Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia Preparemos en familia la Reconciliación

Preparemos en familia la Reconciliación

Queridos Padres:

Sus hijos se están terminando de preparar para recibir el Sacramento de la Reconciliación. A través de este texto queremos brindarles algunos elementos que los ayuden para poder acompañarlos mejor en este momento tan importante en sus vidas.

Queremos también aportarles algunos temas para que puedan reflexionar personalmente y en pareja, para así poder formar la conciencia moral de los niños.

Así como en el aspecto sicológico, el niño reacciona y da un salto evolutivo en el desarrollo moral por el amor a sus padres, el crecimiento en la fe se va dando gradualmente a medida que van conociendo a Dios y como respuesta a su inmenso amor.

La catequesis, desde un principio, pone a los niños en contacto con la persona de Jesús. Los chicos van conociendo su vida y su mensaje, y va creciendo en ellos un deseo de seguirlo y ser sus amigos, haciendo lo que Él nos enseña. De esta forma, la experiencia religiosa acompaña e ilumina progresivamente el desarrollo moral.

Muchos adultos de hoy reaccionar en forma negativa frente a la «confesión». No quieren, o tienen miedo, que se les hable a sus hijos abiertamente de culpa, pecado o demonio, y hay un real alejamiento de este sacramento. ¿Qué pasa?

A nuestro entender, este comportamiento puede ser una reacción frente a cierta catequesis, recibida de niños a través del temor o de la amenaza o consecuencia de la pérdida del sentido del pecado, de la falta de fe y ¿por qué no? de la ignorancia religiosa de tantos católicos. La presentación inadecuada del sacramento también podía haber dejado importantes huellas en estas personas que hoy rechazan el sacramento por tener una imagen distorsionada, si no falsa, del mismo.

La catequesis se renovó y hoy nuestros niños pueden vivir este sacramento como un verdadero encuentro de amor y de perdón con Dios, nuestro Padre, creador y amigo.

Urge que también nosotros los adultos también nos renovemos y podamos distinguir lo que ha sido fruto de experiencias pasadas y que no nos permite valorar el profundo significado del maravilloso gesto de amor, que es este sacramento.

Hoy estamos frente a una crisis moral. Hay una corrupción en las costumbres y una gran confusión entre lo que está bien y lo que está mal. Parecería que lo que rige a muchas personas no es una moral objetiva basada en valores inmutables y trascendentes como el amor, la verdad y la justicia, sino una moral relativa, variable de acuerdo con las personas y situaciones. Allí lo que cuenta es solamente el "sentir" de una persona o una voluntad a veces muy irracional: un "si lo quiero", "si tengo ganas", "si lo siento", "si me parece". Y no un real empeño por conocer y por ajustarse a las normas del bien común, y para nosotros, los cristianos, a la revelación hecha por Jesucristo.

«En nuestro mundo moderno ha desaparecido la conciencia del pecado, y esto se manifiesta particularmente en el intento de adaptar la norma moral a las propias capacidades y a los propios intereses» (Juan Pablo II, Veritatis splendor).

La formación de la conciencia moral es un proceso que lleva toda la vida. Es un proceso donde se deben armonizar la inteligencia, la voluntad y los afectos. Es un proceso que nos lleva a conformarnos con algo que muchas veces no entendemos, no queremos o no sentimos, pero a lo que, sin embargo, adherimos, buscamos y deseamos, porque Cristo, a través de su revelación, nos dice que es bueno. Por la fe creemos que la voluntad de Dios para nosotros, lo que "quiere" Jesús, coincide con lo que de verdad cada persona quiere y desea para sí misma, nuestra verdadera felicidad.

Es muy sencillo.

Dios, nuestro Padre, nos creó para que viviéramos como hijos, en unión con Él.

Viviendo en comunión con Él encontramos nuestra verdadera felicidad.

El pecado nos separa y nos aleja de Dios y de esta unión.

Jesús, el Hijo de Dios, se hizo hombre para perdonar nuestros pecados y revelarnos para que habíamos sido creados, cuál es el sentido de nuestra vida y donde está nuestra verdadera felicidad.

El Espíritu Santo nos ayuda a entender y a vivir el mensaje de Jesús.

Por lo tanto nos toca a cada uno aprender a vivir nuestra vida en unión con Dios y con nuestros hermanos.

Sólo vamos a poder realizar este paso, de creer algo que todavía no entendemos, desde la fe.

Si de verdad creemos en Jesús, si de verdad creemos que la Iglesia, a pesar de sus limitaciones, es presencia de Jesús resucitado, y cuando enseña lo hace desde la verdad y el amor, vamos a poder aceptar y tratar de vivir lo que todavía no entendemos, aunque sea difícil y nos cueste.

Este proceso puede convivir con sentimientos mezclados de resistencia y enojo. Pero si lo hacemos desde la fe, y le creemos a Jesús; si lo hacemos desde la esperanza, y confiamos en lo que Él nos dice; y si lo hacemos desde el amor(que al comienzo se manifiesta como una decisión de la voluntad que "quiere" amar, pero que no "siente" que ama), vamos a encontrar la fuerza para hacer lo que Él nos dice y que además (de eso tenemos que estar seguros), es lo mejor para nosotros aunque no lo veamos así en este momento.

Por lo tanto, solamente lo vamos a poder realizar desde una actitud que ponga como centro de nuestra vida y de nuestras acciones a Cristo, o sea una actitud "cristocéntrica".

Si yo no tengo fe en Dios y solamente "me creo" a mí, adopto una actitud "egocéntrica". Entonces haré lo que me parece, cuando lo entienda, lo quiera o sienta. Esto podrá coincidir o no con la moral cristiana. Si coincide, bien,; si no coincide, lo siento...

Pensemos en temas conflictivos como la confesión, el ir a misa los domingos o la paternidad responsable, ¡y tantos otros!

¿Quién rige mi conciencia y, por tanto, mis actos? ¿Yo, y la capacidad que tenga en ese momento de comprender, sin importarme mucho lo que diga Cristo o a lo que me invita?

¿O Dios, a quien trato de conocer, desde una sincera búsqueda, para tratar de encarnar cada vez más y mejor los valores cristianos, ya que eso es lo que creo y quiero? ¿Es lo que creo y quiero?

En el Bautismo renunciamos al pecado en todas sus formas y nos comprometemos a vivir como hijos de Dios en la Iglesia, siguiendo el camino que nos dejó Jesús como cristianos.

El sacramento de la Reconciliación nos da la posibilidad de que, aunque pequemos, nada ni nadie nos separe del amor de Jesús ni de nuestros hermanos.

Somos pecadores, hacemos el mal que no queremos y a veces queriéndolo. Este sacramento gracias a la muerte y resurrección de Jesús, nos da la posibilidad de no permanecer en el pecado, si de verdad nos arrepentimos de él y hacemos el firme propósito de mejorar y de reparar nuestras faltas de alguna manera.

Para dejarnos reconciliar por Dios hace falta que nos reconozcamos pecadores y necesitados de su amor y de su perdón.

El amor de Dios es más fuerte que nuestro pecado. Por lo tanto, Dios en su infinita misericordia transforma todo, hasta el mismo pecado, en un bien para nosotros.

«Más aún, el mismo pecado hace resplandecer con mayor fuerza el amor del Padre que nos redimió entregándonos a su Hijo Jesús y nos renueva constantemente con el don de su Espíritu» (Veritatis splendor, 118).

De esta manera nada ni nadie podrá separarnos de su amor, ni siquiera el mismo pecado, ya que gracias al Sacramento de la Reconciliación no permanecemos en él, sino que por el perdón de Dios, permaneceremos siempre en su amor.

Ojalá que estas reflexiones les sirvan para unirse más a Dios en su Iglesia. Aprovechen este acontecimiento para conversar todos en familia. Puede ser también la oportunidad para confesarse o para conversar un largo rato con un sacerdote a quien puedan contarle lo que les está pasando.

El clarificar nuestras opciones nos ayudan a ser más coherentes en lo que queremos transmitir a nuestros hijos.

Que encuentren en María, nuestra Madre, la mejor ayuda para acompañar a sus hijos en tan lindo e importante momento.

Para ello les proponemos las siguientes actividades para realizar en familia:

1.- Leer con ellos dos historias, tratando de resaltar la misericordia y el amor con que Dios nos mira. Luego hacer juntos una ilustración de cada historia, puede ser con dibujos o con recortes, lo importante es que expresen la enseñanza captada por el niño. Sería bonito que pudieran presentar el fruto de su trabajo el día en que tenga lugar su primera reconciliación.

2.- Acompañar a sus hijos en su primer examen de conciencia, que aunque está formulado en forma de juego es una forma de ver si Jesús tiene un lugar en su corazón o no.

 

La oveja perdida

(Adaptación de la parábola del evangelio de Lucas en el capítulo 15)

Un pastor tenía cien ovejas a las que cuidaba con todo su amor. Pero un día una de ellas atraída por unos pastos al borde del camino se detuvo a comerlos, y así se retrasó de la majada. No se dio cuenta hasta que llegó la noche, allí sintió miedo y extrañaba al pastor y a sus compañeras.

Pero el pastor que conocía a cada una de sus ovejas, salió en búsqueda de la extraviada. No le importó ni el mal tiempo ni el frío, pues solo pensaba en que su oveja lo necesitaba.

Al encontrarla fue tan grande su alegría que la abrazó y lloró de emoción junto a la desdichada oveja. Curó sus heridas y la cargó sobre su espalda hasta donde los esperaban las otras ovejas.

 

 

Examen de conciencia

El primer paso es pensar en cuatro cosas por las que soy feliz, y por las cuales voy a darle las gracias a Dios:

1) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

2) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

3) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

4) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Cada vez que uno reconoce que tiene que agradecerle a Dios por ser tan bueno con nosotros es como si ya empezó a abrirle su corazón a Dios.

Ahora empieza una especie de juego donde cada uno debe ponerse un puntaje a su actitud habitual, el puntaje será del 0 al 3:

3. . . . significa . . . . . Siempre o casi siempre.

2. . . . significa . . . . . A veces o no muy a menudo.

1. . . . significa . . . . . Casi nunca o muy pocas veces.

0. . . . significa . . . . . Nunca o muy rara vez.

En mi relación con Dios

1. Me acuerdo de rezar todos los días

 

2. Pido fuerzas a Dios para ir mejorando.

 

3. Voy a misa todos los domingos.

 

4. Me porto bien en misa y en la catequesis.

 

5. Le doy gracias a Dios por todo lo que me da (p.ej. mi familia, mis amigos, el colegio...)

 

6. Me acuerdo de pedir por mis deseos y necesidades.

 

7. Quiero que Jesús sea mi mejor amigo

 

8. Siento que la Virgen es mi Mamá del cielo que me cuida y protege, por eso me acuerdo de rezarle

 

En mi relación con mi familia

1. Quiero a mis padres.

 

2. Quiero a mis hermanos.

 

3. Ayudo en mi casa.

 

4. Soy obediente.

 

5. Rezo con mi familia.

 

6. Soy cariñoso en mi casa.

 

7. Me doy cuenta que papá y mamá trabajan para que no me falte nada.

 

8. Trato que toda mi familia sea feliz.

 

9. Digo siempre la verdad.

 

En la escuela y con los amigos

1. Voy contento a la escuela y con ganas de aprender.

 

2. Hago mis tareas sin protestar.

 

3. Soy buen compañero, capaz de ayudar a cualquiera que necesita.

 

4. Presto mis cosas.

 

5. Cuido las cosas que me dan mis padres para que use en la escuela.

 

6. Soy obediente y cariñoso con las maestras y los profesores.

 

7. En los recreos juego sin molestar ni pelearme con mis compañeros.

 

8. Siempre devuelvo las cosas que me prestan.

 

9. Trato que mis compañeros sean amigos de Dios.

 

10. Respeto a los demás (no diciendo malas palabras ni haciendo nada que los ofenda)

 

11. Perdono a los que me molestan u ofenden

 

Sumar los puntos para ver el propósito que debes hacer

Resultado

* 84 a 70 puntos: Dios está contentísimo con tu esfuerzo, hay que seguir así.

* 69 a 55 puntos: Hay que rezar más y seguir poniendo ganas para mejorar.

* 54 a 30 puntos: Dios no encuentra lugar en tu corazón, debes dejar que Él entre dándole más importancia a sus cosas y a las obras de bien.

* Menos de 30 puntos: Dios está muy preocupado, conversa con el sacerdote o con tu catequista a ver cómo puedes mejorar urgentemente.

Compromiso

Después de haber tomado conciencia de qué cosas son las que te están alejando de Dios. Piensa en 3 compromisos que vas a realizar delante de Dios para ir mejorando tu amistad con Él, y para que en la próxima reconciliación te encuentres más cerca suyo:

1) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

2) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

3) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .