora bien, de acuerdo con tus cualidades, intereses y habilidades, ¿en dónde le puedes ser más útil?
• Piensa en la situación de la Iglesia en tu provincia o país: ¿puedes imaginar un plan de apostolado ?

Ideas para Recordar
• El apostolado es algo indispensable dentro de la Iglesia, pues cada miembro es importante y necesario para la vida de los otros miembros.
• Jesucristo nos ha autorizado a influir en la vida de los demás, siendo levadura, sal y luz que ilumine su camino.
• El apostolado es una señal de amistad; es compartir el tesoro que he encontrado con aquellos que quiero.
• El apostolado puede realizarse a través de la palabra, el testimonio, la acción y la oración.
• El mundo necesita de grandes apóstoles y tu puedes ser uno de ellos.
• No debes olvidar que aquello que tú no hagas, nadie lo hará por ti.
• Para ser un gran apóstol se requiere de una sólida formación, de mucha oración y de frecuencia en los sacramentos.


Decisiones
Sí, no basta con conocer lo que pasa en nuestra Iglesia. Tú necesitas hacer algo concreto por el Cuerpo Místico de Cristo, así que aquí tienes algunas propuestas al respecto: ¡la decisión está en ti!
• Haré un serio análisis de mi vida como miembro de la Iglesia para darme cuenta de cuál es mi misión dentro de ella.
• Mantendré mi contacto con Jesucristo, cabeza de la Iglesia, por medio de la oración, para no convertirme en un miembro atrofiado e inútil.
• Empezaré con el apostolado de la palabra y la oración el día de hoy, aprovechando cualquier oportunidad para predicar y anunciar el camino de la felicidad.
• Analizaré cuáles son las necesidades de la Iglesia en mi localidad y me involucraré en alguna acción concreta para solucionarlas.