Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia El segundo pecado moral mencionado por el apóstol Pablo en Gálatas 5

El segundo pecado moral mencionado por el apóstol Pablo en Gálatas 5:19 es akatharsía.

Fung dice que significa principalmente "Inmundicia", como se ha traducido en la Reina-Valera de 1960, y como en otras versiones también.

Este término aparece a menudo en el Nuevo Testamento junto a porneia, "Fornicación" (2a  Corintios 12:21; Efesios 5:3, 5; Colosenses 3:5).

Vine, por su parte, expresa que la palabra griega en este contexto significa "Inmundicia, Impureza o Suciedad en el sentido moral".

Akatharsía abarca una gran variedad de prácticas sexuales impuras

Pero en nuestro estudio nos limitaremos sólo a

La homosexualidad

 

En su perspicaz libro Eros y el pecado sexual, John White proporciona algunas de las enseñanzas más equilibradas que se hayan publicado sobre los cristianos y los temas sexuales.

Su capítulo acerca de la homosexualidad se titula

"Dos mitades no hacen una unidad".

Dentro de un momento volveré a las ideas de White.

 

La homosexualidad y la Biblia

Las Escrituras consideran pecado toda actividad homosexual y la condenan enérgicamente.

La homosexualidad se menciona por primera vez en relación con las ciudades de Sodoma y Gomorra en Génesis 19 y es de las prácticas perversas de los habitantes de aquellas dos ciudades (v. 5s) de donde se deriva la palabra sodomita, utilizada varias veces en diversas versiones Bíblicas, tenemos en: Deuteronomio 23:17; 1a  Reyes 14:24; 15:12; 22:46; Job 36:14 y 1 Timoteo 1:10.

La mayoría de las referencias tienen que ver con la práctica abominable de la prostitución idolátrica masculina, corriente entre las naciones paganas que estuvieron en contacto con Israel y, en tiempos de decadencia espiritual, practicada también por los israelitas (Jueces 19:22; 1 Reyes 14:24; 2 Reyes 23:7).

La homosexualidad fue categóricamente prohibida por Dios en las leyes del Antiguo Testamento que regulaban la vida sexual de su pueblo (Levítico 18:22; 20:13; Deuteronomio 23:18). Se la llama «abominación» cinco veces en Levítico 18 (vv. 22, 26, 27, 29–30) y una en Levítico 20:13; lo cual es coherente con su raíz, que significa "Abominar", "Detestar", "Odiar".

Era un pecado tan abominable a los ojos de Dios que la pena que se infligía a los que lo practicaban era la lapidación (Levítico 20:13).

El Nuevo Testamento describe este pecado sexual en Romanos 1:18–32 como una de las terribles consecuencias de la rebelión de la humanidad contra el señorío de Dios. En los versículos 26 al 28, el apóstol Pablo escribe:

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.

La homosexualidad estuvo tan extendida durante los tiempos del Nuevo Testamento como en la época del Antiguo; por eso, Pablo la refiere en Romanos 1:26–28 y 1 Timoteo 1:9–10.

John White escribe que: La homosexualidad es un problema común a ambos sexos. Homo significa “semejante” o “igual a”.

No se refiere a la masculinidad.

El lesbianismo es: "Solamente una palabra utilizada para describir la homosexualidad femenina".

La actividad homosexual no se origina principalmente en la constitución biológica de ciertos hombres o mujeres.

Es sobre todo una conducta aprendida.

Y todo lo que se aprende puede, con ayuda si es necesario, olvidarse.

Por lo tanto, a los homosexuales les es posible abandonar este comportamiento sexual pecaminoso, del mismo modo que los heterosexuales que se entregan con persistencia a la inmoralidad pueden hacerlo con el suyo.

La Biblia no trata específicamente la cuestión de los orígenes sociales frente a los orígenes biológicos de la homosexualidad, sino que simplemente la presenta como pecado y condena su práctica.

Muchas autoridades seculares dejan claro que nadie nace invertido, como afirman buen número de homosexuales.

En un artículo muy completo titulado «The Homosexual in América» (El homosexual en América), aparecido en la revista Time del 31 de octubre de 1969, el redactor afirmaba:

La única cosa en la que la mayoría de los expertos coinciden es que la homosexualidad no resulta de ningún gen pervertido ni de predisposición hormonal alguna, al menos que pueda detectarse mediante las actuales técnicas[ … ] Los distintos componentes sicológicos de la masculinidad y la feminidad, "La identidad del rol de género", se aprenden.

«El género es como el lenguaje», dice John Money, psicólogo clínico de la Universidad John Hopkins.

La genética ordena únicamente que se desarrolle la capacidad de hablar, no que se hable en anhuatl, árabe o inglés.

Esto no significa que la homosexualidad esté latente en todos los seres humanos maduros, como se ha creído por una mala interpretación de las teorías de Freud.

En la cultura americana, el lugar donde los roles sexuales se determinan con más vigor es la familia, y a una edad tan temprana (generalmente en los primeros años de la vida) que la identidad sicológica de la mayoría de los homosexuales, como también de los heterosexuales, se establece antes de que ellos lo sepan.

La homosexualidad "No es un estilo de vida aceptable por Dios", aunque es distinto, debe ser rechazado por los seres humanos, y más aún deberá ser rechazado por todo buen cristiano.

A la luz de Mateo 5:27–30, las fantasías homosexuales son pecaminosas y la pornografía homosexual algo a lo que se debe resistir.

Sin embargo, al igual que todo otro pecado, la conducta homosexual es totalmente susceptible de ser perdonada.

El Señor Jesús sólo cita un pecado imperdonable y no es la homosexualidad  veamos correctamente bien esta cita de: Mateo 12:31–32.

Los cristianos con fuertes ataduras de homosexualidad necesitan un grupo de apoyo que les ayude a liberarse.

El trabajo con homosexuales revela esta necesidad.

Pocos de ellos, incluso cristianos, lo conseguirán por sí solos.

 Necesitan confesar su esclavitud a algún amigo comprensivo y grupo de apoyo.

Las ataduras homosexuales, tanto en la imaginación como en la práctica, son una de las formas más opresivas de esclavitud sexual que el hombre conozca.

 

Arturo de la Garza C.                      MÁS

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